El Mundo Today

2013/09/27

Aparición mariana de la Patrona de los Podófilos descalza ante carmelitas filipinas (papadiario 6)

El milagro podofílico de Teresita Castillo, novicia filipina,
o por qué las carmelitas descalzas calzan sandalias
Corriendo el año 1948, en un convento de carmelitas descalzas de Lipa (Filipinas), Nuestra Señora la Virgen santa María, Madre de Dios, aparecióse a la novicia Teresita Castillo so Su entonces inédito formato de Mediadora de Todas las Gracias (en lo sucesivo, Mediadora serie TG®). Tanto durante su primera Aparición como en las posteriores, Nuestra Señora lució completa, gloriosa y pecatrizmente descalza.
Amenizando estos eventos, y haciéndolos aún más memorables, no era raro que de los techos del lipeño Carmelo llovieran, torrenciales y multicolores, pétalos de las más diversas rosas, incluida alguna que jamás floreció en las Filipinas, lo que induce a sospechar que nuestra Mediadora serie TG® importábalas, milagrosa pero fraudulentamente, de las Rusias, por no ir más lejos.


Las reiteradas Apariciones, en la Batangas de 1958, de una Virgen caucásica con unos Pies desnudos de talla más que considerable, francamente sensuales, incluso voluptuosos, y para colmo con lluvia de pétalos a lo Bilitis, fue demasiado sexo y rocanrol para la Jerarquía eclesial de la época. Circunscribiendo de inmediato las visiones a la cabeza de su poco fiable vidente, cuando no a otras partes suyas más innobles, las excluyeron de cualquier aspiración a sobrenaturaleza por fantasiosas, hijas probables de la locura, agravadas quizá por sustancias, o personalidad, alucinógenas; bastará con decir: heréticas. En consecuencia arrojaron a la purificación del Fuego cuantos documentos cayeron en sus manos que mencionasen delirantes lluvias de pétalos sobre una Virgen lascivamente descalza, fuente y Encarnación del bendito y redentor Pecado de Podofilia. Ni que decir tiene que, como la lepra vaticana, rehusaban creer en Virgen alguna que no hubieran parido ellos mismos personalmente.

***

La vidente de Lipa, Teresita Castillo, había entrado de novicia en aquella congregación de descalzas por su vigésimo primer cumpleaños, faltando escasos días para el recital de piano que en su buena sociedad le correspondía ofrecer con motivo de su graduación y desoyendo la vehemente oposición de su familia a lo que juzgaban prueba manifiesta de locura maligna, pues Teresita era obstinadamente sorda y ciega a cuanto no fuese la Llamada de su Señora. Así, al despuntar el alba el 4 de julio de 1958 huye de una vida acomodada en su hogar natal para abrazar con alborozo otra de índole contemplativa que prescinde de cualesquiera calzados como atributos igualmente despreciables de la Vanidad, esa enemiga de la Abnegación.
Aquella noche uno de sus hermanos se presentará borracho en el convento. Amenazando a las hermanas con una pistola auténtica y cargada, reclama violentamente la devolución de Teresita a la casa familiar; pero encarándose decidida con él, ésta le espeta:
¿A qué viniste? ¿A matarme? Pues mátame enhorabuena, que ni aun muerta me arrastrarás a esa casa que ya no es la mía. Ahora mi hogar está aquí, y aquí me enterrarán mis nuevas hermanas.
¿No huele ya a santidad, la joven Teresita? Ese mismo verano, el 18 de agosto, percibe en torno a sí una Fragancia sumamente intensa que la acompaña allí adonde vaya. Al entrar en su celda, se encuentra dentro de ella a una nívea Dama sentada, descalza, sobre su cama, como si estuviera esperándola. Desde luego filipina no parece, pero eso es lo de menos. Lo de más es que emite Luz propia. Además de su embriagadora Fragancia, irradia una Luz cegadora que no deja ver sino su Figura Gratia plena.
Según la descripción de Teresita, la Dama que halló instalada en su celda resplandecía de inmaculado Blanco y su pelo parecía de plata. Huelga decir que su rostro era “muy, muy bello”. Ahora bien, aquellos divinos Pies... la novicia nunca alcanzará a describirlos en su esplendor y belleza exactos, al menos no mediante comparación con cualquiera maravilla conocida de este mundo. Aquellos Pies eran la Belleza misma.
Siendo ello así, ¿cómo estaba Teresita tan segura de no hallarse ante el mismo Diablo, quien, para tentarla, hubiera usurpado los atributos de Belleza disfrazándose como la más sensual de las mujeres? Pues ¿y esa Luz, que deslumbra? ¿No es Lucifer, su Portador, uno de los varios nombres que usa el Diablo?
La respuesta es que Teresita se guía por su (psicopato) lógica, v. gr.: ex sua natura, los pinreles del Diablo no pueden ser sino infernales; y como tales despedirán un pestilente olor a cuerno quemado. Pues ¿y la voz? Satán la tiene cavernosa, inconfundible, como que procede del centro de la Tierra. En cambio los Pies de la misteriosa Dama que había yacido descalza sobre su catre, ofreciéndoselos con erótica indulgencia, olían maravillosamente, mejor que a bálsamo de Java; y su aroma impregnaría para siempre el humilde jergón de nuestra novicia. También la Voz de la Mediadora serie TG® evocaba la dulzura del benjuí, cuando le dirigió sus primeras palabras:
Nada temas, hija mía. El que amas por encima de todo Me ha enviado a esta tu celda de contemplación para traerte un mensaje suyo. Dice así: no tengas miedo, sé valiente. Tus enemigos están celosos por lo mucho que amas a tu Madre Priora. Pues bien, tú responde amándola mucho más aún. Para demostrarlo te someterás sin titubear a la siguiente prueba que os impongo a las dos: primero le lavarás los pies a fondo, luego se los besarás y finalmente te beberás el agua. Y toda, ¿eh? Estaría bueno que bastase una cantidad simbólica. Y transmítele además un mensaje mío a tu Priora: hazle saber que también Yo la quiero mucho, pero la quiero discreta. Que no diga nada de esto a nadie.
Siguieron las dos en ese plan unos veinticinco minutos, hasta que, exactamente cinco antes de que las campanas del convento tañeran al Ángelus, la Dama desapareció con cierta prisa, como recordando de repente un compromiso olvidado.
Después de la cena, Teresita participó a su Madre Priora de la Orden recibida, tan extravagante como precisa, de lavarle los apestosos pies para beberse acto seguido el agua resultante, sin ocultarle, dada la gravedad del asunto, la procedencia de dicha Orden, de ahí su disposición, abnegada como todo Amor, de acatarla a cualquier trance.
La Madre María Cecilia de Jesús Zialcita, que así se llamaba la Priora, mostrábase en cambio algo renuente al principio, no tanto por la inofensiva ablución como por la posterior ingestión, que suponía lesiva. Omitiendo las condiciones de la prueba exigida por la Señora, al día siguiente informó al capellán del Carmelo de Lipa, monseñor Alfredo Obviar, de su Aparición en la celda de la novicia Teresita Castilla. El obispo auxiliar le aconsejó que antes de nada averiguase la identidad de aquella enigmática mujer, irresistiblemente descalza y sin duda muy atractiva, a la que esa misma noche reservaría, para ofrendársela secretamente, su rutinaria, somnífera paja de las 22.30h, minuto arriba o abajo.

***

Aquel mismo día, antes de comer, Teresita comunicó a su Priora que la Mediadora serie TG® habíala visitado de nuevo en su celda, y repetídole allí, en términos aún más conminatorios, la misma Orden que ya le diera en su primera Aparición. Esta vez la Virgen Descalza subrayaba la obligación que incumbía a ambas enclaustradas de acatar su Orden antes de las 15.00h, cuando inexorablemente expiraría el plazo de Salvación de sus pecadoras almas.
Así apremiada, y contraviniendo el consejo que ella misma había solicitado de monseñor Obviar, la Madre Cecilia accedió esta vez a la prueba, pidiendo a aquella aspirante a monja, como quien dice su hija, que trajese una palangana de agua tibia para liquidar cuanto antes tan turbio asunto. Había visto sangre alrededor de los ojos de su rendida novicia, lo que conociéndola interpretó como Señal de que debía aceptar el homenaje de adoración podofílica que le tributaba con la naturalidad de quien invita a consomé de cuerpo social aunque pío.
No consta confirmación de que la Madre Cecilia hubiera solicitado previamente, en oración o por otra vía, Señal alguna que estableciera o desmintiese la autenticidad de aquella Aparición de la Madre de Dios en un convento filipino dejado de la mano de Ídem (habiendo como suele haber tantos sitios mejores donde ir a aparecerse), y encima exigiendo, así por las buenas, la observancia a rajatabla de una versión particularmente asquerosa del Rito Podofílico, que la dicha versión eleva a salvífica Liturgia. Tanto el diario de la Madre Priora como los que escribieron Teresita y otros testigos dando cuenta de los Milagros de Nuestra Señora fueron pasto de las llamas por Orden de la Jerarquía. Pero el caso es que la Señal se presentó… o así quiso verlo la Priora, que a instancias cada vez más entusiastas de su novicia acató por fin el Ucase, urgente e inequívoco, de la Mediadora serie TG®.
Mientras Teresita le lavaba, no tan piadosamente, los pies, la Madre Cecilia no pudo evitar sonrojarse a pesar de su edad: en aquel entonces las descalzas lo eran literalmente, a diferencia de como ocurre ahora. Cabe pues imaginarse el estado habitual de sus callosos y agrietados pinreles. Beberse el agua de la palangana donde acabaran de bañarse era una perfecta locura desde diversos puntos de vista: toxicológico, inmunológico, gastroenterológico; mas nada de ello arredró a Teresita, que ni corta ni perezosa cumplió el mandato de Nuestra Señora tragándose con sus tropiezos el litro y medio largo de agua sucísima en que acababa de frotar a conciencia las pezuñas de su amada Priora.
Le supo a agua benita; y también a Pecado, el más gozoso practicable. Fue su Ganges, su Rubicón. Con placer y repugnancia entreverados, la novicia se lanzaría desde entonces, sin paracaídas, al descubrimiento del Sexo en su versión más deliciosamente inefable: la Podofilia, esa guarrería sublimada en Humildad, exudaba de sus poros como maloliente agua goteándole por las comisuras de los labios.

***

Tolón-tolón
Al día siguiente, 20 de agosto, justo después de maitines, Teresita estaba haciéndose la cama mientras tatareaba feliz Tengo una vaca lechera, by Jacobo Morcillo, cuando oyó como un aleteo. En cuestión de segundos la colcha empezó a cubrírsele de unos copos multicolores. Alzando la vista, vio atónita cómo del techo nevaban mansamente pétalos de rosa frescos, formando una Cruz sobre su cama. Antes de que cesase tan prodigiosa nevada, fue corriendo a llamar a la Madre Priora, que no dijo ni hizo nada salvo conservar en un sudario los pétalos demostrativos del Milagro.
El fulgor de las Apariciones marianas que seguían sucediéndose en la celda de Teresita resplandecía con tal intensidad, que acabó por enceguecerla temporalmente, metáfora perfecta de su inquebrantable Fe. La cegada postulante dependía pues de su Madre Priora para desempeñar actividades diarias tan inexcusables como acudir a la capilla a las horas de oración. Debido a esta dependencia y al íntimo conocimiento mutuo que las dos mujeres compartían casi a diario en la celda de Teresita, desatáronse entre las demás monjas nada descabellados rumores de una relación lésbica entre la Priora y su joven postulante. Encargada de disiparlos, la Dra. María Dolores de León, miembro vitalicio de la Comisión Investigadora de Fenómenos Paranormales o Quizá Normales en el Seno de la Santa Madre Iglesia, sometió a la novicia a minuciosos exámenes anatómicos, que sin embargo no arrojaron resultados concluyentes. Entretanto, puede que a causa de su ceguera, Teresita había adquirido suficiente confianza para rogar a la Aparecida que le revelase la inicial de Su Nombre, gracia que la extraña Dama le concedió por triplicado, diciéndole no una sino tres letras iniciales: BVM.
El 30 de agosto, durante una nueva Aparición mariana, ésta en presencia de la Priora del Carmelo, Madre Cecilia, una enardecida Teresita solicitó de la Mediadora serie TG® permiso para besar Su Pie izquierdo, el cual le fue concedido casi antes de que la postulante hubiera terminado de pedirlo con un hilillo de voz entre tímido y regocijado.
Ya con el primer y levísimo roce de sus labios contra la sedosa extremidad zurda de Nuestra Señora, poco le faltó a la novicia para desmayarse de la emoción. Esa tarde describiría por escrito la experiencia como un éxtasis de inconcebible sutileza, tales eran el arrobo y la reverencia que le inspiraban las extremidades de la Mediadora serie TG®  Tuvo que ser ésta quien insistiese en que Teresita le besara también la derecha: la novicia no sumaba la osadía necesaria, debatiéndose en la duda de si sería digna de tan alto honor o capaz, en su exaltación amatoria, de besarla con la debida humildad.

***

El 7 de septiembre Teresita se curó de su ceguera por mediación de monseñor Obviar. Aunque el obispo no fuese médico, bastóle mirar unos segundos, a unos dos metros de distancia, los jóvenes ojos de la postulante para dictaminar su diferencia respecto a un par de ojos normales. Por algo aquéllos habían visto Pies tan sublimes que sólo se posaban sobre nubes, sin descender jamás a la podredumbre de la tierra. Acercándose a Teresita, el capellán del Carmelo de Lipa le santiguó ambos globos oculares, a resultas de lo cual la novicia recuperó inmediatamente la visión y sintióse muy dichosa, saltando de alegría como la niña que en el fondo seguía siendo.
El 12 de septiembre, hacia las cinco de la tarde, Teresita estaba rezando el Rosario en el jardín del convento, cuando unas vides que en él había empezaron a agitarse con violencia inexplicable en ausencia de la menor brizna de viento. La novicia miraba de hito en hito aquellas vides milagrosas, que parecían querer hablarle, cuando oyó una Voz, la de la Dama, mandarle que no tuviera miedo y besara la tierra, Orden que la postulante se apresuró a acatar en lo sucesivo, tal como prometió hacer con la nueva que recibió acto seguido de postrarse ante la Intermediaria, la cara contra el estiércol del huerto, en aquel mismo lugar y a la misma hora, durante quince días consecutivos, así lloviera, nevase o cayeran chuzos de punta.
No sin antes recabar el preceptivo permiso de la Madre Priora, al día siguiente Teresita regresó puntualmente al escenario del Milagro. Tras unos minutos orando, volvió a ver la viña agitarse sin que la sacudiese viento alguno. Entonces se le apareció otra vez, sobre una nube, la Señora de los Pies Descalzos, vestida de un Blanco cegador, con las manos juntas sobre el pecho y un Rosario de oro colgando de su derecha. Abrumada ante tan inconmensurables belleza y majestad, Teresita (cuyas dotes deductivas eran manifiestamente mejorables) no pudo por menos de preguntarle:
¿Quién sois, hermosa Señora?
A lo que la Mediadora serie TG® respondió con la gran ternura que incorporaba de fábrica:
Yo soy tu Madre… Bueno, tuya y de Mi Niño Jesús.
Roto el hielo, la Dama pasó entonces a hablar de sacerdotes y monjas, y la necesidad de hacer oración y penitencia por ellos. Añadió que su orgullo era el único obstáculo que impedía a muchos reintegrarse a su redil, pese a desearlo; y cómo la vergüenza había endurecido tantos corazones. La Mediadora serie TG® le pidió a Teresita que rezase por ellos como si nunca hubiera orado antes.
Más alarmante fue Su advertencia de que el Sagrado Corazón de Jesús se desangraba por los sacerdotes y monjas caídos en pecado, hemorragia que era cualquier cosa menos nueva, pues bien venía ocupándose Ella misma de alertar a la Humanidad sobre este particular desde Apariciones previas como las de Fátima, corriendo el año 1917, ante unos pastorcillos menores de edad y alfabetos, no, lo siguiente.
Sin pensar que quizá para el siglo XXII la Madre de Dios por fin se dignaría aparecerse a un físico cuántico, el 14 de septiembre de 1948 Teresita acudió de nuevo al huerto, donde encontró a la Dama esperándola, tan ricamente posada sobre un cúmulo-nimbo de evolución diurna, con los brazos extendidos y los Pies descalzos hasta las bragas. Debía de dar gloria verla. Nuestra novicia la describe invariablemente como Imagen viva de la Maternidad derramando hectólitros de Amor y Ternura con los que confortarnos abarcándonos de sobra a todos.
Quiso la Madre de Dios que aquel corro del jardín fuese bendito al día siguiente, 15 de septiembre, en presencia de toda la Comunidad del Carmelo de Lipa. Teresita transmitió esta Voluntad a la Madre Priora, quien a su vez dispuso lo necesario. Ya ella misma había recibido una locución interior en virtud de la cual la Virgen le tramitaba idéntica Orden de bendición.
Al día siguiente, pues, hacia las tres y veinte de la tarde, monseñor Obviar presidió la solemne bendición del huerto ante toda la Comunidad descalza. Como no podía ser de otra manera después de haberla convocado, la Señora asistió a la sencilla pero emotiva ceremonia, apareciéndose una vez más; y Teresita se arrodilló ante Ella, con la Comunidad entera como testigo. Era la primera vez que la Congregación de Lipa asistía al éxtasis de Teresita.
Las hermanas sor Estefanía de la Cruz y sor Isabel del Sagrado Corazón relatan la conversación que Teresita mantuvo con alguien perfectamente invisible para ellas mientras creía irradiar un Aura angelical, la mirada absorta en un punto de fuga. Ambas monjas también confirmaron, por separado, que Teresita había hecho entonces algo nunca visto antes, parece que a petición de la invisible Señora: besar el suelo y comerse media libra de hierba en prueba de obediencia, la misma Orden, por cierto, cursada a Bernadette Soubirous por la Virgen de Lourdes, e igualmente obedecida, allá por 1858.

***

Aún escéptico respecto de las Apariciones, monseñor Obviar rogaba al Cielo una Señal que las confirmase, cuando la recibió en forma de copiosa lluvia de pétalos cayendo sobre su episcopal cabeza desde el más absoluto Vacío. Si bien en el jardín había plantado algún que otro rosal, tan enorme cantidad de pétalos como le estaba lloviendo encima no podía proceder de él salvo en ínfima parte. Sus plegarias habían sido atendidas; y así resumió el mensaje que creyó haber recibido de la Mediadora serie TG® para transmitirlo a la Comunidad:
Ella nos pide que creamos; y mantener el secreto de sus Apariciones (mientras no nos indique lo contrario); y amarnos los unos a otros como verdaderos hermanos; también nos ruega Amor y Obediencia a la Madre Priora; y no envidiar a Teresita, pues ella sufre más que nadie; también, conservar amorosamente los multicolores pétalos de la nada llovidos; y mantener su Lugar Sagrado, venerándolo; y además rebautizar nuestro convento, en Su honor, como “Nuestra Señora Descalza”.
No debió de parecerle suficiente, a la Madre y Señora, pues a las cinco de la tarde Teresita volvió a topar con Ella, de manera que ya empezaba a serle familiar, en el huerto. Y como de costumbre, no estaba allí para escuchar ruegos, sino que la esperaba con una nueva petición:
Entiéndelo, Teresita: no te lo pido por Mí, sino para el Carmelo —le explicó—. Verás: me place que Mi Imagen se coloque tal que aquí, en este Lugar exacto, el cual deberá limpiarse a fondo para servir de Santuario apto para la oración.
El 16 de septiembre Teresita contempla a la Mediadora serie TG® descendiendo de las Alturas escoltada por un pelotón de angelotes más bien paliduchos, de los que hinchan los carrillos en los cuadros de Murillo. Teresita afirma haber admirado sus rostros durante un tiempo que no se dejaba medir hasta que, uno por uno, fueron desapareciendo como si nunca hubieran estado allí.
Al pasar la Dama junto a la vid milagrosa, su Rostro tornóse triste, detalle que de ninguna manera podía escapársele a Teresita. ¿El motivo de su congoja? Dos monjas del convento que se obstinaban en su incredulidad. Aunque a primera vista no parecía suficiente para mortificar a toda una Madre de Dios, estaba claro que, por algún motivo, la Salvación de aquellas dos insignificantes almitas revestía cierta importancia para Ella.
Pequeña —le dijo: dos de Mis hijas se niegan a creerme; y seamos francos: a ti tampoco es que te tengan muy presente en sus oraciones. Oremos pues nosotras, las dos juntas y en unión, por las muy descarriadas, para que la amargura no anide en sus corazones —dicho lo cual pasó a especificarle, en plan qué hay de lo mío, su solicitud cursada el día 15—: Quiero que erijáis aquí mismo, espontáneamente, una estatua mía, y así me vean bien todos mis hijos. Descríbeme como soy a tu capellán, pues es Mi Deseo lucir en Efigie tal cual me ves en Aparición; y por favor, que Mi Estatua sea al menos un pelín mayor que esa talla en madera de Vuestra Señora de Lourdes que custodiáis dentro del claustro. No va a ser Una menos que la gabacha ésa, tan ordinaria y mal vestida, que además está gorda.
Así pues, la bendita Imagen de la Virgen Mediadora serie TG® quedaría fielmente esculpida con arreglo a la descripción facilitada de memoria por su devota sierva Teresita:

Mediadora serie TG®
cara no demasiado redonda, más bien un óvalo perfecto, sonriente, cuyos ojos miran alegres al frente; tez clara, ojos oscuros, boca pequeña, nariz hermosa, cabellos morenos brotando bajo el albo velo que le corona la frente; manos extendidas en actitud benedicente, con un Rosario colgando de la derecha; Pies descalzos pisando nubes; cuerpo ni gordo ni delgado; busto respingón, más caprino que bovino, firme, turgente, acaso demasiado humano; vestido blanco que le llega a los Pies, ceñido por un cinturón también blanco y algo estrecho; cuello redondeado, mangas dobles; velo igualmente blanco, largo y ceñido, cayéndole con gracia hasta los Pies y sobre los hombros, algo más abierto que el de Nuestra Señora de Fátima

convirtiéndose casi de inmediato en objeto de tanta controversia como veneración, amén de provocar no pocos sucesos inusuales y milagrosos en los años venideros.
Entre el 17 y el 26 de septiembre, la Mediadora serie TG® departe larga y distendidamente con Teresita, en un ambiente de cordialidad y aprecio mutuos. Demostrando sentirse en el convento como en su casa, la Mediadora serie TG® levanta coqueta el meñique al llevarse a la boca la taza de té mientras cambia con la novicia impresiones de un género que fuentes celestiales generalmente bien informadas no dudarán en calificar como revelaciones privadas. Unas versan sobre la Comunidad, otras abordan temas espirituales y algunas están dirigidas al mundo exterior. También hay algún que otro cotilleo, por salpimentar, más que nada. La esencia, no obstante, es una sola y abnegada: humildad, sencillez, penitencia y oración, mucha oración, sobre todo del santo Rosario, que debe rezarse so forma meditativa, no como ese mecánico recuento de ovejas al uso, tan consabido de todos como soporífero para la gran mayoría.
La Madre de Dios, inusualmente locuaz durante esta última Aparición, que se prolongaría más de una semana (la suponíamos menos ociosa), confió además a Teresita otros cuatro secretos: uno para ella, otro para la Madre Cecilia, otro para la Comunidad descalza en el Carmelo y uno para el mundo; concretamente, para la China. Nos olemos que sería algo del género geopolítico.
Partícipe de estas revelaciones, el obispo Verzosa autorizará sin reservas ni aforo la veneración de Nuestra Señora Mediadora de Todas las Gracias. Sin embargo el 11 de abril de 1951 la Jerarquía eclesiástica filipina demuestra que está ahí para algo, revocando dicha autorización al tiempo que niega cualesquiera Apariciones marianas lipeñas en términos que no admiten réplica:

Nosotros, los arzobispos y obispos firmantes, constituyendo a los efectos una Comisión especial, habiendo examinado y revisado atentamente las pruebas y testimonios recogidos en el curso de repetidas, largas y cuidadosas investigaciones, hemos llegado a la conclusión unánime y por la presente declaramos oficialmente que las pruebas y testimonios disponibles excluyen cualquier intervención sobrenatural en los acontecimientos del Carmelo de Lipa, lluvia de pétalos incluida.

El obispo Rufino Santos, nuevo administrador apostólico para la diócesis de Lipa, apuntala esta declaración con un Decreto emitido en esta ciudad el 12 de abril de 1951, el cual reza:

Habiendo declarado la Comisión Especial integrada por varios miembros de la Jerarquía de Filipinas que, después de largas, repetidas y cuidadosas investigaciones, las evidencias y testimonios sobre el asunto expuesto excluyen cualquier intervención sobrenatural en los acontecimientos, incluyendo la lluvia de pétalos, del Carmelo de Lipa, yo, el abajo firmante, Administrador Apostólico de la Diócesis de Lipa, conforme al Decreto–Declaración de la Comisión Episcopal, por la presente dispongo y ordeno que: 1) ni pétalos ni aguas sean entregados ni custodiados por nadie; 2) la estatua de la Virgen (actualmente en la iglesia) se retire de la veneración pública; 3) se admita en la clausura a toda hermana externa, excepción hecha de sor Isabel, que permanecerá extramuros para atender a las necesidades de la Comunidad; y por último que 4) se suspendan temporalmente todas las visitas, desautorizándose explícitamente las cartas en espera de la decisión definitiva, a adoptar por la Santa Sede.

No contenta con su Decretazo antipodófilo, la Jerarquía eclesiástica imparte además instrucciones a las descalzas de destruir todo vestigio de las Apariciones, ello pese al hecho evidente de que jamás se habían producido. Obedientes por voto, las monjas dan a las llamas los diarios de Teresita Castillo y María Cecilia de Jesús Zialcita, así como los pétalos milagrosamente llovidos y las tarjetas de oración por la Virgen dictadas; pero ni apelando a toda su obediencia osarían el sacrilegio de demoler la Imagen de su Mediadora, que mantuvieron cuarenta años oculta entre los escombros en una bodega, envuelta en trapos y yute.

***

El obispo Verzosa es obligado a dimitir. Acusado en falso de malversar las finanzas de la diócesis, cuando de hecho había sido su benefactor, se exilia con el corazón roto en su ciudad natal de Vigan, provincia de Ilocos Sur, que queda al norte de las Filipinas, viéndose reducido a liar hojas de tabaco para subsistir (y que no falten).
El obispo auxiliar Obviar es trasladado a una diócesis recién constituida: la de Lucena, donde pasaría los veintidós años siguientes desempeñando funciones de gestión apostólica ¿o era apostolado administrativo? Ya en 1974 recibe plenos poderes como residente en dicha diócesis de Lucena. El 1 de octubre de 1979, festividad de santa Teresita del Niño Jesús, fallece santamente, no sin antes declarar:
Podrán obligarme a guardar silencio, pero nunca a negar aquello que sé Verdadero.
La Madre Priora y otras hermanas de profesión perpetua, con mención especial de la subpriora sor María de San José y sor Mary Anne, enfermera, fueron deliberadamente separadas de la Orden y dispersas por otros Carmelos para, como monseñor Obviar, sufrir y morir en olor de santidad.
La Madre Priora fue trasladada a otro convento y tratada como una fregona. Según se cuenta, profetizó correctamente que a su muerte se reabriría la investigación de las Apariciones de Lipa, restaurándose la devoción a la Mediadora.
Teresita fue sometida a implacable escrutinio por la Comisión. En lo que a ella se refería, ésta la componían: los obispos Rufino Santos y César Guerrero, el Padre Blas, OP, y otro sacerdote dominico. Sin llegar a perder la amabilidad, el cardenal Santos la llamaba a cualquier hora impía, convocándola con frecuencia a Manila so pretexto de que les asistiera en la investigación, pero las más de las veces concediéndole demasiado poco tiempo para prepararse.
Por último la Priora francesa Ma Mère sustituyó a la Madre Cecilia, quien entre lágrimas informó a Teresita de que debía abandonar el convento por voluntad propia. Así, al menos en teoría, podría solicitar su readmisión más adelante. Profesar aún no podía, pues con sus constantes y apresurados traslados a Manila, en aras de ayudar a un paripé de investigación, no había llegado a cumplir su tiempo de noviciado. Su obstinada afición a las infusiones de pie descalzo tampoco contribuye a mejorar su salud, no quedándole otro remedio que volver al hogar de sus padres, que prácticamente la habían repudiado a causa de su vocación descalza, para ellos sinónimo de grave perturbación mental. Sus sucesivas solicitudes de regreso al claustro serían desestimadas, una tras otra, debido a una salud siempre frágil y más mermada que nunca ahora, por sus heterodoxos hábitos alimentarios y las traumáticas experiencias soportadas durante unos interrogatorios interminables por los que su desaparecida Virgen nunca tuvo la deferencia de asomar los augustos Pies. Pero, como la verdadera Fe rechaza por principio semejantes favores, no por ello dejó nunca Teresita de defender la autenticidad de las Apariciones que había atestiguado. En una ocasión en que rehusó por enésima vez firmar su confesión de que todo había sido un burdo engaño urdido por su imaginación calenturienta (típicamente juvenil, posiblemente esquizofrénica...), un sacerdote investigador le arrojó un cenicero de bronce a la cabeza (aunque errase el tiro, en cabal consonancia con su tino investigador). Considerada mucho más tronada de lo estrictamente necesario para meterse monja, nuestra postulante jamás recibiría la autorización médica exigida para reingresar a su convento.
Pese al correr de los años y la cruel represión con que la Jerarquía justifica su existencia, en Lipa monjas descalzas, devotos marianos y podófilos irredentos seguirán creyendo con Fe imperturbable en las Apariciones, sin perder la Esperanza de que algún día se reabra el caso, acabando por reconocerse su autenticidad. Por ello rezarán sin descanso en el Carmelo de Lipa, metiéndose entre pecho y espalda tazas y más tazas de caldito enchambré de uñas negras y pelotillas interdedales.

***

El 24 de enero de 1991 volvieron a llover pétalos de rosa en el convento descalzo de Lipa. Pocos días más tarde, seis niños que jugaban en un jardín adyacente vieron cómo la Imagen de Nuestra Señora del Monte Carmelo cobraba vida, derramando copiosas lágrimas de alegría.
La peregrinación a Lipa nunca había cesado. El duodécimo día de cada mes, a las tres de la tarde, una creciente multitud de peregrinos se congregaba en la Catedral para marchar en procesión penitencial a aquel convento que ya todos llamaban de María la de los Pies Desnudos.
En 1992 el arzobispo Mariano Gaviola concedió por fin su permiso para exhibir la Imagen de Nuestra Señora, Mediadora de Todas las Gracias, emergida para siempre de las catacumbas. En 1993, manifestó su convicción personal de que las Apariciones de Lipa eran dignas de Fe.
En el 2009 el arzobispo de Lipa Ramón Argüelles confirmó el levantamiento de la prohibición, en 1951, de venerar públicamente a Nuestra Señora Bien Aparecida con los Pies Desnudos, Mediadora de Todas las Gracias y Patrona oficiosa de los Podófilos. Alegaba Argüelles que “nada hay de malo en orar, ni aun en adorar, a las Apariciones”, pues bien consciente era él “del Amor que el Pueblo profesa a la Santísima Virgen” que siempre libró a nuestro país de las peores calamidades. Añadió que había venido a Roma en busca, infructuosa, de archivos que documentasen las Apariciones.
Teresita Castillo ha sobrevivido a tantas denuncias y humillaciones como le fueron infligidas por haber visto y oído lo que nunca debió, las cuales quebrantaron su maltrecha salud confinándola en el hospital de la Universidad de Santo Tomás durante temporadas cada vez más prolongadas. Trabajó en la Iglesia Redentorista de Baclaran, donde colaboró con el Padre Leo English en la recopilación y publicación de un diccionario tagalo-inglés ampliamente utilizado y reconocido en la actualidad. Tiene una hija adoptiva que suele acompañarla en sus misiones de curación.
Desde entonces ha recibido infinidad de mensajes de apoyo y han vuelto a lloverle pétalos de rosa, tanto en su propia casa a la hora de comer como en la capilla lateral del Carmelo de Lipa; pero, escarmentada, prefiere guardar un discreto silencio al respecto. También la nueva Comisión ha considerado prudente que se abstenga de hablar o mostrarse demasiado visible a la opinión pública. Sabiéndola en posesión de lo que ellos jamás llegarán ni a ver, todavía temen que beba con pecadora avidez aguas donde se bañaron los más sucios pies.
Hoy el Carmelo de Lipa es conocido como “la Lourdes asiática”. Philippine Airlines fleta vuelos especiales de peregrinación al convento. Se ha esculpido una copia especial para peregrinos de la milagrosa Virgen Mediadora serie TG®, recientemente acarreada en sendas procesiones vindicativas celebradas en Madrid y Nueva York. Más de 3.000 fervientes podófilos integraron, pisando nubes, la que recorrió solemne la Segunda Avenida de la Manzanota.


(Trad. it.: Isidra Montinelli)

2013/09/23

La verdadera historia de Caperucita roja



   Estaban llegando a las lindes del bosque. Las luces titilaban en la distancia, avisando de la presencia humana y el aire, cuando husmearon, era fétido en esa dirección.
La niña, con paso decidido, se adelantó.
Era su turno.
.........................
  Imagen justa y necesaria, encontrada por causalidad en la red. Por ser, relato es.

2013/09/19

La Encíclica Lumen Fidei según el diario apócrifo del Papa (5)

(Trad. it. de Rosalía Borgia e Isidra Montinelli)
    
     Lun. 1 de julio, san Galo
     Ayer nos enteramos por la prensa de que acabamos de publicar nuestra primera y muy elogiada carta Encíclica, bajo el título Lumen fidei. Era tan buena y por eso mismo nos sonaba tan poco familiar, que hemos tenido que rebañar hasta la última candela de nuestra Fe para llegar a creernos de verdad (esto es, por la vía fideísta) que aquello lo habíamos escrito Nos. Por la pobre vía de nuestra razón autónoma (una vía caracterizada por la soberbia, de la que por tanto conviene desconfiar) jamás habríamos hallado manera de deducir semejante conclusión, pues basta hojear al azar esta Encíclica firmada por Nos para adivinar la autoría inconfundible del verdadero Papa, Peneadicto XVI. El Jefe, que ya durante su Papado visible había parido cual coneja sendas cartas sobre la caridad (Caritas in veritate) y la esperanza (Spe salvi), concluía con esta tercera su serie sobre las virtudes teologales, así llamadas por recibirse infusas de Dios como dones sobrenaturales. La discreción de su Papado en la sombra le permite dedicarse a escribir, que es lo que a él le gusta, y hay que reconocer que lo hace como nadie.
     En la fraternidad de Cristo, y también por ser una orden directa del Jefe, hemos asumido generosamente la autoría de su texto, estampando nuestra firma al pie, gesto que la prensa mundial ha atribuido de forma unánime a nuestra humildad. En efecto: pudiendo haber escrito nosotros mismos nuestra propia Encíclica, como no habría dudado en hacer cualquier otro Papa más engreído y pagado de sí, el nuevo estilo de Papado sencillo que Nos representamos irradia modestia intelectual de sobras para que podamos atribuirnos el laburo ajeno con tanta soltura como olvido del propio ego ...y del ajeno.
     La suprema humildad que manifestamos colando como producto de nuestra pluma un texto que ni remotamente seríamos capaces de producir se revela con especial elocuencia cuando no sacamos de su error a tanto periodista como se ha declarado gratamente sorprendido de que el nuevo Papa, al que en comparación con el anterior consideraban un filisteo, haya podido redactar una Encíclica de tal hondura intelectual, que hasta cita a Wittgenstein y todo; y encima con fundamento. Desde luego que nadie estaba más sorprendido que Nos y, la primera vez que la leímos, nuestra sorpresa se trocó asombro; pero con ayuda de Peneadicto nos hemos familiarizado tanto con su contenido, prodigiosa mezcla de irracionalidad y erudición, que por momentos hemos llegado a creernos autor de este brillante ensayo sobre la Luz de la Fe.
     La tradición de la Iglesia ha indicado con esta expresión el gran don traído por Jesucristo, que en el Evangelio de san Juan se presenta con estas palabras: “Yo he venido al mundo como Luz, así que quien cree en mí no quedará en tinieblas”.
     El mundo pagano, hambriento de Luz, desarrolló el culto al Sol, al Sol invictus, invocado a su salida. Pero, aunque renazca cada día, el Sol no ilumina toda la realidad; sus rayos no pueden llegar hasta las sombras de la muerte, allí donde los ojos humanos se cierran a su luz. “No se ve a nadie dispuesto a morir por defender su Fe en el Sol”, observaba san Justino mártir, omitiendo que tampoco abundan los dispuestos a ejecutar heliólatras por el improbable delito de proclamar su creencia en un astro al cual maldita la falta que le hacen fes profusas ni patidifusas, sobrándole el hecho evidente de que está ahí, alumbrando; y que calcina como sólo puede hacer la Fe misma. Por decirlo con el palíndromo de Darío Lancini, el más excelso conocido en idioma alguno: "seas árbol o Dios, la Fe, falso ídolo, brasa es".
     Conscientes del vasto horizonte que la Fe les abría, los cristianos llamaron a Cristo el verdadero Sol, “cuyos rayos dan la vida”. A Marta, que llora la muerte de su hermano Lázaro, le dice Jesús: “¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?”; y no añade, ni falta que hace, que la única manera de que María pueda conservar su Virginidad después de concebir y aun después de parir al Hijo de Dios es que ella misma se crea semejante sinrazón; y después de ella, todos los demás, convirtiéndola en dogma de Fe. Credo quia absurdum, que decía san Agustín; pues si el objeto de creencia no fuese absurdo, ¿qué necesidad habría de recurrir a la Fe como pensamiento performativo? La misma que tenía el hombre primitivo de creer en un Sol sin cuya existencia nada, incluidos nuestros dioses a medida, podría existir.
     Ilustres escéptico-sifilíticos como Nietzsche asociaron la Fe a la oscuridad, buscándole un ámbito que le permitiera convivir con la luz de la razón allí donde ésta no pudiera llegar, dejando al hombre desprovisto de certezas. La Fe se ha visto así como un salto que damos en el vacío, por falta de luz, movidos por un sentimiento ciego; o bien como una luz subjetiva, capaz quizá de enardecer el corazón, de ofrecer consuelo privado, pero imposible de proponerse a los demás como un Sol tangible, luz objetiva y cierta que alumbre el camino común. Poco a poco, sin embargo, se ha visto que la luz de esta razón autónoma no logra iluminar suficientemente el futuro; al final, éste queda en la oscuridad, dejando en el hombre miedo a lo desconocido. Cuando falta esa Luz tan potente que no puede provenir de nosotros mismos, que debe emanar de una fuente más primordial, que tiene que venir, en definitiva, de Dios, todo se vuelve confuso, es imposible distinguir el Bien del Mal, la senda que lleva a la meta, de aquella otra que nos hace dar vueltas y vueltas, como polillas en torno a una luz tan real que no precisa de nadie que crea en ella.
     También ese tremendo vanidoso de Rousseau lamentaba no poder entrevistarse con Dios personalmente, sin intermediarios: “¡Cuántos hombres entre Dios y yo!”, se queja, al tiempo que se pregunta: “¿Es tan simple y natural que Dios se haya dirigido a Moisés para hablar con Jean Jacques Rousseau?” Más natural, podría contestársele, que tu rousseauniana pretensión de que Dios te conceda cinco minutos de audiencia, pelmazo insufrible y encima francés, para interesarse por las impresiones, forzosamente engañosas, de tu arrogante subjetividad. Con ese concepto individualista y limitado del conocimiento, Rousseau jamás llegará a entender el sentido de la Mediación, esa capacidad de participar en la visión del otro, ese saber compartido sólo alcanzable desde la más devota Fe. Porque la Fe es un don gratuito de Dios que exige la humildad y el valor de fiarse y confiarse, para poder ver el camino luminoso del encuentro entre Dios y los hombres, la Historia de la Salvación. La arquitectura gótica lo ha expresado muy bien: en las grandes Catedrales, la Luz llega del Cielo a través de las vidrieras en las que está representada la Historia Sagrada como un cómic para analfabetos.
     Aun sabiendo que le convenía mucho más creer que pensar, el Pueblo ha caído demasiadas veces en la tentación de la incredulidad. Aquí lo contrario de la Fe se manifiesta como idolatría. Mientras Moisés habla con Dios en el Sinaí, el Pueblo no soporta el misterio del Rostro oculto de Dios, se impacienta con la espera y desconfía de su Mediador. Más que al becerro de oro, adora el oro del becerro, que le parece moneda de más ley que el fidedigno amor de Dios.
     La mayor prueba de la fiabilidad del amor de Dios se encuentra en la muerte de Cristo a manos de los hombres. Ahora bien, sólo se manifiesta a la Luz de su resurrección. En cuanto que resucitado, Cristo es testigo fiable, digno de Fe, apoyo sólido para nuestra Fe. Como recuerda san Pablo, “si Cristo no ha resucitado, vuestra Fe no tiene sentido” (1 Co 15,17). Pero al aceptar el don divino de la Fe, el creyente es transformado en una creatura nueva, recibe un nuevo ser, filial, que se hace hijo en el Hijo.
     Del mismo modo, la profundización de la Fe católica en la Maternidad Virginal obliga a la Iglesia a proclamar la Virginidad real y perpetua de María incluso tras el parto del Hijo de Dios hecho hombre (cf. san León Magno, c. Lectis dilectionis tuae: DS, 291; ibíd., 294; Pelagio I, c. Humani generis: ibíd. 442; Concilio de Letrán, año 649: ibíd., 503; Concilio de Toledo XVI: ibíd., 571; Pío IV, con. Cum quorumdam hominum: ibíd., 1880). En efecto, el nacimiento de Cristo, "lejos de disminuirla, consagró la Integridad Virginal" de su Madre (Catecismo, 499).
     Lucas el Evangelista habla de la memoria de María, que conservaba en su corazón todo cuanto escuchaba y veía, de modo que la Palabra diese fruto en su vida. La Madre del Señor es icono perfecto de la Fe, como dice santa Isabel: “Bienaventurada la que ha creído” (Lc 1,45). Porque sólo creyendo consigue, no sólo que sea lo que de otro modo jamás podría ser, sino además que sólo pueda ser tal como ella lo cree. Cuando Dios revelA, hay que prestarLe la obediencia de la Fe, por la que el creyente se Le confía libre y totalmente, sacrificando a la revelación divina cualquier aspiración a entendimiento y voluntad autónomos.
    
     Jue. 4, san Jocundiano
     “Si no creéis, no comprenderéis”. Así traducen al griego los Setenta de Alejandría estas palabras del profeta Isaías al rey Acaz, significando que sólo mediante la Fe se alcanza un conocimiento fidedigno. Según el texto hebreo, el Profeta le dice al Rey: “Si no creéis, no subsistiréis”.
     Como fuere, uno no es católico por lo que hace, sino por aquello en lo que cree. Al igual que en la militancia política de izquierdas, de hacer, lo que se dice hacer, no hay nada. Lo importante es adherirse a la Fe Verdadera, saber de dónde proviene nuestra bondad, para lograr la Salvación. En este punto se sitúa el corazón de la polémica de san Pablo con los fariseos sobre si la Salvación se alcanza mediante la Fe o mediante las obras de la Ley. San Pablo rechaza la actitud de quien pretende justificarse a sí mismo ante Dios por sus propias buenas obras. Éste, aunque obedezca a los mandamientos, aunque obre mucho y bien, se pone a sí mismo en el centro, no reconoce que el origen de su bondad es Dios. Quien obra así de orgullosamente, queriendo ser fuente de su propia bondad, bien pronto ve agotársele la justicia, y ni siquiera logra mantenerse fiel a la Ley. Se cierra, aislándose del Señor y de los otros; y por eso mismo su vida se vuelve vana, y estériles sus obras como árbol lejos del agua. 
     En cambio, el creyente aprende a verse a sí mismo según la Fe que profese. La figura de Cristo será el espejo en el que descubra su propia imagen, finalmente realizada. Así como Cristo abraza en sí a todos los creyentes, que forman su Cuerpo, el cristiano rechaza la engañifa de su percepción autónoma para comprehenderse a sí mismo dentro del Cuerpo de Cristo, en relación originaria con Él y con sus hermanos en la Fe.
     A base de creer lo más inverosímil de la forma más irracional posible, hasta Nos mismo vamos ya entendiendo nuestra reciente Encíclica mediante un esforzado acto de Fe en la falsedad elevada a Dogma de que en verdad la hemos escrito Nos. Incluso nos hemos permitido agradecer, con toda humildad, a Peneadicto su “aporte” a nuestra Carta (el cual consistió en escribirla enterita, de cabo a rabo, con toda soberbia).
     Como toda Fe, esta creencia en nuestra autoría de la Encíclica sólo puede ser infusa o, a veces, confusa; pero jamás personal e intransferible, pues la pretensión de que cada cual crea por su cuenta aquello que le dicte su conciencia es tan absurda como la de considerarse un ente autónomo.
     Modernamente se ha intentado construir una fraternidad universal entre los hombres fundándola sobre la igualdad. Poco a poco, sin embargo, hemos comprendido que esta fraternidad, sin referencia a un Padre común como Fundamento último, no logra subsistir. Análogamente, la Fe tampoco puede ser una decisión individual adoptada por el creyente en su intimidad; nunca es una relación exclusiva entre el “yo” del fiel y el “Tú” divino, entre un sujeto autónomo y Dios. Por su misma naturaleza, se abre al “nosotros”, se da siempre dentro de la Comunión de la Iglesia. Así nos lo recuerda la forma dialogada del Credo en la Liturgia bautismal, donde el creer se expresa como respuesta a una invitación, a una Palabra que ha de ser escuchada, que nunca procede de uno mismo. Por eso forma parte de un diálogo; no puede ser una mera confesión nacida del individuo. Dado que la Fe es una sola, debe confesarse en toda su pureza e integridad; y precisamente porque todos los artículos de Fe forman una unidad, negar uno solo de ellos, aunque pueda parecer de los menos importantes, produce daño a la Totalidad. Por eso también la transmisión de la Fe se realiza en primer lugar mediante el Bautismo.  El primer sacramento nos recuerda que la Fe no es obra de un individuo aislado, un acto que el hombre pueda realizar contando sólo con sus fuerzas. Tiene que recibirla entrando en la Comunión eclesial que transmite el don de Dios. Nadie se bautiza a sí mismo, igual que nadie nace por su cuenta. Del mismo modo, un niño no es capaz de realizar un acto libre para recibir la Fe, no puede confesarla todavía personalmente. Por eso la confiesan sus padres y padrinos en su nombre. La Fe se vive dentro de la Comunidad de la Iglesia, se inscribe en un “nosotros” comunitario. Así, el niño es sostenido por otros, sus padres y padrinos, y acogido en la Fe de ellos, que es la de la Iglesia, simbolizada en el cirio que el sacerdote prende durante la Liturgia bautismal. 
     Otros dos elementos son esenciales en la transmisión fiel de la memoria de la Iglesia: en primer lugar, la oración del Señor, el Padrenuestro, porque en ella el cristiano aprende a compartir la misma experiencia espiritual de Cristo, comienza a ver con los ojos de Cristo. No reza porque cree; cree porque reza.
    
     Jue. 11, santa Pelagia
     Toda Revolución indigna de ese nombre, como la nuestra, debe ir acompañada de reformas legislativas; es decir, ser más reformista que revolucionaria. Así lo ha dispuesto el verdadero Pontífice Peneadicto-16; y Nos, que en los cuatro meses que llevamos figurando como modesto Papa sin ordinal hemos protagonizado elocuentes gestos para demostrar nuestra intención de reformar la Santa Sede, no podíamos dejar de marcar nuestra impronta en el ordenamiento jurídico de nuestra parroquia, ese Estado de bolsillo. Así pues, hemos endurecido el Código Penal vaticano para castigar la corrupción y la pederastia y (lo que ha pasado más desapercibido) la revelación de información reservada, ésta con ocho años de cárcel (art. 116 bis).
    
     Vie. 26, santa Exuperia
     “¡Qué feo es ver a un obispo triste, que feo!”, les soltamos textualmente anoche a unos pocos p(r)elados para que nos oyesen, no ellos, sino el millón largo de jóvenes entregadísimos a Nos que abarrotaban la playa de Copacabana. Al hacernos llamar obispo de Roma, rehuyendo por indicación de Peneadicto el mucho más pomposo título de Papa que a Él y sólo Él sigue correspondiéndole, nos sacudimos esa imagen tan dañina de una Iglesia amargada, avinagrada. La tristeza es el pecado moderno por antonomasia, el más severamente condenado por nuestra sociedad. Por eso la recuperación de nuestra credibilidad ante ella depende mucho más de esta limpieza de imagen que de cualquier reforma efectiva, en cualquier caso incomprensible para nuestros fieles, que necesitan como el aire la Luz de la Fe. Si quisieran comprender, se harían físicos nucleares o ajedrecistas de club con reloj y todo.
     Desde que llegamos a Brasil no hemos dejado de repetir que ser o sentirse católico significa lo mismo que estar alegre o ser positivo. Mientras lo decimos, a veces miramos de reojo a algún obispo que seguiría siendo feo aunque dejase momentáneamente de estar triste. Y es que, si no fuera por tanto cenizo, tanto tío vinagre y tantos siglos ofreciendo una imagen de marca catastrófica, como ésa de llamarle al mundo real “valle de lágrimas”, la grey aceptaría como evidente que no hay diferencia alguna entre catolicismo y pensamiento positivo (que gracias a la oración se traduce en energía positiva). La Fe, con su Luz, literalmente mueve montañas. Pero un valle de lágrimas ¿a qué adeptos puede atraer sino a los masoquistas que merezcan la pena de suspirar, gimiendo y llorando, en él?
     Estos días estamos lavando muchos pies, puede que demasiados, aunque no tantos como nos gustaría. Durante nuestro sermón de anoche en la playa de Copacabana no dejamos ni un momento de olerlos, por centenares de miles, hasta embriagarnos de su perfume. Y en nuestros encuentros íntimos con presas y tóxicómanas discretamente elegidas por la perfección sublime de sus pies aprovechamos la ocasión de lavar y secar varios pares de ellos cuyo recuerdo nos aliviará los oscuros lutos del invierno vaticano y esos horrendos calcetines de felpa que suelen llevar las monjas viejas.
    
Hablando de viejas, dicen que a la clausura de estas Jornadas Mundiales de la Juventud que escenificamos como una superestrella del rock en versión humilde asistirán varios jefes de Estado, incluida sin falta Kretina Kirchner, que inexplicablemente lo es y últimamente no desperdicia ocasión de pegársenos a chupar cámara cual cacatúa de geriátrico con doble prolapso. Eso cuando no está chupándonos las medias con una delectación amorosa que en una putavieja tan estragada resulta a todas luces grotesca. Algún asesor ha debido de explicarle nuestro inmenso potencial propagandístico. Venerado aquí en Brasil como en todas partes, somos el envoltorio más atractivo de rellenos de quita y pon, carga hueca y son emotivo a oídos sentimentales; por ejemplo: “Nunca se desanimen, no dejen que la esperanza se apague”. No será ningún hallazgo y ni siquiera recordamos haberlo dicho, cuándo, a quiénes ni por qué. Es igual, seguro que venía al caso: como buena frase nuestra, tiene la virtud de ser polivalente en su futilidad. O baladí en su ambigüedad. Por algo a la sanguijuela menopáusica le faltó tiempo para apropiarse tan insulsa sandez, amén de prostituir nuestra pontifical imagen para su campaña electoral: aprovechando una fracción de segundo en que descuidamos nuestro perfil derecho, su gabinete de imagen nos fotografió en una que podría malinterpretarse como amistosa para con la putavieja y su parlaembalde alcalde Insaurralde.
    
      
Qué más da. Eslóganes así, a granel, los improvisamos con la misma facilidad con la que orinamos al levantarnos por las mañanas, así que nada nos importa cedérselos gratis como tampoco le negaríamos el vapor de nuestra primera meada del día. Dios es amor. Ahora bien, si cree que vamos a lavarle los pies, va lista. Verás, Kretina: no soportamos a las putas viejas sin tobillos; nos rerrepugnan. Pero no sos vos, ¿eh? Somos Nos. 
     “La Fe es revolucionaria; el cristianismo es revolucionario”, predicamos a nuestra joven e impresionable legión, echando mano de nuestro arsenal de vacuidades tan pegadizas como poco comprometedoras, intercambiables. La revolución ¿será revolucionaria? Same difference: “¡Fran-cis-co, Fran-cis-co!”, es la previsible respuesta a voz en grito de nuestra entusiasmada grey, digamos lo que digamos. Viniendo de Nos, cualquier cosa que se nos ocurra identificar con el cristianismo va a parecerles bien; mejor, de hecho, cuanto más peregrina sea y más alejada esté de lo que verdaderamente pueda ser el cristianismo. No es de extrañar que la sensación de poder e impunidad resulte abrumadora aun para alguien tan humilde como Nos, con más motivos de humildad que verdadero poder. Lo importante es mostrarse emotivo, es decir, humano. En el mundo de hoy ello equivale a gozar de impunidad para las peores infamias, o como mínimo a ser considerado universalmente Bueno con independencia de los actos cometidos. ¿Qué más osaría pedir para sí este dechado de humildad?

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2013/09/18

La Internacional Hedonista (neohimno)


¡Alcánzame ese bogavante,
por la famélica legión!
El Pueblo, de esta mariscada
toma digna posesión.

Del centollo hay que hacer añicos
con el martillo o almirez.
Lo quiero con cuatro de ostras
por separado o a la vez.

Agrupémonos todos
en torno a este mantel.
El Pueblo soberano
invita hasta a pastel. (Bis)

2013/09/12

"Minister, Government isn't about Good and Evil; it's only about Order or Chaos"



─Humphrey, I must talk to you about something; something that concerns me deeply, really profoundly important.
─Is it the Amendment to the Administrative Order on Stock Control in Government Establishments?
─No…
─...Or the Procedure for Renewal of Local Authority Leaseholds in... Special Development Areas?
─No, what concerns me is a Great Issue really of Life and Death.
─Ah... Shouldn't that wait till after Work?
─It is Work.
─Really? Please go on.
─How do British armament manufacturers sell their arms to Foreigners?
─I believe you have to get an Export Licence from the Department of Trade.
─So Private Firms can sell their arms abroad?
─Private Companies and Government Agencies.
─To whom do they sell?
─Foreign Governments, usually.
─Is that all?
─Well, sometimes you can sell to an arms Dealer, Third Party… Or perhaps a little man in Manchester buys on behalf of a Party in the Channel Islands who’s contacts in Luxembourg...
─So there's no real Control over who the arms go to in the end.
─Indeed there is. The Dealer has to provide an End-User Certificate, which is a Signature acceptable to H.M.’s Government, that the ultimate Customer is in fact an Approved User.
─Is that a real Guarantee? I mean, would you be surprised, for instance, if a British aircraft carrier turned up in the Central African Republic?
─I, for one, Minister, would be very surprised. It's 1,000 miles inland.
─You know what I mean. What about smaller weapons?
─It's officially impossible. Stringent Security, rigorous Inspection Procedures, meticulous Scrutiny...
─You mean it's all a facade?
─...Ah! I think perhaps this conversation should end here, don’t you, Minister?
─No, it's as I thought. Last night a confidential source disclosed to me that British arms are being sold to Italian Red terrorist groups.
─I see. May I ask who this confidential source was?
─Humphrey, I just said it was confidential.
─I'm sorry, I naturally assumed that meant you were going to tell me.
─You don't seem to be very worried by this information.
─These things happen all the time. It's not our problem.
So does robbery with violence. Doesn't that worry you?
No, Minister. Home Office problem.
Humphrey, we're letting terrorists get hold of murderous weapons!
We're not.
Well, who is?
─Who knows? Department of Trade? Ministry of Defence? Foreign Office?
─We, Humphrey, the British Government. Innocent lives are being set at risk by British arms in the hands of terrorists.
Only Italian lives, not British lives, Minister.
Could be British tourists abroad.
Tourists? Foreign Office problem.
─Humphrey, we have to do something.
─With respect, Minister, we have to do nothing.
─What do you mean?
─The sale of arms abroad is one of those areas of Government that we do not examine too closely.
─I have to, now that I know about it.
─You could say you don't know.
─Are you suggesting I should lie?
─Not you, Minister, no.
─Well, who should lie?
─Sleeping dogs, Minister.
─I'm going to raise this.
─No, Minister, I beg you. A basic rule of Government is: never look into anything you don't have to; never set up an Enquiry unless you know in advance what its findings will be…
─I can't believe this! We're talking about Good and Evil.
─A Church of England problem.
─No, Humphrey. Our problem. We're discussing Right and Wrong.
─You may be, Minister, but I'm not. It would be a serious misuse of Government time.
─Selling arms to terrorists is wrong. Can’t you see that, Humphrey?
─No, Minister. Either you sell arms or you don't. If you sell them, they will inevitably end up with people who have the cash to buy them.
─But not terrorists!
─I suppose we could put some sort of Government Health Warning on the rifle butts: "This gun can seriously damage your health."
─You may very well take this lightly, but we cannot close our eyes to something that is as morally wrong as this.
─Very well, Minister. If you insist on making me discuss moral issues, may I point out to you that something is either morally wrong or it isn't. It can't be slightly morally wrong.
─Don't quibble, Humphrey.
─Government isn't about Morality.
─Really? What is it about?
─Stability. Keeping things going. Preventing Anarchy. Stopping Society from falling to bits. Still being here tomorrow.
─What for?
─I beg your pardon?
─What is the ultimate purpose of Government, if it isn’t for doing Good?
─Minister, Government isn't about Good and Evil. It's only about Order or Chaos.
─And it's in order for Italian terrorists to get British bombs? And you don't care?
─It's not my job to care. That's what politicians are for. My job is to carry out Government Policy.
─Even if you think it's Wrong?
─Almost all Government Policy is Wrong, but... frightfully well carried out.
─Humphrey, have you ever known a Civil Servant to resign on a matter of Principle?
─I should think not! What an appalling suggestion!
─For the first time I fully understand that you are purely committed to Means and not to Ends.
─As far as I'm concerned, Minister, and all of my colleagues, there is no difference between Means and Ends.
─If you believe that, Humphrey, you will go to Hell.
─Minister, I had no idea you had a theological bent.
─You are a moral vacuum, Humphrey.
─If you say so, Minister.
[Bernard:] ─It’s time for your lunch appointment, Minister.
─You're keeping very quiet, Bernard. What would you do about all this?
─I would keep very quiet, Minister.
[Humphrey:] ─So, Minister, may we drop this matter of the arms sales?
─No, we may not! I'm going to tell the PM personally. Make an appointment for me, will you, Bernard? This is just the sort of thing that the PM wants to know about.
─I assure you, Minister, this is just the sort of thing the PM desperately wants not to know about.
─We shall see about that. [EXITS]
─Indeed we will… What's the matter, Bernard?
─Nothing really, Sir Humphrey.
─You look unhappy.
─I was just wondering if the Minister was right, actually.
─Very unlikely. What about?
─About ends and means. Will I end up as a moral vacuum, too?
─Oh, I hope so, Bernard. If you work hard enough.
─Makes me feel rather downcast. If it's our job to carry out Government Policies, shouldn't we believe in them?
─Oh, what an extraordinary idea!
─Why?
─Bernard... I have served 11 Governments in the past... 30 years. If I'd believed in all their Policies, I'd have been passionately committed to keeping out of the Common Market, and passionately committed to going into it. I'd have been utterly convinced of the rightness of nationalising steel, and of denationalising it, and renationalising it. Capital Punishment? I'd have been a fervent retentionist and an ardent abolitionist. I'd have been a Keynesian and a Friedmanite, a Grammar School preserver and destroyer, a nationalisation freak and a privatisation maniac; but above all, I would have been a stark-staring raving schizophrenic!
─So what do we believe in?
─At this moment, Bernard, we believe in stopping the Minister from informing the PM.
─But why?
─Because once the PM knows, there will have to be an Enquiry, like Watergate. The investigation of a trivial break-in led to one ghastly revelation after another and finally the downfall of a President. The Golden Rule is don't lift lids off cans of worms.
─No, Sir Humphrey.
─Everything is connected to everything else. Who said that?
─The Cabinet Secretary?
─Nearly right. Actually, it was Lenin.
─So how do you stop a Cabinet Minister talking to a PM?
─Well now, this is a very interesting question. You tell me.
─I don't know.
─Well, work it out, Bernard. You're supposed to be a High-Flier. Or are you really a Low-Flier supported by occasional gusts of wind?
─Well, you can't stop the Minister seeing the PM, can you?
─I can't.
─Nor can the Private Office at No. 10.
─Correct.
─So it has to be someone pretty high up in Government.
─Getting warmer…
─Someone close to the PM.
─Someone who can frighten the Minister... The Chief Whip?
─Excellent, Bernard, you've learnt a lot. So, how do you crack the whip?
─I'm sorry?
─How do you mobilise the Chief Whip?
─The Minister's asked me to phone the PM's Private Office for an appointment, so if you had a word with the Cabinet Secretary, and he had a word with the Diary Secretary, and they all had a word with the Whip's Office... then when the Minister arrived, the Chief Whip could meet him and say the PM is rather busy, and he'd ask him to have a word with the Minister instead.
─Excellent, Bernard. You should have taken a degree in Engineering… What are you doing?
─I thought you wanted to talk to the Cabinet Secretary.
─I do, indeed. Now, do you, Bernard, as the Minister's Private Secretary, feel obliged to tell the Minister of this conversation?
─What conversation?
─Well done, Bernard. You'll be a moral vacuum yet!