2012/07/28
2012/07/15
Más sobre el género bobo según Javier Arias
Género y arrobas1. Ocasión
Tal vez no sea mal momento para volver sobre algunas cuestiones lingüísticas que parecen preocupar y hasta enardecer a muchos de los legos en la materia, como la misma del género gramatical y los sexos, ahora que entre gentes revoltosas e incluso de las que se dicen todavía revolucionarias se ha extendido con todos los rasgos de la plaga de la moda el uso generalizado —e iremos viendo que tan indiscriminado como falto de fundamento— de expresiones como "compañeras y compañeros" (o su variante "compañeros/as"), así como el empleo del signo gráfico, rescatado por la informática anglosajona para indicar, originariamente, la preposición at en las direcciones de correo electrónico, de la antigua medida de peso de la arroba, de modo que leemos a cada paso en publicaciones pretendidamente rebeldes al régimen cosas como "amig@s" o "querid@s soci@s" (la manía es de tal vigor que hasta he podido localizar la extensión a vocablos de una sola terminación genérica en español, como en los herederos de los participios de presente o de los adjetivos de dos terminaciones latinos: así, ¡oh, maravilla!, nos topamos con "insurgent@s").
Trataremos de hacer ver, con tanta nitidez como nos sea posible, que detrás de dichas prácticas se esconden errores conceptuales gravísimos, referentes a la condición del lenguaje y de las lenguas, así como a las presuntas relaciones entre el sistema lingüístico y la sociedad. No se hará en este escrito, para no entorpecer demasiado la lectura, más uso de tecnicismos que el estrictamente necesario; sin embargo, como otro de los factores que sin duda contribuyen a la confusión que reina por doquier en estos asuntos es una visión excesivamente parroquial —producto, muchas veces, de no conocer y mostrar interés por más lengua que la propia—, se ofrecerán ejemplos de diversas lenguas, a fin de que, con una mayor amplitud de miras, los lectores puedan situarse en un plano más abstracto, el del pensamiento, a la hora de considerar problemas como los que aquí se apuntarán.
2. Algunas nociones lingüísticas obligadas
En primer lugar, si queremos hablar de modo no mágico acerca de cosa tan compleja como el lenguaje en cualesquiera de sus vertientes, o sobre alguna de las miles de lenguas que todavía se extienden por el globo —en este caso, el español en su estado sincrónico presente—, se habrán de exponer o clarificar algunos conceptos y herramientas de análisis, única garantía de que el discurso subsiguiente esté articulado de manera racional. Nótese, de paso, que ello es lo que en matemáticas se dice una condición necesaria pero no suficiente. Podemos hallar, y así ocurre por lo común, textos con una plétora o sobreabundancia de términos de alguna jerga científica que no busquen sino producir, por ejemplo, el efecto religioso de misterio, u otorgar a su autor los privilegios, o siquiera la aureola, de una presunta supremacía intelectual; lo que es de todo punto imposible es organizar un razonamiento sin análisis alguno, procediendo por meras impresiones, o mediante la asunción inconsciente de ideas dadas que nunca se hacen explícitas.
Con frecuencia, por desgracia, la gente se arroga la potestad de hablar sobre asuntos del lenguaje con una ligereza (tornada en pura desfachatez en ocasiones) que ellos mismos seguramente no consentirían al tratar de química o de derecho romano, por ejemplo. No piense, sin embargo, quien nos lea que se emprende aquí la defensa del especialista en materia alguna; no, más bien advertimos que el estudio y reflexión detenida sobre un asunto previene (o debiera, al menos) de algunos de los errores y confusiones más extendidos, prevención que incorpora, de manera natural, por así decir, aquel que puede proclamar de verdad, como Sócrates, "sólo sé que no sé nada", al menos en lo que se refiere a una cuestión concreta. ¡Ya quisieran la gran mayoría de quienes presumen, mientras esbozan un gesto de disculpa falsamente humilde, de no saber nada de cuestiones de lenguaje hallarse de verdad en esa situación! Por el contrario, llevan consigo, de manera inadvertida, un cúmulo de ideas vulgarizadas de la peor clase, de las que configuran el rancio bagaje ideológico con que la gente de a pie se aviene a tratar los asuntos lingüísticos.
2.1. Las oposiciones privativas
Bastará seguramente para los propósitos ilustrativos de este artículo con que nos ciñamos a dos o tres conceptos lingüísticos, entre ellos, como el más importante para lo que aquí nos convoca, el de "oposición privativa". Los elementos de una lengua presentan, como ha venido corroborándose ya desde principios del siglo XX, una organización mediante oposiciones, de modo que cada unidad se define en relación a las demás, por referencia a lo que las otras no son. Cada oposición entre dos entidades, tomada aisladamente, obedece a la siguiente lógica: por un lado, tenemos la base común a las unidades de que se trate, sin la cual no podría establecerse una ulterior diferencia —el que dicha base sea exclusiva de los dos términos en cuestión o, por el contrario, sea generalizable a otros casos, permite que hablemos, respectivamente, de oposiciones bilaterales y oposiciones multilaterales—, y, por el otro, hallamos un elemento diferenciador de las mismas. Cuando la oposición se fundamenta en un rasgo cuya presencia o ausencia permite distinguir entre los dos elementos de base común, nos encontramos ante una oposición privativa. Es característico, además, de las oposiciones de este tipo el ser neutralizables; dicho con otras palabras, su validez se anula en determinados contextos lingüísticos.
Por tanto, en los contextos de neutralización quedan suspendidas las distinciones de significado derivadas de la diferencia entre los dos términos de la oposición. En lugar de dos unidades, tenemos ahora un solo elemento, identificable con la base común de la oposición. Hablamos entonces de una "archiunidad": cuando ésta se refiere al sistema fonológico, nos hallamos ante un "archifonema"; si es relativa al sistema morfológico, recibe el nombre de "archimorfema". Esto se entenderá mejor con un ejemplo: en la fonología del español distinguimos entre /t/ y /d/, como atestigua el hecho de que podamos establecer pares mínimos como "tía"~"día", vocablos dotados de significado muy distinto en la lengua en virtud precisamente de la oposición entre los citados fonemas, que son, al cabo, lo único en que difieren las dos palabras. Sin embargo, en final de sílaba —lo cual conlleva también en final de palabra, pues todo fin de palabra coincide con el término de alguna sílaba; no obstante, la unidad de referencia para el proceso es la de "sílaba", ya que también opera sobre sílabas que no concluyen palabra— dicho contraste se neutraliza. No cabe oponer "ciudad" a "ciudat"; no nos encontramos ante dos significados diferentes, sino ante uno solo. En tal situación el archifonema no repara en la diferencia entre "sorda" y "sonora"; se atiene únicamente al rasgo de punto de articulación dental (ni siquiera parece que se mantenga el modo de articulación oclusivo como definitorio, pues tenemos casos de aparición de la interdental fricativa /q/ en dicho contexto: así, la pronunciación coloquial "Madriz").
No obstante, la archiunidad siempre ha de tener una realización o variante concreta; en muchos casos, la lengua opta por tomar como representante de la archiunidad a una de las dos formas que adopta la oposición cuando está activa. Así, en español diremos siempre, según la norma de realización que rige para contextos de oposición neutralizada, "ciudad", y no "ciudat" (resulta notorio que el uso de los hablantes catalanes es el contrario, pues las reglas en su lengua son otras, y se transplantan a su pronunciación del español), es decir, se adopta la opción sonora sobre la sorda. Designamos como "término marcado" al elemento de la oposición que se realiza tan sólo en los contextos en que ésta se encuentra activa, mientras que damos el nombre de "término no marcado" a la variante que, además de constituir el otro polo de una oposición lingüística, emerge en los casos en que el contraste significativo queda neutralizado o suspendido. En el ejemplo de arriba, /d/ constituye el elemento no marcado (también conocido, a veces, com "extensivo"), en tanto que /t/ representa el término marcado (conocido asimismo como "intensivo").
Veremos enseguida qué han de enseñarnos las definiciones precedentes acerca del problema del género gramatical. Pero antes conviene tener una visión clara de en qué consiste el citado fenómeno.
2.2 ¿Qué es el género en las lenguas?
Eso a lo que llamamos género gramatical no es, en las lenguas que lo tienen, sino una manera determinada de clasificación del léxico o vocabulario semántico con que cuenta el idioma que se considera. En verdad, consiste en una restricción combinatoria por la cual se limita, imponiendo ciertas condiciones, la aparición sintáctica de unidades regidas o dominadas por el elemento que presenta de modo primario la categoría. Por ello se habla a veces del género como una "categoría selectiva": la parte de la oración —en la gran mayoría de las lenguas, y, desde luego, en las nuestras indoeuropeas, el nombre— afectada directamente por el género se adscribe a una de las clases en que éste se divida en el idioma considerado, y sólo podemos averiguar de qué clases se trata atendiendo al entorno lingüístico del elemento en cuestión, y, más en concreto, a los términos inmediatamente subordinados a él. Por lo general, dichos términos presentan algún tipo de marca formal indicativa —de modo notorio, la de concordancia—, aunque ésta también puede faltar; en tales casos, nos hallamos ante lo que se denomina una "categoría latente". En lenguas como el español, las claves para la detección del género nos las proporcionan los adjetivos de dos terminaciones, así como los participios concordados y el artículo. En resumen, podemos decir que el género representa una partición exhaustiva y unívoca del léxico de una lengua en clases de nombres. Dicho de otro modo: no cabe que un nombre no pertenezca a ninguna de las clases fijadas, y, salvo contadísimas excepciones (para las que suele haber una explicación diacrónica), tampoco puede ser miembro de más de una. Estos dos requisitos nos acompañarán en el repaso de las confusiones más flagrantes referidas al género, que iniciamos en el siguiente párrafo.
En lo primero en lo que hay que insistir es en que muchas lenguas carecen de la categoría gramatical de género. Sin ir más lejos, el inglés, donde apenas subsiste, como reliquia del sistema tripartito indoeuropeo, la diferencia de género en los pronombres y adjetivos posesivos de tercera persona (así, por un lado, "his, hers", y, por otro, his, her, its) y en el pronombre personal de tercera (he, she, it), en ambos casos sólo en el singular. En chino, por ejemplo, la clasificación del léxico en clases de nombres según las posibilidades combinatorias de éstos con los diferentes cuantificadores contraviene el requerimiento contra la adscripción múltiple de una unidad. No cabe tampoco aquí, por tanto, hablar de género. Contra un presunto isomorfismo o reflejo especular de la división de sexos en la gramática —prejuicio que, sin duda, domina a quienes se preocupan en estos tiempos de buscarle las vueltas al género gramatical en su lengua (sin importarles mucho, como veremos, que lo haya siquiera), viniendo a clamar contra el supuesto machismo del idioma, y hasta del lenguaje— se alzan numerosas pruebas. La más trivial de todas, la que nos dicta que, de seguir las lenguas los designios de Natura, todos los idiomas del mundo habrían de tener, en buena lid, la misma clasificación genérica del vocabulario, deudora del plan general de la Vida: tendríamos, según esto, una división entre los dos sexos conocidos (acaso también una clase para andróginos y hermafroditas), en contraste con una clase que englobara a todo lo asexuado, quién sabe si distinguiendo en ello algún otro reino.
Claro que no ve uno entonces por qué habría la gramática de prestar a los sexos una atención que, sin duda, no presta a los herbívoros, a los marsupiales, a los estafilococos, o al proceso de partenogénesis. Ya comprenderá el lector que postular semejante clasificación de los nombres, efectuada, al parecer, ad maiorem Linnei gloriam, y pretender, asimismo, su vigencia en todas las lenguas del globo, es delirar.
A tal ridículo nos conduce la lógica que sigue el prejuicio sexista sobre el lenguaje. Pero, un momento, ¿no será más bien el dominio social, y no el biológico, el que trae a mal traer a tanto diletante del análisis lingüístico?, ¿acaso es de una estructura social de lo que se pretende deducir, de manera tan mecánica como inmediata, la configuración lingüística? Por más que se modifique el ámbito, natural o social (para quien no cuestione la pertinencia de esta distinción), del que quiera derivarse una categoría lingüística, el guión es el mismo. Se pretende dar con una correspondencia entre las categorías gramaticales y aspectos como la dominación de la mujer (ya que no parece que la preocupación se haga extensiva al contraste entre "charco" y "charca", por ejemplo, o incluso al de animales, como en "gato"/"gata" o, con raíces enteramente distintas —los tradicionales heterónimos—, "yegua"/"caballo"), en un ejercicio de infantilismo comparable a decir, refiriéndonos ahora no a las categorías, sino a las unidades y a su estructuración, que a las sociedades capitalistas les corresponden sistemas vocálicos triangulares, que a las lenguas de sociedades monoteístas les debe faltar en la oposición de número un "dual", o que el orden de palabras en una sociedad de filiación matrilineal debe ser Sujeto-Verbo-Objeto.
La simpleza y el carácter falaz del presunto argumento se ponen de relieve con sólo mirar, a nuestro alrededor, el panorama del mundo: ¿Dirían quienes se apegan al pensamiento mágico que aquí criticamos —apego que, no debe dejar de señalarse, viene, en muchos casos, como cuando goza del soporte administrativo oficial, acompañado del manejo de fuertes sumas de dinero— que en la vieja costumbre china de impedir, mediante métodos torturadores como la atadura permanente, el normal desarrollo de los pies en las mujeres no hay nada sexista ni humillante para éstas, puesto que los diversos dialectos chinos carecen de distinción de género? ¿O pensarán acaso que el propio inglés se habla en una sociedad no machista y harto diferente de la que hay entre quienes tenemos, al parecer, la desgracia de distinguir entre "cuchillos" y "cuchillas" o entre "corchetes" y "corchetas"?
No podemos, además, olvidar los casos de lenguas en las que encontramos una división del léxico en clases de nombres que, al tiempo que cumple con los requisitos fijados para hablar de género, obedece a criterios enteramente alejados de cualquier cosa que recuerde al sexo. Así, por ejemplo, en las lenguas de la gran familia bantú, hallamos que los diversos géneros remiten, entre otras cosas, a la forma que adoptan los objetos, cuando se trata de un término no abstracto (de este modo, los objetos planos se agrupan en una clase homogénea desde el punto de vista de la combinatoria sintáctica, e igual sucede con los alargados o los oblongos), o a una clasificación en "cosas" —sirva de ilustración el swahili "hiki kiti" ("esta silla"), donde el morfema discontinuo "...ki...ki..." es el indicador de la clase o género correspondiente al sustantivo "ti", al que antecede el demostrativo "hi"; morfema que, por cierto, es recursivo dentro del grupo sintagmático y aun de la frase, como se ve en hiki kiti kizuri kimevunžika ("la silla buena se rompió")—, frente a otra que incluye el criterio de "persona" —caso representado por ke "mujer", que se combina con el indicador oportuno mpara formar la palabra mke; no obstante, y por contradictorio que resulte, este género se extiende a entidades no vivas: de esta manera, tenemosm-oto ("fuego") o m-kno ("mano")—, y así hasta llegar a una veintena de divisiones diferentes, entre las que se encuentra, además, una relativa a las cualidades (tenemos, en el mismo swahili, el morfema prefijado u, como en u-zuri ("belleza") o u-jinga, "locura").
Por su parte, las lenguas algonquinas —una de las grandes familias amerindias— presentan muchas veces situaciones análogas, con un contraste gramatical, fundamentalmente morfológico, entre la clase de lo "animado" (donde, sin embargo, aparte de animales y personas, se incluyen palabras referidas a cosas como "olla", "rodilla" o "frambuesa") y la de los objetos inanimados (donde, contrariando cualquier suposición de que pudiera darse un tratamiento homogéneo a los recipientes, partes del cuerpo o frutas, se integran palabras como las usadas en dicha lengua para hacer mención a "cuenco", "codo" o "fresa").
Pero no hace falta irse tan lejos. Encontramos también entre nuestras lenguas indoeuropeas ejemplos de sobra que desaniman a seguir pensando acerca de cuestiones de lenguaje en los términos en que lo hacen los diletantes a los que venimos aludiendo. No es ya que se dé una gran disparidad a la hora de adscribir una palabra con la "misma" significación e idéntico referente inanimado o, a lo menos, no personal, como cuando se comprueba que "mundo" es femenino en alemán (die Welt) o que, en ese mismo idioma, la muerte presenta género masculino (der Tod) —debe apuntarse, de paso, que la iconografía no se ve por ello necesariamente afectada, como tampoco el distinto género de los astros solar y lunar en dicha lengua con respecto a la española (die Sonne y der Mond) modifica la representación común que de los mismos podamos tener la gran tribu germana y la hispánica—, sino que vocablos cuyo significado se vincula directamente a las características sexuales pueden contradecir dichas notas o cualidades en su adscripción a un género: así sucede con el alemán Mädchen "muchacha, niña", que es neutro, y requiere por ello el artículo das, lo mismo que Weib "mujer". ¿O qué decir de la palabra que se refiere a "sexo", que en español es masculina y en alemán (Geschlecht) neutra?
2.3. El género en español
Toca ahora recordar muy brevemente la estructura que presenta la categoría del género en español. Como es sabido, de los tres géneros latinos, nuestra lengua conserva únicamente la oposición entre el masculino y el femenino. Ahora bien, la situación que centra las iras de los presuntos rebeldes que han servido de pretexto para este escrito es aquella en que ante una coordinación de sustantivos de ambos géneros el adjetivo que los determina semánticamente (y que está regido desde el punto de vista sintáctico por ellos) cobra la forma de sus usos con masculino, siempre y cuando tenga dos terminaciones. Se dice, por ejemplo, "el horror y la violencia humanos", o "la casa y el jardín abandonados". También sucede lo mismo con los participios concertados, sea con sustantivos comunes, con nombres propios, o con referencias deícticas (esto es, mostrativas) al campo desde el que se está hablando: de ese modo, tenemos "El rector y su esposa han sido secuestrados", "Pedro, Carlos, Julia y Belén acabaron muy cansados" o "Estamos (quienes hablamos en la asamblea, en la que hay mujeres y hombres) indignados".
Como es sabido, lo que se produce en contextos como los citados es la neutralización de la oposición de género. En verdad, no cabe hablar ahí de masculino o femenino; sólo permanece activa la base común a la distinción de género —poco importa dilucidar aquí si ésta coincide con el sexo en sí o con la humanidad bruta. Pero esto no es, como ya podrá advertir el agudo lector a estas alturas, sino una muestra más de oposición privativa dentro del sistema de la lengua. Puesto que la forma de los contextos neutralizados coincide con la empleada para el masculino, hemos de considerar a éste el término no marcado dentro de la categoría de género de nuestra lengua. Por su parte, el femenino hace las veces de término marcado, tal y como atestigua su empleo restringido a entornos en que los únicos sustantivos relevantes para la concordancia que se hallan presentes son de ese género.
3. ¿Cómo se ha llegado a la situación actual?
Puede que resulte revelador atender por un momento a la génesis de esta moda o manía de usar el género femenino —ya sea, como en español, coordinado con el masculino, ya, como en inglés, mediante el monopolio de los pronombres y adjetivos posesivos o anafóricos en contextos que exceden, con mucho, el ámbito de empleo apropiado— para casos en que no se encuentra ningún fundamento en la gramática de la lengua. No aprenderemos con ello nada de lingüística o acerca de cualquiera de las lenguas consideradas, de eso no cabe duda, pero acaso logremos detectar las paradas o estaciones del penoso trayecto que conduce hoy día a tanta gente al desbarre en los asuntos que nos ocupan. Pues a veces el rastreo de la suerte y acogida de una idea, con sus idas y venidas geográficas y otros múltiples azares, nos dicen mucho sobre su propia condición: suele éste revelarnos las motivaciones, mayoritariamente infames, y los intereses, casi siempre mezquinos, que se ocultan tras la adopción masiva del concepto de que se trate por parte de un grupo determinado o aun de la sociedad entera.
Frente a la pretendida pureza de las ideas destiladas en esa gran falacia que responde al nombre, consagrado por la tradición, de "República de las Letras" (de la cual el mito de un "Panteón del clasicismo" no es sino un perfecto complemento), la inspección detallada que puede llevar a cabo un historiador de las ideas honesto —si hay tal cosa aún por el mundo— nos da cuenta más bien de un compendio de envidias intelectuales, de despechos amorosos que desembocan, por ejemplo, en la falta de traducción de una obra a otra lengua, o de interpretaciones y lecturas de textos según el modelo, bien poco riguroso, que podríamos denominar "arrimar el ascua a mi sardina", tal y como queda ilustrado por la graciosísima (si no fuera porque cada cambio de vocablo en interés propio suele traer consigo una sabrosa hornada de cadáveres de la nueva Causa) suplantación filológica por la que la sentencia atribuida a Tales de Mileto según la cual "todo está lleno de dioses" pasaría a rezar, a los ojos de sectas cristianas con afán proselitista que debían competir con numerosos grupos análogos en la captación del socio, como se dice hoy día, nada menos que "el mundo está animado y lleno de demonios", lema, como se ve, mucho más al propósito para lograr el éxito entre el público. En ese sentido debe tomarse el breve repaso que ahora emprendemos.
Es bien sabido que la obsesión procede, como tantas veces, de los Estados Unidos, y, por extensión, del mundo de habla inglesa. Resulta irónico, tanto como, seguramente, ilustrativo de la indiferencia y falta de respeto que las ideologías muestran por la lógica interna de las cosas sobre las que echan sus garras, que las consignas partan de una lengua que, ya ha quedado dicho, carece de la categoría de género. De hecho, sobre el único lugar donde queda en inglés vestigio del género, el sistema pronominal (incluido el uso anafórico) y su extensión a los adjetivos posesivos se ha llevado a cabo en los últimos años —y continúa haciéndose— una cruzada en favor del empleo del elemento de género femenino en todos los contextos en que no esté clara una exclusiva referencia masculina.
El único resultado de esto es la incoherencia generalizada. Por ejemplo, en los casos de referencia anafórica a indefinidos como someone osomebody, donde la gramática ordenaba, habida cuenta de la indeterminación genérica de dichos términos, el uso del plural (así, If somebody tells you so, do not trust them, literalmente "Si alguien te dice eso, no confíes en ellos", o Someone must have lost their umbrella, esto es, "Alguien debe de haber perdido su paraguas" ["de ellos", referido a "alguien"]), los diletantes quieren imponer indiscriminadamente el femenino. De igual modo, se pretende que todo posesivo referente a animales, o a sustantivos como toddler o baby, que siempre se han tomado como neutros a estos efectos, presente la forma femenina. La histeria alcanza extremos ante los que no puede uno evitar la risotada. Así, me topo en una revista pornográfica de amplia difusión por aquellos lares (que cuenta además, sin duda, con numerosos lectores y suscriptores entre el profesorado universitario masculino) con que hasta el culo mismo ha de pasar a exigir posesivos y anafóricos de género femenino:
En español diríamos, con más o menos variedad en la excitación, algo así como: "Mmm, eso sienta tan bien que el ojete de mi culo está empezando a latir. Sé que no te importará prestarle un poco de atención."
No se piense que se trata de una inadvertencia por parte del redactor, más o menos aislada. Por contra, son publicaciones como ésas las que se ponen, en la medida en que se sienten en el ojo del huracán, a la proa o vanguardia de la cruzada. La reiteración de ejemplos análogos al arriba citado lo corrobora.
Como trasfondo de estas prácticas se encuentra la siguiente fantasía: creen estos incautos, de modo harto delirante, que con un incremento estadístico de la aparición de un elemento en el discurso se modifica en algo la estructura de oposiciones en la que se inserta: es como si una vez comprobado que la frecuencia del fonema /u/ es mucho menor en español que la del fonema /a/ pensáramos que la inversión de sus respectivas frecuencias fuera a producir un resultado tan inteligible como el de partida, o más. Cosas así se hacen en juegos y cantilenas infantiles, como cuando se prohíbe decir una vocal a lo largo de un trecho, reemplazándola por otra; pero buscar que ello trascienda al mundo adulto y a cualesquiera contextos lingüísticos es una muestra inequívoca de oligofrenia o, lo que es peor, de estulticia interesada, aunque plena tal vez de dignidad a los ojos de mucha gente en virtud de los pingües beneficios dinerarios que tal actitud reporta a quien la suscribe.
4. Importancia de las categorías
No deben tomarse los desatinos anteriores a la ligera. Son síntoma de un problema mucho más hondo de lo que pudiera uno pensar. Denotan una radical incomprensión del estatuto de las categorías, al tiempo que revelan una ideología muy burda (pero al parecer efectiva, si nos atenemos a su éxito presente) sobre las relaciones entre lenguaje y sociedad, ideología que, tal vez convenga decirlo, es —lo sepan o no quienes están presos de ella— en buena parte heredera o deudora de la teoría del reflejo de Lenin y del desarrollo que de ésta llevó a cabo Nikolai Marr en la lingüística rusa a partir de los años veinte del siglo recién terminado. Según Marr, la estructura lingüística cambia con la estructura de la sociedad y su base económica; llega a hablar, en el summum del delirio (delirio especialmente penoso y triste para quien había llegado a ser un gran conocedor del persa, el georgiano, o el armenio, entre otras muchos idiomas), de "lenguas proletarias" y "lenguas burguesas".
Pero volvamos a la cuestión de las categorías. Para ilustrar su importancia, nos serviremos de un ejemplo clásico de Roman Jakobson. Tomemos una frase inglesa como I wrote a letter to a friend ("Escribí una carta a un amigo"). Si un hablante ruso que entienda el inglés la lee o escucha, se queda muy insatisfecho con lo que allí se dice, puesto que le faltan datos que su lengua materna estima cruciales, como si se acabó o no de escribir la carta o si el amigo es hombre o mujer. En efecto, el ruso obliga a pronunciarse entre un verbo perfectivo ("napisat") o uno imperfectivo ("pisat"), al tiempo que fija la diferencia entre "amigo" y "amiga" en el lexema ("drug" frente a "padruga"), y no en una moción de género (vale decir, en una alternancia de morfemas). Además, las formas de pasado del verbo ruso, tanto perfectivas como imperfectivas, presentan una concordancia genérica con el campo mostrativo en que se habla. Así, si me llamo Iván deberé decir, si empleo el perfectivo, "Ja napisal", pero si me llamo Irina la forma adecuada para ese mismo aspecto es "Ja napisala" —lo mismo sucede en español entre "vengo cansado" y "vengo cansada", sin ir más lejos—. De modo que un hablante ruso debe decantarse entre —por tomar sólo dos ejemplos de los varios posibles— "Ja napisal pismo drugu o "Ja pisala pismo padrugi". Lo que en el primer caso se dice es, si hacemos explícita toda la información inserta en las categorías, lo siguiente: "yo, varón, escribí y acabé de escribir una carta a un amigo de sexo masculino". Por su parte, la paráfrasis del segundo enunciado ha de adquirir una forma como esta: "yo, mujer, escribí y aún no he acabado de escribir una carta a una amiga". Sin duda podemos expresar idénticos contenidos a los de las frases rusas tanto en español como en inglés, como lo prueba el simple hecho de la explicación o traducción ofrecida. No obstante, lo crucial en lo que aquí nos ocupa es que el hablante ruso está obligado a pronunciarse respecto a dicha información, en tanto que nosotros, aunque podamos, no tenemos por qué —y, es más, en una conversación normal y corriente, no debemos. Tal diferencia reside en la distinta configuración de las categorías: lo que en una lengua se trata como categoría puede ser sólo información optativa en otra.
Las categorías establecen, en suma, el ámbito de lo que no puede obviarse en un idioma: uno puede inclinarse por cualquiera de los miembros de las oposiciones que convergen en ella, pero de ningún modo cabe pasarla por alto. Expresándolo con los términos del eminente lingüista Eugenio Coseriu, "si en una lengua debe hacerse una distinción más específica, no es posible renunciar a ella; si, en cambio, tal distinción más específica no se hace primariamente en una lengua, ella puede, en principio, expresarse también en esta lengua". "Primariamente" equivale, como el lector notará, a "conforme a las categorías". Ya debieran comprender a estas alturas de escrito los numerosos diletantes lingüísticos de nuestros días que los juegos que emprenden de la mano de la acusación de machismo al lenguaje y a su lengua no son otra cosa que un esfuerzo místico por pensar y hablar sin categorías, una rendición incondicional a la idea de "ciencia infusa" ("pensamiento intravenoso", podríamos decir hoy día, en la era de las drogas), de tanto éxito tradicionalmente en España, dado que permite arramblar con lo poco bueno que haya entre quienes andan metidos por la enseñanza. Por nuestra parte, no podemos dejar de tener presente —lo contrario sería repudiar la razón— cómo Hegel insistía en que "la vida es el empleo de las categorías", así como su recordatorio, al comentar a Aristóteles, de que "en todo lo que el hombre hace suyo ha penetrado el lenguaje, y lo que el hombre convierte en lenguaje y expresa con él contiene escondida, mezclada o elaborada una categoría".
Pero los dislates no paran ahí (¡tanto puede el afán de lucro!). Si no, vea el lector en el siguiente epígrafe lo que les da por hacer en estos últimos tiempos a muchos de los que se dicen rebeldes.
5. Sobre el uso de "@"como presunta letra
Cuestión de orden muy distinto —aunque sin duda relacionada con la anterior en las mentes de quienes se dedican a sacar provecho de la vana imputación de sexismo al lenguaje y a las diversas lenguas— es el uso de la arroba (ya se sabe, el signo "@") con la pretensión de englobar, simultáneamente, al término marcado y al no marcado de la oposición de género en español.
Lo que aquí se revela es, de un lado, la incapacidad para comprender qué es una letra y, de otro, la confusión entre los dos tipos básicos de relaciones lingüísticas establecidas por De Saussure: las asociativas (luego llamadas paradigmáticas) y las sintagmáticas. Comencemos por este último punto. Tal vez sepan ya nuestros lectores que en un sistema lingüístico tenemos, de un lado, relaciones entre los términos del discurso o habla, entre unidades presentes, en suma, y, de otro, relaciones de las denominadas in absentia, que se establecen entre un elemento dado en el habla y los restantes que pueden venir a ocupar idéntica posición. Así, en una frase como "el gato maúlla", tenemos, por una parte, las relaciones entre "el gato" y "maúlla" y las que se establecen en el interior de cada una de las citadas unidades y, por otra, las que rigen entre, por ejemplo, "maúlla" y "llora", o "maúllan", o entre "el gato" y "los gatos" o "los niños". A las primeras se las denomina sintagmáticas; a éstas, paradigmáticas. Desde un punto de vista lógico, unas se rigen por la coordinación ("...y..."); las otras, por la disyunción exclusiva (aut...aut... según la expresión latina, o, si se prefiere, "o bien ...o bien...").
Pues bien, con el dichoso empleo de la arroba nuestros amigos diletantes pasan a confundir el culo con las témporas, o la gimnasia con el magnesio, es decir, proyectan dos términos en relación paradigmática sobre una única posición sintagmática; dicho de otro modo, si uno dice "compañeros" no puede decir al mismo tiempo "compañeras". Pretender escribir las diversas opciones paradigmáticas sobre el eje sintagmático es una necedad sin igual, ya que precisamente la escritura y el discurso que ella representa suponen siempre una decisión entre múltiples posibilidades. Según el criterio que manifiesta el uso de "@" jamás podríamos llegar a escribir una sola frase, ya que, si bien en algunos casos las opciones son muy pocas, en otros, cuando se trata de partes de la oración propiamente dichas, nos hallamos ante un repertorio indefinido.
Mucho más grave es, pienso, el segundo error que conlleva esta moda maniática: tratar a las letras como lo que no son jamás, dibujos. En efecto, es necesario para los fines de nuestros presuntos rebeldes el que haya una similitud entre las letras que representan los fonemas que dan forma, por lo general, a los morfemas sobre los que recae la oposición de género en la lengua en cuestión, similitud que les permita obrar el sincretismo gráfico que buscan. Ello supone un apego a las letras por sí mismas, desprendidas de todo su valor de representación. La razón reconoce en un caso así un ejemplo supremo de la capacidad humana de confundir el signo con la cosa, de fetichismo, cuyo estatuto o rango para el conocimiento es equivalente al que pueda tener un olisqueador de bragas —por quien, dicho sea de paso, llega a tener más simpatía el autor de este escrito, ya que al menos no se anda con rodeos o disimulos como los que tanto gustan a nuestros diletantes lingüísticos. Bastará una sola muestra para ilustrar el enorme error de concepto que denunciamos: ¿cómo piensan estos ignorantones en lenguas establecer un sincretismo visual entre
6. Coda
Tras haber expuesto prolijamente las razones que hacen de la moda actual referente al género y al uso de la arroba un fenómeno psiquiátrico y sociológico antes que lingüístico, sólo nos queda advertir a quienes nos hayan seguido a lo largo de este texto que a partir de ahora es una decisión enteramente suya la de engrosar las filas de la idiotez dominante (de la cual acaso saquen algún provecho curricular) o, por contra, combatirla y resistirse a ella, para lo cual hemos ofrecido aquí algunos argumentos. Lo que en modo alguno podrán hacer ya es aducir ignorancia sobre la cuestión. Bastante nos hemos cuidado en este escrito de que se den por enterados.
Javier Arias Navarro
De la Escuela de Lingüística, Lógica y Artes del Lenguaje de Asturias, a finales del siglo pasado
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2012/07/13
Entropía Universal II según Susana Arenas
El Universo se evaporaba al morir las estrellas una a una. La oscuridad ganaba los espacios. Frío glacial en todo lo que antes brillaba.
La energía residual emergente de tantas enanas blancas preparaba su vorágine creadora en plena conciencia de que el caos era irreversible.
El principio y el fin ya eran uno solo.
La energía residual emergente de tantas enanas blancas preparaba su vorágine creadora en plena conciencia de que el caos era irreversible.
El principio y el fin ya eran uno solo.
Temas:
Caos
2012/07/08
Edible Animals VI: Defensora del Chaco (y otros haikus)
En donde esté
la vaca paraguaya
muere de pie
Falso dilema
¿Chica de ayer
o la perra de siempre?
¡Cuestión de edad!
British Airways
Por ahí sube
un humo irrepetible
de pura nube
Pregunta retórica
¿Soy japonés?
No sé: ¿soy japonés
o me lo hago?
2012/06/26
Mi vecina
Una historia que me nos ha enviado Francisco
Mientras leía en mi cuarto, la vecina de enfrente, recién salida de la ducha (albornoz y pelo mojado) se puso a regar las flores de su ventana. Su marido se aproximó a ella y comenzó a besarla.
Por discreción desvié los ojos hacia el libro y, por curiosidad, el oído hacia la ventana. Unos grititos me hicieron volver la cabeza; ella tenía los pechos al aire y su marido la estaba empalando por detrás. Cuando conseguí desviar la vista desde sus tetas hasta su rostro, me di cuenta de que la mujer me estaba mirando con una sonrisa socarrona.
Unos días después me crucé con ella por en una plaza y me dedicó una mirada rasgada, caliente y húmeda, salida directamente del coño.
Autor: Francisco
2012/06/16
El Orden según diariodesevilla.es
¿Qué será el Orden? Unos lo llaman Dios; otros, Ley Natural con tufo a panteísmo, tal vez Ciencia con notas de conjetura de Bohm. Pero El Diario de Sevilla lo tiene más claro que nadie: Orden es cuando gana Inglaterra:
"Walcott pone orden en el caos", titula el rotativo hispalense su crónica del partidazo de ayer en Kíev. Por si alguien fuera lento de entendederas, ERH se explica a renglón seguido:
El jugador del Arsenal marca un tanto y da una asistencia para que un golazo de Wellbeck a falta de diez minutos confirme la victoria de Inglaterra y deje a Suecia fuera de la Eurocopa.
¿"Confirme"? ¿Acaso el partidazo de ayer era un trámite ocioso, sin más objetivo que corroborar el Orden natural implicado, a saber, que Inglaterra debe eliminar a Suecia, como mandan Dios, Natura, tal vez la Ciencia? ¿Pudimos habérnoslo ahorrado? Así parecen confirmarlo tanto ERH como innumerables intervenciones marianas en finales recientes como la última de UEFA.
Por si hubiera dudas, ERH opina que Suecia no es de hecho peor equipo que Inglaterra: ayer, sin ir más lejos, "merecieron como mínimo el empate", aunque no hace falta decir que aquello habría equivalido al Caos, ordenado como debe ser a 20 minutos del Final, por mediación de [Wellbeck a pase de] Walcott.
2012/06/08
De pinchos por Vitoria
Desde el siglo pasado no he practicado este vicio, así que no soy el más indicado para aconsejar. Cuando yo la conocí, a esa Perra, Vitoria no era "referente", como dicen lo neoesnobs, es materia de pinchos ni en ninguna otra. Vitoria era Castilla, como lo son, por la misma parte, Vizcaya y Guipúzcoa.
En fin: cualquier puto barrio de Madrid tiene más tradición de pinchos que Vitoria, ese quiero-y-no-puedo de Don-not-ti. Aun así: fuera del Casco Viejo, donde es difícil equivocarse (el fascismo-primitivismo será un desastre para la política, pero para las tapas hay que reconocer que funciona), la mejor calle es la Florida, con putos mitos como el Dólar y la Bodega. Si tuviera que elegir uno solo, sería el segundo... ¡y también el primero!, por su lujuriosa barra atiborrada de mahonesas y damas enjoyadas que estiran el meñique al agarrar el palillo y dejan la servilleta pringada de carmín. ¿A quién le importa la gastroeconomía? Está cerca de la casa de la música, en el parque, donde suelen tocar jazz por el Festival.
En el Casco Viejo la calle Pintorería es la más tradicional, apuesta segura sin mierdas de diseño como si estuviera uno en Ñoñosti. Uno cuyo nombre no recuerdo, hacia el nº 40, hacía unos de queso azul batido con brandy que me nutrieron durante mis años de estudiante. Hace mucho que no voy. Exploren un poco (seguro que ya no existe: Vitoria es una puta mierda, aunque al menos no es Mondragón; fin del paréntesis). Yo iba mucho al Kirol, que es muy rústico y recio en plan antidiseño. Tira más al lado castellano de Álava que al vasco (mejor, claro). La Bodega Riojana, un poco más abajo, políticamente estarán extraviados, pero hacen los mejores bocatas, calidad-precio, de Vitoria.
En la cuesta de San Francisco, casi Francia, está el Albéniz, con una barra de pinchos correcta y el mejor menú del día.
En la plaza Nueva (la mayor porticada, antes plaza de España) está el Saburdí, un poco más ñoñostiarra por el lado pijo, pero a la altura de sus exigencias de calidad; y el Deportivo Alavés, con una foto enmarcada de cuando jugaba Valdano con el 9 y unos pinchos que le levantan la boina al Celedón. Ah, y el bar La Unión, con unas rabas dignas de la mismísima Santander. Y al lado en las ex 3 BBB el Speakeasy, la mejor coctelería de Vitoria a un precio razonable.
Una opción rompedora para una mañana laborable está en la cervecería Duna, en el polígono industrial de Gamarra. Contundencia norteña enfundada en mono azul.
Yo ¿qué sé? La cafetería del Artium, además de ser muy warholiana, sirve unos pinchos muy siglo XXI. Para ir con una perra progre.
2012/06/04
2012/06/02
2012/05/31
Conjetura de Petrus Borel
What if it were Chance who with its dice
Handled dealings between God and mortals?
Altars and pyres, births and deaths,
Mortgages, accounts, real estate,
Light that changes the picture of the sky,
Cults supplied by human longing
However only a matter of luck
Handled dealings between God and mortals?
Altars and pyres, births and deaths,
Mortgages, accounts, real estate,
Light that changes the picture of the sky,
Cults supplied by human longing
However only a matter of luck
2012/05/30
Conjetura de Bohm (Teoría del Orden implicado)
(Resumido de trascendentalism.blogspot.com, por Omegófilo)
Aristóteles creía que cada objeto tiene su lugar adecuado en el orden de las cosas, de modo que el movimiento de los cuerpos puede entenderse como un esfuerzo por alcanzar ese lugar adecuado. Tras la Edad Media se inaugura un nuevo concepto de orden según el cual nada tiene tiene un lugar dado y el movimiento se reduce a un proceso mecánico sin meta última. El universo se pasó a contemplar como un mecanismo. Este concepto de orden comenzó a disolverse con la relatividad de Einstein y más tarde, con la teoría cuántica, y el orden dejó de entenderse simplemente como "orden mecánico".
Todo orden se basa primero en la percepción de diferencias, y después en la creación de similitudes a partir de dichas diferencias. Así pues, el orden es "un proceso dinámico en el que se ven implicados tanto el sujeto perceptor como el objeto percibido, así como el ciclo de comunicación-percepción que los une". En el caso de las olas del mar se puede observar mucho mejor. Un espectador distante puede explicar que su movimiento es caótico, fortuito, pero están formadas por muchos subórdenes de pequeños remolinos y corrientes.
Más ejemplos de supuesto azar: los números generados aleatoriamente por ordenador no son en verdad aleatorios, sino que siguen un orden determinado aritméticamente; por ejemplo, generando un número distinto cada segundo y multiplicándolo por sí mismo equis veces dependiendo de la hora que sea en ese momento. A ojos del sujeto perceptor los números son aleatorios, pero en realidad su generación viene determinada por una serie de factores. Pues bien, la teoría matemática del caos propone que el "azar" no existe, y que el "caos" no es más que un tipo de orden de grado infinito. Si se percibe como azar, es que no se está analizando en el contexto adecuado.
David Bohm propone que todo lo que pasa, sucede, forma parte de una sucesión, obedece a un orden determinado. Pero este orden no es visible, se trata de un "orden implicado". Va más allá de las leyes probabilísticas que rigen el comportamiento cuántico de las partículas, y afecta incluso a estas propias leyes, que tendrían así también un orden de grado infinito derivado de un "orden superimplicado". Esto va mucho más allá de las actuales interpretaciones de la teoría cuántica, conociéndose como "interpretación causal de la teoría cuántica".
Como indica Bohm, "no hay cabida para este tipo de órdenes en el marco de las nociones normalmente aceptadas por la física, la química, la biología y otras ciencias. Así, cualquiera que pudiera ser la base de un orden de este tipo en los procesos naturales sería aprehendido por nuestras concepciones actuales como falta total de orden".
En materia de entropía tenemos la llamada "inestabilidad de Bénard", estudiada por Ilya Prigogine, en la que durante una subida de temperatura en un líquido, millones de moléculas se mueven de manera coherente, formando celdillas hexagonales de convección de tamaño característico. Un orden ha surgido del caos creando un fenómeno espectacular, por otro lado observable por cualquiera en determinadas condiciones, prestando la suficiente atención a la superficie del agua cuando se calienta y mirando tangencialmente desde un lado del recipiente.
Para Bohm el nivel perfecto es la existencia de tres órdenes implicados. La existencia de estos tres niveles es necesaria para cerrar el sistema. Esto se explica, por ejemplo, utilizando la analogía de un juego de ordenador. El ordenador (orden implicado 3) produce imágenes en pantalla (orden implicado 2), que el jugador (orden implicado 1) interpreta y frente a las cuales da instrucciones al ordenador, que vuelve a producir imágenes diferentes. Así, el tercer orden implicado determina al segundo y se ve, a su vez, afectado por el primero.
Así, el sujeto que observa está modificando lo observado. Esta es la conclusión inevitable de la física cuántica desde la paradoja de Schrödinger, pero fue adelantada ya por Kant al proponer este la necesidad de un giro copernicano en filosofía, consistente en aceptar que en el acto de conocimiento el sujeto cognoscente modifica la realidad conocida, y que no es posible conocer el noúmenos (la cosa en sí), sino solo el fenómeno (sus cualidades percibidas a priori).
Lo anterior, en todo caso, lleva a Bohm finalmente a afirmar la importancia de la inteligencia creativa, dado que es la única forma de aprehender cosas nuevas, entendiendo el nuevo orden que las genera en vez de tratar de encajarlas en las categorías conocidas. Todo progreso se basa en dicha inteligencia creativa.
Por eso el rechazo sistemático de cualquier evento, teoría o experiencia que se aleje de los postulados racionalistas (que no son más que un orden más) y los intentos de encasillarlo en alguna categoría ya conocida y explicable por medio de la consabida frase: "seguro que tiene alguna explicación racional (véase, comprobable mediante el método racional)", es una práctica mediocre y reaccionaria.
Entendemos también mejor cómo Sheldrake traslada esta teoría al campo de la biología bajo el nombre de "campos mórficos". Ahora podemos observar que el campo mórfico en que se desenvuelve la información de nuestra creación, comportamiento y memoria es un orden implicado.
El problema de todo lo explicado hasta aquí es que remite a la recurrente idea de la pared de Platón, el "maya" de los vedas hindúes, el "tonal" de Castaneda, el "fenómeno" de Kant o la "cuarta dimensión" de H. Hinton. No percibimos la realidad, sino simplemente los "fenómenos explicados".
PS: Si Kant llega a enterarse de que su teoría iba a aparecer entre las enseñanzas de un brujo mexicano a Carlos Castaneda y las teorías de un matemático inglés que escribía "romances de ciencia ficción" y al que conocí a través de la lectura de "From Hell" de Allan Moore (un cómic sobre Jack el destripador), se habría indignado
BOHM, D. La totalidad y el orden implicado. Kairós, 1998.
BOHM, D. y PEAT, F.D., Ciencia, orden y creatividad. Las raíces creativas de la ciencia y la vida. Kairós, 2003.
Temas:
Orden
2012/05/29
Conjetura de Rodolfo E. Braceli
--Madre: no aguanto más este asedio. Es como si fuera de cebolla y no de carne y hueso.
--Dices bien, Jorge Luis: tú no eres de carne y hueso; eres de cebolla. Y de ajo.
--Madre: no trate de asustarme, no soy un chico.
--Digo la verdad, Jorge Luis: presta atención a tu pelo blanco... Si accedes, por una vez, a observar la realidad, advertirás que tus cabellos son realmente finísimas hebras de cebolla...
--Si es preciso, madre, me cortaré el pelo al ras.
--Te verás ridículo... y será inútil.
--¿Por qué será inútil, madre, por qué?
--Porque hasta los dientes que hay en tu dentadura son dientes de ajo.
--¡Basta ya, calle, madreee!
--¡A mí no me grites! No te lo permito, por dos motivos: aun en el Infierno me has de respetar; y con tu grito me mortificas enviándome un vientito de ajo que me resulta difícil de tolerar, Jorge Luis...
--Madre: ¿por qué me dice Jorge Luis, si siempre me llamó Georgie?
--Para no desorientar a los lectores, Jorge Luis.
--De manera que esto es el Infierno, madre...
--Esto es el Infierno para ti.
--¿Y por qué merezco este Infierno?
--Por embustero y porque dejaste crecer dentro de ti a ese inquilino que se ha adueñado de nuestra casa y que con sus desmanes impide leer con naturalidad lo que el Otro escribió con tanto fervor.
--Madre: creo que de pronto ya no le tengo asco al ajo ni a la cebolla.
--Señal de que envejeces, Jorge Luis.
--Pero ¿es que se puede envejecer en el Infierno?
--Sí, se puede envejecer y morir; pero no te alegres: después de esa muerte se cae en otro Infierno.
--¿Y qué me espera, madre, en el próximo infierno, ya que en éste me he aburguesado, se han aquietado mis repulsas?
--Un magnífico ejemplar de El Quijote y otro de La divina comedia.
--Madre: eso no tiene nada de Infierno, salvo que allí yo esté completamente ciego y no encuentre a nadie que me lea.
--Sí que será un Infierno para ti, porque esa especie de nuevo Quijote habrá sido escrita por un vasco ordeñador de vacas; y esa especie de nueva Divina Comedia tendrá por autor a un negro insoportable.
--Madre: ¡eso no puede ser!
--Sí, puede ser, Jorge Luis, ya lo verás, ya lo verás...
--Madre: déjeme morir.
--Es es imposible, Jorge Luis, porque, como tú mismo escribiste parafraseando no recuerdo a quién, para morir es preciso antes haber nacido.
--¿Y acaso no he nacido, madre?
--No, todavía no has nacido, Jorge Luis.
--¿Cuánto falta para eso? ¿Queda mucho?
--Hijo: falta una eternidad.
--Pero eso es como decir 'nunca': la eternidad es eterna, madre...
--Eso es lo que tú supones, mi Jorge Luis.
Temas:
Caos
2012/05/25
Su horóscopo del tercer milenio para esta semana
Aries (19 de abril - 13 de mayo). Marte gobierna a los nobles arianos, otorgándoles una naturaleza combativa propia de los líderes natos. Ello impide que hijoputa alguno pueda llegar nunca a soportarlos. Por su temperamento hosco, adusto, rugoso, verrugoso, psicopático, pasan su vida de violencia sin sentido alimentando su instinto de muerte, sembrando el caos como pollos sin cabeza, acumulando enemigos. Suelen morir ajusticiados por alguno de ellos, o bien se suicidan en un raro momento de lucidez. Nadie acude a su funeral salvo para verificar que de verdad están muertos. Si es Vd. Aries, asegúrese de tener un catador que pruebe su comida el día anterior; y si compra carne picada, que se la piquen delante, toda precaución es poca. Su día de la suerte: ayer. Hitler y su discípulo Sadam Husein fueron arianos arios muy aficionados a la astrología babilonia, además de saber montar un buen genocidio de vez en cuando. No existe ninguna ciudad con buenos Aries.
Tauro (14 de mayo - 20 de junio). El bueno de Tauro es extrovertido, positivo, comunicativo, lo que significa que, cuando no les da por el genocidio, como a Obiang, Suharto o Pol Pot “el Suave”, son unos pelmazos insufribles capaces de pegar la brasa de forma inmisericorde a todo aquel que no los divise a tiempo de cambiarse de acera. El Che Guevara, por ejemplo, además de dictador, genocida y francamente monotemático, pues eso, era tan brasas que hubo que matarlo, como a Albert Fish y Jeffrey Dahmer, "el Carnicero de Milwaukee". La perseverancia propia de este signo de tierra, combinada con su necedad, convierte al Tauro en una mula obstinada, contumaz, sacrificable. Toda perra táurica es una zorra brasas y exhibicionista. Evite, amiga Tauro, hacer el ridículo no, lo siguiente, bailando borracha sobre la barra del bar el viernes por la noche, por Hammurabi, que la están viendo los amigos de sus hijos. Su número de la suerte: el 44. Pero ojo, también puede ser que ni mu, amigos y amigas Tauros y Vacas. Como os digo una co os digo la o. La astrología seria es una ciencia y como tal no hace milagros.
Géminis (21 de junio - 20 de julio). El simpático Géminis está gobernado por Mercurio, aunque Mercurio sea un planeta tirando a pequeño y Géminis, varias estrellas dispersas que, según primitivos marineros de agua dulce, hace 8000 años tenían forma de gemelos, al menos vistas desde el Tigris después de fumar una atemporal pipa de opio con Jasón y los Argonautas. A saber de qué coño tendrán forma ahora, porque el Universo, es decir Todo, se expande que es una barbaridad. No importa, porque Géminis es muy enrollado, adaptable, versátil, astuto, sigiloso, taimado, traicionero, cobarde hasta la vileza; superficial, tenso, nervioso, voluble, incoherente, sinuoso, mentiroso; de nariz larga, miembros largos, boca pequeña, dedos finos, cara de idiota, jazmines en el pelo y rosas en la cara. Todas las Géminis son unas zorras engordadas y dipsómanas, pura duplicidad gemela, como George Bush y Donald Trump. Y el genocida nigeriano Mengistu. Color de la semana: el gris, que no es color.
Duplicidad en la ficha policial de Mussolini, un Cáncer de manual.
Cáncer (21 de julio - 9 de agosto). Cáncer es sensual; un seductor, un encanto. Vamos, que de primeras parecen muy majetes, pero a la que te vuelves te la clavan, como Zetapé y Burraclava, como prodigios que son de duplicidad: cangrejos retro pinza doble; como Mussolini, Videla y Tarugo Chávez; Supermán y Mike Tyson. Blandos por dentro y por fuera, viven del engaño y el disfraz. Unos hijos de puta con pintas, la moral de un piojo y tendencias decididamente genocidas. La mujer Cáncer es como el hombre pero en perra, o sea peor: absorbente, pegajosa, metomentodo, espía, acosadora, invasora. Acaparadora. Ah, y envenenadora: muchas envenenadoras jamás descubiertas eran Cáncer: una mujer insoportable, mentirosa compulsiva, pegona, palabrotera, banal, zafia; una ladrona incurable que se lava lo justo; una joya de tía que sólo goza sexualmente si te contagia el sida adrede. No salga de casa, Cáncer. O aténgase a las consecuencias. Peor día para tentar al destino: el viernes. Cuidado con las enfermedades infecciosas, especialmente las venéreas. También, como no podía ser de otra manera, con las cancerígenas.
Cáncer (21 de julio - 9 de agosto). Cáncer es sensual; un seductor, un encanto. Vamos, que de primeras parecen muy majetes, pero a la que te vuelves te la clavan, como Zetapé y Burraclava, como prodigios que son de duplicidad: cangrejos retro pinza doble; como Mussolini, Videla y Tarugo Chávez; Supermán y Mike Tyson. Blandos por dentro y por fuera, viven del engaño y el disfraz. Unos hijos de puta con pintas, la moral de un piojo y tendencias decididamente genocidas. La mujer Cáncer es como el hombre pero en perra, o sea peor: absorbente, pegajosa, metomentodo, espía, acosadora, invasora. Acaparadora. Ah, y envenenadora: muchas envenenadoras jamás descubiertas eran Cáncer: una mujer insoportable, mentirosa compulsiva, pegona, palabrotera, banal, zafia; una ladrona incurable que se lava lo justo; una joya de tía que sólo goza sexualmente si te contagia el sida adrede. No salga de casa, Cáncer. O aténgase a las consecuencias. Peor día para tentar al destino: el viernes. Cuidado con las enfermedades infecciosas, especialmente las venéreas. También, como no podía ser de otra manera, con las cancerígenas.
Leo (10 de agosto - 15 de septiembre). Si les cae bien, los leales Leo se volcarán con usted, pero sólo les durará un ratito; y de todas formas quién quiere caerle bien al tan vanidoso como estúpido Leo, que ofrece su atención intermitente a cambio de sumisión constante, incondicional, devota. Ahora bien, como Leo considere que le han traicionado, mentido o (esto es lo que Leo lleva peor) hecho caso omiso, convendrá guardarse de él o ella, si tal cosa fuera posible. Porque en un santiamén se pasa inopinadamente de caer bien a caer en desgracia, sin motivo ni lugar donde esconderse. Y es que Leo es orgulloso, pomposo, paternalista, mandón, dogmático, obtuso, entrometido, vengativo. Son típicos Leo: Isabel Báthory, Fidel Castro, Idi Amin Dada, que prefería la ministra a la menestra, Slobodan Milosevic y otros genocidas probados, así como Ed Gein, que mataba mujeres para vestirse con sus pieles y ponerse las tetas por sombrero encima de su leonina melena. Cuidado con las corrientes de aire y con los ambientes poco ventilados, viciados. Cuidado con todo.
Virgo (16 de septiembre - 31 de octubre). El pobre Virgo es un incomprendido: a menudo se le considera demasiado puntilloso, perfeccionista, meticuloso; sin embargo basta darles media oportunidad para que se revelen como unos reverendos hijoputas sádicos, cerriles, integristas, estrechos de miras, mente y horizontes. Además de sadomasoquista, la mujer Virgo tiene claras tendencias homicidas, que generalmente materializa con arma blanca. Les sientan bien los colores verdes, dorados y ocres-mierda; ojo con los intestinos, no se le salgan. Animales: la abeja y la ardilla. Si no tiene ardilla, puede usar una rata. Petiso Orejudo, Andrey Chikatilo, el jefe de las SS Heinrich Himmler y su discípulo el ayatolá Jomeini, así como Jean Kambanda y Paul Kagame, genocidas ruandeses: unos Virgo de manual.
Libra (1-22 de noviembre por la mañana). Diplomático, idealista y fácil de contentar, Libra es el séptimo signo del Zodíaco (rueda de los animales), con cualidad cardinal, y el cuarto de naturaleza positiva (masculina). Simboliza el equilibrio y la armonía en la balanza. Pertenece junto a Géminis y Acuario al elemento aire. Su signo opuesto es Aries, tiene el domicilio en Venus, su regente, el detrimento en Marte, la exaltación en Saturno y la caída al Sol. Eso significa que es un perfecto hijo de la gran puta con una cara dura increíble, como Charles Manson, un Libra de libro (ja, ja). Libra también es diplomático, dual, como Jimmy Carter y Belén Esteban; y como buen diplomático, a veces dice sí cuando quiere decir no. En eso demuestran su cobarde hipocresía dual, su rostro de feldespato armado y su mediocridad hasta para el genocidio, en el que suelen desempeñarse como subalternos, pues su pereza e imbecilidad congénitas les impiden destacar ni en eso, así como mantener un mínimo de higiene corporal. Libras famosos: Snoop Dogg, Snoopy y otros canes. Ojito con la parte baja de la espalda, los riñones, las glándulas suprarrenales y el apéndice. Y con los Libra. De los Libra, líbranos, Señor.
Escorpio (22 por la tarde-29 de noviembre). Como sólo tiene una semana, el sensual escorpión absorbe la vida con pasión y deseo; y por la misma, porque está en su naturaleza, te clava el aguijón a la que te descuidas y aunque no. Más malos que un dolor de huevos, los Escorpio son obsesivos, compulsivos, envidiosos, resentidos, pagados de sí mismos, huidizos, sucios, perniciosos, malintencionados, tontos de capirote. La mujer Escorpio no tiene un solo signo compatible ni media habilidad social; y de pura arpía se clava el aguijón a sí misma. Piedra: el zafiro. Escorpios típicos obsesionados con el genocidio: Sabino Arana, Ted Bunty y el exjuez Garzón. Y Augusto Pinochet Ugarte, ese estadista. Número de la suerte: las siete y media. Malo es quedarse corto pero pasarse es peor.
Ofiuco (30 de noviembre - 18 de diciembre). Bueno: alguien con cierta coherencia dentro del disparate que es la astrología debió de decidir que, si nos íbamos a tomar en serio esta huevada, había que ser consecuentes con los cambios registrados en el firmamento circulante durante los últimos milenios y meter en la rueda del Zodíaco este nuevo signo, que de nuevo tiene lo que Ptolomeo. Posiblemente usted sea Ofiuco y ni se haya enterado, pero no se acongoje. A Franco y Stalin, que fueron gente mucho más importante, les pasó lo mismo. O a España, que era un país de Sagitario y ahora se ha vuelto de Ofiuco sin comerlo ni beberlo, como quien adopta el euro o se deja adoptar por él (o colonizar por la ETA, que también pasa). Yo mismo, que soy filoastrólogo científico, este signo nuevo no lo tengo muy estudiado, ¿para qué?; los demás, tampoco. Pero estadísticamente no me cabe duda de que todos los nacidos bajo él, además de unos tacaños redomados, son unos perfectos hijos de la grandísima puta, aunque bastante bobos en el fondo, y genocidas en potencia o acto. No hay más que ver la vara de Asclepio, el símbolo etarra que les han buscado.
Sagitario (19 de diciembre - 19 de enero). Puro optimismo y amor desinteresado, Sagitario tiene un gran corazón, que le haría adorable si no fuera un psicótico irresponsable, frío y brutal, carente de inteligencia, tacto y maneras aun para el genocidio, llegando a pringarse las manos para clavar la flecha personalmente, en vez de delegar en subordinados como hacen otros signos más señoriales. Sagitario es un hijo de mil putas que nos roba el oxígeno, el espacio y la vida para absolutamente nada, por pura estulticia. Baste decir que casi todos ellos se creían capricornios; y el llevar milenios equivocados les ha aumentado aún más el rencor. Ejemplos, Leónidas Breznev, Santiago Carrillo, Hideki Tōjō y Mao Tse Tung. Evite dejar huellas y menos aún pruebas. La mujer Sagitario es inhumana. Día de la suerte: mañana.
Capricornio (20 de enero - 15 de febrero). Al cauto y paciente Capricornio su regente Saturno le imprime cierto escepticismo sombrío. El cabrón con cola de pez es desconfiado, tornadizo, torvo, gélido, viscoso. Como Vlad el Empalador, Rasputín, Ceaușescu o Anders Behring Breivik, amén de Phil Collins y Shakira; gente, en fin, de la que no cabe esperar nada mejor que malísimo o pésimo. Aunque no todos los hijoputas sean capricornianos, no se engañe: no hay Capricornio ni medio bueno ni se conoce excepción alguna a esta regla de oro: cada uno de ellos lleva dentro un pozo sin fondo de maldad y fatalismo rencoroso que sólo alumbra planes de suicidio nunca individual, siempre colectivo, lo que hace de este signo gente muy poco recomendable, genocida, tanto ellos como sobre todo ellas. Cuídense las rodillas. De todas formas, morirán pronto y nadie irá a su funeral, salvo para darles la vuelta por si resucitan. Así escarban para abajo.
Acuario (16 de febrero - 11 de marzo). Según observaciones de los últimos milenios que los astrólogos no se habían molestado en considerar hasta 2011, su signo, el de Osama Bin Laden, KFC, Mugabe y Bokata, digo Bokasa, ya no está alineado con la constelación a causa de la precesión de los equinoccios, que nos ha sacado su dibujo de la rueda de los animales; vamos, que su signo se ha ido a la recontraputa madre que la remilcagó. En los últimos milenios al firmamento (que no es tal) le ha dado por alterar su (ya caótica y aleatoria) disposición en la bóveda celeste (que tampoco existe) y desplazar Acuario fuera de la línea. No sabemos qué decirle, nos sabe muy mal que su signo pase de Vd., le haga semejante péiper, como a un pringao cualquiera. Cabe pensar que en efecto Vd. sea un reverendo pringao, un mindundi que, por no tener, no tiene ni signo. Como dijimos la última vez, no nos había pasado nunca. Pero no se lo tome así: puede hacerse Cervezario, por ejemplo, en vez de aguador; dice el ministro de Economía que hay que potenciar el consumo. U Ofiuco; hemos oído que hay vacantes. Al fondo a la derecha se suele encontrar sitio. O algo peor.
Piscis (12 de marzo - 18 de abril). Digámoslo sin rodeos, ambages ni circunloquios: los Piscis están como motos, sobre todo ellas, que al final Lorena Bobbitt era de las más normales. Piscis es un esquizofrénico, regido (es un decir) un poquito por Neptuno y otro poquito por Júpiter, con un pez mirando arriba y el otro abajo, en fin, un desastre sin paliativos. Escapistas de mentira fácil, vagos, simuladores, débiles de voluntad, mente y cuerpo, enfermizos, degenerados, padecen desequilibrios hormonales que naturalmente les conducen al genocidio, caso de Guenguis Jan, el doctor Mengele y Kim Il-sung. Como dijimos, todas las mujeres Piscis están locas, excepto algunas, que son las peores. Un color: el verde.
2012/05/21
On Order & Chaos
There is a good principle which created order, light, and man; and an evil principle which created chaos, darkness, and woman (Pythagoras).
The irreversibility of time is the mechanism that brings order out of chaos (Ilya Prigogine).
Beauty by confusion, truth by collision (Daniel Richter).
Scientific theory is a contrived foothold in the chaos of living phenomena (Wilhelm Reich).
The conscious purpose of science is control of Nature; its unconscious effect is disruption and chaos (William Irwin Thompson).
The more chaos there is, the more science holds on to abstract systems of control, and the more chaos is engendered (William Irwin Thompson).
The mind cannot support moral chaos for long. Men are under as strong a compulsion to invent an ethical setting for their behavior as spiders are to weave themselves webs (John Dos Passos).
To study history means submitting to chaos and nevertheless retaining faith in order and meaning (Hermann Hesse).
Dada has reaped the harvest of confusion that it sowed (Hans Richter).
Chaos furnishes the building blocks for order, and order breaks down to replenish chaos (Betty Brooks).
My goal is to communicate the organization and beauty that exists in our universe underneath the appearance of random chaos (Aleta Pippin).
No one ever died from sleeping in an unmade bed (Erma Bombeck).
Order and simplification are the first steps toward the mastery of a subject (Thomas Mann).
Be regular and orderly in your life, so that you may be violent and original in your work (Flaubert).
Order is a lovely thing; on disarray it lays its wing, teaching simplicity to sing (Anna Branch).
Order is Heaven's first law (Alexander Pope).
Good order is the foundation of all good things (Edmund Burke).
Political chaos is connected with the decay of language. One can probably bring about some improvement by starting at the verbal end (George Orwell).
One must have chaos in oneself in order to give birth to a dancing star (Friedrich Nietzsche).
The splendid discontent of God with chaos made the world. And from the discontent of man the world's best progress springs (Ella Wheeler Wilcox).
What we imagine is order is merely the prevailing form of chaos (Kerry Thornley).
When the mind withdraws into itself and dispenses with facts, it makes only chaos (Edith Hamilton).
If all mankind were to disappear, the world would regenerate back to the rich state of equilibrium that existed ten thousand years ago; if insects were to vanish, the environment would collapse into chaos (E.O. Wilson).
Out of chaos God made a world, and out of high passions comes a people (Lord Byron).
Chaos is God's body. Order is the Devil's chains (John Updike).
A society deadened by a smothering network of laws while finding release in moral chaos is not likely to be either happy or stable (Robert Bork).
If we wish to make a new world we have the material ready. The first one, too, was made out of chaos (Robert Quillen).
Among those born into chaos, some will imagine an order and become scientists; a few will recognize the chaos and become abstract artists; most others will turn to faith for understanding; and the rest will become lost souls (Robert Brault).
Painting is dancing with chaos (Melanie Circle).
So quick bright things come to confusion (William Shakespeare).
Any change is resisted because bureaucrats have a vested interest in the chaos in which they exist (Richard M. Nixon).
Anything you build on a large scale or with intense passion invites chaos (Francis Ford Coppola).
The chaos can act as a magnifier of quantum fluctuations so that they can produce sizable effects in the world around us. But we know that that can happen often (Murray Gell-Mann).
Art, in itself, is an attempt to bring order out of chaos (Stephen Sondheim).
Chaos is order to which you do not have the key (Robert Derr).
Music creates order out of chaos: for rhythm imposes unanimity upon the divergent, melody imposes continuity upon the disjointed, and harmony imposes compatibility upon the incongruous (Yehudi Menuhin).
The task of art today is to bring chaos into order (Theodor Adorno).
If chaos did not develop out of order we would have no reason to 'create,' to handle it, live within it and handle being surrounded by it (Carolynn Doan).
When the individuality of the artist begins to express itself, what the artist gains in the way of liberty he loses in the way of order (Pablo Picasso).
One of the most striking signs of the decay of art is when we see its separate forms jumbled together (Wolfgang von Goethe).
Today is all chaos and creativity. As the sign down at the local Chevron station says, 'If you aren't harried, worried, and a little bit nuts you don't understand what's going on around here.' Nobody can predict the shape of tomorrow's world (Sam Keen).
Progress everywhere today does seem to come so very heavily disguised as Chaos (Joyce Grenfell).
The world is chaos. Nothingness is the yet-to-be-born god of the world (Georg Buchner).
Mozart let his music run off in chaotic directions but then always brought it back under control (James McConnel).
We live in a beautiful and orderly world, not in a chaos without norms, even though this is how it sometimes appears (M.C. Escher).
In all chaos there is a cosmos, in all disorder a secret order (Carl Jung).
The World, form'd out of Chaos. Man is made (George Sands).
In a world without the law of God, you have chaos, oppression, tyranny, and everyone doing what is right in their own eyes (Randall Terry).
Blame is just a lazy person's way of making sense of chaos (Doug Coupland).
The universal order and the personal order are nothing but different expressions and manifestations of a common underlying principle (Marcus Aurelius).
Order is the shape upon which beauty depends (Pearl S. Buck).
The urban world is full of chaotic compositions that seem to make sense in a way that earlier decades and centuries could never have imagined (Nicoletta Baumeister).
Chaos is rejecting all you have learned, chaos is being yourself (Emile M. Cioran).
Chaos often breeds life, when Order breeds habit (Henry B. Adams).
Chaos was the law of nature; Order was the dream of man (Henry B. Adams).
Invention, it must be humbly admitted, does not consist in creating out of void, but out of chaos (Mary Wollstonecraft Shelley).
Civilization begins with order, grows with liberty and dies with chaos (Will Durant).
It is only a step from boredom to disillusionment, which leads naturally to self-pity, which in turn ends in chaos (Manly Hall).
Undermine their pompous authority, reject their moral standards, make anarchy and disorder your trademarks. Cause as much chaos and disruption as possible but don't let them take you alive (Sid Vicious).
Freedom is just chaos, with better lighting (Alan Dean Foster).
We live in a rainbow of chaos (Paul Cezanne).
Everything is contingent, and there is also chaos (Spalding Gray).
No chaos, no creation. Evidence: the kitchen at mealtime (Mason Cooley).
No one welcomes chaos, but why crave stability and predictability? (Hugh Mackay).
Gandhi has asked that the British Government should walk out of India and leave the Indian people to settle differences among themselves, even if it means chaos and confusion (Stafford Cripps).
Living in continuous chaos is exhausting, frightening. The catch is that it's also very addictive (Lorna Luft).
Generality is, indeed, an indispensable ingredient of reality; for mere individual existence or actuality without any regularity whatever is a nullity. Chaos is pure nothing (Charles Sanders Peirce).
Order is repetition of units. Chaos is multiplicity without rhythm (M.C. Escher).
When tempest tossed, embrace chaos (Dean Koontz).
Chaos is the score upon which reality is written (Henry Miller).
Chaos and Order are not enemies, only opposites (Richard Garriott).
Chaos in the midst of chaos isn't funny, but chaos in the midst of order is (Steve Martin).
Chaos is a name for any order that produces confusion in our minds (George Santayana).
We adore chaos because we love to produce order (Mauritis Cornelius Escher).
I think frankly when it comes to chaos you ain't seen nothing yet (Nigel Farage).
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