El Mundo Today

2013/06/17

Dexter Top 10 Kills So Far, with URLs

(Dedicado a Rayamanta, que bajo las arenas del fondo marino espera agazapada el estreno de la octava temporada el próximo día 30)



1. Jorge y Valerie Castillo, traficantes de esclavos (primera temporada)
Doble asesinato de nuestro héroe, que muy bien podría haber dado con sus huesos en el trullo. Pero nuestro héroe es un asesino con suerte: en el episodio siguiente un cubanito balsero en plan único testigo decidirá tomarlo por el Salvador en el último momento, ahorrándole la tremenda angustia que a un tipo tan sediento de orden forzosamente había de producirle el caos: encontrarse a merced de los caprichos de un nene afásico y adicto a los “patelito” (La Güerta dixit) supera todo lo tolerable. Recapitulemos: al principio Dexter solamente iba a matar a Jorge Castillo, que no era moco de pavo; pero lo que pasa siempre: le daba pena separar a una pareja, especialmente una tan compenetrada; y bueno, si en general el sentimentalismo acostumbra a ser ñoño, ridículo, tratándose de un asesino en serio ya se vuelve grotesco, hasta alcanzar cimas de comicidad insospechadas que, sospecha uno, en el fondo son el efecto buscado. En efecto, cuando Dexter oye a sus víctimas despedirse conmovidas el uno de la otra, declararse mutuamente su Amor, comprende que éste es nada menos que real, que su matrimonio funcionaba. Así que decide aprovechar en su propio interés ese conocimiento tan sencillamente dado al común de los mortales, pero que a él le parece un arcano indescifrable. Por eso, no teniendo nada que perder, antes de proceder a ejecutarlos les pide consejo sobre cómo pueden ayudarle a fingir amor por su Rita. Necesita salvar su relación, su coartada para no encajar en el perfil de psicópata. Atados a sendas mesas, los cónyuges se agarran al clavo ardiendo que, a su desesperado parecer, acaba de arrojarles el caprichoso Destino. Queriendo atisbar una posibilidad de salvar la vida, ven lo que quieren ver; revelan su sumisión y entrega absolutas contribuyendo ansiosos a revelar el Secreto; mercadean con su verdugo ofreciéndole una lección impagable pero a su pesar gratuita de how to fake it: ser auténtico llaman a fingir lo mismo que tu pareja, compartir un sueño.

2. Mi próxima víctima y el dentista aquel, Dan Mendell, que violó a mi próxima novia Lumen Pierce (quinta temporada)
La cosa es así: estás tranquilamente sin meterte con nadie que no se lo merezca, practicando tu hobby de matar y descuartizar indeseables who won't be missed, at no cost to the tax payer, cuando... Si es que el sistema no funciona, como sabe todo el mundo; y qué más nordaca que la iniciativa privada. Laissez faire, laissez tuer, y al final el Sistema acabará funcionando, pues lo autorregula la Mano invisible etc. La naturaleza es sabia; y la economía, más. Sea como fuere, no dudes que en cuanto tengas a tu próxima víctima convenientemente anestesiada y envuelta en plástico, lista para oficiar el ritual habitual en el interior de otra bolsa de ídem pero mayor, te sonará el móvil. ¿Dónde estás, Dexter?, que preguntaba tu novia antes de que te la mataran en la bañera delante de tu hijo de meses. ¿Qué haces ahora mismo, maridín mío? Y tú, que si terminando un proyecto, o allanando moradas o dropping someone you had to let go. Mujeres. Siempre hay alguna; y cuando no, son dos o incluso más. Y tú, de duro, haciendo lo que hay que hacer, no contestar el teléfono, esa cabina portátil imposible de controlar, que te controla a ti delatando hasta tu ubicación geográfica. Pero entonces recibes una foto de las que no necesitan texto: un tío a medio matar, chapuza caótica de tu próxima novia, la cual, empezando a asumir su nuevo papel, no duda en echarte la culpa de la situación. Si me hubieras ayudado, tal como te pedí, nada de esto habría ocurrido. Y es que Dexter hay que verlo como lo que es en el fondo: una sitcom (que evoluciona). Comedia sexy, porque hay que ver lo bien que le queda a la Lumen esa peluca morena.


3. Ben y Roger, mala gente (sexta temporada)
Pues sí, otro crimen doble, es una debilidad, no sé si de Dexter o mía. Pero no se puede negar que dos a la vez con sendos desfibriladores requiere una dextreza con equis. De las víctimas no sabemos mucho ni falta que hace. Enrollados oficiales que van de que ayudan a los demás, pura izquierda altruista. Sin duda se lo merecen.

4. Lila West (a) Tournay, exnovia pirómana (segunda temporada)
Gracias, romantic English woman, por esa piel tan pálida, ese acento inglés tan sexy y las manos más bonitas que jamás vi en una puta loca asesina. Gracias por deshacerte de Doakes, librándome de un inesperado y turbulento conflicto moral, que resuelvo ahora cerrando el ciclo con tu ejecución, la cual cumple escrupulosamente el código de Harry. Gracias por las excepcionales mamadas, Lila; pero admitamos que te has convertido en un problema. Una cosa es intentar matarme a mí y otra secuestrar a los niños de mi ex que me odia. Pero ¿tú que te has creído, hija de la gran puta? Eso sí, en honor a los viejos tiempos, y por estar más buena que una burra en tiempo de guerra, te mataré en París, ¿a que es romántico?, y te arrojaré troceada al puto Sena. Quedará bien en la biografía de toda una artista como tú. Y te pondré la epidural, como a las parturientas. Ni te vas a enterar. Verás qué bien. Recuerdos a las lampreas.

5. Fred Bowman “Freebo”, traficante de heroína ¿…o era Óscar Prado, heroinómano? (tercera temporada)
Vas a matar a un tipo y acabas matando a otro (el cual iba a matarte a ti). Un asunto del todo imprevisto, que te obliga a improvisar, dejar huellas de tu presencia, incluso tu ADN en un chicle; bueno, bueno, hasta el propio cadáver de tu víctima. Todo tan espontáneo, tan arriesgado, tan undexterous. La única manera de poner orden en el caos es volver a intentar el plan A con la bayoneta marca guerra de Vietnam que el azaroso plan B te ha puesto entre manos. A lo mejor esta vez tienes más suerte y las piezas encajan en el puzle. Incluso puede que tu víctima te haga la gentileza de desnudarse ella misma para facilitar los trámites... << Mis disculpas por el doblaje italiano. Los autollamados “actores” de doblaje, esos reos de leso arte, no deben de tener un director que les aclare que a Dexter su psicopatía le dicta un pensamiento y un habla monocordes. Él jamás se apasiona.

6. Miguel Prado, fiscal del Estado de Florida, hermano del anterior (temp. 3)
(y Ramón Prado, que no se descuide). Tan malo, que hasta después de muerto sigue jodiendo a base de bien. El que avisa no es traidor. Al menos no se busca coartadas morales: al que se le cruza mal se lo quita de en medio y a otra cosa. Friends forgive? Go figure.

7. Ray Speltzer, sadistic psycho-rapist (season 7)
“Speltzer may have a lizzard brain like me, but his shortcoming is, he doesn’t have much of a human brain”. That note he left for me before, when he tried his cat-and-mouse game on me, read: “Run”. Run? I don’t run, I make other people run… However, I do run if there’s a mad bull coming at me with an ax. Running or not, the outcome is predictable. If I had incinerated him alive, this would be top 1. Too much for Showtime, I’m guessing. The slides? They were no longer in Order anyway.


8. Arthur Mitchell, the Trinity Killer (season 4)
Or do I kill in fours? I forget. Point is, you should have killed me earlier. Now’s too late. The deed’s already done, it's all over. You’re such a child. Or had anyone else actually laughed at you while lying helpless on your table?

9. Brian Moser, the Ice-Truck Killer, aka older brother Biney (season 1)
You have to kill me because you know I'm right. "You're the one who needs to be set free, little brother".


10. Travis Marshall, the Doom’s-Day Killer (season 6)
The most brutal eye-opener, your blindfold dropped with a slap the stronger you were trying to tighten it. Go tell your stepbrother that you are in love with him. Because he should know, right? You like the truth so much, you just came across more of it than you’ll ever need to know or be able to handle. Nothing will ever be remotely okay again. In fact it never was since that first kill: the neighbour's dog.


2013/06/01

Confesión de heliolatría

Proposición metafísica: el Sol es nuestro Dios; verificación empírica: a quien osa mirarlo a la cara, lo deja ciego; proposición lógico-formal: la prueba de que Él, y sólo Él, es el verdadero Dios nuestro Señor, Creador y Protector es que (a diferencia del Impostor), Él no se parece a nosotros, a Él ni soñar podemos con crearlo a nuestra imagen y semejanza. ¡Kukulkán sea loado!


2013/05/15

"This is a bar of British officers". "--That's alright, we're not particular".


Undisciplined, unpunctual, untidy... Several languages... Knowledge of Music, Literature… knowledge of, knowledge of... You're an interesting man, there's no doubt about it. Who told you to take Aqaba?
Nobody.
…Sir.
Sir.
Then why did you?
Aqaba's important.
Why is it important?
It's the Turkish route to the canal.
Not any more. They're coming through Beersheba.
I know. But we've gone forward to Gaza.
So?
So that left Aqaba behind your right.
True.
And it will be further behind your right when you go for Jerusalem.
Am I going for Jerusalem?
Yes.

2013/04/12

El paintball y los vibradores



Acorralados por décadas de críticas y menosprecio generalizado, los mastines ya no organizan despedidas de soltero como las de antes. Han escuchado demasiadas reprimendas por su presunta vulgaridad (¿a quién se le ocurre ir a un espectáculo de strip-tease?) y optado por ocultar su deseo (absurdo) de yacer simultáneamente con dos brasileñas desnudas al menos una vez en la vida, antes de entregarse al nirvana sostenido de la vida conyugal. Resulta frecuente que hayan interiorizado los argumentos de sus compañeras sentimentales y repitan con convicción aquello de que esas fiestas “ya no tienen sentido cuando llevas años durmiendo con alguien”. En otros casos, la mera idea es abortada por un amigo que no puede ocultarle nada a su mujer (inclinación catastrófica, entre otros motivos porque la mencionada esposa se ha hecho amiga de las otras novias del grupo). Para no angustiar a los lectores, obviaremos a continuación los casos en los que la compañera sentimental, devenida en centinela, explora sistemáticamente las cuentas de correo electrónico de sus novios, nuestros amigos.

“Tíos, nada de pibas”. Sacrosanta hace sólo veinte años, la oportunidad de cometer algún exceso teóricamente vetado antes de deslizarse en el paraíso matrimonial es descartado de antemano por los miembros más respetables de la comunidad. ¿Por qué caer tan bajo? En el siglo XXI las despedidas de soltero siguen siendo organizadas por los amigos, pero su tradicional consagración, el lance que las justificaba, está prohibida de antemano. A resultas de ello, la preparación del evento es lastrada por una contradicción insuperable: hay que sorprender al novio de alguna manera y tratar como sea de que el fin de semana no constituya una costosa pérdida de tiempo (y efectivo). Porque el novio no quiere sexo, pero sí desea (por alguna razón) despedir su soltería. La castración metafórica del grupo desencadena un rosario de sustitutos parciales: la mejor carne, el mejor whisky, etc. Tratar por todos los medios de reemplazar un bonito par de pechos por dos días de agresión hepática que borren cualquier señal de libido. Borrachos como zombis, ni siquiera darán lugar a la masturbación después de desplomarse vencidos sobre un camastro en una cabaña alejada del mundanal ruido.

Entre los beneficiarios de la evolución social de estas fiestas están los empresarios del ‘paintball’, juego donde los amigos del cónyuge aspiran a sentirse de nuevo machos prehistóricos durante un par de horas tratando de ‘eliminar’ adversarios con pelotas de pintura, sudando entre arbustos y encinas, reclamando para sí una pequeña descarga de testosterona. La metamorfosis de estos eventos desnaturalizados ha llegado incluso a Wikipedia, cómica cuando explica que “el desarrollo del turismo rural […] ha hecho que gran número de despedidas pasen de ser una celebración en la ciudad a un fin de semana rural lleno de actividades”.

Mientras tanto, las mujeres ocupan sonoramente las calles con sus despedidas de soltera y sus penes de plástico y se pasean medio desnudas, ataviadas de conejitos playboy, expresando su sexualidad libremente por la ciudad ante la mirada atónita (cuando no babosa) del hombre actual, huérfano de un plan que inventaron sus antepasados y que le han robado sus hermanas, primas, amigas, amantes y novias. Los clubs de ‘striptease’ masculino rebosan de mujeres respetables que introducen billetes en los tangas de los strippers, chillando como jabalíes heridos ante la visión del miembro viril, gozando en directo y sin cortes publicitarios de sus reivindicaciones de paridad festiva, completamente indiferentes al argumento de que esas fiestas “ya no tienen sentido cuando llevas años durmiendo con alguien” y públicamente aficionadas al fascinante mundo del ‘tuppersex’, donde el proceso hacia la sustitución definitiva del macho encuentra un ecosistema extraordinariamente fértil. En las sociedades avanzadas ya no están bien vistas las demostraciones ostentosas de heterosexualidad masculina. Entre el “tíos, nada de pibas” y la comparación a carcajadas del tamaño de los consoladores late una derrota cotidiana.

<< Le mastin

2013/03/22

Odioso Hijo de Perra (microrrelato 29)


Aquel odioso hijo de perra
Con un ELO 200 puntos inferior al mío
Y cuya edad yo triplicaba
Me ganó veinte veces seguidas
Al Ajedrez
Y mientras abusaba de mí
Como quien pega a un niño
No dejó de explicarme
Minuciosa
Mente
Cómo y por qué

2013/02/06

EL MUNDO ENORME


Cierta mañana empequeñecí en mitad de un día violeta. Me costó trabajo hacerme a mi nueva dimensión. A pesar de que la cama parecía grandísima, la oscuridad me empujó al vacío. Creí que iba a matarme; después de planear unos instantes, caí en la alfombra atrapada en mi camisola. Como pude, me escabullí por el hueco de una de las mangas y me dirigí hacia la cocina. Tardé media hora en atravesar el pasillo; una vez allí, me percaté de que todo estaba por las nubes. Sin saber qué hacer, permanecí tan quieta como la silla que me miraba desde el fondo. Aunque tenía hambre, no pude alcanzar el trozo de bizcocho que había despreciado de madrugada. “Lo mejor será meterme otra vez en la cama”, pensé, y fui hacia mi dormitorio, al que no llegué hasta bien entrada la tarde. Exhausta, me quedé dormida sobre la alfombra no sé cuánto tiempo. Al despabilarme, encontré un trozo de papel que ponía: “DORMIR ES MORIR”. Entonces, asustada, me metí en el patuco de mi bebé y corrí hacia la calle.

                                                                      

                                                                                             M.M.

UN ASUNTO DE HUEVOS



Un  hombre menudo se casó

con una mujer menuda y tuvieron

hijos menudillos.

Pero un día que no tenían

qué comer,

se los almorzaron.


M.M.

2013/01/27

Delirio

Ahogado en letanías angustiosas,
llamo a la puerta de tu sable cilíndrico.

El agujero clama por ser satisfecho,
pero tu ausencia simétrica y dura
trae gemidos humeantes de grises.
Recogido entre nubes rasantes,
me multiplico en lluvia eléctrica.
Ayer fui a la guerra...
Regresé con balas en mis piernas
y en el cerebro un misil de bengala.
De nada sirve que pueda caminar
ni que mis brazos sigan intactos.
Me has condenado a retiro forzoso.

                                                        

       1982 (Guerra de Las Malvinas)

2013/01/15

Le mastin



El mastín ha aprendido, a golpes, el valor supremo de la autosuficiencia y ha encontrado en la honestidad el secreto filosofal del drama sexual. Las cicatrices le han enseñado a no declarar promesas, no exponer ruegos, no mostrar debilidades importantes; se permite desvelar, a lo sumo, fisuras no estructurales que les permitan a ellas un acomodo temporal en un teatro que lleva ya demasiadas funciones como para cambiar de obra. Asombrado, ha ido percibiendo que no salían corriendo, sino más bien al contrario, y enarbola la bandera de la mastinidad en un mundo sin certezas que tiende al caos absoluto y a la muerte por exceso de información. En ese mundo veloz y vaporizado, huérfano de distinciones básicas, el regreso a una sutil inflexibilidad masculina remite a un pasado más natural y, de nuevo, lacónico, silencioso, libre de la angustiosa necesidad de proclamar constantemente una adscripción suicida al nuevo ecosistema publicitario. No hay deuda donde no hay promesa, se repite a sí mismo, no hay deuda donde no hay promesa.
            El mastín ha aprendido, a golpes, que la mujer, en el fondo, está harta de que le pregunten todo, le pidan permiso para todo, le otorguen el papel de cazador y le reconozcan de entrada la supremacía en un diálogo sin solución. Deconstruidos y domesticados, sus compañeros de baile no son tan atractivos ni tan divertidos. Temerosos, desprenden menos energía. Y acostumbradas a ordenar, las mujeres pierden el control ante el rigor de una ausencia de necesidades expresada desde el minimalismo; se entregan al azote mudo de una pasión casi prohibida, que el mastín otea desde el torreón sagrado de su refugio marfileño. En un mundo donde son los hombres quienes cocinan en la televisión, aparece contra todo pronóstico la figura del homme fatal, le mastin, cuyo cuerpo puede ser disfrutado, pero cuyo corazón puro, fiel a una tradición milenaria, es territorio vedado a la expansión femenina y quedará en un frasco para el estudio y avance del dios Progreso.

Paintball y vibradores >>

2013/01/14

Perlas de taller

Iba caminando distraído como siempre.
Después de un rato noté que todos me miraban.
¿Qué mirarán?, pensé y, sin advertir el escalón,
caí al suelo y me hice añicos.
Las personas que me observaban
se habían multiplicado,
pero eran exactamente iguales entre sí.
Cuando reaccioné ya no estaba solo:
miles de cristalitos me llamaban papá.

                                                         M.M.

2013/01/05

El insoportable Dostoievsky


Bajo el título El escritor como hombre insoportable, un texto sobre Dostoievsky publicado en su libro de ensayos El aprendizaje de la decepción, Félix de Azúa describe con acierto dos tipos de novelistas: los “narradores olímpicos, altivos, que trabajan con amplios brochazos, a trazos limpios y vigorosos, como si pintaran al fresco y debieran levantar las líneas maestras a mucha velocidad, antes de que el yeso o la cal se sequen. El lector, como Dante junto a Virgilio, se deja llevar, mira a donde el maestro señala, sigue los vericuetos de la peripecia como provisto de un milagroso catalejo. Se siente partícipe a distancia de un drama que, alguien, el autor va ordenando para él. Al finalizar la lectura, se siente amigo del autor, y satisfecho de semejante amistad. Hablará del autor como se habla de un maestro estimado, y nunca dudará de su valía porque sería dudar, simultáneamente, de sí mismo”.

Pero, luego, coloca a Dostoievsky entre los narradores que son todo lo contrario: antipáticos, pegajosos, vehementes, ansiosos, irritantes, de los que es imposible considerarse amigos suyos, cuyas obras se pegan a nuestra carne como sanguijuelas que nos chupan sin consideraciones y nos obligan a abrir las ventanas y a respirar a pleno pulmón. Lo más frecuente es sentir odio y desprecio hacia ellos. Los compara a esos ciudadanos, frecuentes en los bares a última hora de la noche, que nos hablan demasiado cerca, apestándonos con su aliento y salpicándonos de saliva. Los relatos de esos narradores son, además, impúdicamente personales, confesiones íntimas que no queremos oír, que nos avergüenza escuchar, un pellejo de alma oxidada como la pesadilla de ese borracho de la noche cuyo hedor impide incluso la indiferencia, y también, como los borrachos de última hora de la noche, son unos sentimentales fétidos. Cuando no nos insultan, lloran en nuestro hombro hasta empaparnos la camisa de lágrimas y mocos. Se arrodillan para pedirnos perdón por molestarnos, nos abrazan porque somos el último amigo que les queda, se detienen un momento con la mirada extraviada y luego juntan las manos y rezan a voz en grito a la Virgen María para que nos proteja. Al final, medio inconscientes nos piden dinero. Y tanto como si se lo damos como si se lo negamos, se van sin despedirse, dando tumbos y mascullando insultos.

Según Félix de Azúa, sólo la obra de este tipo de escritores puede darse el lujo de ser insoportable, de decir lo que ni siquiera la verdad puede decir. Porque la verdad es otro nombre de la esperanza. Un artista, en esencia, no afirma ni ofrece solución alguna a los problemas que le conmueven, sólo pone en términos sensibles y accesibles una pregunta, no una respuesta. Y termina estas reflexiones con una frase de uno de los personajes de El idiota: “En ti no hay lugar para el corazón, sólo te importa la verdad; por eso eres deshonesto”.



2012/12/19

furiosos arcángeles


furiosos arcángeles
atruhanados aeronautas
que han atravesado
murallas de fuego
provistos de tediosas
zafias y recias
espadas flamígeras
penetrantes como ariete de la misma madera

¿dónde iba? ¡ah, sí! furiosos arcángeles
que han atravesado murallas de fuego
desconsoladamente friegan suelos
con electroencefalogramas despersonalizados
una vaga savia de luz y garnacha funk reaction
viva en su fuga de azaroso oscurecimiento
los arma de refulgente sable
que desgarra como daga al bajo vientre

2012/12/12

Corto de verano

El comedor blanco se tumbó al sol para ponerse moreno. Esa noche la cena nos supo a rayos.

2012/12/11

Más versos del mar (por “el Botas”)



“José del Río Sainz es hoy, desde su estatua en el Sardinero [más bien la Magdalena o el Camello] de Santander, un poeta olvidado. Las lecturas obligatorias en los colegios e institutos han convertido la Literatura española en un catálogo de nombres reducidísimo, y los editores reproducen mil veces los mismos títulos bajo mil cubiertas diferentes, atentos sólo a que su autor esté incluido en la listas elaboradas por los pedagogos de turno”.
Luis Alberto de Cuenca, prólogo a Poesía de José del Río Sainz




(Para el capitán Aldea)


DE ARRIBADA
Se acuerda la arribada. El fiero ariete
del mar, siempre implacable, nos encuentra;
en el costado nos abrió un boquete
por el que el agua tumultuosa entra.
Volvemos pues. La costa está cercana.
Mañana la veremos, mas ¿quién sabe
si podrá resistir hasta mañana,
en este caos, la maltrecha nave?
Vuelve el vapor con gesto de vencido;
parece que se arrastra: es el herido
que busca una ambulancia que le atienda
y que al tender el débil paso incierto
ignora si en el polvo de la senda,
antes de hallar auxilio, caerá muerto.

PILOTOS
Diez y nueve años, fuego en las miradas,
infantil el alma, fiero el corazón;
azules las gorras y galoneadas,
así los pilotos del comercio son.
Cuando a tierra saltan, en grupo ruidoso
cantan y se ríen como granaderos;
de los viejos puertos turban el reposo
y son la esperanza de los taberneros.
Todas las tabernas del muelle conocen
cuánta es su alegría. No hay en ellas mueble
que tras de sus cenas ellos no destrocen,
ni baile que el brío suyo no despueble.
Pero saben todos que al saldar la cuenta
pagan largamente todos estos daños.
Son de dinamita ruidosa y violenta
sus escandalosos diecinueve años
y los taberneros los ven complacidos;
el vino en sus mesas forma rojos charcos;
y cuando se encuentran borrachos perdidos
en coches los llevan de vuelta a sus barcos.
Todas las muchachas de los cafetuchos
suspiran por ellos, les brindan su amor
y sus confidencias reciben a escuchos
junto a ellos sentadas en el mostrador.
Diecinueve años vividos de prisa,
diecinueve años con sed de placer;
son heraldos suyos la riña y la risa
y hay siempre en sus labios besos de mujer.
Los guardias les temen por su borrachera,
que es la más furiosa, la más pendenciera
—bien lo prueban muchos uniformes rotos—.
¡Flor brava de raza, juventud triunfante,
vida escandalosa! Tal son los pilotos
de la pintoresca marina mercante.

EL NOSTRAMO
Con la perilla blanca y encrespada,
bronceada la tez, rudo el semblante,
de pie sobre la proa y la mirada
fija en la lejanía y vigilante…
Tal sigo recordando a aquel nostramo,
tenaz trabajador, honrado y noble;
ligero y vigoroso como un gamo
y erguido y arrogante como un roble.
En los trances difíciles, sereno;
entre el fragor del mar, igual que un trueno
resonaba la voz del veterano...
¡La misma voz que acaso ya temblona
reza en un pueblecito guipuzcoano
ante el florido altar de la Patrona!

VELAS LEJANAS
Sobre la línea azul que el rumbo corta
ha cantado el serviola: —¡Cuatro velas!—
¡Bendito sea Dios, cómo conforta
ver abrirse en el mar nuevas estelas!
Hay un silencio trágico y profundo.
Tras tantos días sin que nada viéramos,
únicos habitantes de este mundo
habíamos llegado a creer que éramos.
De esos navíos el perfil remoto
nos da la sensación de un sueño roto.
No estamos solos en el mundo, pienso.
Allí, sobre un sostén de débil tabla,
hay quien surca también el mar inmenso,
quien goza y sufre, quien solloza y habla...

TRAFALGAR
Al subir a la guardia, en los extremos
del puente hacia estribor, veo parado
al capitán. —A Trafalgar tenemos
por el través —me dice emocionado.
¡Trafalgar! Este nombre resucita
la epopeya magnífica y sagrada.
¡Sobre estas olas negras está escrita
la oración funeral de nuestra Armada!
Una serie de barcos en conserva,
como un rosario acuático, se observa
entre los densos nubarrones fríos.
Y creemos asistir al movimiento
que ordenó Villeneuve a sus navíos
para dejar a Cádiz bajo el viento.

NANTES
La vista panorámica de Nantes
se nos muestra feliz ante los ojos;
el sol poniente arranca mil cambiantes
al reverbero de tejados rojos.
Desembarcamos. La ciudad es toda
un music hall. Parece que asistimos
como invitados a una alegre boda
y queramos o no, nos divertimos.
Desde el puente colgante, los paseos
vemos llenos de gente, y los torneos
acuáticos que el pueblo entero libra.
Su alegría el ambiente nos contagia;
y hasta la tierra que pisamos vibra
como la tierra de un país de magia.

PRESENTIMIENTO
Cuando el sol se levanta en la mañana
quiero que ya su luz en pie me halle;
salgo igual que se sale a una ventana
cuando el Rey atraviesa por la calle.
Y leo en los fantásticos matices
del grandioso y magnífico espectáculo
presagios o siniestros o felices
como lee la Sibila en el Oráculo.
Él es un buen amigo que me advierte
cuándo el Arcángel negro de la muerte
con la hoz al hombro por mi vida pasa...
Y es de tal fuerza mi presentimiento,
que en medio de la mar a veces siento
cuando solloza un ser querido en casa.

CRIMEN
El viaje ha sido rudo, fue la ruta
interminable sobre el mar azul;
cargaron mercancías en Calcuta
que descargaron luego en Liverpool.
Después de interminables singladuras
vuelve a su tierra la tripulación.
¡Oh las tabernas sórdidas y obscuras
donde se ahogan las penas con el ron!
Se hunden las manos fieras y marinas
en los bolsillos del calzón naval,
donde cantan las libras esterlinas
como rubias sirenas de metal.
—¡Eh, tabernero! buen compadre, echa
de ese ron de Jamaica del pañol...!
y se entrega la gente satisfecha
en brazos del alcohol.
Una copa, otra copa, ya parece
que se pierden el rumbo y el compás,
el ansia de beber en todos crece...
—¡Tabernero, echa más!
Dice un nauta escanciando una botella
—¿Os acordáis de Fanny, aquella rubia?
Ríen todos y brindan por la bella,
mientras azota el ventanal la lluvia.
Se recuerdan detalles y episodios
de todas las amantes, y así van
fermentando en el alma viejos odios
con fuerza de huracán.
—¡Otra copa, compadre! Fue en Coruña
donde me hiciste aquella vil traición.
Suenan insultos, y una mano empuña
un cuchillo que parte un corazón...
Al otro día se apareja, esbelta,
la fragata a la mar. Torna de vuelta
al otro día el barco, su camino
vuelve a emprender al puerto de destino,
donde aguarda el amor. ¡Bella Mallorca!
Y en suelo extranjero
se queda un marinero
esperando la cuerda de la horca.
Las velas braceadas a ceñir,
los viejos cabos al besarlos gimen
y recordando el crimen
los marinos no cesan de reír.

LOS VIEJOS CROMOS
¡Oh, los viejos cromos de la cacería,
que vemos a veces en las prenderías
y en las viejas fondas
y en los restoranes de las estaciones;
cromos donde hay frondas
y selvas sombrías
y galanterías
y galgos y halcones!
¡Oh, esos viejos cromos que vimos de niños;
paisajes nevados, campos como armiños,
donde hay un trineo con una muchacha
seguida de lobos; donde un cazador
de barbas hirsutas, esgrimiendo un hacha,
hace frente a un oso con fiero valor!
¡Oh, esos viejos cromos que copian escenas
de la vida a bordo, en donde se ven
sobre añil rabioso, cien negras antenas
y cien gallardetes de navíos cien!
Donde un viejo nauta
enciende su pipa,
la mirada cauta,
redonda la tripa
y la sotabarba
a estilo holandés;
donde los grumetes
comen su bazofia.
mientras una niña,
de nevada cofia,
remienda unas velas
pegada al bauprés.

2012/11/29

José del Río Sainz, "Pick" (1884-1964) -- Poesías


Para Paloma Uruñuela
 
OFRENDA I
A ti, ¡oh mar!, que me diste las primeras
robustas sensaciones que he gozado;
cómitre que remando en tus galeras
me hubiste de tener como forzado.
Escuela de la vida, templo y atrio
en que el vivir cosmopolita y pícaro
al alejarme del terruño patrio
me dio la alada decisión de un Ícaro.
A ti, a quien todo lo que soy lo debo,
porque infundiste en mí un ánimo nuevo
y el vigor me inyectaste de tu yodo;
a ti dedico, ¡oh mar!, estas estrofas,
en las que encierro el horizonte todo
que se abarca de pie sobre las cofas.
 
ALBA
...y mi padre me dijo, mostrando mi equipaje,
este pobre equipaje de humildes cosas lleno:
–Abrázame, hijo mío; sal a tu primer viaje,
empieza ahora tu vida, sé valeroso y bueno.
Y salí por el mundo; dejé mi casa clara,
subí a un tren y a lo visto apenas daba crédito;
era como un sueño, la perspectiva rara
de los nuevos paisajes y el panorama inédito.
Bilbao, ese gran puerto, llenó mi alma de asombros;
parecía que el mundo gravitaba en mis hombros
y me sentí vencido con ganas de llorar.
El barco, el primer barco, fue como un calabozo.
El capitán me dijo: –Hay que ser hombre, mozo.
Y me pareció aquella la enorme voz del mar.
 
LA PRIMERA GUARDIA
¡Primera guardia! Ya la luna brilla
sobre la inmensa superficie verde
y la nativa, idolatrada orilla
como una nube en el confín se pierde.
¡Con qué emoción, temblando, la despido
al ver en el cristal del catalejo
su borroso perfil desvanecido
de la luna al nostálgico reflejo!
Luego, cuando la guardia se termine
y con ávidos ojos examine
del horizonte la imprecisa raya,
en un adiós de cosas españolas,
todo –montes, cantiles, faro y playa–
estará sepultado por las olas.
 
NOCHE PAVOROSA
La noche es pavorosa. Nunca tantos
horrores tuvo un trágico momento...
y sentimos la angustia y los espantos
que paralizan hasta el pensamiento.
Se siente como un fúnebre presagio;
a nuestros pies se ha abierto el abismo:
¡la idea obsesionante del naufragio
de todos se apodera a un tiempo mismo!
En la caseta del timón dos rudos
marineros están; trágicos, mudos,
oyen del viento la gigante orquesta...
Uno rompe el silencio: –Aquí el «Apolo»
se fue a pique una noche como ésta
–dice sombrío– ¡y me salvé yo solo!
 
LAS PEÑAS DEL NAUFRAGIO
Ante las rocas grises, cenicientas,
el corazón sobrecogido late;
parecen unas tristes osamentas
tendidas en un campo de combate.
Sentimos como un fúnebre presagio
que de espanto la frente deja fría;
¡en esas peñas ocurrió el naufragio
de un buque de la misma compañía!
Suben todos a verlas; en la borda
toda la dotación dobla los codos.
Se oye el rumor de la resaca sorda,
que en nuestras almas temeroso zumba,
mientras pensamos en silencio todos
en qué mares tendremos nuestra tumba.
 
EL DE LOS TRES NAUFRAGIOS
Se salvó en tres naufragios y lo cuenta
con énfasis pueril y tosco estilo
siempre que una ocasión se le presenta
de reanudar de su relato el hilo.
Ésa es su vanidad, toda su historia;
de hilo vulgar están sus horas hechas
y ocupan por entero su memoria
esos tres episodios y tres fechas.
Él lo comprende con su rudo instinto
y todo lo refiere al triple drama
–¡Fue al mes de naufragar el «Riotinto»...!
–¡Fue al año de salvarme del «Bahama»...!
Ello le da en el rancho, entre la gente,
prestigios y respetos. Cuando él habla
ni respirar a los demás se siente.
Todos escuchan: –Me agarré a una tabla...
Siempre hay un nombre trágico en su boca
–buen capitán, aquél que vio él ahogarse
en el «Iberia»–; y cuando el nombre evoca
se ve a la sombra del ahogado alzarse.
Ese hombre que ha asistido a tres naufragios
se cree inmortal, desprecia los presagios;
él tiene un amuleto que el mar trunca.
Y cuando el miedo pone livideces
en todos los demás, piensa él que nunca
se puede ahogar quien se salvó tres veces.
 
EL PERRO DE A BORDO
Un maretazo rápido y aleve
lo llevó de cubierta a nuestra vista;
fue su agonía dolorosa y breve
y aún el trágico trance nos contrista.
Era el más viejo del bajel. Cogióle
el capitán en una playa hambriento
y como a un nuevo tripulante diole
sitio en el rancho y pródigo sustento.
Era el guardián del buque; sus melenas
agitaba magnífico en sus rondas.
¡Con qué furor ladraba a las ballenas!
Todos vimos su muerte doloridos
¡y aún nos parece oír bajo las ondas
el fúnebre clamor de sus ladridos!

LA ALEGRÍA ESPAÑOLA
Cobramos nuestra paga, y en el fondo
de las almas el mágico sonido
del oro inglés hizo nacer un hondo
deseo de champán, de amor, de ruido.
¡A tierra, pues! Salimos bullangueros,
y en medio del clamor y la algazara
recordaban quizá nuestros sombreros
chambergos de los Tercios de Pescara.
Alegremente lo gastamos todo
y un marinero, ya casi beodo,
dio a una miss que encontró cerca del buque
el último chelín, galante ofrenda...
Y esa noche la miss soñó en un duque
español y en un gesto de leyenda.
 
VIRAR POR AVANTE
¡Salta escota de foques! ¡Acuartela
la botavara...!, grita el capitán;
se oye chirriar de cabos, y la vela
se hincha al soplo del rápido huracán.
Hay momentos de trágica zozobra;
el buque retrocede ante el ciclón,
mas decide eficaz la maniobra
un golpe decisivo del timón.
Pasó el instante del peligro grave
y en la agitada inmensidad, la nave
ágil salta lo mismo que una corza...
Y el capitán sonríe satisfecho
y un hurra larga cuando el buque orza
entre el empuje del turbión deshecho.
 
EL VINO DE ESPAÑA
I
La Nochebuena en Inglaterra era
silenciosa y nevada. En los hogares
se congregaba la familia entera,
en torno de los puddings seculares.
Mientras nosotros en el buque estábamos,
junto a la estufa, para huir del frío,
y a un tiempo todos, sin querer, pensábamos
en un lejano y blanco caserío.
Rompió el silencio el capitán anciano,
en náuticas empresas veterano,
y dijo con voz agria al mayordomo: 
–¡Venga vino de España, y fuera penas!
Y al beberlo temblamos todos como
si bebiésemos sangre de las venas.
 
II
¡Vino de España! Ingrato y displicente,
el español tus méritos desdeña:
sólo lejos de España es cuando siente
lo que vale una copa malagueña.
En medio de la mar o en tierra extraña
una botella el corazón anima.
¡En su fondo se encierra toda España,
y se conserva el fuego de su clima!
Bebimos una copa y otra copa...
Luego armamos un baile sobre popa.
Y desde el muelle triste unos britanos 
nos miraban, ¡sin ver que en el marino
festín, lo que elevaban nuestras manos
en la copa era un símbolo hecho vino!
 
EL PASO DE LA LÍNEA
La Equinoccial cruzamos. Hubo fiesta;
y en la paz religiosa del ambiente
se oyeron los acordes de la orquesta
como un suspiro de la patria ausente.
Era vulgar la música –una flauta
y un mísero acordeón–, pero sonando
en medio de la mar, el pobre nauta
hallaba su sonido dulce y blando.
Con la voz de la música allí hablaba
la patria ausente. Vi cómo surcaba
amargo llanto alguna tez broncínea.
¡Oh santo amor a los paternos lares,
que nos haces llorar ante una línea
invisible tendida entre dos mares!
 
PAISANO
En estas latitudes apartadas,
entre este ambiente hostil, desconocido,
dos frases al acaso pronunciadas
penetran como un dardo en el oído.
Alguien habla español. Y nuestra mano
se tiende hacia el rincón en que se esconde.
–¡Paisano! –le gritamos— y: –¡Paisano!
con igual emoción él nos responde.
Nunca nos vimos. El semblante rudo
que surge al escuchar nuestro saludo
es en mi vida un elemento nuevo.
–¡Paisano! –repetimos–. Él me ofrece
con gesto fraternal su copa. Y bebo.
¡Y sangre mía el vino me parece!
 
LUZ POR LA AMURA
Entre el ronco gemido de las olas,
única estrofa de la noche oscura,
se oye clara la voz de las serviolas,
que anuncian una nueva luz de amura.
Es un vapor; su luz no se confunde,
y en las nubes que velan su reflejo
tiembla sobre las olas y se hunde
cual si huyera de nuestro catalejo.
La soledad monótona del viaje
al surgir esa luz, al fin, se quiebra;
el corazón le rinde un homenaje.
¿De qué nación será? No importa nada.
Y bebamos un vaso de ginebra
a la salud del nuevo camarada.
 
NOCHE DE TORMENTA
Entreabrimos los ojos alarmados:
desde el lecho se sienten y se escuchan
unos pasos confusos y agitados
como de hombres que corren o que luchan...
–¡Todos arriba! ¡Estamos sin gobierno!
¿Quién al oír tal grito no despierta
en una noche cruda del invierno
en que barren las olas la cubierta?
Entre el ciclón se escucha la angustiosa
voz del piloto que a la gente acosa
para doblar la fe con que trabaja... 
Nos vestimos a oscuras y salimos,
¡y pensamos si acaso es la mortaja
la ropa que temblando nos vestimos!
 
ENCUENTRO EN EL MAR
En el inmenso líquido desierto
en que vagamos hace muchos días
con su largo anteojo han descubierto
un vapor que se acerca los vigías.
La distancia se acorta: lo examino
y fijo en el cristal de la retícula
contemplo el pabellón santanderino...
¡Oh bendito color de mi matrícula!
Todos suben a verle cuando pasa;
él se dirige hacia la Patria, a casa,
que ya dejamos a distancia inmensa.
Nuestra alegría en emoción truncóse,
y cada uno silencioso piensa
en un balcón donde una niña cose.
 
EL HOGAR LEJANO
Brama el ciclón. Al dar cada balance
una montaña líquida nos tapa;
seis días van así sin que abonance,
corriendo entre triángulos de capa.
Pasea el capitán meditabundo,
entregado a sombrías reflexiones,
y sobre el puente inmóvil, el segundo
observa los plomizos nubarrones...
Acaso entre el furor del mar y viento
vuela de ambos el raudo pensamiento
hacia el hogar donde una pobre anciana,
repasando una carta amarillenta,
dice a sus nietos: ¡entrará mañana
vuestro padre en Bilbao, según la cuenta!
 
REGRESO
Otra vez, Santander, aquí me tienes,
descansando en la paz de tu bahía;
¡dame, para ponérmela en las sienes,
la corona de tu melancolía!
El ancla he echado en ti breves momentos
después de recorrer medio planeta;
¿adónde los caprichos de los vientos
llevarán de mi vida la veleta?
Vengo a sentarme, lleno de fatiga,
bajo la sombra de la puerta amiga
que cobijó a los míos veneranda...
Quizá el camino tomaré de nuevo
cuando vuelva a gritar: ¡álzate y anda!
el ansia aventurera que en mí llevo.
 
MAR DE LAS ANTILLAS
Alto el velamen, con el viento en popa,
vamos corriendo por las mismas aguas
en que Colón, embajador de Europa,
vio las primera índicas piraguas.
En este claro mar de las Antillas
aún conservan los líquidos cristales,
la huella abierta por las bravas quillas
de nuestras carabelas inmortales.
Sentimos el orgullo soberano
de ostentar el escudo castellano,
quemado por el fuego de cien soles.
Y los pañuelos, que la brisa agita,
mojamos en el mar. ¡Agua bendita
para los que nacimos españoles!
 
LA MUCHACHA DE LA TABERNA:
Dick, el embarcador, tiene tres hijas,
tres rosas de pasión rubias y bellas;
ellas sirven, temblando, las vasijas
y escancian las botellas.
Su padre, que es brutal y se emborracha,
golpea a la menor… Pero instantáneo
surge un marino allí: –Si a esa muchacha
la vuelves a tocar, ¡te rompo el cráneo!
Tumulto y confusión: se yerguen todos
los bebedores, sucios y beodos,
en cuyos rostros el asombro vese… 
En voz baja coméntase la hazaña;
uno pregunta –¿Conocéis a ése?
Y otro responde: –Creo que es de España.
 
LAS TRES HIJAS DEL CAPITÁN
Era muy viejo el capitán, y viudo,
y tres hijas guapísimas tenía;
tres silbatos, a modo de saludo,
les mandaba el vapor, cuando salía.
Desde el balcón que sobre el muelle daba
trazaban sus pañuelos mil adioses,
y el viejo capitán disimulaba
su emoción entre gritos y entre toses.
El capitán murió... tierra extranjera
cayó sobre su carne aventurera,
festín de las voraces sabandijas...
Y yo sentí un amargo desconsuelo
al pensar que ya nunca las tres hijas
nos dirían adiós con el pañuelo...
 
LA NOVIA DEL PILOTO
I
Presidía la novia del piloto,
en efigie, la paz del camarote,
y era el retrato polvoriento y roto
como la musa de la casa a flote.
Todos los días, al subir al puente,
el piloto besaba aquel retrato,
que seguía riendo ingenuamente
con inocente y púdico recato.
¡Nos casaremos pronto ya: al regreso!,
siempre al salir a viaje nos decía,
mientras dejaba en el retrato un beso.
Pero no se casaron... Olvidóla;
yo vi el retrato entonces, y reía,
con sus labios hermosos de amapola.
II
Se reía lo mismo que se ríen
las mujeres ingenuas cuando quieren:
en esa risa su ilusión deslíen
y con la risa entre los labios mueren.
¿Qué fue de aquella pobre enamorada
que truncadas miró sus ilusiones?
Aquella risa que dejó plasmada
en el cartón ¿huyó de sus facciones?
No quise saber nada; huía el tema...
pero en mi mente imaginé un poema
como digno final: la virgen loca
pidiendo cuenta al mar de sus amores
y riendo, al mirar, sobre una roca,
pasar en lontananza unos vapores.