El Mundo Today

2009/02/24

Vicky Cristina Barcelona

Todos buscamos lo mismo pero no todos lo encontramos en la misma forma de vida y algunos nunca lo encontramos; otros lo encontramos y luego lo perdemos; otros lo encontramos y lo conservamos durante mucho tiempo; aunque creo que la mayoría andamos dando tumbos por la vida y a veces ésta nos sorprende a algunos y acabamos en el lugar donde queríamos estar desde un principio sin saber cómo y sin necesidad de buscarlo. Lo encontramos por accidente o siguiendo la ley del wu wei: "acción sin acción".

En la película dos norteamericanas, Vicky y Cristina, se van a Barcelona a pasar unos días. Vicky parece tener muy claro qué quiere hacer con su vida; Cristina no tiene ni idea, pero está dispuesta a experimentar. Ambas evolucionan en la película y aprenden de su interacción con una simpática pareja de pintores. Los pintores, Juan Antonio y María Elena (Javier Bardem y Penélope Cruz), están divorciados pero mantienen una extraña amistad. La película explora de forma superficial y divertida, como lo suelen hacer las películas de Woody Allen, las diversas formas de vivir el amor.

Vicky pone a prueba la forma de vida que ha elegido y se arriesga a perderla para descubrir que, en efecto, estaba en lo cierto y esa era la vida que siempre había deseado. Aunque de las dos historias paralelas, ésta es la más tratada en la tradición cinematográfica.

La historia de Cristina es quizás más interesante por su novedad. A más de un corazón tradicional le producirá repelús el trío amoroso que forman los pintores con Cristina, pero si nos distanciamos de nuestra vida, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, quizás podamos reconocer el enorme valor que supone explorar una forma de vida que se sale de la norma. Cristina no sabe qué desea de la vida y tanto Juan Antonio como María Elena no saben el porqué del fracaso de su matrimonio, pero todos ellos se atreven a poner a prueba un experimento de amor a tres, en el cual todo parecer tener una cierta armonía. ¿Durará eternamente?

Los celos, el desamor, la incertidumbre, la tentación, la amistad y el amor, temas favoritos de Woody Allen aparecen entre los idílicos escenarios de Barcelona y Oviedo, tras la belleza de unos cuadros sugerentes y el acompañamiento de los sones de una guitarra tradicional.

Curiosamente hace no mucho tiempo tuve la oportunidad de leer un libro en el cual se ofrece una recopilación de las experiencias de varios matrimonios (y otras parejas) que han superado la prueba de los años. Vicky Cristina Barcelona me recordó a algunas de las historias del libro. Si os interesa el tema, la obra es “El matrimonio y sus alternativas” de Carl Rogers. Son historias reales de personas que han vivido en distintos tipos de relaciones: unas exploraron el amor fuera de la pareja; otras crearon comunas con diversas relaciones entre sus miembros; otras vivieron algún fracaso en sus primeros (o segundos) matrimonios y aprendieron de sus errores para alcanzar un matrimonio más acorde con lo que necesitaban. Es un libro interesante porque muestra el valor de ciertas personas por experimentar con la vida y por no dejarse llevar por la mentalidad de cordero que abunda, por crecer dentro o fuera de su vínculo afectivo y por ser tolerantes con el camino de crecimiento que elija su pareja. Es un libro que anima a aquellas personas que no saben lo que quieren, como Cristina, a lanzarse al escenario de la vida y a probar nuevas experiencias.

Ahora coloquemos un vídeo más tradicional, que sin duda nos hará reír después de estos comentarios y, sobre todo, si hemos visto la película de Woody Allen.

2009/02/14

El ramo de rosas

Hoy es el día de San Valentín. Nunca me fijo en este día excepto cuando no tengo pareja. Me encanta ponerme melancólica y soñar con los tiempos pasados, con los que están por venir y con todos esos sueños que nos inyectaron cuando niñas a todas las mujeres de mi generación.

Al ver pasar a ramos de flores colgados de hombres y mujeres, recuerdo un episodio verídico que viví hace más de diez años….

Soneto XXIII
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena,

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

(Garcilaso de la Vega)

Perdonad este inciso, que se me va la cabeza con tanta melancolía y tanto enamoramiento. Volvamos al episodio verídico.

Hace muchos años paseaba con por aquel entonces mi "amigo" y una de mis mejores amigas en una noche preciosa por las calles de una de las ciudades más mágicas de Europa: Estrasburgo. La luna escuchaba nuestros pasos por las calles empedradas, mientras el canal mostraba su reflejo y la casaba en la iglesia de Saint Paul. Nuestras risas se mezclaban con el silencio de un anochecer lleno de posibilidades.

De repente vimos a un grupo parejo venir hacia nosotros. Uno de los chicos llevaba un gran ramo de rosas en los brazos. Todos nos fijamos en él, cargando orgulloso con su precioso regalo. Lo que no nos esperábamos fue lo que ocurrió a continuación. Se paró en seco delante de mí y me ofreció el ramo con una sonrisa. Y, así, sin más, sin darme ni un momento para darle las gracias ni casi respirar, el grupo desapareció tal y como había aparecido en la noche mágica de Estrasburgo.

Evidentemente todo aquello nos pareció de lo más gracioso y seguimos riéndonos con ganas. A mí se me hacía raro caminar con aquel ramo en la mano, pero me sentía orgullosa de haber sido elegida. En uno de los puentes sobre el canal, las posibilidades de la noche se mostraron en todo su esplendor. Un grupo parejo al nuestro se nos acercaba. Animada por las voces de mis amigos y medio decidida, escogí a uno de los chicos del grupo y le planté el ramo de flores en los brazos sin darle tiempo a darme las gracias ni casi respirar.

En San Valentín siempre recuerdo la historia de aquel ramo de rosas y me pregunto qué ocurriría después, si aquel chico lo pasaría a su vez a otra persona y aquella a su vez a otra. También me imagino que vuelve a ocurrir, que un ramo vuelve a pasar de mano en mano en tal día como hoy y que no queda nadie sin saborear la alegría del regalo y del amor en el día de los enamorados, que también puede ser de los enamorados de la vida, como una presente.

No olvidemos a Garcilaso y disfrutemos de este día. ¡Carpe Diem!

2009/02/03

En busca de la felicidad

El Sr. Orato se levantó un día resuelto a encontrar la felicidad. Era un propósito que había fraguado en las alas de Morfeo y que, en lugar de elevarlo, como cabría de esperar en tales vuelos cósmicos, lo habían sumido en la más mísera depresión matutina. Pero el Sr. Orato era un hombre de recursos, aunque algo convencional. Había vivido siempre atado a un pañuelo de seda, a una posición equilibrada en un trabajo gris, a la soledad de un corazón desatendido y al desdén por aquellos que se hacían preguntas innecesarias sobre la existencia. Y he aquí que se hallaba ahora, después de tantos años sin deseos por satisfacer, asediado por esta repentina obsesión. Necesitaba dar con el paradero de la felicidad, que se había manifestado en su sueño como una mariposa de alas violáceas. Extraño presagio, dirían los dotados para la adivinación. Interesante mensaje del subconsciente, afirmarían las almas freudianas. Bobadas, resolverían los escépticos.

Cuando el Sr. Orato se proponía algo, no había ser en este planeta, ni obligación, ni moral capaz de detenerlo. Por ello, trazó un plan para ese día que culminaría en el ineludible encuentro con el famoso ente conocido como la felicidad. Llamó al trabajo para pedir el día libre aludiendo asuntos personales de extremada importancia; husmeó su armario buscando un atuendo acorde con la misión que lo esperaba en las calles de Santiago y, tras dudar durante unos segundos, se vistió el traje de explorador de su abuelo. Si la felicidad era una mariposa, sólo necesitaba un cazamariposas para que esta vestimenta fuese perfecta: casco quijotesco, pantalones bombachos, camisa descolorida, que se remangó cuidadosamente, y por último unas botas todoterreno. Las botas no eran su número, así que volvió a conocer un instante de inexplicable desolación. Y una duda se coló en el hueco existente entre sus dedos y la punta de las botas: ¿y si no encontraba la felicidad? Aquello lo hundió en la más desdichada de las muecas faciales que jamás había visto en su impecable espejo tallado.

Salió a la plaza de la catedral sopesando si el dolor que sentía en el pecho correspondía a la indigestión del desayuno rápido engullido en uno de los bares o a un mal mayor de carácter desconocido relacionado con su amargura particular. Agarró con ambas manos su cámara de fotos que, a falta de binoculares, completaba su atavío y masajeó disimuladamente su pectoral sin dejar de preguntarse las cuestiones más insólitas sobre su vida. En ese momento una imagen llamó su atención y hubo de sentarse petrificado en uno de los bancos de piedra de la plaza. El gran edificio de la catedral se mezclaba con el cielo y posaba majestuoso entre besos de rayos violáceos que se tornaban amarillos. Piedra oscurecida por la falta de luz del día; rayos tímidos del amanecer; caricias de amante. Y sus mejillas estremeciéndose de placer ante el calor de su propia agua salada. Dejó correr las lágrimas extasiado ante aquella hermosura. La cámara de fotos seguía colgada a su pecho, pero tal era la cantidad de sentimientos que asaltaban el corazón del Sr. Orato que aquel detalle le parecía superfluo en comparación con la inmensidad de lo que estaba experimentando.

Al tanto sus lágrimas se mezclaron con otros elementos acuosos procedentes del desconocido cielo. Había comenzado a llover y el Sr. Orato se relamía y saboreaba la lluvia como un loco. Levantaba los brazos y saltaba con auténtico gozo infantil. Sin percatarse de lo que lo rodeaba, se movía de un lado a otro, saltaba, reía, lloraba y se olvidaba de su propósito de la mañana, perdido en el momento aquel de sentirlo todo. Por fin después de cuarenta y pico años insípidos, había comenzado a vivir y aquel era su bautizo a esta vida, regalo de la mariposa. Al rato, comenzó a sentir cierta intranquilidad de nuevo y al observar las miradas de incomprensión y de burla de los transeúntes, adquirió una sospecha sobre sí mismo: estaba volviéndose loco. Y el terror comenzó a apoderarse de todo su ser. Y, mientras sentía el temor ante la vida y el que pudiera pensar su hermandad de humanos, mientras su conciencia lo hacía más vulnerable que nunca al ojo ajeno, una dicha particular, extraña, amarilla y violácea por su sabor dulce y amargo, le atrapó las entrañas y le habló telepáticamente de un gran amor que jamás abandonaría su interior.

(Continuará…quizás)

2009/01/13

Desolación

Hoy todo está muerto.
Callan los árboles
y la música del ocaso
me vomita dentro.

Hoy se vierte mi tinta.
Huyen los pájaros
y las nubes lloronas
me plantan heridas.

Hoy revienta una puerta.
Se enrarece el aire
y con olor a podrido
el mañana aprieta.

Dolor, aflicción, agonía,
mil tristezas encerradas
en bolsas de basura
que tropiezan sin piedad, dentro.

Dolor, aflicción, demencia,
la acción, la lucha,
el tiempo, el reclamo
de unos velos de tristeza, dentro.

Dentro, libertad
dentro, fuegos, cenizas;
dentro, rodeos, engaños,
historias, mentiras, sueños mi vida…allá dentro.

2009/01/05

Colaboración (VI): Del género bobo

3. «Arrojar la cara importa, que el espejo no hay por qué»


«Hermaanas: no digan Dómine meo, que es un término muy feo; digan Dómine orino, que es un término más fino»

Uno de los muchos puntos que me han acercado al proyecto de UPyD es su defensa, ya desde el manifiesto fundacional, de la meritocracia como vía a la igualdad efectiva. Esta defensa, diametralmente opuesta a toda discriminación por mucha seda positiva con que se vista la mona, figuraba en ese fértil semillero que ha demostrado ser el Manifiesto de Euston para la reforma de la izquierda, donde se critican unas medidas que ya han fracasado en su primer promotor histórico, EEUU. La creación favoritista de pequeñas bolsas privilegiadas dentro de inmensas mayorías desfavorecidas tiende más bien a perpetuar las desigualdades y fomentar envidias, ese factor tan humano. Por todo eso la igualdad real ha descendido siete puestos en España. Pero la política demoscópica que se practica hoy en este viejo país prefiere dar por amortizados a ingentes grupos de población mediante la práctica de favorecer a castas arbitrariamente seleccionadas de «sus representantes», sustrayendo a la acción efectiva recursos que se dilapidan en el culto rendido a ese pensamiento mágico que piensa cambiar la cara rompiendo el espejo. Difícilmente encontraremos una concepción más alejada de la igualdad real que ésa que presupone que a una mujer, por ejemplo, sólo la puede representar otra mujer. A un varón ¿sólo podrá representarlo democráticamente otro varón? Excavar una zanja insalvable entre varones y hembras ¿es igualdad?

Yo no conozco un instrumento mejor que la meritocracia, en las condiciones que más favorezcan la igualdad real, si de verdad se quisiera ir más allá de las medidas cosméticas de cara a la tercera ración del telediario. Pertenecer a un sexo dado nunca constituyó ningún mérito per se, aunque muchas personas evidentemente piensen lo contrario. Preguntada la olvidable ministra de Cultura Carmen Calvo por qué otro Ministerio le gustaría desempeñar, contestó: «Defensa, porque hay muy pocas mujeres», dando inequívocamente a entender que el hecho de que sus méritos acaso no la facultaran para más que tal vez una Comandancia en Caballería de Marina no suponía para ella el menor inconveniente a la hora de asumir algo tan complejo como la Defensa nacional, al menos en comparación con la ventaja que supone pertenecer al menguado porcentaje de afiliadas al PSOE, que de ninguna manera se corresponde democráticamente con el de su representación en los órganos directivos de ese partido, nuevamente por gracia de las llamadas «políticas de igualdad».

No estoy diciendo que sea malo para nadie, ni siquiera para ellas mismas, que Carmen Calvo, o Carme Chacón, sean ministras de Defensa por ser mujeres. Qué sabré yo de estas cosas. Pero indudablemente, igualitario no es. En mi opinión vender que estas políticas promueven efectivamente la igualdad entre los ciudadanos tiene aproximadamente la misma base empírica que creer en los Reyes Magos. Ahora bien, así como para el niño que ya perdió el tesoro de la credulidad fingir que sigue creyéndose el cuento le sirve para seguir recibiendo puntualmente los regalos por Navidad, el sostenimiento de estas supersticiones funciona más que aceptablemente ante la opinión pública española: tras la designación, a modo de gracia otorgada por el Líder Máximo de la progresía oficial, de Carme Chacón como ministra de Defensa, su popularidad y valoración entre los españoles fue alta por el mero hecho de ser la primera mujer que asumía este cargo en España. Pero quizá más significativo demoscópicamente sea el que su popularidad subiera aún más por el mero hecho de volar embarazada a Afganistán, algo absolutamente fuera del alcance de su predecesor en el cargo, así hubiera llevado a bordo otros tres médicos más en el avión para asistirle en lo que necesitara.

Rosa Díez tuvo que recordar algo tan obvio en un funcionario público como que habría que juzgar a la ministra por su desempeño, y no por si era mujer o varón. Tampoco nuestra diputada por Madrid necesitó favores para ser la primera española que se ha sentado en las Cortes bajo con unas siglas cofundadas por ella cinco meses antes. Sí necesitó miles de empujoncitos para sobreponerse a condiciones de flagrante desigualdad y lograr el objetivo de reír después del CIS, luego mejor que él. A día de hoy Su Señoría es la más digna entre los representantes de todos los españoles en el Congreso: ahí quedará su diario de sesiones para dejar constancia de este hecho, junto con la evidencia de que la cacareada igualdad no es para todos, la excluye explícitamente a ella: la apóstata Rosa no es mujer, al menos no como las fieles Cármenes. ¿La Excma. Sra. Carme Chacón? Me parece evidente que abundan candidatos más capacitados para Defensa, muchos de sexo femenino, y que, en condiciones de auténtica igualdad, esa alta cartera la desempeñaría otra persona, probablemente un militar. Pero fuera del Ejército, la Iglesia y el baloncesto profesional, la igualdad se ejerce, no te la otorga tu Jefe a modo de gracia, y menos a razón de cuotas pagadas como premio a una adhesión que se requiere ciega, no bastando la mera aquiescencia.

Comulgar con ruedas de molino no ya por necesidad, sino precisamente porque no hay quien se las trague. ¿Cómo, si no, colar estas patrañas, de claro corte fideísta, so capa de un laicismo impostado? Credo quia absurdum, pues, si no fuera un absurdo, ¿para qué iba nadie a necesitar el nuevo Credo? Tantos como presumen de laicos más bien parecen pretender que abracemos otra fe no tan distinta, en su naturaleza irracional, de las viejas religiones que durante tantos siglos esclavizaron a la humanidad, cumpliendo su cometido como instrumentos de dominación. Porque todo esto no es sólo confusión mental, sino también indicio de un dogmatismo maniqueo, con la voluntad de imposición que siempre caracterizó a quien, pese a blasonar de talante, no concibe que el otro pueda, de buena fe, oponerse a sus unívocos y con frecuencia narcisistas designios respecto del mundo y sus alrededores. Por último, tratándose de ese producto publicitario a base de puro eslogan, esos significantes sin significados que el zapaterismo lanza al mercado como cajas fosforescentes pero vacías, no puede faltar el componente adánico-mesiánico: las supuestas «conquistas de las mujeres» son en realidad un don que les prodiga el Líder, como Él mismo se ocupa de explicar a las revistas del segmento comercial femenino que le sirven de altavoz mediático.

Para estos menesteres nunca faltan el tiempo ni los recursos. Redactar personalmente el prefacio a la llamada Ley de Memoria Histórica. Perorar interminablemente de lo que tras cada encuesta le interese al Gran Farsante y Gran Manipulador, para eludir a todo trance abordar lo que importa, las cuestiones con enjundia real, no propagandística. ¿Por qué, si no, el género de igualdad en boga iba a afanarse tanto en algo tan bizantino y estéril para la igualdad efectiva como andar persiguiendo patética y un poco neuróticamente a todas y cada una de esas oes ominosas que andan por ahí sueltas, para asegurarse de que ninguna se quede sin su rabito? El feminismo como arroba. Qué estragos, los de ese síndrome de madrastra de Blancanieves, como podríamos llamar al afán en arrojar el espejo por la ventana cuando osa decirnos que sólo somos la segunda más guapa del mundo. A este género de igualdad le cuadra la expresión irónica que tantas veces he oído a mi Sra. madre, como cuando le hacía tan mal los recados que me decía:

—Hijo: eres del género bobo.

Hoy el género bobo es esa perversión deliberada, interesada, del lenguaje, caracterizada por reclamar la imposición de palabros pretendidamente igualadores, de sustantivos sin sustancia como «miembra», aportando además el dato, rotundamente falso, de que se trata de un nombre de uso común en Latinoamérica; y llegando a exigir que la Real Academia Española lo adopte en su Diccionario, pretensión que, atendiendo a criterios lingüísticos, hoy por hoy sólo puede calificarse tan delirante como la del difunto Jesús Gil cuando solicitó registrar «Ostentóreo» alegando que un caballo suyo se llamaba así. Ni el jaco ni la propuesta cabalgaron muy lejos, pero nada es imposible; y puede que el término «miembra» acabe algún día entrando en el DRAE, que a diferencia de la ministra se guía por criterios impecablemente democráticos, como los del uso, a la hora de adoptar un vocablo: nada más democrático que la lengua, si se la deja libre. Pero también es posible que el nuevo vocablo acabe significando algo distinto de lo que pretendía la ministra: que acabe denotando a aquellas mujeres que, como ella misma, ostentan un cargo por razón de la prioridad concedida a una cuota privilegiada y limitadísima entre los miembros de su sexo.

Es en verdad el Ministerio de Igual-Da: cuando la RAE, y sus correspondientes en América, le advierten de que su alegada difusión del término «miembra» es tan ficticia y limitada como su idea de la igualdad, la Excma. Sra. ministra, con ese desparpajo de descubremediterráneos que la caracteriza, declara textualmente: «Sospecho que se trata de una cuestión de género», refiriéndose a la negativa de la RAE a acoger «miembra» en su Diccionario y relacionándolo con el dato de que los varones son mayoría entre los miembros de la docta institución. Pero la Sra. ministra no sólo confunde sexo con género (cuando en la educación primaria de este desgraciado país se aprendía algo, el castellano tenía hasta siete géneros, y ni siquiera en las discotecas de Madrid se encuentran tantos). También, y esto es mucho peor, sobre todo por lo que revela de su sexista idea de las mujeres, la ministra piensa, evidentemente, que a las señoras académicas de la Española, al menos tan Excelentísimas como ella, el mero hecho de tener útero las incapacita de nacimiento para entender una diferencia tan básica y nítida como la que opera entre género gramatical y sexo biológico.

Si el feminismo es un rabito que se le pone a la o, ya nada se puede descartar salvo la racionalidad y la atención a asuntos de índole práctica. No hay nada ante lo que se arredren cabecitas convenientemente adoctrinadas para la función de publirreportaje diario que tienen encomendada. Vaya, aquí lo despectivo es el diminutivo cabecita, no el género: proscríbanse pues los diminutivos ¿y acabaremos con las actitudes despectivas? No, no me imagino en tan vano empeño a feministas como Clara Campoamor, hoy idolatrada, al menos en efigie, por la progresía oficial, pero en su época apartada del PSOE por sufragista. Entonces el PSOE, tan machista como su papá Marx, ese refundador del capitalismo, se oponía al voto de las mujeres porque creía con fundamento que votarían mayoritariamente a las derechas. Esto último se confirmó cuando al fin votaron, en urnas separadas; y lo primero se ignora porque a la omnipresente demoscopia no le interesa que se sepa. Tampoco veo yo a Concepción Arenal seducida por el lenguaje políticamente correcto como bálsamo mitigador de una esclavitud de hecho; ni a Victoria Ocampo adormecida por los mantras de esta nueva religión de papanatismo, jaculatoria y quema pública de blasfemos. No, las ilustres pioneras nunca escribieron ni actuaron como si la Igualdad fuera un privilegio que un déspota algo paleto concede a aquellas que le complazcan mientras se lo niega a las díscolas como Rosa Díez.

Colaboración de M.R. Santander

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2008/12/29

Colaboración (V): Del género bobo

2. Consenso verbal y consenso social


¿Paridad = Igualdad?




Uso a propósito términos como varón o hembra para enfatizar hasta qué punto es artificiosamente interesada esta asimilación espuria de sexo biológico a género gramatical, cuyo origen está en un calco irreflexivo y acrítico de la voz inglesa gender. Por descontado, uno nunca sabe si estas leyes sexualmente discriminatorias servirán o no para el bien que persiguen. En su defensa suele aducirse que la discriminación que instauran es necesaria para corregir la injusticia de partida, etcétera; pero la mayoría de estos argumentos son pura subjetividad. En fin, cómo saber algo tan difícil. Lo indudable es que estas leyes son antiigualitarias, vale decir injustas; y el igualitarismo es un axioma de base de la izquierda. Si renuncia a él, más le vale llamarse neorreligión a lo new age; todo muy bonito, pero ¿qué Mahomas querrá decir? ¡Ah! ¿Que cuanto más vaporoso, mejor? Así se ganarán Elecciones, pero estas medallas autoimpuestas que recargan el pecho de nuestro fatuo Líder Supremo son usurpadas, tan vanas como Él mismo.

A aquellas damas que sobrevivieron al naufragio del «Titanic», gracias a una merced del patriarcado conocida como caballerosidad, nunca se les habría ocurrido esgrimir su plaza en el bote salvavidas como una «conquista de la igualdad»; pero el reducido grupo de altas funcionarias públicas privilegiadas por las políticas de «discriminación positiva» —que funciona como una casta al estilo de las de la India, aunque minoritaria, porque no hay dotes para todas— jamás pone en duda, ni tolera que se ponga, que las dádivas que les otorga el Líder Máximo a cambio de su adhesión incondicional (a él, a Su Persona, no a ningún proyecto igualitario) sean sino etapas que van quemándose inexorablemente en el camino lineal al parque temático que ellas sueñan con seguir regentando ad infinitum. Tan lineal, de hecho, que cualquier duda sobre la eficacia o idoneidad de estas políticas con vistas al objetivo de lograr la igualdad es, sin más, un ataque contra «la mujer», ente abstracto encarnado, naturalmente, en ellas mismas, el lobby pseudofeminista que se atribuye el monopolio de la izquierda biempensante tal como aquellas beatas de misa diaria monopolizaban la moral dominante en la provinciana España de Franco. Como entonces, también ahora cualquier disidencia o duda se marcará con el estigma que reservan a los discrepantes quienes se presentan invariablemente como abanderados del diálogo, aunque no quepa mayor fraude a éste que apresurarse a colgar sambenitos para evitar a toda costa el tener que contrastar argumentos.

El ingrediente nuevo en algo tan viejo como este patriarcado pasado por la túrmix de la mercadotecnia demoscópica (las mujeres superan demográfica luego electoralmente a los varones) es que, ahora, a la discriminación sexual se le llama Igualdad; y a la dádiva en premio a la sumisión al santo varón que ocupa el poder, como ese Ministerio de Propaganda de nuevo cuño que se dedica a hacer como si velara, a muy buen precio, por la aplicación de estas medidas sexualmente discriminatorias, a ese pisito en el centro se le llama «políticas de igualdad». Ni que decir tiene que su titular será necesariamente una mujer, pues, en virtud de las leyes pro igualdad, el que este Ministerio lo desempeñe un varón es algo que no se plantea ni siquiera como debate teórico a lo Bizancio, por ejemplo: «¿Puede un hombre que haya llamado 1000 veces al Teléfono de la Esperanza, digo de la Bibiana, hasta trascender su bestialidad típicamente masculina, pasar por el ojo de la aguja de Mi Ministerio?».

Esta imposibilidad ontológica de que un varón sea ministro de Igualdad subraya dolorosamente el hecho de que este Ministerio no sea sino un regalo del machaca Zapatero a sus chicas. Por otra parte, tampoco la ministra del ramo concebiría nunca otra igualdad distinta de la sexual, que ella llama «de género», como apóstol que es de esa colonización cultural que nos trae la neolengua, vitola inconfundible de las dictaduras. Así, las cuestiones de fondo relacionadas con la inmigración, por ejemplo, que tocan nada tangencialmente a la Igualdad, a esta ministra ni la rozan, pues no atañen para nada a su reduccionista y miope visión de «género».

Aunque sea sin darse cuenta, la ministra acierta, porque su concepto de igualdad, muy de patio de mi casa, muy de chica Zapatero, pertenece en efecto a un género diferente. Un género banalizado, degenerado, del socialismo clásico, que, antes de ponerse a dividir a la humanidad en dos géneros, uno víctima y otro verdugo, cantaba aquello de «el género humano es la Internacional». Por lo visto en el XXXVII Congreso del PSOE, se mantiene la bonita tradición de terminarlos entonando tan enardecedor himno, pero más bien a la manera en que rumiaba el agnóstico del chiste real su renuncia a Satán, por imperativo jurídico, en el bautizo de una sobrina a la que apadrinaba (y adoraba laicamente).

Para qué recordar letra alguna, en efecto, si, como decía la despótica Reina de Alicia en el País de las Maravillas, «las palabras significan lo que yo diga que significan». Total, el lenguaje está «para jugar con él», dice Zetapé en Su país de las maravillas. Menos hipócrita sería decir: «Mi lenguaje está para engañaros, cosa que por otra parte estáis deseando». No en vano, cuando perpetraba la Constitución de Cataluña, se jactó ante los medios de disponer de ocho nombres diferentes entre los que escoger para poder decir nación... pero sin decirlo, claro. No vaya a ser que alguien consiga leerse el texto preconstituyente del Estado catalán. Y es que a él le gustará jugar con el lenguaje (su infantilismo no iba a limitarse a lo moral), pero con el lenguaje no se juega a lo tonto, de cualquier manera. No: aquí, como en el póquer, o se juega para ganar algo o no merece la pena que se juegue en absoluto. Aunque haya que hacer trampas, tirarse faroles, encargar a Garzón el certificado de defunción de Montesquieu, cosas así, que distraigan a los españoles, un pueblo, ya se sabe, básicamente de chicha y nabo. Porque una cosa es quejarse en abstracto del supuesto sexismo del lenguaje, confundiendo interesadamente el efecto con la causa (en un vago determinismo lingüístico que atribuye propiedades mágicas, no ya a las palabras, sino a los morfemas y hasta a los grafemas), y otra aceptar que con llamarlo lenguaja en vez de lenguaje, ya está resuelto el asunto. El pasado 24 de noviembre, víspera del Día Internacional contra la Violencia de Género (sic), la ministra Aído presentaba como estrella una medida consistente en catequizar a la judicatura mediante cursillos programados para instruirles en la artificiosa jerga de uso obligado en estos casos, aclarando más allá de toda duda que los términos con que siempre se han designado los antaño llamados crímenes pasionales no servían para impartir justicia. La Justicia, en suma, como disquisición terminológica, como Inquisición lingüística.

Puede que todo esto parezca banal, y desde luego lo es, pero ya Orwell, un tipo bastante más rojeras que «ZP» y «Gaspy» juntos —nombres ridículos, sí, como de cereales o gato, pero autoimpuestos por servidumbre a la mercadotecnia electoral y su falso colegueo: ahora que se los banquen—, advertía que, cuando un Ejecutivo propende al totalitarismo, antes prepara la destrucción del consenso social, empezando por destruir el verbal. Para ello es imprescindible llamar a las cosas «por los nombres que no son», como escribió inmejorablemente doña Pilar Ruiz Albisu para denunciar la «componenda» de los intercambios de favores políticos entre el Ejecutivo y ETA a través del PSE de Patxi López, ese estadista a quien los asesinatos etarras de concejales de su partido en Guipúzcoa en vísperas electorales le provocan una incontenible indignación... contra Rajoy.

Colaboración de M.R. Santander

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2008/12/23

Clásicos de Navidad

Me toca publicar en Nochebuena. ¡Qué estrés! Es un día tan especial, tan querido o tan odiado o tan temido, pero nunca indiferente. Es difícil encontrar algo importante que escribir para esta fecha. Después de mucho pensar, he decidido dejar a un lado las palabras y he intentado buscar en la memoria algunas imágenes que nos hayan unido a todos en estas fechas o que nos puedan hacer reír a todos. Espero haberlo conseguido. Saludos navideños.

La lotería


Las muñecas de Famosa


El Almendro


Freixenet


Los padres no existen


Martes y Trece

2008/12/04

Colaboración (IV): Del género bobo


1. La dama ofendida y los villanos justicieros

En el debate suscitado por la conmoción que provocó la reciente muerte de un joven de 18 años en la discoteca «El Balcón de Rosales» (Madrid), predomina como de costumbre esa actitud de acogerse al Poder, tan propia de nuestro tiempo. Éste ha aplacado la inquietud de los padres de adolescentes con las habituales medidas jurídicas o administrativas como el cierre de locales emblemáticos de la noche madrileña, descubriendo de repente irregularidades tan viejas como conocidas, al menos hasta que vuelvan a su cauce las aguas de una opinión pública sin memoria a medio plazo. En cambio, están brillando por su escasez o ausencia las alusiones a la inductora del homicidio, como si cierta caballerosidad mal entendida eximiese de toda responsabilidad, siquiera ética, a quien a fin de cuentas instigó a los encausados por esta paliza con resultado de muerte. Probablemente se trate de la misma caballerosidad mal entendida que impulsó a los machacas de la dicha discoteca a excederse en su poco envidiable oficio de machacar al prójimo. La misma a la que apeló en la noche de autos la inductora del homicidio, que se presentaba como víctima de una agresión, tratándose en realidad de un empujón fortuito y no lesivo. Naturalmente, no les dijo a los machacas que mataran a aquel chico, pero sí les instó a adoptar alguna medida claramente desproporcionada respecto de la ofensa sufrida, medida cuya concreción dejó a juicio de los mismos machacas a quienes había acudido en busca de castigo para aquel al que ella designó como su agresor. Y los machacas no necesitaron más para desencadenar su versión neocaballeresca de la violencia «de género».

Lo malo de que la dama ofendida en este lance dejara al juicio de los machacas el grado de machaque fue que por supuesto un machaca no destaca precisamente por lo ponderado de sus juicios, como lo prueba el hecho de que trabaja como machaca. Y lo relevante de tales designaciones es que tienen un claro componente de discriminación sexual que se ha omitido o, mejor dicho, se ha obviado en los medios. Desde luego, hay pocas evidencias de la discriminación sexual imperante en nuestra sociedad como las normas vigentes en una discoteca al uso en Madrid, donde las chicas no pagan entrada y —si son guapas y/o dan conversación—, tampoco las consumiciones; y todo escenifica con una claridad incluso exhibicionista un mercado nada intervenido del sexo ocasional, banal, superficial, heterosexual. Casi tanto como un Consejo de Ministras, Ministros y Entes Epicenos.

Tanto da. Está claro que ningún machaca en su sano juicio, es decir, en su juicio sexista, aplicaría el grado de la muerte a una mujer, por mucho que ésta se pase en la pista de baile o lo que sean esos movimientos pélvicos misteriosa pero ciertamente relacionados con alguna ley de la oferta y la demanda de raíz socioeconómica. Pero a más de una se la ha visto conducirse de forma bastante más peligrosa que la de aquel chaval de Madrid, dada la peor tolerancia al alcohol que demuestran las hembras del Homo sapiens, debida seguramente al «machismo» inherente a la biología, la medicina y en general cualquier ciencia con tradición varonil. Cabe suponer también que: ni la pobre chica se habría sentido agredida si hubiera tenido el topetazo con otra mujer, es decir, que en caso de ser una mujer, ya no sería agresor; ni los machacas se habrían «extralimitado» en su reacción, y hasta puede que no hubieran reaccionado en absoluto, si la identificada como víctima no hubiera sido una mujer; es decir, que en caso de ser un varón, ya no sería una víctima.

Nihil novum sub sole. Esta ley no escrita pero vigente en la pista de baile (o lo que sea eso) rige también fuera ella. No en vano es tan vieja como el patriarcado, como los 10.000 últimos años de machismo. Es la misma por la que los hombres siempre han ido a la guerra dejando a sus mujeres en retaguardia, la misma por la que los botes salvavidas del «Titanic» se distribuyeron prioritariamente entre las mujeres de a bordo.

Luego dicen que progresamos. Yo lo pongo en duda. Más bien me parece que esta misma ley, hoy escrita (deliberadamente mal, para que se entienda lo menos posible, pero escrita al fin y al cabo), dicta también el mismo criterio que ha reinstaurado la discriminación sexual, hoy llamada «positiva», en el actual ordenamiento jurídico español, ora favoreciendo la promoción de ciertas mujeres por razón explícita de su sexo (Ley de Paridad), ora aboliendo la presunción de inocencia o eliminando la necesidad de presentar pruebas cuando el imputado sea varón y la acusadora, mujer (ver Ley de Violencia de Género, sic). La inductora del crimen de Rosales bien podría, en vez de dirigirse a los porteros de la discoteca, haber denunciado con éxito a quien ella misma designó como su agresor ante la autoridad competente. También le bastaría, como ocurrió con la denuncia ante los machacas, su testimonio para iniciar los procedimientos, como aquí en Cantabria le ha bastado a la magistrada María Jesús García Pérez poner en duda la eficacia de esta Ley para ser depurada por el llamado Consejo de la Mujer de Cantabria. Y eso que era ella quien se dedicaba a aplicarla en el Juzgado de Violencia de Género (sic) de Santander, así que algo debía de saber al respecto. Al menos, al no ser varón, se libró del linchamiento mediático que invariablemente le habría tocado padecer. También pasan generalmente desapercibidos hechos como el descenso en los parámetros objetivos de la igualdad desde que se aplican estas políticas presentadas como las únicas que puede aplicar un progresista; y desde luego se omite cualquier reflexión de que la paridad nunca puede ser igualdad desde el momento en que descarta que, en pie de igualdad, mediante el libre concurso de la meritocracia, pueda darse un gabinete en el que los más excelentes resulten ser todos o casi todos varones, o bien, lo que igualitariamente es lo mismo, todas o casi todas hembras.

Colaboración de M.R. Santander

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2008/12/02

Visitar Dublín: la cuestión de la comida


Me gustaría abrir este artículo con la polémica pregunta: ¿se come bien aquí? En mi humilde opinión, si bien Dublín no es de los lugares donde se come mejor en el mundo, pues vaya, se come bien, sí. Ahora bien, hay que conocer las costumbres culinarias para saber adaptarse y no juzgar la aparente escasez alimenticia a ciertas horas del día.

En España la tendencia es a comer un plato fuerte al mediodía y cenar por la noche con otro plato fuerte, unas tapillas o bien un vaso de leche o una sopita. En Irlanda, los horarios se invierten y la comida ligera de la noche en España se convierte en lo que los irlandeses conocen como el “lunch”: las tapillas se convierten en el famoso sándwich, que se puede adquirir en cualquier pub, donde también hay a la disposición del hambriento cliente sopas recién hechas o platos fuertes en forma de “carvery lunch”.

Esta denominación viene del inglés “carved meat = carne cortada” y, efectivamente, esto es lo que se sirve en la mayoría de los pubs donde se ofrece este tipo de comida. Suele poder elegirse entre dos o tres tipos de carne: carne asada (de vaca, jamón o pavo), que se corta en rodajas delante del consumidor y se suele acompañar de patatas (al horno, en puré o fritas) y verduras hervidas (zanahorias, col, nabos). En los últimos años hay más variedad en los pubs y la oferta incluye platos con sabores asiáticos, acompañados de arroz, pollo con diversas salsas y acompañamientos, etc.

Por eso la próxima vez que un quinceañero afirme de forma categórica que en Irlanda se come fatal, asentid con solidaridad (es posible que el pobre lo haya pasado francamente mal, no sólo por la cuestión de la comida) pero recordad que el sándwich, las patatillas y la manzana que sus familias les dieron para pasar el día en el centro sólo son comparables a nuestra sopita, nuestras tapillas y nuestro vaso de leche de la noche. Estoy segura de que a la mayoría de estos estudiantes turistas los recibía una pródiga cena con diversos platos por la noche.

Otro dato interesante en esta misma línea de cultura culinaria es el “incomprendido” término inglés: "dinner". Aunque en las escuelas se nos enseña que equivale a cena, realmente significa comida fuerte, que suele comerse por la noche (de ahí nuestra traducción por cena) pero también se puede consumir a las 2h o 4h de la tarde. Esto es harto frecuente los domingos, en los que la resaca del día anterior pide un desayuno irlandés en toda regla antes de la hora de la comida y el copioso desayuno hace que los irlandeses se salten el lunch y se vayan directamente a comer su dinner, habitualmente en un pub. El domingo los pubs exudan vida comunitaria; las familias se reúnen para comer y, sobre todo beber, todos juntos, los músicos sacan sus instrumentos musicales y deciden deleitarnos los oídos y, en fin, la vida cotidiana se modifica un poco en los ambientes más tradicionales.

Un día de estos, cuando se acabe el período de recesión y pueda volver a salir de casa (es una buena excusa para evitar mencionar mi pecado capital: la pereza), os comento dónde se puede comer bien.

2008/11/11

Meditación para principiantes

No recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché la palabra meditación con la ávida atención de una pretendiente a “adquirir/controlar/ practicar” este arte tan ancestral. He utilizado tres verbos porque no consigo etiquetar una práctica que no sé si dominaré algún día, ni si existe control siquiera sobre ella; no sé si se puede adquirir o si la he adquirido; quizás la única seguridad que tengo es que practico a diario con la convicción de que algo ocurrirá algún día, la humildad de que existe la posibilidad de que nada ocurra y el cariño de quien acepta lo que tenga que ser y mientras tanto va disfrutando y aprendiendo del proceso.

Antes de comentaros mi experiencia personal durante estos cuatro meses en que realizo una meditación diaria de unos minutos, os explicaré brevemente en qué consiste, para qué sirve y cómo podéis meditar en caso de que haya estimulado vuestra curiosidad y queráis comenzar a hacerlo.

La meditación es una técnica que tiene por finalidad revitalizar, calmar y aclarar la mente. Su propósito es entrenar la mente para entrar en estados de conciencia más sutiles y trascender las pequeñas tribulaciones cotidianas. Las personas que practican la meditación con asiduidad dicen haber mejorado su salud y su productividad laboral, aumentado su concentración y creatividad y sentirse satisfechos personalmente.

Pero en última instancia, ¿para qué sirve la meditación? Pues hablando en términos legos y a mi humilde entender se trata de una técnica que se utiliza para alcanzar un estado de paz y claridad interiores que permiten nuestra presencia en el mundo allí donde estemos. Es difícil definir el término de “presencia”. Es una especie de comunión total y auténtica con el mundo interior y exterior, de la sensación de pertenecer y de que todo es perfecto tal cual es, sin necesidad de cambiar nada, simplemente existiendo, siendo uno mismo. Va unida a una sensación interior de intensa alegría, pero no una alegría eufórica y desbordada hacia el exterior, sino una alegría contenida y relajada que sentimos en el interior y nos conecta a todo.

Para alcanzar este estado de comunión y de auténtica dicha no es necesario sentarse a meditar; todos lo hemos experimentado en algún momento de nuestra vida, cuando todo parecía encajar, todo parecía perfecto y al mismo tiempo todo era posible y nos alegraba esa sensación.

Pues bien, la meditación nos ayuda a entrenar nuestra mente para llegar a alcanzar ese estado de dicha o éxtasis con mayor facilidad en cualquier momento o situación de nuestra vida. Hay muchas técnicas para meditar, pero quizás las más conocidas sean:

1) Ser testigos de la respiración
2) Observar una imagen (mandala, llama o símbolo)
3) Pronunciar un mantra, una frase o una afirmación

Como vemos, hay evidentes similitudes entre las dos últimas y la oración y la contemplación cristianas.

Nos centraremos en la primera técnica, que es la que he utilizado en los últimos meses. Podéis sentaros en la posición del loto (yo no soy tan flexible, así que simplemente cruzo las piernas), sentaros en una silla con la espalda recta o en cualquier posición que consideréis cómoda (los practicantes de Tai Chi saben a qué me refiero, lo comentamos otro día si queréis).

Concentrad vuestra atención en cómo respiráis. No intentéis cambiar vuestra respiración, simplemente observar cómo el aire va entrando por las fosas nasales hasta alojarse en vuestro interior y como va después saliendo. ¿Respiráis con los pulmones o el diafragma? ¿Con rapidez o lentitud? Dejaos sentir vuestra respiración, no la modifiquéis, no existe un modo correcto o incorrecto de respirar, dejad simplemente que vuestra atención se fije en cómo respiráis. Dejaos respirar.

Es muy posible que aparezcan pensamientos que os distraigan de este seguimiento atento de la respiración. No os preocupéis demasiado por ellos; cuando aparezcan, respetad su existencia, pero no les prestéis demasiada atención, no dejéis que os distraigan. Volved vuestra atención a la respiración. ¿Seguís respirando con rapidez o lentitud? ¿Con los pulmones o el diafragma? ¿Ha cambiado algo?

Ésta es una introducción bastante subjetiva y simplista, pero espero haberos dado una idea. Quizás mi consejo sea que si os planteáis seriamente comenzar la práctica de la meditación, hagáis un cursillo u os unáis a un grupo de meditación.

Yo comencé haciendo un par de talleres. Uno de ellos integraba Tai Chi, relajación y meditación y en él llegué a sentir un estado de éxtasis increíble. El otro no fue tan intenso, pero me convenció para comenzar a practicar todos los días en casa. El facilitador nos instó a meditar 5 minutos diarios durante 3 meses, sólo 5 minutos, ¿quién no tiene 5 minutos? Nos comentó que era posible que al cabo de esos 3 meses quisiéramos prolongar el tiempo de meditación. Así fue en mi caso. No medité todos los días, pero sí casi todos y llegó un momento en que sentí verdadera curiosidad por cómo sería mi respiración ese día. La respiración me descubre cosas sobre mí misma, me dice lo relajada o lo estresada que estoy sin que yo lo haya percibido, el grado de actividad mental que tengo ese día en concreto y lo distraída o concentrada que estoy; me avisa de la fatiga, me sorprende al calmarse al poco de sentirse observada, en fin, me abre una puerta a otro mundo, un mundo interior, al cuál sólo acabo de asomarme, pero promete grandes aventuras.

Vídeo del mantra Vajra Guru"

2008/10/21

Una mirada subjetiva al mundo cubano (III)

Días más tarde mi viaje me llevó a conocer a una doctora que tenía una visión totalmente distinta de la relación cubana con Venezuela. Gracias a ella, se ha enriquecido mi viaje temático y os puedo presentar nuevos aspectos del mundo de que fui testigo. Según pude entender, el gobierno venezolano había concedido ciertas ayudas para que algunos médicos de Cuba pudiesen trabajar en otros países de Sudamérica en régimen de ayuda humanitaria. Ah, la ayuda humanitaria siempre nos despierta ese calor humano en los miembros internos, ¿verdad? La bondad de la humanidad, su gran deseo de compartir, de ayudar. Los doctores cubanos se marchaban en oleadas de la isla. Su vida en el extranjero tenía muchísima más calidad: no sólo un sueldo mejor, con el consiguiente bienestar, sino también la posibilidad de enviar enseres nuevos a Cuba. La doctora con quien estuve hablando no quería marcharse del país. Su hija estaba estudiando secundaria y se le haría doloroso dejarla sola. Hablaba con escepticismo de estos nuevos acuerdos con el vecino venezolano.

Y es que la situación médica a la cual se enfrentaba día a día la entristecía y preocupaba sobremanera. Si bien en un pasado no muy lejano debía atender tan sólo a un barrio de su ciudad, ahora ese número se había triplicado. No daba abasto con sus pacientes. Su gran celo profesional y su gran corazón la arrastraban a largas horas de trabajo, con el único consuelo de ayudar quizás a algunas personas, a cambio de un sueldo escaso y la imposibilidad de adquirir su vivienda por ser su casa un bien social. ¡Qué gran ejemplo de ayuda humanitaria! creo que pensé. Su sonrisa ocultaba una inquietud sosegada, si bien comentaba con cierto desasosiego que ya les había dicho a sus familiares que no se pusieran enfermos, que no era un buen momento para caer enfermo en Cuba.

Su vocación me recordó al gran entusiasmo de una profesora de secundaria, que veraneaba en uno de los lugares que visité. Me contó con todo lujo de detalles su formación profesional, en la cual la práctica desempeñaba un papel primordial; me habló de la educación con emoción y sabiduría. Hablar de dinero parecía no formar parte de su lenguaje habitual. Su mundo eran las letras, los números, la enseñanza, el saber, la convivencia y la generosidad de poder aportar algo al pequeño mundo que adoraba. Conociendo a ambas mujeres pude vislumbrar el tan sonado mundo educativo y sanitario de Cuba, si bien este último se estaba derrumbando, como parecían derrumbarse muchas de las estructuras que formaban parte del entramado de la isla.

Se intuía un cambio, el taxista hablaba de lo que ocurriría después de la muerte del “barbas”, la casera hablaba con emoción de un posible sustituto, la doctora comentaba que el régimen parecía precipitarse a un punto sin retorno. Y, sin embargo, a pesar de sentirse en el ambiente el germen de este cambio, de una transición a otro estado de cosas (recordemos que Fidel estaba tan enfermo que ya no gobernaba el país), la isla seguía vibrando con la misma intensidad y calor humanos que enamoran a numerosos visitantes del globo. Mi visita había llegado a su fin. Había escuchado opiniones sobre el sexo, la familia, la política, la educación y la salud; se me había regalado un viaje cultural por encima de mis expectativas y disfruté al máximo cada diálogo, cada opinión, cada palabra.


Éste es un enlace a una de las canciones que componen el rico repertorio musical cubano.

2008/09/30

Una mirada subjetiva al mundo cubano (II)

En este viaje temático también habrá que hablar necesariamente de la política, algo tan vital en un país que parece resistir a los sistemas establecidos en el mundo occidental. Los cubanos me sorprendieron por emitir juicios políticos abiertamente, por haber creado códigos para saltarse las normas, por saber aceptar el sistema y resolver de otra manera sus asuntos sin perder la sonrisa (o casi). El taxista nos había acomodado, piropeado e incluso recitado varios poemas de amor, pero ahora cerraba una de la ventanillas de su viejo aunque no incómodo vehículo para comentar con cierta excitación: ése sí es un tema caliente: la democracia.

Convencido del carácter democrático del régimen en el cual vivía debido a la aprobación masiva del referéndum que, años ha, colocó a Fidel al frente del gobierno del país, el taxista manipulaba a su antojo las normas de dicho régimen, esquivándolas y creando su propio mundo de valores individuales. Su inteligencia le permitía esbozar modos de ganarse la vida que contribuían a su bienestar personal y en los cuales se obviaba el bien común. Buscaba su propia ventaja y felicidad para luego verterlas en la ayuda a sus vecinos, familiares y otros conciudadanos. Su planteamiento de la vida me recordaba al enfoque individualista de muchas sociedades occidentales, en el cual el bien individual prima sobre el social y no al revés, como correspondería teóricamente a un sentir comunista.

Esto leí de la conversación que mantuvimos con un jovencito e inexperto maestro de primaria, el cual estaba preocupado por el salario de su oficio. Al escuchar mi comparación con los sueldos mínimos que los profesores ganaban en la época de Franco, mi taxista se ofendió ante tal "ataque" a su régimen por vía de una comparación con una dictadura, instó al jovenzuelo a no preocuparse tanto por su profesión y a buscar formas de ganarse la vida (por ejemplo recurriendo al turismo) que fuesen más lucrativas. Ante mi sugerencia de seguir en la profesión educativa, si tal era su vocación, intentando cambiar las cosas desde dentro, el taxista se mostró aún más inquieto e intolerante. No había que cambiar las cosas, las cosas estaban bien como estaban, parecía querer decir, sólo hay que saber agarrar la oportunidad donde se presenta. Este joven era inteligente. Podría explotar a los turistas y ganar más dinero del que podría soñar un maestro de escuela.

El taxista defendía el turismo como salida válida a una pobreza subyacente a la cual era inútil buscar culpables. También una casera de las casas particulares mostraba su gozo ante la llegada de turistas. Por fin había logrado ahorrar lo suficiente para instalar un calentador de agua y poder así ducharse con agua caliente, para comprar un televisor y un frigorífico extra para los extranjeros, para facilitar la estancia a sus huéspedes y, de ese modo, adquirir un nivel de vida superior al de la mayoría de sus vecinos: ciertas carnes, pescados, frutas y verduras eran lujos que podía permitirse gracias a sus turistas. El dinero reinaba todas sus conversaciones: estaba pensando arreglar esto en la casa, comprar aquello, mejorar lo otro. A veces daba la sensación de que cierta codicia acompañaba sus palabras, pero quizás su preocupación por el dinero y las mejoras de su casa eran una mera distracción ante la dolorosa y desgarradora ausencia de parte de su familia debido a cuestiones políticas.

Evidentemente, la culpa la tenía el gigante yanqui, con su egoísta renuncia a expedir visados para los familiares cubanos, fuente de todas sus miserias y derrotas. Su esperanza y alegría residía en la colaboración con el nuevo redentor de las Américas: Chaves. Se dio la casualidad de que me encontraba en la isla caribeña en el momento cumbre del debate de las Américas del pasado noviembre, en el cual nuestro rey pronunció la famosa frase que no necesito recordar. En Cuba no apareció en las pantallas el famoso improperio mientras yo escuchaba la televisión de mi casa particular, a cuya imagen se llamaba con un fuerte manotazo en el bastidor. Quizás se emitió en otra ocasión, no lo sé. La duda seguirá ahí. Aunque siendo Chaves el héroe salvador de aquella gente sencilla, me preguntaba qué pensaría el pueblo cubano de unas palabras tan irascibles procedentes de un hombre tan apreciado como nuestro monarca. Desde luego, conocí su opinión sobre Zapatero, a quien consideraban un mequetrefe por no apoyar a Chaves en sus acusaciones contra Aznar. Ah, Chaves, el gran Chaves, aquel que ayudaría a Cuba a salir de la pobreza.

Nuestro viaje se detiene aquí. Continuaremos hablando de Chaves y de otros asuntos cubanos.

2008/09/09

Una mirada subjetiva al mundo cubano (I)

Dicen las buenas gentes que las imágenes valen más que mil palabras, pero en el paisaje cubano, las imágenes no aciertan a describir toda la gama de sensaciones que despierta en el viajero un lugar tan paradójico. Casi con alegría vi desaparecer mi cámara a espaldas de la seguridad del aeropuerto de La Habana. Aquel robo se convertiría en el impulso necesario para transformar en palabras un viaje tan enriquecedor. Como bien apuntaba Miércoles, es muy difícil hacerse una idea de un país en unos días. Por eso no quiero dármelas de entendida ni emitir juicios baratos. Mi intención es mostraros retratos temáticos de una Cuba concreta y subjetiva a la que tuve acceso.

No basta hablar de los edificios en ruinas de su capital, de la pobreza que se observa en sus calles ni de la precariedad interior de sus casas; ello sería como presentar un retrato en blanco y negro. Y los cubanos son unos enamorados del color, que añadirían al retrato con chistes y alusiones sexuales, con opiniones políticas dichas con desparpajo, con rencores desnudos hacia el vecino rico, con el orgullo de saberse pobre pero honrado y querido, con la tristeza y la angustia apenas contenidas en los ojos de una mujer que llora a sus nietos exiliados.

La primera parada de nuestro viaje temático será el sexo y la familia. La dueña de la casa particular donde me alojé parecía tener una imagen clara de las nacionalidades que visitaban la isla con intención de establecer relaciones sexuales con algún isleño. No mencionaremos ninguna aquí para no herir la sensibilidad de nuestros vecinos europeos. Su moral quedaba establecida del modo siguiente: en su casa había cabida para extranjeros con jineteras, extranjeras con jineteros, y parejas de homosexuales extranjeros, pero no para extranjeros homosexuales con jineteros cubanos.

Llevaba casada veinte años con su quinto marido. Decía que ella no soportaba la infidelidad y se había divorciado cuatro veces por este motivo. No obstante, las alusiones a la infidelidad, sobre todo masculina, fueron constantes durante todo el viaje y entre grupos de gente diversa. A veces tenía la impresión de estar viendo una de esas películas del Cine de barrio en las que el españolito de turno alardea de sus conquistas extramaritales. En otras ocasiones, me daba la sensación de formar parte del reparto como la sueca de esas películas, al ser observada y piropeada constantemente en español y en inglés, cuando no acompañada varios metros de calle por numerosos cubanos.

El significado del término de familia en Cuba es distinto al sentido anglosajón de la palabra e incluso al sentido latino del término. Según la norma anglosajona, las familias cubanas vivirían separadas, no sólo debido a los elevados índices de divorcio, sino también a la separación a la cual obliga el exilio o incluso a la emigración interior dentro de la isla. No obstante, el cubano no se muestra como un ser individualista y raramente se encuentra aislado de la comunidad. Ello lo facilita el sentido que el cubano parece tener de la familia, en el que los buenos amigos pasan a ser llamados y considerados hermanos y las personas mayores cercanas son los tíos. Los cubanos viven en comunidad y para la comunidad y, por tanto, crean sus propios núcleos familiares sin olvidar los vínculos consanguíneos que los unen a aquellos que viven lejos.

Hasta aquí hemos llegado hoy, pero continuaremos este viaje.

2008/08/19

Las propiedades ocultas de la miel (II)

Me gustaría escribir un artículo científico sobre este tema, pero, ay de mí, debo confesar que la ciencia no es lo mío. Además, tampoco quiero que toméis las líneas que siguen como verdad científicamente probada. Os recuerdo que provienen de un archivo PowerPoint, posiblemente traducido de esta página web. Como todo lo que procede de este mundo virtual, debemos tomarlo con extrema cautela, si bien los autores del PowerPoint y de la página web mencionada citan la revista Weekly World News de Canadá como fuente de la información.

En el archivo mencionado se nos explica que la mezcla de miel y canela puede aliviar numerosos malestares comunes, como la picadura de insectos, la artritis, la pérdida de cabello, la infección de riñón e incluso el desagradable dolor de muelas. ¿Quién se atreve a ser conejillo de indias y a probar estos remedios caseros? Yo me apuntaré la próxima vez que descubra una de estas dolencias. Pero, en fin, dejémonos de introducciones y vayamos al meollo. Recetas para el alivio de:

Picadura de insectos: hágase una mezcla con una cucharadita de miel, dos de agua tibia y una de canela en polvo. Aplíquese suavemente sobre la zona afectada.

Artritis: esta vez la mezcla consiste en una taza de agua, dos cucharadas de miel y una cucharadita de canela en polvo. Se debe tomar esta bebida dos veces al día, por la mañana y por la noche.
Se afirma en este revelador documento que la ingesta regular de esta bebida puede curar incluso la artritis crónica.

Pérdida de cabello: aplíquese al cuero cabelludo una pasta de aceite de oliva (lo más caliente que se resista) con una cucharada de miel y una cucharadita de canela en polvo. Déjese a modo de máscara durante 15 minutos.

Infección de riñón: mézclese en un vaso de agua tibia dos cucharadas de canela en polvo y una cucharada de miel. Se dice que esta bebida acaba con los gérmenes que producen la infección. Debe tomarse por la mañana y la tarde hasta que dejen de notarse las molestias.

Dolor de muelas: aplíquese a la muela en cuestión una pasta hecha con una cucharadita de canela y cinco cucharaditas de miel. Repítase la aplicación al menos tres veces al día.

El archivo expone otros remedios del par miel/canela a otras enfermedades comunes, pero aquí os conmino a que probéis estos primero y luego nos contáis si han surtido efecto. Y con esto pongo fin a mi intención pseudo-científica. Hasta la próxima.

2008/07/29

Las propiedades ocultas de la miel (I)

Hace unos años mi vida dio un giro nutritivo radical al verme rodeada de apicultores en una feria internacional. Al principio con timidez y poco a poco con más desparpajo, comencé en mi calidad de intérprete a meter unas curiosas narices en todos los negocios de los argentinos productores de miel, vendedores de abejas reinas, promotores de regiones de cultivos ecológicos de Argentina.

Tengo la convicción de que uno siempre puede aprender de una conversación, por inculta y banal que pueda parecer la persona con quien se entabla. Todos tenemos una perspectiva válida y experiencias que nos han marcado y todos gozamos al compartirlas con los demás. Así pues, mis oídos se sintieron en su ambiente entre unos apicultores tan agradables, tan sanos, tan profundos dentro de su simplicidad de hombres de campo en su gran mayoría.

En una semana me enamoré de ellos, de su mundo, de las abejas que tanto amaban y de su pasión: la miel. Llevo más de cuatro años reemplazando el azúcar malsano que solemos añadir a nuestros cafés y tés, e incluso postres, por una miel pura, a veces ecológica, proveniente de alguno de los principales países productores. Si se me acaba la miel y debo utilizar el azúcar durante unos días, mi cuerpo protesta con cierta nostalgia: ah, la miel, mi miel. A aquellos que asientan con entendimiento, les aconsejo que vuelvan a verificar las etiquetas de los tarros de miel que compran. La mayor parte de los productos del mercado comercializados como miel son mezclas de diversas mieles de numerosos países, cuya calidad es más que cuestionable.

Una vez adquirida una miel de calidad, procedente de un solo país y a ser posible de una región salvaje sin cultivos contaminados de antibióticos que protegen sus frutos, pero contaminan sus flores, procedamos a compartir un truco de belleza milenario que nos transmitió una argentina de avanzada edad, con una mirada decidida.

Se mezcla miel pura con una yema de huevo, se revuelve cuidadosamente y se coloca en la cara durante unos minutos a modo de máscara.

Esto se debe hacer una vez a la semana. Os confieso que los potingues y otras artimañas de belleza femenina no son lo mío, pero confiada en el consejo de una ancianita simpática, me dispuse a probar el afeite. Después de estornudar como una loca durante unos minutos, me liberé de aquella máscara penosa y no volví a experimentar con la miel ni sus propiedades embellecedoras. Lástima. Os conmino, sin embargo, a probar la mezcla y a compartir vuestras experiencias con nosotros. Quizás descubramos un milagro para la eterna juventud facial. (Sonrisa irónica).

La próxima vez os hablaré de las propiedades curativas de la miel, basadas en un archivo Powerpoint que ha estado corriendo por la web esta última semana. Mientras tanto, os dejo que probéis el truco mencionado, el cual ha hecho estornudar a una sensible nariz, pero quizás haga las delicias de vuestros delicados rostros.

2008/07/08

Apuntes para una visita a Dublín

Seas mochilero, viajero de lujo, turista rematado o simplemente comerciante en viaje de negocios, habrá algo que te sorprenderá de Dublín: lo caro que resulta visitar y conocer esta ciudad. Por eso, hoy te voy a presentar un lugar que no suelen destacar las guías turísticas y que resulta totalmente gratis.

Se encuentra en el Phoenix Park, que con 712 hectáreas es el parque público amurallado más grande de Europa. Hay un autobús de reciente creación que por un solo euro se detiene en diferentes partes del parque, incluido el zoo, el centro de visitas y la Farmleigh House. En este parque también podrás, con un poco de suerte, contemplar algunos ciervos.

La semana pasada me acerqué a la puerta de Castlenock del Phoenix Park (hacia el norte) y si bien no vi ningún ciervo, sí tuve la suerte de hacerme amiga de algunos burros y, como están en peligro de extinción, decidí rendirles homenaje en esta foto.
Para acceder a esta entrada del parque, se puede coger el autobús 37 en Hawkins St. Otra de las puertas del parque se encuentra muy cerca del río Liffey, a poca distancia de la fábrica de Guinnes, que sólo recomiendo como visita si te hace verdadera ilusión. A mí pagar 15 euros por ver una exposición sobre la fabricación de la cerveza y una vista panorámica de Dublín me parece excesivo.

Me acerqué a la entrada de Castlenock con la idea de visitar la mansión Farmleigh, que fue propiedad de Edward Guinness, biznieto del fundador de la fábrica Guinness, Arthur Guinness. Hoy en día se utiliza para alojar a jefes de estado y otras personalidades.
Establos de la Farmleigh House

En la mansión se organizan conciertos y otras actividades; por eso conviene echarle un vistazo a su sitio web por si hay algo organizado: www.farmleigh.ie. También hay ferias de libros de segunda mano y de antigüedades, mercadillo de comida en ciertos días, varios jardines y lagos. Existe una visita guiada para ver el interior de la casa y es totalmente gratis. Que el carácter austero del exterior de la vivienda no os disuada; merece la pena explorar lo que esconde su interior y entrar en una nueva época.

En el lugar se respira una gran tranquilidad. No hay muchos turistas. Verás a los jardineros trabajando a medida que visitas el jardín. Verás caballos y burros. Verás recuerdos de otra época y podrás regresar al ruido de la ciudad con el agradecimiento de un día sencillo y agradable.

2008/06/17

¿Qué significa ayudar?

Al buscar en el DRAE el significado de este verbo, se nos remite a otros muy similares: auxiliar y socorrer o cooperar. También aparece la siguiente definición: "Hacer un esfuerzo, poner los medios para el logro de algo”. Ésta nos lleva a deducir que ayudar requiere realizar una acción, hacer algo. Cada vez que pensamos en ayudar a alguien, se nos ocurren mil acciones que podemos emprender para socorrer a esa persona, para cooperar en la solución de lo que consideramos su problema, ahora ya convertido en nuestro, pues deseamos ayudar o se nos ha pedido ayuda. Ahora bien, ¿es eso realmente lo que significa ayudar? ¿Cómo sabemos que alguien nos está pidiendo ayuda y no compartiendo sus pesares como forma de desahogo? ¿Hemos considerado como posibilidad de ayudar la pasividad y la renuncia absoluta a actuar?

Todas estas preguntas abren muchos más interrogantes: ¿Cuándo debemos optar por prestar ayuda y cuándo por retirarla? ¿Somos los más indicados para ayudar a la persona que nos parece necesitara ayuda? ¿Quién decide quién necesita ayuda y quién no? ¿Podemos ayudar a alguien que no desea ser ayudado: es eso ayudar o controlar? ¿Dónde está el límite entre la ayuda incondicional y la manipulación cooperativa?

Hoy no quiero emitir sentencias, sino abrir interrogantes, buscar vuestras opiniones sobre este tema. He hecho trabajo voluntario en varias ocasiones y tengo una opinión muy concreta sobre este asunto, pero me gustaría conocer vuestros puntos de vista. Animaos e intentad responderme.

2008/05/27

Figura triste

La imagen de tu tristeza
colgaba de mi alma
como ropa sin secar.

Figura suspendida, pesada,
casi invisible y sin vida,
miraba sin mirar
el desamor de los días.

Frecuentaba tu hastío
mi cuerpo cansado,
dolorido y mancillado y resuelto
a no perdonar
por vivir su camino.

La imagen de tu tristeza
se colaba con empeño
entre dichas de desván.

Figura sonreía, alegre,
risueña como ella era,
abierta a la vida
sin miedos ni
penas.

Y la imagen volvía,
con dolor e insistencia,
conquistando tu tristeza mis sueños,
invadiendo sin reposo ni guía
los poros de mi aliento.

2008/05/19

Colaboración(III): Segundas oportunidades

Esta semana cumplimos años y por eso vamos a tener algunas publicaciones extra. Ésta es la primera: una colaboración de una querida lectora y amiga. Os dejo con sus palabras:

Acababa de llegar y ya le estaban diciendo adiós. Se sentía cansado, hambriento y falto de cariño. Para eso había venido, con más ilusión que ganas, para que ahora le hicieran esto.
Sin embargo, albergaba una esperanza: en cuanto le conocieran, le querrían. De eso estaba seguro. Había recorrido un largo camino desde ninguna parte y se negaba a rendirse.
Pero sentía su rechazo y le dolía, más que nada porque él ya la quería aún sin conocerla. Ese amor le dio esperanza, así que decidió luchar para convencerla, pero era demasiado tarde, otro había llegado primero y se llamaba Miedo. Él ya lo conocía, era implacable y siempre ganaba sus batallas. Sus fuerzas empezaban a flaquear.
Sólo le quedaba apelar a su Instinto, ése sí que era más fuerte y podría vencer a Miedo. Y casi lo consigue. Sin embargo, no estaba en su destino quedarse y debía irse por donde había venido.
Pero si acababa de llegar…
Daba igual, se había adelantado y no tenía derecho. Estaba tan impaciente por vivir que no había sabido esperar su turno y se había precipitado. Así que gritó al marcharse, para que no le olvidaran, prometiendo que regresaría algún día, cuando fuera el momento. Y pidió perdón por el sufrimiento causado.
Y tan pronto como llegó se fue, pero se aseguró de dejar su huella. Plantó la semilla del Instinto, para que cuando le tocara regresar, ésta ya se hubiera convertido en un frondoso árbol. Y Miedo no tuviera nada que hacer.
Había preparado bien el camino. La próxima vez podría quedarse.
Entretanto, sólo le quedaba esperar en ninguna parte a recibir la ansiada llamada. Una llamada que no dudaba recibiría algún día y, entonces, emprendería de nuevo el viaje, seguro de que esta vez, podría quedarse y crecer. Podría, por fin, nacer.


Escrito por Swallow

2008/05/17

Homenaje a Celso Emilio Ferreiro

Hoy es el día de las letras gallegas y no puedo por menos que rendir homenaje a uno de mis poetas gallegos favoritos: Celso Emilio Ferreiro. Os dejo con uno de sus poemas:

IRMAUS
Camiñan ao meu lado moitos homes.
Non os coñezo. Sonme extraños.
Pero ti, que te alcontras alá lonxe,
máis alá das sabanas e das illas,
coma un irmau che falo.
Si é túa a miña noite,
si choran os meus ollos o teu pranto,
si os nosos berros son igoales,
coma un irmau che falo.
Anque as nosas palabras sean distintas,
e ti negro e eu branco,
si temos semellantes as feridas,
coma un irmau che falo.
Por enriba de tódalas fronteiras,
por enriba de muros e valados,
si os nosos sonos son igoales,
coma un irmau che falo.
Común temos a patria,
común a loita, ambos.
A miña mau che dou,
coma un irmau che falo.


Un mimo especial a nuestros lectores "hermanos".