Que me bese la frente
un ligero andar sin huellas;
que me lata en el pecho
una flor sin prisa, bella.
Que se aprieten mis ojos
si colocan un beso y reciban
gotas de lluvia, vertidas sin miedo;
que me reine un aliento.
Que resistan tormentas
las velas que, ciñendo
mi torso desnudo, me lanzan,
vivas, gozosas, jugando, al océano.
Que valiente una mano
se pasee por mi orilla,
y emita un gemido
mi pena, vencida.
Abrazo
de vida,
mirada desposeída.
Abrazo
de dicha,
máscara caída.
Que en mi espíritu se aloje
un olor exquisito, intenso,
con recuerdos en plata y dolores
perdidos, en un cielo excelso.
Que saluden las niñas luna
altares de luz en rebaño,
madres de poros y talcos,
fragancias intactas en cunas.
Que de púrpura pinte una estrella
mi agua, y me amadrine
en su seno de fruta
la reina de los besos, tozuda.
Que nazca la destreza
y aguarde quietecita,
colorada y recogida, mi lengua
el sabor de una fresa.
Que navegue mi alma abierta, reposada y pura.
2009/08/11
2009/07/21
Aparición de la Virgen en Irlanda
El tronco cortado de un árbol situado frente a la Iglesia de Holy Mary (Santa María) ha despertado toda suerte de inimaginables especulaciones en el condado de Limerick, en Irlanda. Fervientes devotos llegan de todas partes del país a homenajear con una vigilia de velas y de rezos lo que consideran una imagen de la Virgen María. El párroco local, desesperado, increpa a los creyentes que no deben adorar un árbol, pero las cosas del más allá se han apoderado de algunas almas cristianas de este católico país.
Estos irlandeses me han hecho pensar en la vida y en la magia. Pocas veces me he conformado con la creencia habitual de que la magia no existe. Creo sinceramente que sí, que la naturaleza está llena de una magia potencial esperando que nuestra imaginación le dé un nombre, la fotografíe, invente una historia, la haga real. Por otro lado, también sé que la magia no existe. Veamos si os lo puedo explicar. Yo creo que la vida nos regala momentos que podrían ser mágicos, los cuales sólo somos capaces de distinguir y de disfrutar si nos abrimos con sencillez a su magia. No obstante, al igual que los científicos más escépticos, dudo de la existencia de la magia y a pesar de llevar un nombre tan imaginario, me resisto a creer que existo, excepto en continua destrucción. Por ello es que me llamo D.Ruida.
Aunque parezca que me contradigo, no es así. Hace poco yo también encontré un tronco cortado. Tenía forma de elfo o de gnomo. Cuando era niña, soñaba que estos seres existían y creía firmemente que si visitaba algún país escandinavo, se me aparecerían. Han pasado algunos años desde entonces, pero lo imposible ha sucedido y no en Escandinavia, sino en Pontevedra. Hace menos de un mes, me encontré de bruces con la imagen de un gnomo en un tronco cortado. El hecho me hizo sentir una alegría inefable y sonreír con profunda inmensidad; mi niña interior supo que había cumplido su sueño infantil y aquello era mágico. Es obvio que los gnomos no existen y no voy a darle más importancia ni significado al suceso. Sin embargo, por un instante, en el infinito poder de un momento, la realidad se mezcló con la ficción, el pasado y el presente se disolvieron y la niña que fui yo sintió la magia de la vida llenar su alma con la más hermosa de las dichas.
Me pregunto por qué los devotos irlandeses no son capaces de ver que es su imaginación y no la realidad la que ha dado vida a la imagen del tronco. Quizás necesitan creer con firmeza en la veracidad de una aparición para reafirmarse en una fe mutilada tal vez por los recientes escándalos del clero irlandés. Quizás buscan convencerse a sí mismos de la existencia de algo en lo que están dejando de creer. Y he aquí que la magia con que podrían haber sido regalados desaparece y se convierte en el hazmerreír de la prensa irlandesa.
Acabo estos pensamientos deseándoos que la naturaleza os regale muchos momentos mágicos y deseando que sepáis disfrutarlos. La nada se apodera del mundo, decía Michael Ende en La historia interminable. No dejemos que así sea. Dejemos que, mientras caminamos con los pies bien firmes sobre la tierra, cansados con la rutina del vivir, nuestra imaginación sepa inventar un mundo paralelo lleno de magia.
Estos irlandeses me han hecho pensar en la vida y en la magia. Pocas veces me he conformado con la creencia habitual de que la magia no existe. Creo sinceramente que sí, que la naturaleza está llena de una magia potencial esperando que nuestra imaginación le dé un nombre, la fotografíe, invente una historia, la haga real. Por otro lado, también sé que la magia no existe. Veamos si os lo puedo explicar. Yo creo que la vida nos regala momentos que podrían ser mágicos, los cuales sólo somos capaces de distinguir y de disfrutar si nos abrimos con sencillez a su magia. No obstante, al igual que los científicos más escépticos, dudo de la existencia de la magia y a pesar de llevar un nombre tan imaginario, me resisto a creer que existo, excepto en continua destrucción. Por ello es que me llamo D.Ruida.
Me pregunto por qué los devotos irlandeses no son capaces de ver que es su imaginación y no la realidad la que ha dado vida a la imagen del tronco. Quizás necesitan creer con firmeza en la veracidad de una aparición para reafirmarse en una fe mutilada tal vez por los recientes escándalos del clero irlandés. Quizás buscan convencerse a sí mismos de la existencia de algo en lo que están dejando de creer. Y he aquí que la magia con que podrían haber sido regalados desaparece y se convierte en el hazmerreír de la prensa irlandesa.
Acabo estos pensamientos deseándoos que la naturaleza os regale muchos momentos mágicos y deseando que sepáis disfrutarlos. La nada se apodera del mundo, decía Michael Ende en La historia interminable. No dejemos que así sea. Dejemos que, mientras caminamos con los pies bien firmes sobre la tierra, cansados con la rutina del vivir, nuestra imaginación sepa inventar un mundo paralelo lleno de magia.
2009/06/30
Los taxis ecológicos de Dublín
Ecocabs
Desde el 1 de abril hasta el 31 de diciembre, forman parte de la fauna urbana de Dublín ciertos insectos coloreados que transportan gratis a los pasajeros que así lo desean por el centro de la ciudad. Se trata de los taxis ecológicos, triciclos de pasajeros que promueven una ciudad limpia, ecológica y libre de coches.
Los ecocabs o taxis ecológicos aparecieron como medio de transporte alternativo para desplazarse por un centro de ciudad más preparado para encontrarse uno de bruces con los numerosos famosos irlandeses que para la cantidad de coches que conviven en esta pequeña capital europea. Excepto en el invierno, valientes ciclistas se apoderan de las calles de Dublín como pesados moscardones del asfalto, dentro de los cuales descansan turistas con pies doloridos, dublineses tras un día de compras, perezosos de asiento fácil y cualquiera que desee probar este nuevo tipo de transporte ecológico.
No es necesario pagar nada por el desplazamiento. Su utilización es totalmente gratis, aunque mentiría si me callase que suelo ver a los turistas y otros pasajeros dejar ciertas monedas en la mano del sufrido ciclista, a modo de propina. Esta propina es más que merecida para quien con lluvia o con sol se esfuerza por llevar a sus pasajeros a cualquier lugar de Dublín en un área de 2 Km. No obstante, no es obligatoria ni necesaria. Los ciclistas de los taxis ecológicos tienen un buen sueldo y el servicio es totalmente gratis, como ya he dicho.
Los taxis ecológicos son financiados por sus patrocinadores, Yoplait, SevenUp, etc. que personalizan los triciclos con sus eslóganes y sus colores de marca, consiguiendo anunciar de forma original sus productos por las calles de Dublín. De esta manera, el tráfico de las calles centrales se ve liberado, los transeúntes disfrutan de un transporte ecológico a la vez que divertido y los patrocinadores emplean su presupuesto de márketing en anuncios que respetan el medio ambiente.
En este vídeo podéis ver los taxis ecológicos de Toronto, que son muy parecidos a los de Dublín.
Desde el 1 de abril hasta el 31 de diciembre, forman parte de la fauna urbana de Dublín ciertos insectos coloreados que transportan gratis a los pasajeros que así lo desean por el centro de la ciudad. Se trata de los taxis ecológicos, triciclos de pasajeros que promueven una ciudad limpia, ecológica y libre de coches.
Los ecocabs o taxis ecológicos aparecieron como medio de transporte alternativo para desplazarse por un centro de ciudad más preparado para encontrarse uno de bruces con los numerosos famosos irlandeses que para la cantidad de coches que conviven en esta pequeña capital europea. Excepto en el invierno, valientes ciclistas se apoderan de las calles de Dublín como pesados moscardones del asfalto, dentro de los cuales descansan turistas con pies doloridos, dublineses tras un día de compras, perezosos de asiento fácil y cualquiera que desee probar este nuevo tipo de transporte ecológico.
No es necesario pagar nada por el desplazamiento. Su utilización es totalmente gratis, aunque mentiría si me callase que suelo ver a los turistas y otros pasajeros dejar ciertas monedas en la mano del sufrido ciclista, a modo de propina. Esta propina es más que merecida para quien con lluvia o con sol se esfuerza por llevar a sus pasajeros a cualquier lugar de Dublín en un área de 2 Km. No obstante, no es obligatoria ni necesaria. Los ciclistas de los taxis ecológicos tienen un buen sueldo y el servicio es totalmente gratis, como ya he dicho.
Los taxis ecológicos son financiados por sus patrocinadores, Yoplait, SevenUp, etc. que personalizan los triciclos con sus eslóganes y sus colores de marca, consiguiendo anunciar de forma original sus productos por las calles de Dublín. De esta manera, el tráfico de las calles centrales se ve liberado, los transeúntes disfrutan de un transporte ecológico a la vez que divertido y los patrocinadores emplean su presupuesto de márketing en anuncios que respetan el medio ambiente.
En este vídeo podéis ver los taxis ecológicos de Toronto, que son muy parecidos a los de Dublín.
2009/06/09
De espaldas
Hoy entré en mi casa de espaldas para ver si era posible dar marcha atrás y enmendar los errores del pasado, hacer penitencia y esas cosas de las que oí hablar durante demasiados sermones. Ocurrió algo curioso; en lugar de volver al pasado y darme la sensación de haber vivido ya todo aquello, los trazos de mi casa se hicieron más insistentes, más vívidos, como si acabasen de comenzar una historia. Me fijé por primera vez en la composición que formaban el baúl, el espejo y la bolsita de tela de la entrada y los saludé con una mirada de dentro.
Di marcha atrás por el salón y me pareció descubrir por primera vez los marcos de fotos de la pared de la cocina. Sonreí a mi madre, a mi tía, a mi prima y a mí misma, esperando que se manifestara el primer error del pasado para llevar a cabo la misión que me había encomendado. Llegó el primer recuerdo, demasiado vergonzoso para escribirlo, para darlo a conocer a los lectores que sois vosotros. Más que error, era un recuerdo de una molestia existencial, así que dejé de pensar en ello y seguí dando marcha atrás.
Llegué a la sala pensativa y valiente, juguetona y divertida con aquel paseo dentro de la existencia que me hacía vivir dichas nuevas en vez de llevarme a lo ya vivido. Decidí escuchar de espaldas la canción que me persigue este mes.
Abrí los brazos en posición de crucifixión y me moví al instante con picardía y hacia atrás a un son conocido en un baile totalmente devorador y nuevo que sonaba hacia delante mientras yo daba marcha atrás en el tiempo. “You string along, you string along”. El pasado volvió y me trajo la imagen de un cuerpo en posición de crucifixión, caminando hacia atrás mientras explicaba la historia de aquel pueblo que caminaba hacia atrás hacia el futuro de cara al pasado, pues pensaba que el presente y el pasado es lo único que tenemos. Pensé si el futuro me haría tropezar con la mecedora igual que ocurrió en mi casa y pensé que sí. Tropezaría si seguía queriendo retocar el pasado. Sin embargo, no me veía preparada para darle la espalda al pasado, con sus errores y aciertos, y caminar hacia el frente a un futuro desconocido. Lo había hecho toda la vida, pero hoy resultaba ridículo caminar hacia delante.
Encontré la solución mientras Culture Club dejaba una cierta melancolía en mis brazos alzados como un dios. A partir de ahora caminaría de lado, con un ojo en el pasado y el otro en el futuro. Pensé que sería más fácil si fuese un ave, pues podría avanzar sin perder de vista ninguno de mis planos de la existencia. Y así fue como decidí que debía echar a volar. Abrí la ventana, salté al vacío, aspiré el aire puro y pié con todas mis fuerzas: ¡Lombrices!
Di marcha atrás por el salón y me pareció descubrir por primera vez los marcos de fotos de la pared de la cocina. Sonreí a mi madre, a mi tía, a mi prima y a mí misma, esperando que se manifestara el primer error del pasado para llevar a cabo la misión que me había encomendado. Llegó el primer recuerdo, demasiado vergonzoso para escribirlo, para darlo a conocer a los lectores que sois vosotros. Más que error, era un recuerdo de una molestia existencial, así que dejé de pensar en ello y seguí dando marcha atrás.
Llegué a la sala pensativa y valiente, juguetona y divertida con aquel paseo dentro de la existencia que me hacía vivir dichas nuevas en vez de llevarme a lo ya vivido. Decidí escuchar de espaldas la canción que me persigue este mes.
Abrí los brazos en posición de crucifixión y me moví al instante con picardía y hacia atrás a un son conocido en un baile totalmente devorador y nuevo que sonaba hacia delante mientras yo daba marcha atrás en el tiempo. “You string along, you string along”. El pasado volvió y me trajo la imagen de un cuerpo en posición de crucifixión, caminando hacia atrás mientras explicaba la historia de aquel pueblo que caminaba hacia atrás hacia el futuro de cara al pasado, pues pensaba que el presente y el pasado es lo único que tenemos. Pensé si el futuro me haría tropezar con la mecedora igual que ocurrió en mi casa y pensé que sí. Tropezaría si seguía queriendo retocar el pasado. Sin embargo, no me veía preparada para darle la espalda al pasado, con sus errores y aciertos, y caminar hacia el frente a un futuro desconocido. Lo había hecho toda la vida, pero hoy resultaba ridículo caminar hacia delante.
Encontré la solución mientras Culture Club dejaba una cierta melancolía en mis brazos alzados como un dios. A partir de ahora caminaría de lado, con un ojo en el pasado y el otro en el futuro. Pensé que sería más fácil si fuese un ave, pues podría avanzar sin perder de vista ninguno de mis planos de la existencia. Y así fue como decidí que debía echar a volar. Abrí la ventana, salté al vacío, aspiré el aire puro y pié con todas mis fuerzas: ¡Lombrices!
2009/05/19
Prada y la mano
Prada era una sencilla hoja que pendía con gran ligereza de una de las ramas más cercanas al suelo. Quizás por ello su atención recaía en numerosas ocasiones en los paseantes de la avenida y, en general, en todo ser animado de los que poblaban su entorno. También aspiraba el aire con gran entusiasmo, olía el abanico de aromas de la estación veraniega, se bañaba en las gotas de rocío y de lluvia que alzaban su espíritu al de una diosa y recogía los incontables sonidos que cercaban su espacio natural. Después de mucho escarceo con la brisa y el vientecillo de verano, aprendió a bailar con una gracia sin par y se balanceaba coqueta con una carcajada insonora que exaltaba sus colores.Un buen día una mano llamó su atención. Había visto muchas manos similares, pero ésta en concreto la magnetizó y provocó la aparición de una mancha rosada en su nervadura, como una herida de mil sentimientos desordenados. La mano se detuvo frente a ella y le pareció que se le detenía la savia, presintiendo su tacto cercano.
La espera del acercamiento la azoraba y la alegraba por dentro. Los dedos se aproximaron lentamente, con un halo que prometía pasión humana. Sintió un roce ligero, casi imperceptible, y supo que había abandonado su realidad y había pasado a convertirse en amor puro y vibrante en un mundo inquietante y apaciguador. Un hilo rojo invisible fue creciendo entre Prada y la mano que la había tocado.Todo habría seguido el curso normal de los acontecimientos amorosos a los que estamos acostumbrados los humanos si no perteneciese la hoja a un mundo ajeno a todo lo que denominamos “normal”. Por ello, numerosos fenómenos comenzaron a sucederse entre sí, todos ellos desencadenados por los celos del más poderoso de los elementos del mundo de Prada: el viento. Al ver aquel gesto de amor tan puro y tan natural, al identificar el hilo prohibido, comenzó a rugir y a azotar sin piedad las ramas del árbol que alojaba a Prada. Los bramidos del viento convirtieron el baile de la hoja en un balanceo frenético, en una lucha a muerte para evitar su desprendimiento de la rama.
Mientras tanto, la mano observaba la escena perpleja, sin saber qué hacer. Veía sufrir a su hoja y no entendía las reglas de este mundo al cual pertenecía Prada. Quería ayudarla, pero no sabía cómo. Comenzó a moverse nerviosa, a abrirse y cerrarse, a cansarse, a dibujar puños en el aire y a esgrimir objetos.
La hoja descubría nuevas facetas de la mano que distaban de la ternura que había presentido en ella, pero el rojo hilo invisible de aquella poderosa atracción seguía presente. El viento no quería que la mano se acercase a Prada y la mano no cejaba en su empeño de encontrar una solución. Amaba aquella hoja y buscaba el modo de combatir este desatino del destino. No podía dejar que muriese.Pasaron los días. La mano aparecía día tras día bajo un temporal de muerte, poniendo en peligro su propia vida a fin de visitar a la hoja y ver si todavía seguía existiendo. El viento seguía agitándola, pero Prada resistía sus embates. Un día la mano pensó haber encontrado la solución a la amenaza del viento. Aquella gran idea sería su gran destrucción, pero la mano no lo sabía. Trajo una bolsa de plástico de una casa y la colocó amorosamente alrededor de Prada. La hoja intentó disuadir a la mano, advertirla del daño que traería consigo su acción, pero la mano no entendía el lenguaje de aquel mundo. Prada dejó de sufrir a causa del viento y también dejó de percibir los aromas, los sonidos y las visiones que la hacían sentirse viva.
La bolsa la separaba del hilo rojo, de su mundo, de sí misma. Dejó de conocerse e inventarse. Dejó de sonreír coqueta y de bailar con los elementos. La bolsa la estaba sofocando y aquella mano, que una vez había visto elevarse al aire en forma de puño, se le apareció como un carcelero. Sus sensaciones estaban tan diluidas dentro de aquella maldita bolsa que ya no encontraba señales de atracción ni amor por aquella mano, aquella mano distinta a las demás, que había llamado su atención.
Sólo cuando la mano vio a Prada enrojecer dentro de la bolsa y sólo cuando ésta se desprendió del árbol, sólo entonces comprendió que la bolsa protectora la había ahogado.
2009/04/28
La “Funky Seomra”
Numerosos desconocidos se unieron gracias al poder de la música y construyeron un tren humano que vibró en el salón de baile con la energía de los dioses que creó la fiesta funky
Aquel sábado por la noche sería como otro sábado cualquiera sino supiera que era el tercero del mes y eso significaba asistir a la Funky Seomra en un local de Dublín. En esta fiesta funky habría música de diferentes estilos, espacio para bailar, cojines y puffs donde descansar y tomarse un té relajado o algún zumo, o incluso una ensalada o alguno de los deliciosos postres caseros. Habría juegos de mesa, hullahops, globos, decoraciones fantasmales y animaciones visuales de gran poder evocativo. Y, sobre todo, habría personas diferentes que no se avergonzarían de mostrar su diferencia en la pista de baile, aunque no hubiese alcohol ni drogas en el local.
Es difícil escribir algo sobre esta fiesta porque cada vez que asisto es distinta. He ido cuatro veces y las cuatro veces he vivido una experiencia diferente y única.
(Flor)
Lo que más me impresiona de la Funky Seomra es su elemento unificador; el saber que volveré a casa con una gran alegría, fruto de una misteriosa comunión.
(Árbol)
Aquel sábado volvían a estar allí mis dos fieles compañeras de baile libre y el alegre muchacho que se nos había unido hacía dos sábados de fiesta. Los cuatro nos mezclábamos con los demás de la sala, nos íbamos de paseo a explorar otra zona y bailar con otros amigos, nos reencontrábamos y teatrizábamos piezas musicales exóticas con mucho humor. A veces nos uníamos a algún tren creado con espontaneidad. Otras creábamos nosotros algún baile o movimiento espontáneo e invitábamos a otros a unirse. La música nos reavivaba, el calor humano nos reconfortaba, el agua envasada nos reponía.
La Funky Seomra es otro mundo, se parece mucho a una discoteca, pero a veces recuerda a las memorables fiestas de pueblo o incluso a los bailes de boda. Es tan familiar.
(Tierra)
Quería encontrar un lugar donde no me sintiese un bicho raro por no apetecerme beber unas copas en el país de la Guinness. Lo he encontrado y es algo especial.
(Vida)
Aquel sábado como todos, después de bailar y recrearnos en un ambiente sano, familiar y entrañable, nos preparamos para despedir la noche a la 1h de la mañana con el típico baile que en nuestro grupillo llamamos "de las hadas". Como posesos por un poder musical inefable, creamos entre todos los asistentes un círculo de cuerpos danzantes en espirales de vida y energía. Como indios alrededor de una invisible lumbre al aire libre, descubrimos la fuerza de nuestro interior y de la unión con los demás a través de un baile que nos convertía en dioses por una noche, en hadas mágicas de un mundo hermoso.
La Funky Seomra no se puede expresar
con palabras. Hay que vivirla para sentir sin drogas ni alcohol la alegría de ser humano.
(Amor)
http://www.dancefree.ie/
Aquel sábado por la noche sería como otro sábado cualquiera sino supiera que era el tercero del mes y eso significaba asistir a la Funky Seomra en un local de Dublín. En esta fiesta funky habría música de diferentes estilos, espacio para bailar, cojines y puffs donde descansar y tomarse un té relajado o algún zumo, o incluso una ensalada o alguno de los deliciosos postres caseros. Habría juegos de mesa, hullahops, globos, decoraciones fantasmales y animaciones visuales de gran poder evocativo. Y, sobre todo, habría personas diferentes que no se avergonzarían de mostrar su diferencia en la pista de baile, aunque no hubiese alcohol ni drogas en el local.
Es difícil escribir algo sobre esta fiesta porque cada vez que asisto es distinta. He ido cuatro veces y las cuatro veces he vivido una experiencia diferente y única.(Flor)
Lo que más me impresiona de la Funky Seomra es su elemento unificador; el saber que volveré a casa con una gran alegría, fruto de una misteriosa comunión.
(Árbol)
Aquel sábado volvían a estar allí mis dos fieles compañeras de baile libre y el alegre muchacho que se nos había unido hacía dos sábados de fiesta. Los cuatro nos mezclábamos con los demás de la sala, nos íbamos de paseo a explorar otra zona y bailar con otros amigos, nos reencontrábamos y teatrizábamos piezas musicales exóticas con mucho humor. A veces nos uníamos a algún tren creado con espontaneidad. Otras creábamos nosotros algún baile o movimiento espontáneo e invitábamos a otros a unirse. La música nos reavivaba, el calor humano nos reconfortaba, el agua envasada nos reponía.
La Funky Seomra es otro mundo, se parece mucho a una discoteca, pero a veces recuerda a las memorables fiestas de pueblo o incluso a los bailes de boda. Es tan familiar.(Tierra)
Quería encontrar un lugar donde no me sintiese un bicho raro por no apetecerme beber unas copas en el país de la Guinness. Lo he encontrado y es algo especial.
(Vida)
Aquel sábado como todos, después de bailar y recrearnos en un ambiente sano, familiar y entrañable, nos preparamos para despedir la noche a la 1h de la mañana con el típico baile que en nuestro grupillo llamamos "de las hadas". Como posesos por un poder musical inefable, creamos entre todos los asistentes un círculo de cuerpos danzantes en espirales de vida y energía. Como indios alrededor de una invisible lumbre al aire libre, descubrimos la fuerza de nuestro interior y de la unión con los demás a través de un baile que nos convertía en dioses por una noche, en hadas mágicas de un mundo hermoso.
La Funky Seomra no se puede expresarcon palabras. Hay que vivirla para sentir sin drogas ni alcohol la alegría de ser humano.
(Amor)
http://www.dancefree.ie/
2009/04/07
El músico
Véase la primera parte: En busca de la felicidad
El refugio más cercano era el arco de piedra del complejo de la Catedral que da entrada a la Azabachería y hacia él se dirigió el Sr. Orato antes de empaparse del todo. La música se hizo más intensa o quizás comenzó a sonar. Un joven veinteañero, sin duda extranjero, dejaba que una guitarra recordase los clásicos de su país de origen. El músico era pésimo, pero los acordes atraían la atención de los desdichados transeúntes que caminaban al trabajo. En lugar de sombrero, el joven utilizaba un pañuelo estampado como recaudador de los debidos impuestos de entretenimiento callejero. El Sr. Orato contuvo su indignación con una mueca indescifrable. No sólo le irritaba que este joven destrozase las cuerdas de aquella guitarra, sino que además no podía aceptar el modo en que su pañuelo dejaba que las monedas se mezclasen con el empedrado de forma desordenada. El jovenzuelo aquél no exhibía ningún orden, ningún decoro. Llevaba una camisa holgada con motivos indios con unos pantalones a rayas de múltiples colores, el pelo largo, las gafas sucias y un pendiente en el orificio izquierdo de la nariz. El Sr. Orato se enfureció ante tal falta de gusto. Y al mismo tiempo, sin saber cómo ni por qué, reparó en que se veía reflejado en aquel muchacho y sintió una gran ternura hacia él mezclada con ciertos toques de melancolía. Era tal el poder de ambos sentimientos que el Sr. Orato decidió que había llegado el momento de actuar y dejarse de vivir la vida como mero espectador. Tenía que conseguir que aquel pobretón dejase de torturar a los clásicos.
-- Oye, chaval, ¿de dónde eres?
La música se detuvo con una sonrisa irónica escondida tras los ojos del Sr. Orato, que ahora tenía la cartera en la mano. Extendió un billete de cinco euros y lo situó en el centro del pañuelo, colocando las pocas monedas visibles por los bordes a modo de muralla. Mientras tanto, seguía hablando con el extranjero.
-- Estoy irlandés
"Estoy irlandés” – pensó el Sr. Orato. Este jovenzuelo no sabe ni cómo hablar en cristiano.
-- Yo soy de aquí ¿Y cómo va la lucha contra los ingleses?
El irlandés lo miró entre extrañado y dolido, como preguntándose qué querría aquel hombre entrado en años que interrumpía su música y parecía burlarse de su país. El Sr. Orato se sintió azorado. Había herido la sensibilidad del pobre joven, sin lugar a dudas. Y es que sus cincuenta y tantos suponían una brecha generacional difícil de superar. La culpabilidad era una emoción desconocida para aquel explorador en busca de la felicidad, pero comenzó a aparecer dentro de su cuerpo y el Sr. Orato, que había descubierto aquella mañana que tenía sentimientos que podía vivir con una profundidad entre dolorosa y placentera, comenzó a sentirse muy cansado, enfadado consigo mismo por haberse burlado de aquel rapaz, pobre inocente objeto de su desconocida ira. Quería reparar el daño, pero no sabía cómo….Su cuerpo actuó por él. Se apoderó de la guitarra y comenzó a afinar el instrumento, mientras preguntaba al músico qué le traía por Santiago. Éste pareció relajarse y el Sr. Orato se tranquilizó a su vez, redimido de su pequeña falta.
-- Yo vengo de pequeño pueblo, de la costa, cerca de Cork, ¿conoces? Acabé estudiar en junio y quiero conocer España, vivir un poquito antes de empezar trabajo. Aún soy pequeño, quiero disfrutar la vida. Cerveza muy buena aquí - echó una carcajada -- ¿Dónde aprendiste a tocar?
-- No sé
El Sr. Orato soltó la guitarra despavorido. Estaba tocando como un profesional y no se acordaba de haberlo hecho nunca. Su pasado se le aparecía como un sueño en el cual las horas pasaban tras la mesa de una oficina, las comidas y las cenas a solas, sus horas frente al televisor, las infrecuentes visitas a los familiares y su pulcritud de caballero santiagués. Aquella pregunta le despertó otra vida dentro de sí que no recordaba bien, pero inspiraba terror y un insano malestar, melancolía también, otra vez. El mundo, su mundo, pareció tambalearse por un momento. La guitarra parecía haberse apoderado de él o quizás su cuerpo se había apoderado de él y sabía más de sí que él mismo. Se asustó hasta el terror y comenzó a temblar. Le devolvió la guitarra al irlandés y se miró las manos con recelo. No había lugar a dudas, se estaba volviendo loco. Para compensar su inquietud, su introversión, su torpeza y el repentino ataque de angustia que no podía ocultar a los ojos de aquel joven, tomó el pañuelo y vació las monedas en su sombrero.
-- Te dejo eso ahí. Tengo que irme – murmuró o al menos pensó que murmuraba.
Mientras tanto, el cielo se había despejado y la mañana primaveral creaba un arco iris memorable que pasó desapercibido al Sr. Orato, perdido dentro de sí, concentrado en aquel incipiente recuerdo de una existencia distinta a la recordada con claridad aquella mañana. Desesperado a sabiendas de que existía algo dentro de sí que no alcanzaba a reconocer, se encaró con San Martín Pinario y proclamó con viva determinación: “Déjame encontrar la mariposa; quiero recordar" Y calló de rodillas pues sus palabras lo habían sorprendido y asustado a un tiempo. De nuevo las lágrimas brotaron de su interior y, mientras lloraba, suplicó con ambas manos en forma de ruego, sin perder de vista la fachada de San Martín Pinario. Poco a poco volvió la tranquilidad. Y ahora sí, vio el arco iris y sintió aquella nueva dicha dentro de sí. Algún día…
(Continuará...quizás)
El refugio más cercano era el arco de piedra del complejo de la Catedral que da entrada a la Azabachería y hacia él se dirigió el Sr. Orato antes de empaparse del todo. La música se hizo más intensa o quizás comenzó a sonar. Un joven veinteañero, sin duda extranjero, dejaba que una guitarra recordase los clásicos de su país de origen. El músico era pésimo, pero los acordes atraían la atención de los desdichados transeúntes que caminaban al trabajo. En lugar de sombrero, el joven utilizaba un pañuelo estampado como recaudador de los debidos impuestos de entretenimiento callejero. El Sr. Orato contuvo su indignación con una mueca indescifrable. No sólo le irritaba que este joven destrozase las cuerdas de aquella guitarra, sino que además no podía aceptar el modo en que su pañuelo dejaba que las monedas se mezclasen con el empedrado de forma desordenada. El jovenzuelo aquél no exhibía ningún orden, ningún decoro. Llevaba una camisa holgada con motivos indios con unos pantalones a rayas de múltiples colores, el pelo largo, las gafas sucias y un pendiente en el orificio izquierdo de la nariz. El Sr. Orato se enfureció ante tal falta de gusto. Y al mismo tiempo, sin saber cómo ni por qué, reparó en que se veía reflejado en aquel muchacho y sintió una gran ternura hacia él mezclada con ciertos toques de melancolía. Era tal el poder de ambos sentimientos que el Sr. Orato decidió que había llegado el momento de actuar y dejarse de vivir la vida como mero espectador. Tenía que conseguir que aquel pobretón dejase de torturar a los clásicos.
-- Oye, chaval, ¿de dónde eres?
La música se detuvo con una sonrisa irónica escondida tras los ojos del Sr. Orato, que ahora tenía la cartera en la mano. Extendió un billete de cinco euros y lo situó en el centro del pañuelo, colocando las pocas monedas visibles por los bordes a modo de muralla. Mientras tanto, seguía hablando con el extranjero.
-- Estoy irlandés
"Estoy irlandés” – pensó el Sr. Orato. Este jovenzuelo no sabe ni cómo hablar en cristiano.
-- Yo soy de aquí ¿Y cómo va la lucha contra los ingleses?
El irlandés lo miró entre extrañado y dolido, como preguntándose qué querría aquel hombre entrado en años que interrumpía su música y parecía burlarse de su país. El Sr. Orato se sintió azorado. Había herido la sensibilidad del pobre joven, sin lugar a dudas. Y es que sus cincuenta y tantos suponían una brecha generacional difícil de superar. La culpabilidad era una emoción desconocida para aquel explorador en busca de la felicidad, pero comenzó a aparecer dentro de su cuerpo y el Sr. Orato, que había descubierto aquella mañana que tenía sentimientos que podía vivir con una profundidad entre dolorosa y placentera, comenzó a sentirse muy cansado, enfadado consigo mismo por haberse burlado de aquel rapaz, pobre inocente objeto de su desconocida ira. Quería reparar el daño, pero no sabía cómo….Su cuerpo actuó por él. Se apoderó de la guitarra y comenzó a afinar el instrumento, mientras preguntaba al músico qué le traía por Santiago. Éste pareció relajarse y el Sr. Orato se tranquilizó a su vez, redimido de su pequeña falta.
-- Yo vengo de pequeño pueblo, de la costa, cerca de Cork, ¿conoces? Acabé estudiar en junio y quiero conocer España, vivir un poquito antes de empezar trabajo. Aún soy pequeño, quiero disfrutar la vida. Cerveza muy buena aquí - echó una carcajada -- ¿Dónde aprendiste a tocar?
-- No sé
El Sr. Orato soltó la guitarra despavorido. Estaba tocando como un profesional y no se acordaba de haberlo hecho nunca. Su pasado se le aparecía como un sueño en el cual las horas pasaban tras la mesa de una oficina, las comidas y las cenas a solas, sus horas frente al televisor, las infrecuentes visitas a los familiares y su pulcritud de caballero santiagués. Aquella pregunta le despertó otra vida dentro de sí que no recordaba bien, pero inspiraba terror y un insano malestar, melancolía también, otra vez. El mundo, su mundo, pareció tambalearse por un momento. La guitarra parecía haberse apoderado de él o quizás su cuerpo se había apoderado de él y sabía más de sí que él mismo. Se asustó hasta el terror y comenzó a temblar. Le devolvió la guitarra al irlandés y se miró las manos con recelo. No había lugar a dudas, se estaba volviendo loco. Para compensar su inquietud, su introversión, su torpeza y el repentino ataque de angustia que no podía ocultar a los ojos de aquel joven, tomó el pañuelo y vació las monedas en su sombrero.
-- Te dejo eso ahí. Tengo que irme – murmuró o al menos pensó que murmuraba.
Mientras tanto, el cielo se había despejado y la mañana primaveral creaba un arco iris memorable que pasó desapercibido al Sr. Orato, perdido dentro de sí, concentrado en aquel incipiente recuerdo de una existencia distinta a la recordada con claridad aquella mañana. Desesperado a sabiendas de que existía algo dentro de sí que no alcanzaba a reconocer, se encaró con San Martín Pinario y proclamó con viva determinación: “Déjame encontrar la mariposa; quiero recordar" Y calló de rodillas pues sus palabras lo habían sorprendido y asustado a un tiempo. De nuevo las lágrimas brotaron de su interior y, mientras lloraba, suplicó con ambas manos en forma de ruego, sin perder de vista la fachada de San Martín Pinario. Poco a poco volvió la tranquilidad. Y ahora sí, vio el arco iris y sintió aquella nueva dicha dentro de sí. Algún día…(Continuará...quizás)
2009/03/17
Un año más celebramos el día de San Patrick
Desde Dublín, Irlanda
Voy a dejar a un lado las celebraciones de los demás días, que han ido aumentando en los últimos años, para centrarme en el día más esperado, el de San Patrick o San Patricio, en el cual numerosos irlandeses y muchos extranjeros se atavían con colores verdes y naranjas: enormes sombreros, gafas con el símbolo del trébol, caras pintadas con banderas y más tréboles, fulares, pelucas pelirrojas, barbas, barrigas de bebedores de cerveza; lo inimaginable convertido en símbolo del irlandés típico, pero siempre en los mismos colores, verde y naranja, para salir a la calle a celebrar un año más la existencia de este Santo, conocido entre los irlandeses por haber liberado a la isla de las serpientes.
Lo más típico en este día y algo en lo que muchos irlandeses han perdido el interés es ir al desfile de San Patrick. Suele empezar a las 12h de la mañana, hora irlandesa, decía una amiga de este país, es decir, unos minutos más tarde de las 12h para no romper la tradición de la poca puntualidad de estos isleños. Este año el sol nos saludó desde la mañana y por primera vez en su vida muchos irlandeses pudieron asistir al desfile sin los habituales abrigos.

En los últimos años el desfile parecía haber mejorado; había carrozas impresionantes, gigantescos globos, animación continua, la gente reía, pitaba, gritaba.

Este año se nota la crisis hasta en el ambiente festivo del día de San Patricio: casi no nos enteramos de cuándo empezó el desfile y desde luego no nos dimos cuenta de cuándo acabó hasta que la gente empezó a tomar las calles. No hubo una presentación y un cierre espectaculares.

Y la gente no tenía ganas de participar; no hubo gritos, ni palmoteos, ni pitidos. Estuvo más bien soso. Habrá que probar suerte el año próximo.

La fiesta continúa en los pubs, donde se encuentran la mayoría de los irlandeses. Allí me dirigí con mi pequeña comitiva después de degustar un plato típico irlandés (“Irish stew”) en uno de los cafés locales.

La música en directo, las canciones tradicionales, la cerveza verde o negra o rubia, las pelucas, los atuendos múltiples ya mencionados y los colores constantes del día, verde y naranja, adornan los pubs y nos desean una feliz celebración hasta el año que viene. El desfile no ha sido de los mejores, pero celebrar este día ha valido la pena. Hip!!
Voy a dejar a un lado las celebraciones de los demás días, que han ido aumentando en los últimos años, para centrarme en el día más esperado, el de San Patrick o San Patricio, en el cual numerosos irlandeses y muchos extranjeros se atavían con colores verdes y naranjas: enormes sombreros, gafas con el símbolo del trébol, caras pintadas con banderas y más tréboles, fulares, pelucas pelirrojas, barbas, barrigas de bebedores de cerveza; lo inimaginable convertido en símbolo del irlandés típico, pero siempre en los mismos colores, verde y naranja, para salir a la calle a celebrar un año más la existencia de este Santo, conocido entre los irlandeses por haber liberado a la isla de las serpientes.
Lo más típico en este día y algo en lo que muchos irlandeses han perdido el interés es ir al desfile de San Patrick. Suele empezar a las 12h de la mañana, hora irlandesa, decía una amiga de este país, es decir, unos minutos más tarde de las 12h para no romper la tradición de la poca puntualidad de estos isleños. Este año el sol nos saludó desde la mañana y por primera vez en su vida muchos irlandeses pudieron asistir al desfile sin los habituales abrigos.
En los últimos años el desfile parecía haber mejorado; había carrozas impresionantes, gigantescos globos, animación continua, la gente reía, pitaba, gritaba.
Este año se nota la crisis hasta en el ambiente festivo del día de San Patricio: casi no nos enteramos de cuándo empezó el desfile y desde luego no nos dimos cuenta de cuándo acabó hasta que la gente empezó a tomar las calles. No hubo una presentación y un cierre espectaculares.
Y la gente no tenía ganas de participar; no hubo gritos, ni palmoteos, ni pitidos. Estuvo más bien soso. Habrá que probar suerte el año próximo.
La fiesta continúa en los pubs, donde se encuentran la mayoría de los irlandeses. Allí me dirigí con mi pequeña comitiva después de degustar un plato típico irlandés (“Irish stew”) en uno de los cafés locales.
La música en directo, las canciones tradicionales, la cerveza verde o negra o rubia, las pelucas, los atuendos múltiples ya mencionados y los colores constantes del día, verde y naranja, adornan los pubs y nos desean una feliz celebración hasta el año que viene. El desfile no ha sido de los mejores, pero celebrar este día ha valido la pena. Hip!!
2009/02/24
Vicky Cristina Barcelona
Todos buscamos lo mismo pero no todos lo encontramos en la misma forma de vida y algunos nunca lo encontramos; otros lo encontramos y luego lo perdemos; otros lo encontramos y lo conservamos durante mucho tiempo; aunque creo que la mayoría andamos dando tumbos por la vida y a veces ésta nos sorprende a algunos y acabamos en el lugar donde queríamos estar desde un principio sin saber cómo y sin necesidad de buscarlo. Lo encontramos por accidente o siguiendo la ley del wu wei: "acción sin acción".
En la película dos norteamericanas, Vicky y Cristina, se van a Barcelona a pasar unos días. Vicky parece tener muy claro qué quiere hacer con su vida; Cristina no tiene ni idea, pero está dispuesta a experimentar. Ambas evolucionan en la película y aprenden de su interacción con una simpática pareja de pintores. Los pintores, Juan Antonio y María Elena (Javier Bardem y Penélope Cruz), están divorciados pero mantienen una extraña amistad. La película explora de forma superficial y divertida, como lo suelen hacer las películas de Woody Allen, las diversas formas de vivir el amor.
Vicky pone a prueba la forma de vida que ha elegido y se arriesga a perderla para descubrir que, en efecto, estaba en lo cierto y esa era la vida que siempre había deseado. Aunque de las dos historias paralelas, ésta es la más tratada en la tradición cinematográfica.
La historia de Cristina es quizás más interesante por su novedad. A más de un corazón tradicional le producirá repelús el trío amoroso que forman los pintores con Cristina, pero si nos distanciamos de nuestra vida, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, quizás podamos reconocer el enorme valor que supone explorar una forma de vida que se sale de la norma. Cristina no sabe qué desea de la vida y tanto Juan Antonio como María Elena no saben el porqué del fracaso de su matrimonio, pero todos ellos se atreven a poner a prueba un experimento de amor a tres, en el cual todo parecer tener una cierta armonía. ¿Durará eternamente?
Los celos, el desamor, la incertidumbre, la tentación, la amistad y el amor, temas favoritos de Woody Allen aparecen entre los idílicos escenarios de Barcelona y Oviedo, tras la belleza de unos cuadros sugerentes y el acompañamiento de los sones de una guitarra tradicional.
Curiosamente hace no mucho tiempo tuve la oportunidad de leer un libro en el cual se ofrece una recopilación de las experiencias de varios matrimonios (y otras parejas) que han superado la prueba de los años. Vicky Cristina Barcelona me recordó a algunas de las historias del libro. Si os interesa el tema, la obra es “El matrimonio y sus alternativas” de Carl Rogers. Son historias reales de personas que han vivido en distintos tipos de relaciones: unas exploraron el amor fuera de la pareja; otras crearon comunas con diversas relaciones entre sus miembros; otras vivieron algún fracaso en sus primeros (o segundos) matrimonios y aprendieron de sus errores para alcanzar un matrimonio más acorde con lo que necesitaban. Es un libro interesante porque muestra el valor de ciertas personas por experimentar con la vida y por no dejarse llevar por la mentalidad de cordero que abunda, por crecer dentro o fuera de su vínculo afectivo y por ser tolerantes con el camino de crecimiento que elija su pareja. Es un libro que anima a aquellas personas que no saben lo que quieren, como Cristina, a lanzarse al escenario de la vida y a probar nuevas experiencias.
Ahora coloquemos un vídeo más tradicional, que sin duda nos hará reír después de estos comentarios y, sobre todo, si hemos visto la película de Woody Allen.
En la película dos norteamericanas, Vicky y Cristina, se van a Barcelona a pasar unos días. Vicky parece tener muy claro qué quiere hacer con su vida; Cristina no tiene ni idea, pero está dispuesta a experimentar. Ambas evolucionan en la película y aprenden de su interacción con una simpática pareja de pintores. Los pintores, Juan Antonio y María Elena (Javier Bardem y Penélope Cruz), están divorciados pero mantienen una extraña amistad. La película explora de forma superficial y divertida, como lo suelen hacer las películas de Woody Allen, las diversas formas de vivir el amor.
Vicky pone a prueba la forma de vida que ha elegido y se arriesga a perderla para descubrir que, en efecto, estaba en lo cierto y esa era la vida que siempre había deseado. Aunque de las dos historias paralelas, ésta es la más tratada en la tradición cinematográfica.La historia de Cristina es quizás más interesante por su novedad. A más de un corazón tradicional le producirá repelús el trío amoroso que forman los pintores con Cristina, pero si nos distanciamos de nuestra vida, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, quizás podamos reconocer el enorme valor que supone explorar una forma de vida que se sale de la norma. Cristina no sabe qué desea de la vida y tanto Juan Antonio como María Elena no saben el porqué del fracaso de su matrimonio, pero todos ellos se atreven a poner a prueba un experimento de amor a tres, en el cual todo parecer tener una cierta armonía. ¿Durará eternamente?
Los celos, el desamor, la incertidumbre, la tentación, la amistad y el amor, temas favoritos de Woody Allen aparecen entre los idílicos escenarios de Barcelona y Oviedo, tras la belleza de unos cuadros sugerentes y el acompañamiento de los sones de una guitarra tradicional.
Curiosamente hace no mucho tiempo tuve la oportunidad de leer un libro en el cual se ofrece una recopilación de las experiencias de varios matrimonios (y otras parejas) que han superado la prueba de los años. Vicky Cristina Barcelona me recordó a algunas de las historias del libro. Si os interesa el tema, la obra es “El matrimonio y sus alternativas” de Carl Rogers. Son historias reales de personas que han vivido en distintos tipos de relaciones: unas exploraron el amor fuera de la pareja; otras crearon comunas con diversas relaciones entre sus miembros; otras vivieron algún fracaso en sus primeros (o segundos) matrimonios y aprendieron de sus errores para alcanzar un matrimonio más acorde con lo que necesitaban. Es un libro interesante porque muestra el valor de ciertas personas por experimentar con la vida y por no dejarse llevar por la mentalidad de cordero que abunda, por crecer dentro o fuera de su vínculo afectivo y por ser tolerantes con el camino de crecimiento que elija su pareja. Es un libro que anima a aquellas personas que no saben lo que quieren, como Cristina, a lanzarse al escenario de la vida y a probar nuevas experiencias.
Ahora coloquemos un vídeo más tradicional, que sin duda nos hará reír después de estos comentarios y, sobre todo, si hemos visto la película de Woody Allen.
2009/02/14
El ramo de rosas
Al ver pasar a ramos de flores colgados de hombres y mujeres, recuerdo un episodio verídico que viví hace más de diez años….
Soneto XXIII
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena,
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
(Garcilaso de la Vega)
Perdonad este inciso, que se me va la cabeza con tanta melancolía y tanto enamoramiento. Volvamos al episodio verídico.
Hace muchos años paseaba con por aquel entonces mi "amigo" y una de mis mejores amigas en una noche preciosa por las calles de una de las ciudades más mágicas de Europa: Estrasburgo. La luna escuchaba nuestros pasos por las calles empedradas, mientras el canal mostraba su reflejo y la casaba en la iglesia de Saint Paul. Nuestras risas se mezclaban con el silencio de un anochecer lleno de posibilidades.
De repente vimos a un grupo parejo venir hacia nosotros. Uno de los chicos llevaba un gran ramo de rosas en los brazos. Todos nos fijamos en él, cargando orgulloso con su precioso regalo. Lo que no nos esperábamos fue lo que ocurrió a continuación. Se paró en seco delante de mí y me ofreció el ramo con una sonrisa. Y, así, sin más, sin darme ni un momento para darle las gracias ni casi respirar, el grupo desapareció tal y como había aparecido en la noche mágica de Estrasburgo.
Evidentemente todo aquello nos pareció de lo más gracioso y seguimos riéndonos con ganas. A mí se me hacía raro caminar con aquel ramo en la mano, pero me sentía orgullosa de haber sido elegida. En uno de los puentes sobre el canal, las posibilidades de la noche se mostraron en todo su esplendor. Un grupo parejo al nuestro se nos acercaba. Animada por las voces de mis amigos y medio decidida, escogí a uno de los chicos del grupo y le planté el ramo de flores en los brazos sin darle tiempo a darme las gracias ni casi respirar.
En San Valentín siempre recuerdo la historia de aquel ramo de rosas y me pregunto qué ocurriría después, si aquel chico lo pasaría a su vez a otra persona y aquella a su vez a otra. También me imagino que vuelve a ocurrir, que un ramo vuelve a pasar de mano en mano en tal día como hoy y que no queda nadie sin saborear la alegría del regalo y del amor en el día de los enamorados, que también puede ser de los enamorados de la vida, como una presente.
No olvidemos a Garcilaso y disfrutemos de este día. ¡Carpe Diem!
2009/02/03
En busca de la felicidad
El Sr. Orato se levantó un día resuelto a encontrar la felicidad. Era un propósito que había fraguado en las alas de Morfeo y que, en lugar de elevarlo, como cabría de esperar en tales vuelos cósmicos, lo habían sumido en la más mísera depresión matutina. Pero el Sr. Orato era un hombre de recursos, aunque algo convencional. Había vivido siempre atado a un pañuelo de seda, a una posición equilibrada en un trabajo gris, a la soledad de un corazón desatendido y al desdén por aquellos que se hacían preguntas innecesarias sobre la existencia. Y he aquí que se hallaba ahora, después de tantos años sin deseos por satisfacer, asediado por esta repentina obsesión. Necesitaba dar con el paradero de la felicidad, que se había manifestado en su sueño como una mariposa de alas violáceas. Extraño presagio, dirían los dotados para la adivinación. Interesante mensaje del subconsciente, afirmarían las almas freudianas. Bobadas, resolverían los escépticos.Cuando el Sr. Orato se proponía algo, no había ser en este planeta, ni obligación, ni moral capaz de detenerlo. Por ello, trazó un plan para ese día que culminaría en el ineludible encuentro con el famoso ente conocido como la felicidad. Llamó al trabajo para pedir el día libre aludiendo asuntos personales de extremada importancia; husmeó su armario buscando un atuendo acorde con la misión que lo esperaba en las calles de Santiago y, tras dudar durante unos segundos, se vistió el traje de explorador de su abuelo. Si la felicidad era una mariposa, sólo necesitaba un cazamariposas para que esta vestimenta fuese perfecta: casco quijotesco, pantalones bombachos, camisa descolorida, que se remangó cuidadosamente, y por último unas botas todoterreno. Las botas no eran su número, así que volvió a conocer un instante de inexplicable desolación. Y una duda se coló en el hueco existente entre sus dedos y la punta de las botas: ¿y si no encontraba la felicidad? Aquello lo hundió en la más desdichada de las muecas faciales que jamás había visto en su impecable espejo tallado.
Salió a la plaza de la catedral sopesando si el dolor que sentía en el pecho correspondía a la indigestión del desayuno rápido engullido en uno de los bares o a un mal mayor de carácter desconocido relacionado con su amargura particular. Agarró con ambas manos su cámara de fotos que, a falta de binoculares, completaba su atavío y masajeó disimuladamente su pectoral sin dejar de preguntarse las cuestiones más insólitas sobre su vida. En ese momento una imagen llamó su atención y hubo de sentarse petrificado en uno de los bancos de piedra de la plaza. El gran edificio de la catedral se mezclaba con el cielo y posaba majestuoso entre besos de rayos violáceos que se tornaban amarillos. Piedra oscurecida por la falta de luz del día; rayos tímidos del amanecer; caricias de amante. Y sus mejillas estremeciéndose de placer ante el calor de su propia agua salada. Dejó correr las lágrimas extasiado ante aquella hermosura. La cámara de fotos seguía colgada a su pecho, pero tal era la cantidad de sentimientos que asaltaban el corazón del Sr. Orato que aquel detalle le parecía superfluo en comparación con la inmensidad de lo que estaba experimentando.
Al tanto sus lágrimas se mezclaron con otros elementos acuosos procedentes del desconocido cielo. Había comenzado a llover y el Sr. Orato se relamía y saboreaba la lluvia como un loco. Levantaba los brazos y saltaba con auténtico gozo infantil. Sin percatarse de lo que lo rodeaba, se movía de un lado a otro, saltaba, reía, lloraba y se olvidaba de su propósito de la mañana, perdido en el momento aquel de sentirlo todo. Por fin después de cuarenta y pico años insípidos, había comenzado a vivir y aquel era su bautizo a esta vida, regalo de la mariposa. Al rato, comenzó a sentir cierta intranquilidad de nuevo y al observar las miradas de incomprensión y de burla de los transeúntes, adquirió una sospecha sobre sí mismo: estaba volviéndose loco. Y el terror comenzó a apoderarse de todo su ser. Y, mientras sentía el temor ante la vida y el que pudiera pensar su hermandad de humanos, mientras su conciencia lo hacía más vulnerable que nunca al ojo ajeno, una dicha particular, extraña, amarilla y violácea por su sabor dulce y amargo, le atrapó las entrañas y le habló telepáticamente de un gran amor que jamás abandonaría su interior.
(Continuará…quizás)
2009/01/13
Desolación
Hoy todo está muerto.Callan los árboles
y la música del ocaso
me vomita dentro.
Hoy se vierte mi tinta.
Huyen los pájaros
y las nubes lloronas
me plantan heridas.
Hoy revienta una puerta.
Se enrarece el aire
y con olor a podrido
el mañana aprieta.
Dolor, aflicción, agonía,
mil tristezas encerradas
en bolsas de basura
que tropiezan sin piedad, dentro.
Dolor, aflicción, demencia,
la acción, la lucha,
el tiempo, el reclamo
de unos velos de tristeza, dentro.
Dentro, libertad
dentro, fuegos, cenizas;
dentro, rodeos, engaños,
historias, mentiras, sueños mi vida…allá dentro.
2009/01/05
Colaboración (VI): Del género bobo
3. «Arrojar la cara importa, que el espejo no hay por qué»

«Hermaanas: no digan Dómine meo, que es un término muy feo; digan Dómine orino, que es un término más fino»
Uno de los muchos puntos que me han acercado al proyecto de UPyD es su defensa, ya desde el manifiesto fundacional, de la meritocracia como vía a la igualdad efectiva. Esta defensa, diametralmente opuesta a toda discriminación por mucha seda positiva con que se vista la mona, figuraba en ese fértil semillero que ha demostrado ser el Manifiesto de Euston para la reforma de la izquierda, donde se critican unas medidas que ya han fracasado en su primer promotor histórico, EEUU. La creación favoritista de pequeñas bolsas privilegiadas dentro de inmensas mayorías desfavorecidas tiende más bien a perpetuar las desigualdades y fomentar envidias, ese factor tan humano. Por todo eso la igualdad real ha descendido siete puestos en España. Pero la política demoscópica que se practica hoy en este viejo país prefiere dar por amortizados a ingentes grupos de población mediante la práctica de favorecer a castas arbitrariamente seleccionadas de «sus representantes», sustrayendo a la acción efectiva recursos que se dilapidan en el culto rendido a ese pensamiento mágico que piensa cambiar la cara rompiendo el espejo. Difícilmente encontraremos una concepción más alejada de la igualdad real que ésa que presupone que a una mujer, por ejemplo, sólo la puede representar otra mujer. A un varón ¿sólo podrá representarlo democráticamente otro varón? Excavar una zanja insalvable entre varones y hembras ¿es igualdad?
Yo no conozco un instrumento mejor que la meritocracia, en las condiciones que más favorezcan la igualdad real, si de verdad se quisiera ir más allá de las medidas cosméticas de cara a la tercera ración del telediario. Pertenecer a un sexo dado nunca constituyó ningún mérito per se, aunque muchas personas evidentemente piensen lo contrario. Preguntada la olvidable ministra de Cultura Carmen Calvo por qué otro Ministerio le gustaría desempeñar, contestó: «Defensa, porque hay muy pocas mujeres», dando inequívocamente a entender que el hecho de que sus méritos acaso no la facultaran para más que tal vez una Comandancia en Caballería de Marina no suponía para ella el menor inconveniente a la hora de asumir algo tan complejo como la Defensa nacional, al menos en comparación con la ventaja que supone pertenecer al menguado porcentaje de afiliadas al PSOE, que de ninguna manera se corresponde democráticamente con el de su representación en los órganos directivos de ese partido, nuevamente por gracia de las llamadas «políticas de igualdad».
No estoy diciendo que sea malo para nadie, ni siquiera para ellas mismas, que Carmen Calvo, o Carme Chacón, sean ministras de Defensa por ser mujeres. Qué sabré yo de estas cosas. Pero indudablemente, igualitario no es. En mi opinión vender que estas políticas promueven efectivamente la igualdad entre los ciudadanos tiene aproximadamente la misma base empírica que creer en los Reyes Magos. Ahora bien, así como para el niño que ya perdió el tesoro de la credulidad fingir que sigue creyéndose el cuento le sirve para seguir recibiendo puntualmente los regalos por Navidad, el sostenimiento de estas supersticiones funciona más que aceptablemente ante la opinión pública española: tras la designación, a modo de gracia otorgada por el Líder Máximo de la progresía oficial, de Carme Chacón como ministra de Defensa, su popularidad y valoración entre los españoles fue alta por el mero hecho de ser la primera mujer que asumía este cargo en España. Pero quizá más significativo demoscópicamente sea el que su popularidad subiera aún más por el mero hecho de volar embarazada a Afganistán, algo absolutamente fuera del alcance de su predecesor en el cargo, así hubiera llevado a bordo otros tres médicos más en el avión para asistirle en lo que necesitara.
Rosa Díez tuvo que recordar algo tan obvio en un funcionario público como que habría que juzgar a la ministra por su desempeño, y no por si era mujer o varón. Tampoco nuestra diputada por Madrid necesitó favores para ser la primera española que se ha sentado en las Cortes bajo con unas siglas cofundadas por ella cinco meses antes. Sí necesitó miles de empujoncitos para sobreponerse a condiciones de flagrante desigualdad y lograr el objetivo de reír después del CIS, luego mejor que él. A día de hoy Su Señoría es la más digna entre los representantes de todos los españoles en el Congreso: ahí quedará su diario de sesiones para dejar constancia de este hecho, junto con la evidencia de que la cacareada igualdad no es para todos, la excluye explícitamente a ella: la apóstata Rosa no es mujer, al menos no como las fieles Cármenes. ¿La Excma. Sra. Carme Chacón? Me parece evidente que abundan candidatos más capacitados para Defensa, muchos de sexo femenino, y que, en condiciones de auténtica igualdad, esa alta cartera la desempeñaría otra persona, probablemente un militar. Pero fuera del Ejército, la Iglesia y el baloncesto profesional, la igualdad se ejerce, no te la otorga tu Jefe a modo de gracia, y menos a razón de cuotas pagadas como premio a una adhesión que se requiere ciega, no bastando la mera aquiescencia.
Comulgar con ruedas de molino no ya por necesidad, sino precisamente porque no hay quien se las trague. ¿Cómo, si no, colar estas patrañas, de claro corte fideísta, so capa de un laicismo impostado? Credo quia absurdum, pues, si no fuera un absurdo, ¿para qué iba nadie a necesitar el nuevo Credo? Tantos como presumen de laicos más bien parecen pretender que abracemos otra fe no tan distinta, en su naturaleza irracional, de las viejas religiones que durante tantos siglos esclavizaron a la humanidad, cumpliendo su cometido como instrumentos de dominación. Porque todo esto no es sólo confusión mental, sino también indicio de un dogmatismo maniqueo, con la voluntad de imposición que siempre caracterizó a quien, pese a blasonar de talante, no concibe que el otro pueda, de buena fe, oponerse a sus unívocos y con frecuencia narcisistas designios respecto del mundo y sus alrededores. Por último, tratándose de ese producto publicitario a base de puro eslogan, esos significantes sin significados que el zapaterismo lanza al mercado como cajas fosforescentes pero vacías, no puede faltar el componente adánico-mesiánico: las supuestas «conquistas de las mujeres» son en realidad un don que les prodiga el Líder, como Él mismo se ocupa de explicar a las revistas del segmento comercial femenino que le sirven de altavoz mediático.
Para estos menesteres nunca faltan el tiempo ni los recursos. Redactar personalmente el prefacio a la llamada Ley de Memoria Histórica. Perorar interminablemente de lo que tras cada encuesta le interese al Gran Farsante y Gran Manipulador, para eludir a todo trance abordar lo que importa, las cuestiones con enjundia real, no propagandística. ¿Por qué, si no, el género de igualdad en boga iba a afanarse tanto en algo tan bizantino y estéril para la igualdad efectiva como andar persiguiendo patética y un poco neuróticamente a todas y cada una de esas oes ominosas que andan por ahí sueltas, para asegurarse de que ninguna se quede sin su rabito? El feminismo como arroba. Qué estragos, los de ese síndrome de madrastra de Blancanieves, como podríamos llamar al afán en arrojar el espejo por la ventana cuando osa decirnos que sólo somos la segunda más guapa del mundo. A este género de igualdad le cuadra la expresión irónica que tantas veces he oído a mi Sra. madre, como cuando le hacía tan mal los recados que me decía:
—Hijo: eres del género bobo.
Hoy el género bobo es esa perversión deliberada, interesada, del lenguaje, caracterizada por reclamar la imposición de palabros pretendidamente igualadores, de sustantivos sin sustancia como «miembra», aportando además el dato, rotundamente falso, de que se trata de un nombre de uso común en Latinoamérica; y llegando a exigir que la Real Academia Española lo adopte en su Diccionario, pretensión que, atendiendo a criterios lingüísticos, hoy por hoy sólo puede calificarse tan delirante como la del difunto Jesús Gil cuando solicitó registrar «Ostentóreo» alegando que un caballo suyo se llamaba así. Ni el jaco ni la propuesta cabalgaron muy lejos, pero nada es imposible; y puede que el término «miembra» acabe algún día entrando en el DRAE, que a diferencia de la ministra se guía por criterios impecablemente democráticos, como los del uso, a la hora de adoptar un vocablo: nada más democrático que la lengua, si se la deja libre. Pero también es posible que el nuevo vocablo acabe significando algo distinto de lo que pretendía la ministra: que acabe denotando a aquellas mujeres que, como ella misma, ostentan un cargo por razón de la prioridad concedida a una cuota privilegiada y limitadísima entre los miembros de su sexo.
Es en verdad el Ministerio de Igual-Da: cuando la RAE, y sus correspondientes en América, le advierten de que su alegada difusión del término «miembra» es tan ficticia y limitada como su idea de la igualdad, la Excma. Sra. ministra, con ese desparpajo de descubremediterráneos que la caracteriza, declara textualmente: «Sospecho que se trata de una cuestión de género», refiriéndose a la negativa de la RAE a acoger «miembra» en su Diccionario y relacionándolo con el dato de que los varones son mayoría entre los miembros de la docta institución. Pero la Sra. ministra no sólo confunde sexo con género (cuando en la educación primaria de este desgraciado país se aprendía algo, el castellano tenía hasta siete géneros, y ni siquiera en las discotecas de Madrid se encuentran tantos). También, y esto es mucho peor, sobre todo por lo que revela de su sexista idea de las mujeres, la ministra piensa, evidentemente, que a las señoras académicas de la Española, al menos tan Excelentísimas como ella, el mero hecho de tener útero las incapacita de nacimiento para entender una diferencia tan básica y nítida como la que opera entre género gramatical y sexo biológico.
Si el feminismo es un rabito que se le pone a la o, ya nada se puede descartar salvo la racionalidad y la atención a asuntos de índole práctica. No hay nada ante lo que se arredren cabecitas convenientemente adoctrinadas para la función de publirreportaje diario que tienen encomendada. Vaya, aquí lo despectivo es el diminutivo cabecita, no el género: proscríbanse pues los diminutivos ¿y acabaremos con las actitudes despectivas? No, no me imagino en tan vano empeño a feministas como Clara Campoamor, hoy idolatrada, al menos en efigie, por la progresía oficial, pero en su época apartada del PSOE por sufragista. Entonces el PSOE, tan machista como su papá Marx, ese refundador del capitalismo, se oponía al voto de las mujeres porque creía con fundamento que votarían mayoritariamente a las derechas. Esto último se confirmó cuando al fin votaron, en urnas separadas; y lo primero se ignora porque a la omnipresente demoscopia no le interesa que se sepa. Tampoco veo yo a Concepción Arenal seducida por el lenguaje políticamente correcto como bálsamo mitigador de una esclavitud de hecho; ni a Victoria Ocampo adormecida por los mantras de esta nueva religión de papanatismo, jaculatoria y quema pública de blasfemos. No, las ilustres pioneras nunca escribieron ni actuaron como si la Igualdad fuera un privilegio que un déspota algo paleto concede a aquellas que le complazcan mientras se lo niega a las díscolas como Rosa Díez.
Colaboración de M.R. Santander
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«Hermaanas: no digan Dómine meo, que es un término muy feo; digan Dómine orino, que es un término más fino»
Uno de los muchos puntos que me han acercado al proyecto de UPyD es su defensa, ya desde el manifiesto fundacional, de la meritocracia como vía a la igualdad efectiva. Esta defensa, diametralmente opuesta a toda discriminación por mucha seda positiva con que se vista la mona, figuraba en ese fértil semillero que ha demostrado ser el Manifiesto de Euston para la reforma de la izquierda, donde se critican unas medidas que ya han fracasado en su primer promotor histórico, EEUU. La creación favoritista de pequeñas bolsas privilegiadas dentro de inmensas mayorías desfavorecidas tiende más bien a perpetuar las desigualdades y fomentar envidias, ese factor tan humano. Por todo eso la igualdad real ha descendido siete puestos en España. Pero la política demoscópica que se practica hoy en este viejo país prefiere dar por amortizados a ingentes grupos de población mediante la práctica de favorecer a castas arbitrariamente seleccionadas de «sus representantes», sustrayendo a la acción efectiva recursos que se dilapidan en el culto rendido a ese pensamiento mágico que piensa cambiar la cara rompiendo el espejo. Difícilmente encontraremos una concepción más alejada de la igualdad real que ésa que presupone que a una mujer, por ejemplo, sólo la puede representar otra mujer. A un varón ¿sólo podrá representarlo democráticamente otro varón? Excavar una zanja insalvable entre varones y hembras ¿es igualdad?
Yo no conozco un instrumento mejor que la meritocracia, en las condiciones que más favorezcan la igualdad real, si de verdad se quisiera ir más allá de las medidas cosméticas de cara a la tercera ración del telediario. Pertenecer a un sexo dado nunca constituyó ningún mérito per se, aunque muchas personas evidentemente piensen lo contrario. Preguntada la olvidable ministra de Cultura Carmen Calvo por qué otro Ministerio le gustaría desempeñar, contestó: «Defensa, porque hay muy pocas mujeres», dando inequívocamente a entender que el hecho de que sus méritos acaso no la facultaran para más que tal vez una Comandancia en Caballería de Marina no suponía para ella el menor inconveniente a la hora de asumir algo tan complejo como la Defensa nacional, al menos en comparación con la ventaja que supone pertenecer al menguado porcentaje de afiliadas al PSOE, que de ninguna manera se corresponde democráticamente con el de su representación en los órganos directivos de ese partido, nuevamente por gracia de las llamadas «políticas de igualdad».
No estoy diciendo que sea malo para nadie, ni siquiera para ellas mismas, que Carmen Calvo, o Carme Chacón, sean ministras de Defensa por ser mujeres. Qué sabré yo de estas cosas. Pero indudablemente, igualitario no es. En mi opinión vender que estas políticas promueven efectivamente la igualdad entre los ciudadanos tiene aproximadamente la misma base empírica que creer en los Reyes Magos. Ahora bien, así como para el niño que ya perdió el tesoro de la credulidad fingir que sigue creyéndose el cuento le sirve para seguir recibiendo puntualmente los regalos por Navidad, el sostenimiento de estas supersticiones funciona más que aceptablemente ante la opinión pública española: tras la designación, a modo de gracia otorgada por el Líder Máximo de la progresía oficial, de Carme Chacón como ministra de Defensa, su popularidad y valoración entre los españoles fue alta por el mero hecho de ser la primera mujer que asumía este cargo en España. Pero quizá más significativo demoscópicamente sea el que su popularidad subiera aún más por el mero hecho de volar embarazada a Afganistán, algo absolutamente fuera del alcance de su predecesor en el cargo, así hubiera llevado a bordo otros tres médicos más en el avión para asistirle en lo que necesitara.
Rosa Díez tuvo que recordar algo tan obvio en un funcionario público como que habría que juzgar a la ministra por su desempeño, y no por si era mujer o varón. Tampoco nuestra diputada por Madrid necesitó favores para ser la primera española que se ha sentado en las Cortes bajo con unas siglas cofundadas por ella cinco meses antes. Sí necesitó miles de empujoncitos para sobreponerse a condiciones de flagrante desigualdad y lograr el objetivo de reír después del CIS, luego mejor que él. A día de hoy Su Señoría es la más digna entre los representantes de todos los españoles en el Congreso: ahí quedará su diario de sesiones para dejar constancia de este hecho, junto con la evidencia de que la cacareada igualdad no es para todos, la excluye explícitamente a ella: la apóstata Rosa no es mujer, al menos no como las fieles Cármenes. ¿La Excma. Sra. Carme Chacón? Me parece evidente que abundan candidatos más capacitados para Defensa, muchos de sexo femenino, y que, en condiciones de auténtica igualdad, esa alta cartera la desempeñaría otra persona, probablemente un militar. Pero fuera del Ejército, la Iglesia y el baloncesto profesional, la igualdad se ejerce, no te la otorga tu Jefe a modo de gracia, y menos a razón de cuotas pagadas como premio a una adhesión que se requiere ciega, no bastando la mera aquiescencia.
Comulgar con ruedas de molino no ya por necesidad, sino precisamente porque no hay quien se las trague. ¿Cómo, si no, colar estas patrañas, de claro corte fideísta, so capa de un laicismo impostado? Credo quia absurdum, pues, si no fuera un absurdo, ¿para qué iba nadie a necesitar el nuevo Credo? Tantos como presumen de laicos más bien parecen pretender que abracemos otra fe no tan distinta, en su naturaleza irracional, de las viejas religiones que durante tantos siglos esclavizaron a la humanidad, cumpliendo su cometido como instrumentos de dominación. Porque todo esto no es sólo confusión mental, sino también indicio de un dogmatismo maniqueo, con la voluntad de imposición que siempre caracterizó a quien, pese a blasonar de talante, no concibe que el otro pueda, de buena fe, oponerse a sus unívocos y con frecuencia narcisistas designios respecto del mundo y sus alrededores. Por último, tratándose de ese producto publicitario a base de puro eslogan, esos significantes sin significados que el zapaterismo lanza al mercado como cajas fosforescentes pero vacías, no puede faltar el componente adánico-mesiánico: las supuestas «conquistas de las mujeres» son en realidad un don que les prodiga el Líder, como Él mismo se ocupa de explicar a las revistas del segmento comercial femenino que le sirven de altavoz mediático.
Para estos menesteres nunca faltan el tiempo ni los recursos. Redactar personalmente el prefacio a la llamada Ley de Memoria Histórica. Perorar interminablemente de lo que tras cada encuesta le interese al Gran Farsante y Gran Manipulador, para eludir a todo trance abordar lo que importa, las cuestiones con enjundia real, no propagandística. ¿Por qué, si no, el género de igualdad en boga iba a afanarse tanto en algo tan bizantino y estéril para la igualdad efectiva como andar persiguiendo patética y un poco neuróticamente a todas y cada una de esas oes ominosas que andan por ahí sueltas, para asegurarse de que ninguna se quede sin su rabito? El feminismo como arroba. Qué estragos, los de ese síndrome de madrastra de Blancanieves, como podríamos llamar al afán en arrojar el espejo por la ventana cuando osa decirnos que sólo somos la segunda más guapa del mundo. A este género de igualdad le cuadra la expresión irónica que tantas veces he oído a mi Sra. madre, como cuando le hacía tan mal los recados que me decía:
—Hijo: eres del género bobo.
Hoy el género bobo es esa perversión deliberada, interesada, del lenguaje, caracterizada por reclamar la imposición de palabros pretendidamente igualadores, de sustantivos sin sustancia como «miembra», aportando además el dato, rotundamente falso, de que se trata de un nombre de uso común en Latinoamérica; y llegando a exigir que la Real Academia Española lo adopte en su Diccionario, pretensión que, atendiendo a criterios lingüísticos, hoy por hoy sólo puede calificarse tan delirante como la del difunto Jesús Gil cuando solicitó registrar «Ostentóreo» alegando que un caballo suyo se llamaba así. Ni el jaco ni la propuesta cabalgaron muy lejos, pero nada es imposible; y puede que el término «miembra» acabe algún día entrando en el DRAE, que a diferencia de la ministra se guía por criterios impecablemente democráticos, como los del uso, a la hora de adoptar un vocablo: nada más democrático que la lengua, si se la deja libre. Pero también es posible que el nuevo vocablo acabe significando algo distinto de lo que pretendía la ministra: que acabe denotando a aquellas mujeres que, como ella misma, ostentan un cargo por razón de la prioridad concedida a una cuota privilegiada y limitadísima entre los miembros de su sexo.
Es en verdad el Ministerio de Igual-Da: cuando la RAE, y sus correspondientes en América, le advierten de que su alegada difusión del término «miembra» es tan ficticia y limitada como su idea de la igualdad, la Excma. Sra. ministra, con ese desparpajo de descubremediterráneos que la caracteriza, declara textualmente: «Sospecho que se trata de una cuestión de género», refiriéndose a la negativa de la RAE a acoger «miembra» en su Diccionario y relacionándolo con el dato de que los varones son mayoría entre los miembros de la docta institución. Pero la Sra. ministra no sólo confunde sexo con género (cuando en la educación primaria de este desgraciado país se aprendía algo, el castellano tenía hasta siete géneros, y ni siquiera en las discotecas de Madrid se encuentran tantos). También, y esto es mucho peor, sobre todo por lo que revela de su sexista idea de las mujeres, la ministra piensa, evidentemente, que a las señoras académicas de la Española, al menos tan Excelentísimas como ella, el mero hecho de tener útero las incapacita de nacimiento para entender una diferencia tan básica y nítida como la que opera entre género gramatical y sexo biológico.
Si el feminismo es un rabito que se le pone a la o, ya nada se puede descartar salvo la racionalidad y la atención a asuntos de índole práctica. No hay nada ante lo que se arredren cabecitas convenientemente adoctrinadas para la función de publirreportaje diario que tienen encomendada. Vaya, aquí lo despectivo es el diminutivo cabecita, no el género: proscríbanse pues los diminutivos ¿y acabaremos con las actitudes despectivas? No, no me imagino en tan vano empeño a feministas como Clara Campoamor, hoy idolatrada, al menos en efigie, por la progresía oficial, pero en su época apartada del PSOE por sufragista. Entonces el PSOE, tan machista como su papá Marx, ese refundador del capitalismo, se oponía al voto de las mujeres porque creía con fundamento que votarían mayoritariamente a las derechas. Esto último se confirmó cuando al fin votaron, en urnas separadas; y lo primero se ignora porque a la omnipresente demoscopia no le interesa que se sepa. Tampoco veo yo a Concepción Arenal seducida por el lenguaje políticamente correcto como bálsamo mitigador de una esclavitud de hecho; ni a Victoria Ocampo adormecida por los mantras de esta nueva religión de papanatismo, jaculatoria y quema pública de blasfemos. No, las ilustres pioneras nunca escribieron ni actuaron como si la Igualdad fuera un privilegio que un déspota algo paleto concede a aquellas que le complazcan mientras se lo niega a las díscolas como Rosa Díez.
Colaboración de M.R. Santander
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2008/12/29
Colaboración (V): Del género bobo
2. Consenso verbal y consenso social

¿Paridad = Igualdad?
Uso a propósito términos como varón o hembra para enfatizar hasta qué punto es artificiosamente interesada esta asimilación espuria de sexo biológico a género gramatical, cuyo origen está en un calco irreflexivo y acrítico de la voz inglesa gender. Por descontado, uno nunca sabe si estas leyes sexualmente discriminatorias servirán o no para el bien que persiguen. En su defensa suele aducirse que la discriminación que instauran es necesaria para corregir la injusticia de partida, etcétera; pero la mayoría de estos argumentos son pura subjetividad. En fin, cómo saber algo tan difícil. Lo indudable es que estas leyes son antiigualitarias, vale decir injustas; y el igualitarismo es un axioma de base de la izquierda. Si renuncia a él, más le vale llamarse neorreligión a lo new age; todo muy bonito, pero ¿qué Mahomas querrá decir? ¡Ah! ¿Que cuanto más vaporoso, mejor? Así se ganarán Elecciones, pero estas medallas autoimpuestas que recargan el pecho de nuestro fatuo Líder Supremo son usurpadas, tan vanas como Él mismo.
A aquellas damas que sobrevivieron al naufragio del «Titanic», gracias a una merced del patriarcado conocida como caballerosidad, nunca se les habría ocurrido esgrimir su plaza en el bote salvavidas como una «conquista de la igualdad»; pero el reducido grupo de altas funcionarias públicas privilegiadas por las políticas de «discriminación positiva» —que funciona como una casta al estilo de las de la India, aunque minoritaria, porque no hay dotes para todas— jamás pone en duda, ni tolera que se ponga, que las dádivas que les otorga el Líder Máximo a cambio de su adhesión incondicional (a él, a Su Persona, no a ningún proyecto igualitario) sean sino etapas que van quemándose inexorablemente en el camino lineal al parque temático que ellas sueñan con seguir regentando ad infinitum. Tan lineal, de hecho, que cualquier duda sobre la eficacia o idoneidad de estas políticas con vistas al objetivo de lograr la igualdad es, sin más, un ataque contra «la mujer», ente abstracto encarnado, naturalmente, en ellas mismas, el lobby pseudofeminista que se atribuye el monopolio de la izquierda biempensante tal como aquellas beatas de misa diaria monopolizaban la moral dominante en la provinciana España de Franco. Como entonces, también ahora cualquier disidencia o duda se marcará con el estigma que reservan a los discrepantes quienes se presentan invariablemente como abanderados del diálogo, aunque no quepa mayor fraude a éste que apresurarse a colgar sambenitos para evitar a toda costa el tener que contrastar argumentos.
El ingrediente nuevo en algo tan viejo como este patriarcado pasado por la túrmix de la mercadotecnia demoscópica (las mujeres superan demográfica luego electoralmente a los varones) es que, ahora, a la discriminación sexual se le llama Igualdad; y a la dádiva en premio a la sumisión al santo varón que ocupa el poder, como ese Ministerio de Propaganda de nuevo cuño que se dedica a hacer como si velara, a muy buen precio, por la aplicación de estas medidas sexualmente discriminatorias, a ese pisito en el centro se le llama «políticas de igualdad». Ni que decir tiene que su titular será necesariamente una mujer, pues, en virtud de las leyes pro igualdad, el que este Ministerio lo desempeñe un varón es algo que no se plantea ni siquiera como debate teórico a lo Bizancio, por ejemplo: «¿Puede un hombre que haya llamado 1000 veces al Teléfono de la Esperanza, digo de la Bibiana, hasta trascender su bestialidad típicamente masculina, pasar por el ojo de la aguja de Mi Ministerio?».
Esta imposibilidad ontológica de que un varón sea ministro de Igualdad subraya dolorosamente el hecho de que este Ministerio no sea sino un regalo del machaca Zapatero a sus chicas. Por otra parte, tampoco la ministra del ramo concebiría nunca otra igualdad distinta de la sexual, que ella llama «de género», como apóstol que es de esa colonización cultural que nos trae la neolengua, vitola inconfundible de las dictaduras. Así, las cuestiones de fondo relacionadas con la inmigración, por ejemplo, que tocan nada tangencialmente a la Igualdad, a esta ministra ni la rozan, pues no atañen para nada a su reduccionista y miope visión de «género».
Aunque sea sin darse cuenta, la ministra acierta, porque su concepto de igualdad, muy de patio de mi casa, muy de chica Zapatero, pertenece en efecto a un género diferente. Un género banalizado, degenerado, del socialismo clásico, que, antes de ponerse a dividir a la humanidad en dos géneros, uno víctima y otro verdugo, cantaba aquello de «el género humano es la Internacional». Por lo visto en el XXXVII Congreso del PSOE, se mantiene la bonita tradición de terminarlos entonando tan enardecedor himno, pero más bien a la manera en que rumiaba el agnóstico del chiste real su renuncia a Satán, por imperativo jurídico, en el bautizo de una sobrina a la que apadrinaba (y adoraba laicamente).
Para qué recordar letra alguna, en efecto, si, como decía la despótica Reina de Alicia en el País de las Maravillas, «las palabras significan lo que yo diga que significan». Total, el lenguaje está «para jugar con él», dice Zetapé en Su país de las maravillas. Menos hipócrita sería decir: «Mi lenguaje está para engañaros, cosa que por otra parte estáis deseando». No en vano, cuando perpetraba la Constitución de Cataluña, se jactó ante los medios de disponer de ocho nombres diferentes entre los que escoger para poder decir nación... pero sin decirlo, claro. No vaya a ser que alguien consiga leerse el texto preconstituyente del Estado catalán. Y es que a él le gustará jugar con el lenguaje (su infantilismo no iba a limitarse a lo moral), pero con el lenguaje no se juega a lo tonto, de cualquier manera. No: aquí, como en el póquer, o se juega para ganar algo o no merece la pena que se juegue en absoluto. Aunque haya que hacer trampas, tirarse faroles, encargar a Garzón el certificado de defunción de Montesquieu, cosas así, que distraigan a los españoles, un pueblo, ya se sabe, básicamente de chicha y nabo. Porque una cosa es quejarse en abstracto del supuesto sexismo del lenguaje, confundiendo interesadamente el efecto con la causa (en un vago determinismo lingüístico que atribuye propiedades mágicas, no ya a las palabras, sino a los morfemas y hasta a los grafemas), y otra aceptar que con llamarlo lenguaja en vez de lenguaje, ya está resuelto el asunto. El pasado 24 de noviembre, víspera del Día Internacional contra la Violencia de Género (sic), la ministra Aído presentaba como estrella una medida consistente en catequizar a la judicatura mediante cursillos programados para instruirles en la artificiosa jerga de uso obligado en estos casos, aclarando más allá de toda duda que los términos con que siempre se han designado los antaño llamados crímenes pasionales no servían para impartir justicia. La Justicia, en suma, como disquisición terminológica, como Inquisición lingüística.
Puede que todo esto parezca banal, y desde luego lo es, pero ya Orwell, un tipo bastante más rojeras que «ZP» y «Gaspy» juntos —nombres ridículos, sí, como de cereales o gato, pero autoimpuestos por servidumbre a la mercadotecnia electoral y su falso colegueo: ahora que se los banquen—, advertía que, cuando un Ejecutivo propende al totalitarismo, antes prepara la destrucción del consenso social, empezando por destruir el verbal. Para ello es imprescindible llamar a las cosas «por los nombres que no son», como escribió inmejorablemente doña Pilar Ruiz Albisu para denunciar la «componenda» de los intercambios de favores políticos entre el Ejecutivo y ETA a través del PSE de Patxi López, ese estadista a quien los asesinatos etarras de concejales de su partido en Guipúzcoa en vísperas electorales le provocan una incontenible indignación... contra Rajoy.
Colaboración de M.R. Santander
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¿Paridad = Igualdad?
Uso a propósito términos como varón o hembra para enfatizar hasta qué punto es artificiosamente interesada esta asimilación espuria de sexo biológico a género gramatical, cuyo origen está en un calco irreflexivo y acrítico de la voz inglesa gender. Por descontado, uno nunca sabe si estas leyes sexualmente discriminatorias servirán o no para el bien que persiguen. En su defensa suele aducirse que la discriminación que instauran es necesaria para corregir la injusticia de partida, etcétera; pero la mayoría de estos argumentos son pura subjetividad. En fin, cómo saber algo tan difícil. Lo indudable es que estas leyes son antiigualitarias, vale decir injustas; y el igualitarismo es un axioma de base de la izquierda. Si renuncia a él, más le vale llamarse neorreligión a lo new age; todo muy bonito, pero ¿qué Mahomas querrá decir? ¡Ah! ¿Que cuanto más vaporoso, mejor? Así se ganarán Elecciones, pero estas medallas autoimpuestas que recargan el pecho de nuestro fatuo Líder Supremo son usurpadas, tan vanas como Él mismo.
A aquellas damas que sobrevivieron al naufragio del «Titanic», gracias a una merced del patriarcado conocida como caballerosidad, nunca se les habría ocurrido esgrimir su plaza en el bote salvavidas como una «conquista de la igualdad»; pero el reducido grupo de altas funcionarias públicas privilegiadas por las políticas de «discriminación positiva» —que funciona como una casta al estilo de las de la India, aunque minoritaria, porque no hay dotes para todas— jamás pone en duda, ni tolera que se ponga, que las dádivas que les otorga el Líder Máximo a cambio de su adhesión incondicional (a él, a Su Persona, no a ningún proyecto igualitario) sean sino etapas que van quemándose inexorablemente en el camino lineal al parque temático que ellas sueñan con seguir regentando ad infinitum. Tan lineal, de hecho, que cualquier duda sobre la eficacia o idoneidad de estas políticas con vistas al objetivo de lograr la igualdad es, sin más, un ataque contra «la mujer», ente abstracto encarnado, naturalmente, en ellas mismas, el lobby pseudofeminista que se atribuye el monopolio de la izquierda biempensante tal como aquellas beatas de misa diaria monopolizaban la moral dominante en la provinciana España de Franco. Como entonces, también ahora cualquier disidencia o duda se marcará con el estigma que reservan a los discrepantes quienes se presentan invariablemente como abanderados del diálogo, aunque no quepa mayor fraude a éste que apresurarse a colgar sambenitos para evitar a toda costa el tener que contrastar argumentos.
El ingrediente nuevo en algo tan viejo como este patriarcado pasado por la túrmix de la mercadotecnia demoscópica (las mujeres superan demográfica luego electoralmente a los varones) es que, ahora, a la discriminación sexual se le llama Igualdad; y a la dádiva en premio a la sumisión al santo varón que ocupa el poder, como ese Ministerio de Propaganda de nuevo cuño que se dedica a hacer como si velara, a muy buen precio, por la aplicación de estas medidas sexualmente discriminatorias, a ese pisito en el centro se le llama «políticas de igualdad». Ni que decir tiene que su titular será necesariamente una mujer, pues, en virtud de las leyes pro igualdad, el que este Ministerio lo desempeñe un varón es algo que no se plantea ni siquiera como debate teórico a lo Bizancio, por ejemplo: «¿Puede un hombre que haya llamado 1000 veces al Teléfono de la Esperanza, digo de la Bibiana, hasta trascender su bestialidad típicamente masculina, pasar por el ojo de la aguja de Mi Ministerio?».
Esta imposibilidad ontológica de que un varón sea ministro de Igualdad subraya dolorosamente el hecho de que este Ministerio no sea sino un regalo del machaca Zapatero a sus chicas. Por otra parte, tampoco la ministra del ramo concebiría nunca otra igualdad distinta de la sexual, que ella llama «de género», como apóstol que es de esa colonización cultural que nos trae la neolengua, vitola inconfundible de las dictaduras. Así, las cuestiones de fondo relacionadas con la inmigración, por ejemplo, que tocan nada tangencialmente a la Igualdad, a esta ministra ni la rozan, pues no atañen para nada a su reduccionista y miope visión de «género».
Aunque sea sin darse cuenta, la ministra acierta, porque su concepto de igualdad, muy de patio de mi casa, muy de chica Zapatero, pertenece en efecto a un género diferente. Un género banalizado, degenerado, del socialismo clásico, que, antes de ponerse a dividir a la humanidad en dos géneros, uno víctima y otro verdugo, cantaba aquello de «el género humano es la Internacional». Por lo visto en el XXXVII Congreso del PSOE, se mantiene la bonita tradición de terminarlos entonando tan enardecedor himno, pero más bien a la manera en que rumiaba el agnóstico del chiste real su renuncia a Satán, por imperativo jurídico, en el bautizo de una sobrina a la que apadrinaba (y adoraba laicamente).
Para qué recordar letra alguna, en efecto, si, como decía la despótica Reina de Alicia en el País de las Maravillas, «las palabras significan lo que yo diga que significan». Total, el lenguaje está «para jugar con él», dice Zetapé en Su país de las maravillas. Menos hipócrita sería decir: «Mi lenguaje está para engañaros, cosa que por otra parte estáis deseando». No en vano, cuando perpetraba la Constitución de Cataluña, se jactó ante los medios de disponer de ocho nombres diferentes entre los que escoger para poder decir nación... pero sin decirlo, claro. No vaya a ser que alguien consiga leerse el texto preconstituyente del Estado catalán. Y es que a él le gustará jugar con el lenguaje (su infantilismo no iba a limitarse a lo moral), pero con el lenguaje no se juega a lo tonto, de cualquier manera. No: aquí, como en el póquer, o se juega para ganar algo o no merece la pena que se juegue en absoluto. Aunque haya que hacer trampas, tirarse faroles, encargar a Garzón el certificado de defunción de Montesquieu, cosas así, que distraigan a los españoles, un pueblo, ya se sabe, básicamente de chicha y nabo. Porque una cosa es quejarse en abstracto del supuesto sexismo del lenguaje, confundiendo interesadamente el efecto con la causa (en un vago determinismo lingüístico que atribuye propiedades mágicas, no ya a las palabras, sino a los morfemas y hasta a los grafemas), y otra aceptar que con llamarlo lenguaja en vez de lenguaje, ya está resuelto el asunto. El pasado 24 de noviembre, víspera del Día Internacional contra la Violencia de Género (sic), la ministra Aído presentaba como estrella una medida consistente en catequizar a la judicatura mediante cursillos programados para instruirles en la artificiosa jerga de uso obligado en estos casos, aclarando más allá de toda duda que los términos con que siempre se han designado los antaño llamados crímenes pasionales no servían para impartir justicia. La Justicia, en suma, como disquisición terminológica, como Inquisición lingüística.
Puede que todo esto parezca banal, y desde luego lo es, pero ya Orwell, un tipo bastante más rojeras que «ZP» y «Gaspy» juntos —nombres ridículos, sí, como de cereales o gato, pero autoimpuestos por servidumbre a la mercadotecnia electoral y su falso colegueo: ahora que se los banquen—, advertía que, cuando un Ejecutivo propende al totalitarismo, antes prepara la destrucción del consenso social, empezando por destruir el verbal. Para ello es imprescindible llamar a las cosas «por los nombres que no son», como escribió inmejorablemente doña Pilar Ruiz Albisu para denunciar la «componenda» de los intercambios de favores políticos entre el Ejecutivo y ETA a través del PSE de Patxi López, ese estadista a quien los asesinatos etarras de concejales de su partido en Guipúzcoa en vísperas electorales le provocan una incontenible indignación... contra Rajoy.
Colaboración de M.R. Santander
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2008/12/23
Clásicos de Navidad
Me toca publicar en Nochebuena. ¡Qué estrés! Es un día tan especial, tan querido o tan odiado o tan temido, pero nunca indiferente. Es difícil encontrar algo importante que escribir para esta fecha. Después de mucho pensar, he decidido dejar a un lado las palabras y he intentado buscar en la memoria algunas imágenes que nos hayan unido a todos en estas fechas o que nos puedan hacer reír a todos. Espero haberlo conseguido. Saludos navideños.
La lotería
Las muñecas de Famosa
El Almendro
Freixenet
Los padres no existen
Martes y Trece
La lotería
Las muñecas de Famosa
El Almendro
Freixenet
Los padres no existen
Martes y Trece
2008/12/04
Colaboración (IV): Del género bobo

1. La dama ofendida y los villanos justicieros
En el debate suscitado por la conmoción que provocó la reciente muerte de un joven de 18 años en la discoteca «El Balcón de Rosales» (Madrid), predomina como de costumbre esa actitud de acogerse al Poder, tan propia de nuestro tiempo. Éste ha aplacado la inquietud de los padres de adolescentes con las habituales medidas jurídicas o administrativas como el cierre de locales emblemáticos de la noche madrileña, descubriendo de repente irregularidades tan viejas como conocidas, al menos hasta que vuelvan a su cauce las aguas de una opinión pública sin memoria a medio plazo. En cambio, están brillando por su escasez o ausencia las alusiones a la inductora del homicidio, como si cierta caballerosidad mal entendida eximiese de toda responsabilidad, siquiera ética, a quien a fin de cuentas instigó a los encausados por esta paliza con resultado de muerte. Probablemente se trate de la misma caballerosidad mal entendida que impulsó a los machacas de la dicha discoteca a excederse en su poco envidiable oficio de machacar al prójimo. La misma a la que apeló en la noche de autos la inductora del homicidio, que se presentaba como víctima de una agresión, tratándose en realidad de un empujón fortuito y no lesivo. Naturalmente, no les dijo a los machacas que mataran a aquel chico, pero sí les instó a adoptar alguna medida claramente desproporcionada respecto de la ofensa sufrida, medida cuya concreción dejó a juicio de los mismos machacas a quienes había acudido en busca de castigo para aquel al que ella designó como su agresor. Y los machacas no necesitaron más para desencadenar su versión neocaballeresca de la violencia «de género».
Lo malo de que la dama ofendida en este lance dejara al juicio de los machacas el grado de machaque fue que por supuesto un machaca no destaca precisamente por lo ponderado de sus juicios, como lo prueba el hecho de que trabaja como machaca. Y lo relevante de tales designaciones es que tienen un claro componente de discriminación sexual que se ha omitido o, mejor dicho, se ha obviado en los medios. Desde luego, hay pocas evidencias de la discriminación sexual imperante en nuestra sociedad como las normas vigentes en una discoteca al uso en Madrid, donde las chicas no pagan entrada y —si son guapas y/o dan conversación—, tampoco las consumiciones; y todo escenifica con una claridad incluso exhibicionista un mercado nada intervenido del sexo ocasional, banal, superficial, heterosexual. Casi tanto como un Consejo de Ministras, Ministros y Entes Epicenos.
Tanto da. Está claro que ningún machaca en su sano juicio, es decir, en su juicio sexista, aplicaría el grado de la muerte a una mujer, por mucho que ésta se pase en la pista de baile o lo que sean esos movimientos pélvicos misteriosa pero ciertamente relacionados con alguna ley de la oferta y la demanda de raíz socioeconómica. Pero a más de una se la ha visto conducirse de forma bastante más peligrosa que la de aquel chaval de Madrid, dada la peor tolerancia al alcohol que demuestran las hembras del Homo sapiens, debida seguramente al «machismo» inherente a la biología, la medicina y en general cualquier ciencia con tradición varonil. Cabe suponer también que: ni la pobre chica se habría sentido agredida si hubiera tenido el topetazo con otra mujer, es decir, que en caso de ser una mujer, ya no sería agresor; ni los machacas se habrían «extralimitado» en su reacción, y hasta puede que no hubieran reaccionado en absoluto, si la identificada como víctima no hubiera sido una mujer; es decir, que en caso de ser un varón, ya no sería una víctima.
Nihil novum sub sole. Esta ley no escrita pero vigente en la pista de baile (o lo que sea eso) rige también fuera ella. No en vano es tan vieja como el patriarcado, como los 10.000 últimos años de machismo. Es la misma por la que los hombres siempre han ido a la guerra dejando a sus mujeres en retaguardia, la misma por la que los botes salvavidas del «Titanic» se distribuyeron prioritariamente entre las mujeres de a bordo.
Luego dicen que progresamos. Yo lo pongo en duda. Más bien me parece que esta misma ley, hoy escrita (deliberadamente mal, para que se entienda lo menos posible, pero escrita al fin y al cabo), dicta también el mismo criterio que ha reinstaurado la discriminación sexual, hoy llamada «positiva», en el actual ordenamiento jurídico español, ora favoreciendo la promoción de ciertas mujeres por razón explícita de su sexo (Ley de Paridad), ora aboliendo la presunción de inocencia o eliminando la necesidad de presentar pruebas cuando el imputado sea varón y la acusadora, mujer (ver Ley de Violencia de Género, sic). La inductora del crimen de Rosales bien podría, en vez de dirigirse a los porteros de la discoteca, haber denunciado con éxito a quien ella misma designó como su agresor ante la autoridad competente. También le bastaría, como ocurrió con la denuncia ante los machacas, su testimonio para iniciar los procedimientos, como aquí en Cantabria le ha bastado a la magistrada María Jesús García Pérez poner en duda la eficacia de esta Ley para ser depurada por el llamado Consejo de la Mujer de Cantabria. Y eso que era ella quien se dedicaba a aplicarla en el Juzgado de Violencia de Género (sic) de Santander, así que algo debía de saber al respecto. Al menos, al no ser varón, se libró del linchamiento mediático que invariablemente le habría tocado padecer. También pasan generalmente desapercibidos hechos como el descenso en los parámetros objetivos de la igualdad desde que se aplican estas políticas presentadas como las únicas que puede aplicar un progresista; y desde luego se omite cualquier reflexión de que la paridad nunca puede ser igualdad desde el momento en que descarta que, en pie de igualdad, mediante el libre concurso de la meritocracia, pueda darse un gabinete en el que los más excelentes resulten ser todos o casi todos varones, o bien, lo que igualitariamente es lo mismo, todas o casi todas hembras.
Colaboración de M.R. Santander
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2008/12/02
Visitar Dublín: la cuestión de la comida

Me gustaría abrir este artículo con la polémica pregunta: ¿se come bien aquí? En mi humilde opinión, si bien Dublín no es de los lugares donde se come mejor en el mundo, pues vaya, se come bien, sí. Ahora bien, hay que conocer las costumbres culinarias para saber adaptarse y no juzgar la aparente escasez alimenticia a ciertas horas del día.
En España la tendencia es a comer un plato fuerte al mediodía y cenar por la noche con otro plato fuerte, unas tapillas o bien un vaso de leche o una sopita. En Irlanda, los horarios se invierten y la comida ligera de la noche en España se convierte en lo que los irlandeses conocen como el “lunch”: las tapillas se convierten en el famoso sándwich, que se puede adquirir en cualquier pub, donde también hay a la disposición del hambriento cliente sopas recién hechas o platos fuertes en forma de “carvery lunch”.
Esta denominación viene del inglés “carved meat = carne cortada” y, efectivamente, esto es lo que se sirve en la mayoría de los pubs donde se ofrece este tipo de comida. Suele poder elegirse entre dos o tres tipos de carne: carne asada (de vaca, jamón o pavo), que se corta en rodajas delante del consumidor y se suele acompañar de patatas (al horno, en puré o fritas) y verduras hervidas (zanahorias, col, nabos). En los últimos años hay más variedad en los pubs y la oferta incluye platos con sabores asiáticos, acompañados de arroz, pollo con diversas salsas y acompañamientos, etc.
Por eso la próxima vez que un quinceañero afirme de forma categórica que en Irlanda se come fatal, asentid con solidaridad (es posible que el pobre lo haya pasado francamente mal, no sólo por la cuestión de la comida) pero recordad que el sándwich, las patatillas y la manzana que sus familias les dieron para pasar el día en el centro sólo son comparables a nuestra sopita, nuestras tapillas y nuestro vaso de leche de la noche. Estoy segura de que a la mayoría de estos estudiantes turistas los recibía una pródiga cena con diversos platos por la noche.
Otro dato interesante en esta misma línea de cultura culinaria es el “incomprendido” término inglés: "dinner". Aunque en las escuelas se nos enseña que equivale a cena, realmente significa comida fuerte, que suele comerse por la noche (de ahí nuestra traducción por cena) pero también se puede consumir a las 2h o 4h de la tarde. Esto es harto frecuente los domingos, en los que la resaca del día anterior pide un desayuno irlandés en toda regla antes de la hora de la comida y el copioso desayuno hace que los irlandeses se salten el lunch y se vayan directamente a comer su dinner, habitualmente en un pub. El domingo los pubs exudan vida comunitaria; las familias se reúnen para comer y, sobre todo beber, todos juntos, los músicos sacan sus instrumentos musicales y deciden deleitarnos los oídos y, en fin, la vida cotidiana se modifica un poco en los ambientes más tradicionales.
Un día de estos, cuando se acabe el período de recesión y pueda volver a salir de casa (es una buena excusa para evitar mencionar mi pecado capital: la pereza), os comento dónde se puede comer bien.
2008/11/11
Meditación para principiantes
No recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché la palabra meditación con la ávida atención de una pretendiente a “adquirir/controlar/ practicar” este arte tan ancestral. He utilizado tres verbos porque no consigo etiquetar una práctica que no sé si dominaré algún día, ni si existe control siquiera sobre ella; no sé si se puede adquirir o si la he adquirido; quizás la única seguridad que tengo es que practico a diario con la convicción de que algo ocurrirá algún día, la humildad de que existe la posibilidad de que nada ocurra y el cariño de quien acepta lo que tenga que ser y mientras tanto va disfrutando y aprendiendo del proceso.Antes de comentaros mi experiencia personal durante estos cuatro meses en que realizo una meditación diaria de unos minutos, os explicaré brevemente en qué consiste, para qué sirve y cómo podéis meditar en caso de que haya estimulado vuestra curiosidad y queráis comenzar a hacerlo.
La meditación es una técnica que tiene por finalidad revitalizar, calmar y aclarar la mente. Su propósito es entrenar la mente para entrar en estados de conciencia más sutiles y trascender las pequeñas tribulaciones cotidianas. Las personas que practican la meditación con asiduidad dicen haber mejorado su salud y su productividad laboral, aumentado su concentración y creatividad y sentirse satisfechos personalmente.
Pero en última instancia, ¿para qué sirve la meditación? Pues hablando en términos legos y a mi humilde entender se trata de una técnica que se utiliza para alcanzar un estado de paz y claridad interiores que permiten nuestra presencia en el mundo allí donde estemos. Es difícil definir el término de “presencia”. Es una especie de comunión total y auténtica con el mundo interior y exterior, de la sensación de pertenecer y de que todo es perfecto tal cual es, sin necesidad de cambiar nada, simplemente existiendo, siendo uno mismo. Va unida a una sensación interior de intensa alegría, pero no una alegría eufórica y desbordada hacia el exterior, sino una alegría contenida y relajada que sentimos en el interior y nos conecta a todo.
Para alcanzar este estado de comunión y de auténtica dicha no es necesario sentarse a meditar; todos lo hemos experimentado en algún momento de nuestra vida, cuando todo parecía encajar, todo parecía perfecto y al mismo tiempo todo era posible y nos alegraba esa sensación.
Pues bien, la meditación nos ayuda a entrenar nuestra mente para llegar a alcanzar ese estado de dicha o éxtasis con mayor facilidad en cualquier momento o situación de nuestra vida. Hay muchas técnicas para meditar, pero quizás las más conocidas sean:
1) Ser testigos de la respiración
2) Observar una imagen (mandala, llama o símbolo)
3) Pronunciar un mantra, una frase o una afirmación
Como vemos, hay evidentes similitudes entre las dos últimas y la oración y la contemplación cristianas.

Nos centraremos en la primera técnica, que es la que he utilizado en los últimos meses. Podéis sentaros en la posición del loto (yo no soy tan flexible, así que simplemente cruzo las piernas), sentaros en una silla con la espalda recta o en cualquier posición que consideréis cómoda (los practicantes de Tai Chi saben a qué me refiero, lo comentamos otro día si queréis).
Concentrad vuestra atención en cómo respiráis. No intentéis cambiar vuestra respiración, simplemente observar cómo el aire va entrando por las fosas nasales hasta alojarse en vuestro interior y como va después saliendo. ¿Respiráis con los pulmones o el diafragma? ¿Con rapidez o lentitud? Dejaos sentir vuestra respiración, no la modifiquéis, no existe un modo correcto o incorrecto de respirar, dejad simplemente que vuestra atención se fije en cómo respiráis. Dejaos respirar.
Es muy posible que aparezcan pensamientos que os distraigan de este seguimiento atento de la respiración. No os preocupéis demasiado por ellos; cuando aparezcan, respetad su existencia, pero no les prestéis demasiada atención, no dejéis que os distraigan. Volved vuestra atención a la respiración. ¿Seguís respirando con rapidez o lentitud? ¿Con los pulmones o el diafragma? ¿Ha cambiado algo?
Ésta es una introducción bastante subjetiva y simplista, pero espero haberos dado una idea. Quizás mi consejo sea que si os planteáis seriamente comenzar la práctica de la meditación, hagáis un cursillo u os unáis a un grupo de meditación.
Yo comencé haciendo un par de talleres. Uno de ellos integraba Tai Chi, relajación y meditación y en él llegué a sentir un estado de éxtasis increíble. El otro no fue tan intenso, pero me convenció para comenzar a practicar todos los días en casa. El facilitador nos instó a meditar 5 minutos diarios durante 3 meses, sólo 5 minutos, ¿quién no tiene 5 minutos? Nos comentó que era posible que al cabo de esos 3 meses quisiéramos prolongar el tiempo de meditación. Así fue en mi caso. No medité todos los días, pero sí casi todos y llegó un momento en que sentí verdadera curiosidad por cómo sería mi respiración ese día. La respiración me descubre cosas sobre mí misma, me dice lo relajada o lo estresada que estoy sin que yo lo haya percibido, el grado de actividad mental que tengo ese día en concreto y lo distraída o concentrada que estoy; me avisa de la fatiga, me sorprende al calmarse al poco de sentirse observada, en fin, me abre una puerta a otro mundo, un mundo interior, al cuál sólo acabo de asomarme, pero promete grandes aventuras.
Vídeo del mantra Vajra Guru"
2008/10/21
Una mirada subjetiva al mundo cubano (III)
Días más tarde mi viaje me llevó a conocer a una doctora que tenía una visión totalmente distinta de la relación cubana con Venezuela. Gracias a ella, se ha enriquecido mi viaje temático y os puedo presentar nuevos aspectos del mundo de que fui testigo. Según pude entender, el gobierno venezolano había concedido ciertas ayudas para que algunos médicos de Cuba pudiesen trabajar en otros países de Sudamérica en régimen de ayuda humanitaria. Ah, la ayuda humanitaria siempre nos despierta ese calor humano en los miembros internos, ¿verdad? La bondad de la humanidad, su gran deseo de compartir, de ayudar. Los doctores cubanos se marchaban en oleadas de la isla. Su vida en el extranjero tenía muchísima más calidad: no sólo un sueldo mejor, con el consiguiente bienestar, sino también la posibilidad de enviar enseres nuevos a Cuba. La doctora con quien estuve hablando no quería marcharse del país. Su hija estaba estudiando secundaria y se le haría doloroso dejarla sola. Hablaba con escepticismo de estos nuevos acuerdos con el vecino venezolano.Y es que la situación médica a la cual se enfrentaba día a día la entristecía y preocupaba sobremanera. Si bien en un pasado no muy lejano debía atender tan sólo a un barrio de su ciudad, ahora ese número se había triplicado. No daba abasto con sus pacientes. Su gran celo profesional y su gran corazón la arrastraban a largas horas de trabajo, con el único consuelo de ayudar quizás a algunas personas, a cambio de un sueldo escaso y la imposibilidad de adquirir su vivienda por ser su casa un bien social. ¡Qué gran ejemplo de ayuda humanitaria! creo que pensé. Su sonrisa ocultaba una inquietud sosegada, si bien comentaba con cierto desasosiego que ya les había dicho a sus familiares que no se pusieran enfermos, que no era un buen momento para caer enfermo en Cuba.
Su vocación me recordó al gran entusiasmo de una profesora de secundaria, que veraneaba en uno de los lugares que visité. Me contó con todo lujo de detalles su formación profesional, en la cual la práctica desempeñaba un papel primordial; me habló de la educación con emoción y sabiduría. Hablar de dinero parecía no formar parte de su lenguaje habitual. Su mundo eran las letras, los números, la enseñanza, el saber, la convivencia y la generosidad de poder aportar algo al pequeño mundo que adoraba. Conociendo a ambas mujeres pude vislumbrar el tan sonado mundo educativo y sanitario de Cuba, si bien este último se estaba derrumbando, como parecían derrumbarse muchas de las estructuras que formaban parte del entramado de la isla. Se intuía un cambio, el taxista hablaba de lo que ocurriría después de la muerte del “barbas”, la casera hablaba con emoción de un posible sustituto, la doctora comentaba que el régimen parecía precipitarse a un punto sin retorno. Y, sin embargo, a pesar de sentirse en el ambiente el germen de este cambio, de una transición a otro estado de cosas (recordemos que Fidel estaba tan enfermo que ya no gobernaba el país), la isla seguía vibrando con la misma intensidad y calor humanos que enamoran a numerosos visitantes del globo. Mi visita había llegado a su fin. Había escuchado opiniones sobre el sexo, la familia, la política, la educación y la salud; se me había regalado un viaje cultural por encima de mis expectativas y disfruté al máximo cada diálogo, cada opinión, cada palabra.
Éste es un enlace a una de las canciones que componen el rico repertorio musical cubano.
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