En la aduana el guardia de fronteras le preguntó cuál era el motivo de su visita.
--Turismo --le soltó.
Por primera vez el guardia lo miró fijamente a la cara, durante unos ocho segundos.
--No me parece un turista --dijo mientras le sellaba tres meses--. Más bien un viajero.
¿Cómo no iba él a quedarse en un país así?
--Turismo --le soltó.
Por primera vez el guardia lo miró fijamente a la cara, durante unos ocho segundos.
--No me parece un turista --dijo mientras le sellaba tres meses--. Más bien un viajero.
¿Cómo no iba él a quedarse en un país así?
También digo yo. Con las ganas que tenía de atiborrarse a paella, de tocar la pandereta y de asistir a los toros y al fútbol. Ya no digamos de volver a su país requemado para que lo vieran...
ReplyDeleteEste era viajero, no turista. Y no entraba en España sino que huía, despavorido, de ella.
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