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El Mundo Today

2014/05/30

Allahu Snack Bar


Ande o no ande, Alá es lo más grande;
aunque sí anda, y no en plan normal:
también Su zancada es descomunal
y, caminando, aún más se expande.
Aquí estamos todos a lo que mande
Alá, que nos libra de todo mal.
Que no mande nada, eso da igual:
obedecedle, pues para eso es grande,
enorme, inmenso, vasto, incalculable.
¿Os queda claro, fieles, que es ingente
morrocotudo, máximo, intratable?
Él es desaforado e imponente,
desmesurado, formidable, grande,
exorbitante, desmedido, grande.

2014/05/23

Extranjero infiel

Extranjero infiel,
extranjero infiel,
extranjero infiel
al Dios verdadero:

¿no crees en el
Libro de papel
que sin dar cuartel
te hace prisionero?

Métete en la piel,
extranjero infiel,
de este país cruel
más manso que fiero;

tan cobarde él
y lleno de hiel
que tampoco es fiel
y menos guerrero.

Ponle el cascabel
al gatazo aquel,
extranjero infiel,
infiel extranjero.

2014/04/29

La venganza

Yaser Adbelbaki
(Yemen)

Tapándome los oídos, me decía a mí mismo:
—No, madre, no puedo matar. El tiempo de la venganza ha pasado.
Pero la voz quebrada de mi madre y sus ojos tristes me penetraban diciendo:
—Venga a tu padre, ¡véngalo! —y añadía:— He esperado a que fueras mayor.
—¡Ya basta, madre! —la interrumpí, gritando— ¿Quieres que me maten, como a mi padre?
—Tu padre murió por esta tierra y por ti —dijo con una voz profunda.
—Ya tenemos nuestra tierra; y el asesino de mi padre está en la cárcel.
—¡Salió hoy y pisó nuestra tierra con sus sucios pies, desafiándonos!
—¡Que la pise mil veces! La tierra es de Dios antes que nuestra.
—Dios nos la concedió para velar por ella y conservarla. Es una prenda a nuestro cargo hasta el Día del Juicio —dijo con tranquilidad, y se fue.
La noticia de que el asesino de mi padre había salido de la cárcel se difundió como un relámpago por el pueblo, donde reinaba un silencio espantoso. Todos esperaban la bala que acabara con el recién excarcelado. Algunos ancianos del pueblo vinieron a recordarnos la venganza.
—Sólo esperamos la ocasión —les dijo mi madre con aplomo.
—Hijo, venga a tu padre —me dijo uno de ellos.
—Y ¿de qué serviría?, ¡si a su vez me matarán sus hijos! —les grité al echarlos.
Por la tarde me senté a observar a mi madre, que amasaba harina con sus duras manos y aquellos ojos rencorosos que llevaban veinte años sin conciliar el sueño. Levanté la cabeza y me lanzó una mirada llena de reproche y reprensión. Para evitarla, volví la mía a la pared.
Pero la imagen de mi madre no dejaba de perseguirme. Mientras intentaba dormir escondiendo la cabeza bajo la almohada, la oí decir:
—Te he hecho caso: te dejé terminar los estudios e ingresar en la universidad; y pedí la mano de la chica que querías.
—Y ahora quieres tirarlo todo por tierra —la interrumpí.
No dormí aquella noche, pues la voz de mi madre seguía resonando en mis oídos.
—¡Basta, madre! ¡Basta! —grité.
Ella vino corriendo.
—¿Qué te pasa? Estás temblando.
—Tengo miedo, madre.
La vi sonreír en la oscuridad.
—¿Miedo? ¿Miedo de él? Pues ve y mátalo, y así dejarás de tenérselo.
—Tengo miedo de ti —me apresuré a decir.
Irritada, se volvió a su habitación. Sentí ganas de llorar. Había cometido una locura con mi madre, y sabía que no me la perdonaría fácilmente. Salté de la cama y fui a la suya. Estaba sentada como esperándome.
—Madre, lo siento: no era mi intención hacerte daño. Lo que quise decir era que tenía miedo por ti.
—Pues ve y mátalo —me interrumpió, tendiéndome la escopeta—, si quieres complacerme.
El brillo de sus ojos me daba miedo. Cogí la escopeta y salió corriendo a casa del asesino de mi padre. Sentí que el corazón se me salía del pecho. Llegué en un momento y lo vi sentado en el tejado entre sus hijos, felices por su liberación. Para interrumpir esa felicidad, le apunté gritando:
—¡Esto es para ti, asesino!
Y disparé en medio de aquellas caras asustadas y asombradas. Volví a casa tras escuchar un gemido y un cuerpo que caía. Estaba seguro de que, si la bala no lo había matado, lo mataría la caída del tejado. Mi madre me recibió en la puerta como a un recién casado, cubriéndome de besos interminable. Por primera vez la oí decirme, con su voz más dulce:
—Héroe, mi héroe. Ahora sí que puedo andar por el pueblo con la cabeza bien alta.
Apoyando la mía sobre su pecho, me eché a llorar.
—¿Qué importancia tenía esto, madre? También ellos vengarán a su padre.
—No, no lo harán. Todo el mundo sabe que fue él quien mató a tu padre. Juré ante todos que me vengaría, así pasaran cincuenta años —dijo en su tono acostumbrado
Pasada media hora oímos unos gritos. Mi madre se asomó a la ventana.
—Son los vecinos —dijo sonriendo—, que vienen a felicitarnos… —pero de repente le cambió la cara y gritó:— ¡No! ¡No! ¡Es un diablo! ¡Un verdadero diablo!
Unos hombres venían hacia nosotros llevando escopetas al hombro y antorchas para alumbrar el camino. Uno andaba por delante con un cadáver en brazos. Se me heló la sangre al reconocerlo: no era otro que el asesino de mi padre. Mi madre me sacudió violentamente gritando:
—¡Le has matado al hijo mayor! —y mirándolos añadió—: Es la familia del muerto, que vienen para… para… —no terminó la frase.
Posando en el suelo el cadáver de su hijo, él cogió su escopeta y gritó:
—Sal con tu arma para que muera uno de los dos y se acabe esta venganza.
Mi madre se apresuró a acercarme el arma diciendo:
—Si fallaste el primer tiro, acertarás el segundo.
—¡Basta, madre! —grité, furioso—. Me matará. ¿Eso quieres?
—¡No! —gritó ella— ¡Quiero que lo mates tú! Si no lo haces ahora, te mataré él en otra ocasión.
Los miré. Todos iban armados, esperando a que saliera para acribillarme a balazos, mientras mi madre seguía insistiendo:
—Sal y mátalo.
—Si salgo desarmado, no me matará.
—Mataste a su hijo cuando estaba desarmado.
—Aparta, madre —dije con desprecio—. Sólo la venganza te corre por la sangre.
Apretando los labios cogió la escopeta y dijo:
—Quédate aquí y verás cómo la venganza corre por la sangre de todos.
Salió cerrando la puerta tras de sí. Segundos después oí varios tiros y grité:
—¡Madre! ¡Madre!
Al abrir la puerta, sentí derrumbárseme en el pecho el cuerpo de mi madre y, por primera vez, una hermosa sonrisa en su rostro de tristeza.
—Así es la vida —dijo; y cerró los ojos lentamente para siempre.
Suavemente la deposité en el suelo y rompí a llorar con amargura, sintiéndome culpable de su muerte.
El que había matado a mis padres se acercó a mí y me tendió la escopeta.
—Ahora te toca a ti acabar con esta maldita venganza para que estemos en paz —dijo como rogándome que lo matase.
Había más hombres que antorchas, que empezaban a extinguirse. Se colgaron las escopetas al hombro. Le puse el cañón del arma en la cabeza con un irresistible deseo de matarlo. Sabía que si lo hacía en aquel momento, nadie se atrevería a matarme.
El hombre cerró los ojos. Se apagaban las antorchas. Una nube negra cubrió la luna y desaparecimos de los ojos del mundo en la oscuridad de la noche.

2014/04/23

La primera ocasión… es la última

Ualid al Rayib
(Kuwait)

Anteayer.
Movía la escoba como un péndulo, quieto en su sitio, mientras su oído recogía parte del diálogo de los que salían de la sala de proyecciones.
–¿La has visto?
–Sí. ¡Qué emocionante!
–¡Completamente desnuda!
Prestaba mucha atención al diálogo.
–¿Has visto cómo la abrazó? A punto estuvo de…
Aguzó el oído intentando escuchar más, pero las voces de los espectadores se perdían cuando se acercaban al final de la escalera. Oía otras voces, pero no logró distinguir de quién procedían entre la masa de gente que salía del cine.
–¡Qué cuerpo! Y ¡ay, qué labios!
–Eso sí que es una cama.
Otra voz:
–¿Tienes tabaco?

Ayer.
Cuando el público empezaba a salir, dejó de trabajar. Miraba a los que salían para conocer sus impresiones intentando oír sus comentarios.
–¡Cuando estuvieron en la cama…!
–¡Menudos muslos tiene!
Puso toda su atención en captar el resto del diálogo, pero las palabras se confundían con los murmullos y el chasquido de los encendedores, además de alguna que otra tos.

Hoy.
Recoge un papel arrojado al suelo y se dice a sí mismo:
–Hace años que limpio las salas de este cine y todavía no he visto ni una película.
Ante él pasan dos chicas con pantalones muy apretados sobre las nalgas, mientras el recuerda asombrado:
“¡Desnuda?”
Sus manos siguen el movimiento de la escoba mientras sus ojos siguen el movimiento de aquellas nalgas.
“Jamás en mi vida he visto una mujer completamente desnuda”.
Sus manos agitan nerviosas el palo de la escoba.
–Cada noche la veo en mi imaginación…
Deja de barrer un instante.
–…hasta agotar mis energías.
Mira para los anuncios y carteles.
“¡Desnuda?”
Su mano traza un mismo círculo con la bayeta sobre el cristal, abarcando sólo una pequeña parte.
“¡Ay, si pudiera verla!”
Sigue limpiando una y mil veces el mismo sitio.
“La mayoría de la gente está casada y sin embargo ven a esa mujer desnuda cada noche. Pero yo nunca. ¡Ay, si la viera!
Clava la mirada en la foto de una mujer con las piernas descubiertas.
“Al menos, en la cama, mi imaginación se basará en una realidad”.
Se lame los labios.
“¿Por qué no?”
Vuelve a mirar la escoba que coge con la mano izquierda. ¿Y el trabajo? Suponte que… El director pasaba cada noche para ver qué tal iba.
“¡Bah! No quedan más que cuatro horas. Que las descuente.
Grupos de espectadores empiezan a entrar. Se siente animado y pasa con nerviosismo la escoba por un suelo tan brillante que refleja las siluetas.
“¿Qué problema hay? Me compro una entrada y entro a ver a esa mujer desnuda”.
Unos segundos.
“¿Cuántas veces voy a ver a una mujer desnuda?”
Vestidos, muslos y nalgas pasan ante él.
“Pero ¿cuánto me va a costar?”
Termina de decidirse y deja de barrer.
“Que cueste lo que quiera. Por lo menos es mejor que estar soñando noche tras noche, quedarse dormido como un burro, agotado del trabajo y las cavilaciones. ¡Esta noche al menos la disfrutaré!”
Dejando la escoba en una esquina, se dirige a la taquilla. Al llegar su turno se asoma por la ventanilla.
–La paz sea contigo.
–…
Se busca en el bolsillo antes de preguntar al taquillero:
–¿Cuánto es?
El taquillero le mira con asombro y le contesta con desprecio:
–Un cuarto de dinar.
“Lo que cuestan dos paquetes de cigarrillos”, se dice a sí mismo.
–¿Cuántas entradas quieres? –se impacienta el taquillero.
“Bah, mañana no fumo. De todas formas perjudica la salud”, se dice.
Derrama un puñado de calderilla equivalente al importe. El taquillero le despacha una entrada en la que ha garabateado un número ilegible.
Se dirige a la sala. Espera inquieto. Llega el acomodador, linterna en mano.
–Sigue la luz –y después de unos escalones–: el tercer asiento a partir de aquí.
Se sienta y saluda al espectador de al lado.
–La paz sea contigo.
Movimientos y voces en la gran pantalla.
–Esto ¿es la película?
–Son anuncios, publicidad –contesta su vecino volviéndose hacia él.
–Y ¿cuándo van a pasar la película?
–Dentro de poco. Ten paciencia por favor –le contesta el hombre con fastidio.
Guarda silencio durante diez minutos y vuelve a mirarle. Quiere rogarle que le avise cuando empiece la película, mas no se atreve a molestarle.
“Bueno”, se anima. “Ya me enteraré de que ha empezado cuando vea a la mujer desnuda”.
Movimiento en la pantalla. Letras, colores, voces. Se concentra en ella.
El aire acondicionado, las luces de la pantalla, el sueño… Sus ojos y el trabajo… El cansancio.
Se sobresalta cuando siente una mano en la espalda y oye una voz que le dice:
–Despierta, hermano. Se acabó la película y ya ha salido todo el mundo.
Mirando al acomodador, le pregunta apenado:
–¿Ha salido la mujer desnuda?

2014/04/21

El lord inglés

Por Mohammed al Morr
(Emiratos Árabes Unidos)

Entré al jardín de las Tullerías por el portalón frente a la plaza de la Concordia. Eran las diez. Me sentía algo melancólico pese a la suave brisa y el sol radiante. Rachid había prometido visitarme en París para ir juntos a Viena y ya había pasado una semana sin que apareciese. Llevaba en la mano un libro de cuentos de la escritora inglesa Catherine Mansfield. Pasé cerca de la gran fuente, a cuyo alrededor se arremolinaban unos niños empujando sus barquitos de plástico hacia el surtidor con unas largas varas. Algunos turistas japoneses les sacaban fotos. Me dirigí a la parte izquierda. Había un puesto de bocadillos y refrescos, pero no tenía hambre ni sed, ya que había desayunado tarde. Me senté en un banco de madera. Al otro extremo se encontraba sentado un hombre mayor. Me puse a leer.
Unos franceses jugaban a la petanca. Todos eran de mediana edad, algo obesos, y llevaban gorras de colores, excepto un joven delgado que no llegaría a los veinte años y que era el más activo y hablador. Ante mí pasó un hombre conduciendo cuatro ponis que montaban tres niñas y un niño. Los miré con curiosidad y sonreí. Entonces oí a mi vecino de asiento comentar en perfecto inglés:
–Graciosos, ¿verdad?
–¿Perdón? –dije volviéndome a él.
–Esos niños que montan unos ponis, ¿no son graciosos? –dijo sonriendo con reserva.
–Como todos los niños –contesté–. ¿Acaso no dijo Jesús que no alcanzaríamos el Reino de los Cielos mientras no fuéramos como niños?
–No comparto esas palabras.
–¿Qué quiere decir?
–Quiero decir que los niños son como los mayores, capaces de cometer todas las locuras y maldades humanas habituales.
–Entonces ¿está de acuerdo con las tesis de Freud?
–No. Yo comparto lo que decía san Agustín.
–¿Qué decía?
–En Las confesiones escribió que la perdición aparece tanto en los juegos de los niños como en los actos de los adultos.
Me impresionaron las palabras de mi interlocutor. Le observé. Era mayor, alto y esbelto. Vestía un traje gris y una camisa verde con corbata azul. No era un atuendo lujoso, pero estaba limpio. Le dije:
–Perdone. No nos hemos presentado.
Sonrió y me tendió la mano diciendo:
–Soy lord Leidhfield, pero puede llamarme John. Los títulos no me importan. ¿Cuál es su nombre?
–Jalifa, Jalifa Hamad.
–No creo que sea francés.
–No. No lo soy.
–¿De dónde es?
–De una pequeña ciudad que se llama Dubái.
–No la conozco.
–Está en el Golfo.
No logró reconocerla. Al mencionarle los nombres de algunos países y ciudades vecinas, se rió y dijo:
–¡Ah! Cuando dijo usted “el Golfo”, creí que se refería al de Méjico. Por su aspecto podría pasar por hispanoamericano. Conozco su Golfo. Recalé en nuestra base en Charika justo después de la Segunda Guerra Mundial.
–¿Qué le pareció?
–Una ciudad bella, pequeña, primitiva, con muchas moscas.
–Ahora está muy cambiada.
–Sin duda todo ha cambiado allí con el petróleo.
Quise cambiar de tema y le pregunté:
–¿A qué se dedica, Sir John?
–Ahora no trabajo. Tengo una cadena de hoteles que dirige mi cuñado.
Señalando el hotel Bretón, que da a la avenida Rivoli, dijo:
–¿Ve aquel hotel?
–Sí.
–Es de mi propiedad. A esta orilla del Sena tengo cuatro hoteles además del Bretón; y en la otra, otros tres.
–¿Me permite hacerle una pregunta personal? ¿Por qué eligió París para invertir en hoteles y no su país?
–Es una buena pregunta. Yo heredé de mi padre lord Leichfield una considerable fortuna, que dilapidé casi íntegra en los placeres y deleites de la juventud. Después de la guerra me encontré casi en la pobreza. Trabajé en el negocio de la construcción en el Londres destruido por los bombardeos alemanes. Conseguí reunir una gran fortuna en aquella época. A finales de los sesenta mi única hija Hedz vino a París a pasar las vacaciones escolares con algunas de sus amigas. Quiso la casualidad que se enamorase del hijo de la dueña del hotel donde se había hospedado. Insistió en casarse con el joven François. Me enfadé. Grité, protesté, porque, señor Jalifa, yo detestaba y sigo detestando a los franceses: creo que son un pueblo perezoso, soberbio y egoísta. Es verdad que París es la mejor ciudad del mundo, pero su pueblo es el peor del orbe. Lo cierto es que Hedz se aferró a su decisión. La amenacé con apartarme de ella y privarla de mi fortuna, pero dejó Londres, y yo maldije a François y a su vieja y loca madre. Lo que pasa es que soy una persona sensible y difiero mucho de los anglosajones de mi raza, que son calculadores y fríos. Cuando Hedz se puso en contacto conmigo, llorando, dos días después de mi vuelta a Londres, no tuve corazón para separarme de ella. Volví a París y di mi consentimiento al matrimonio. Después de aquello me apasionó esta maravillosa ciudad pero, como le decía, todavía sigo odiando a sus habitantes. Son un pueblo voluble y atolondrado. Me instalé aquí con mi hija y su marido y empecé a comprar hoteles, siendo el primero el de la madre de mi yerno. Después compré uno en la zona de Chatelier y otro en la avenida Saint Michel, a la otra orilla del Sena, y seguí invirtiendo.
Arreciaban las voces de los que jugaban a la petanca. Sonriendo, el lord dijo:
–¿No le digo que es un pueblo desordenado y sin civilizar?
–¿No los juzga con demasiada dureza?
–No. Es un pueblo chiflado. Napoleón, su Emperador, invadió Rusia para divertirse. ¿Sabe cuántas personas murieron en aquella ridícula campaña? Nada menos que medio millón, aniquiladas por aquella demencial aventura militar.
–Pero la historia de los demás pueblos europeos tampoco está exenta de sangre y violencia.
–Es cierto. Pero la violencia y la idiotez son características de los franceses. Nosotros hemos dominado la mayor parte del globo sin sangre, usando sólo el comercio y la diplomacia.
No queriendo continuar esa conversación, cambié nuevamente de tema preguntándole:
–Siendo lord, habrá sido usted miembro de la Cámara de los Lores en el Parlamento británico.
–¡Desde luego!
–¿Asistía a las sesiones?
–Asistí a algunas, pero créame que no hay nada en este mundo tan aburrido como aquellas sesiones. Yo me dormía en mi cómodo sillón y pedía a un ujier que me despertase cuando acababan. En este mundo hay gente que se especializa en hablar y otros en actuar y producir. Yo soy de estos últimos. Durante toda mi vida he trabajado y producido. No encuentro mayor satisfacción que el trabajo.
Se hizo un breve silencio. Lo miré imaginando la vida llena de logros realizados por aquel viejo y duro inglés. Todos los hombres ilustres son sencillos, y su aspecto tampoco llamaba la atención.
Echándose la mano al bolsillo, sacó su cartera, la miró y sacudió la cabeza diciendo:
–Parece que me voy a quedar sin leer The Times esta mañana. ¡Qué fastidio! Un día soleado y hermoso, pero no tengo cambio.
Me sobrevino un acceso de soberbia y le dije:
–No importa.
Metí la mano en el bolsillo y no me encontré más que un billete de doscientos francos. Se lo di y le dije:
–Sir John, no quiero ser pesado, pero ¿puede usted traerme The Guardian? Se lo agradecería mucho.
Cogió los doscientos francos y dijo sonriendo:
–Claro, y cuando vuelva le extenderé un cheque a cambio.
Sonriendo tímidamente, repliqué:
–No es tan urgente.
–No, querido: en los asuntos financieros, por nimios que sean, lo más importante es la claridad.
Se encaminó con paso firme hacia la pequeña puerta que da a la concurrida avenida de Rivoli y salió. Volví a la lectura, esperando la vuelta del lord inglés. Entonces se acercó a mi banco el joven francés a recoger el boliche de petanca. Al verme solo, me dijo en un inglés poco fluido:
–Espero que no le haya engañado el mendigo inglés aquel. Es un auténtico ladrón que ya ha timado a muchos turistas.

2014/04/20

Trastornado

Por Munira Al Fádhel
(Bahréin)

Al salir corriendo de casa, me persiguió la voz de mi madre:
–¡Corre! Y no vuelvas de vacío, como ayer, ¡o te mato!
Recordé lo de ayer, lo mal que me habían salido las cosas, pues no conseguí reunir más de medio dinar en los seis semáforos que había recorrido. “¿Por qué tiene que ser así?”, me preguntaba. “¿Por qué tengo que mendigar haciéndome el tonto mentecato para enternecer a la gente, si hasta los cigarrillos que algunos me dan se los fuma mi madre?”
Cuando osé preguntarle por qué no le exigía a mi padre que buscara trabajo, ella me contestó:
–¡No es tu padre, hijo de perra! Y no te metas donde no te llaman.
Él solía venir a casa, comía y dormía. Yo sé que la gente murmuraba de mi madre, pero ¿por qué?
Al principio me vi obligado, bajo su terrible amenaza, a vestir harapos andrajosos que ella sacaba de no sé dónde.
–Párate en la calle –me decía–; tiende la mano a la gente; llora y diles que tu madre está enferma y tu padre también. Se enternecerán y te darán limosna.
Pero no he podido. Me detenía en alguna esquina y tendía la mano en silencio. No he podido mentir: no tenía padre y mi madre gozaba de buena salud. Un día en que sólo conseguí doscientos céntimos, cuando volví a casa, me pegó. Nunca se me olvidará aquel día.
–¿Doscientos céntimos? –me gritó histérica– ¿Qué hago yo con eso?
De tanto llorar me quedé dormido al raso, fuera de la habitación. Cuando por la mañana me despertó el ladrido de un perro, supe que no me había llamado a dormir dentro. Todos me miraban y decían:
–Pobrecillo: su madre está loca.
Pero ¿de verdad está loca mi madre? Si era así, ¿por qué me vestía con harapos y me obligaba a representar el papel de idiota para que la gente me diera limosna? ¡Dios! ¡Quiero saberlo! Estoy harto de recibir golpes. Cuando traigo algunas monedas, las agarra con avidez y ni siquiera me pregunta si he comido algo. A la hora de cenar solía pasarme por casa de los vecinos porque sabían que estaba en ayunas y me daban algo, meneando la cabeza con lástima.
¡Corre! Tienes que moverte con agilidad, pues las luces del semáforo cambian rápidamente. Tienes que hacerlo todo deprisa. Espera la señal roja para pasar entre los coches tendiendo la mano y haciendo tus gestos de loco. Tienes que aceptar todo lo que te den, así sean colillas que te apagan en la mano, como ha ocurrido tantas veces. Yo ya no lloraba; al contrario: me reía imaginando que verdaderamente había enloquecido y ya no era como antes.
Empecé a burlarme de mi madre. Me quedaba con los cigarrillos que me regalaban, me los fumaba lejos de casa. Además le daba sólo la mitad de lo que reunía; y con el resto me compraba lo que me gustaba. Ya estoy acostumbrado a los golpes al volver a casa. Ya estoy trastornado de verdad. Es todo lo que sé.

2014/03/14

Por la tecnología, a la frustración (instrucciones de acceso)


Para acceder a las presentes
Instrucciones de Acceso
Es preciso que introduzca su Contraseña
De Acceso
Bajo su Nombre de Usuario
Luego sírvase esperar un momento
Por favor
A que le enviemos un Código de

Acceso
A su Teléfono Celular
Si no lo recibe
Que no lo recibirá
Cáguese profusamente
En Dios
Por razones de Seguridad
Y sírvase marcar el Número
Que otorga Acceso
Al servicio de Asistencia Técnica
Al cual no logrará acceder
Ni con plegarias
Así pues, profiera otra blasfemia seca
O varias jaculatorias
Dermohidratantes
Como, por ejemplo
Esta putérrima Teocracia
No me hace ni puta Gracia
O bien
La puta de tu madre era peor
Puta
Que tu abuela Engracia
A continuación
No hay continuación
Ni menos continuidad
Pero seguidamente
Recibirá
O no
Un Código de
Acceso

Que a su vez concede graciosamente
Acceso
Al Purgatorio

Introdúzcalo, si no lo tiene
Y por último
Esto es Lo Más Importante
Ximipra el Furluyo que zupirita el Prequitor A
De la opción b-II
No confundir con la 2°B
Éste y no otro es el momento de desempolvar su vetusta Olivetti
Lettera
Y pulsar vigorosamente
La tecla Intro, Retorno, ENTRAR
Que es Una misma y trina o bien Todas al mismo Tiempo
Logrando así obtener la clave que le permitirá
Acceder
Al ansiado
Acceso

2014/02/24

In and out of Jeddah


Yeda es un gigantesco vertedero
abrupto y solo como la Verdad;
y sus reglas de la hospitalidad
no rigen para cualquier extranjero.
En la estación de buses el viajero
coge un taxi a la puerta de Bagdad
buscando en el distrito de al Balad
cosas que no se compren con dinero.
Tal vez las haya. Él no las encuentra;
ni al mar Rojo, escondido tras los muros
con el alma erigidos por los puros
que no franquea quien en Yeda entra.
Toda pena al partir es por quien queda
atrapado en tu fervor, prisión de Yeda.

2014/01/24

LOS HUMORES DEL HUMOR (2)

En Italia, 'umore' tiene el mismo contenido, pero se percibe menos porque se halla sumergido en la vorágine barroca. No sería desatinado afirmar que la teoría de los humores influyó en la locura de nuestro Don Quijote y en la ingenuidad del alemán Simplicius Simplicíssimus.Una gran parte del teatro antiguo y el teatro culto medieval, utiliza como personajes un número limitado de caracteres: el fanfarrón, el avaro, el mentiroso y el celoso, a los que Ben Jonson añade el colérico, el atrabiliario, el impulsivo, el flemático y todas las combinaciones posibles. El citado autor define esos humores de la siguiente manera: "Cuando una cualidad particular posee a un hombre hasta el punto de forzar sus sentimientos, su ingenio y sus talentos, mezclados todos sus flujos, a correr en una dirección, entonces se puede decir que allí hay humor".
La moda europea del humor surge en la época barroca. Aunque la palabra barroco no resulte cómica, se usa para designar ese gusto por la extravagancia, la exageración y la fantasía desenfrenada, y justamente la excentricidad gratuita había sido la forma original del humor. 
El gran mérito de Ben Jonson es haber descubierto un modo de utilización cómica de los humores. Un excéntrico en estado puro no hace reír, se vuelve cómico cuando su defecto de carácter destaca sobre un fondo de normalidad. El desajuste es lo que provoca la risa. Se comprende así la preferencia de los autores cómicos por la representación de los humores afectados.
A través de su lectura, el espíritu inglés nos ofrece el doble rostro de un optimismo triste y un pesimismo alegre. Se dice que Carlos Marx vio en ese país la realidad de la lucha de clases y la necesidad de la revolución proletaria, porque era extranjero y no contó con el sentido del humor de los ingleses.

                                                              Continuará

2014/01/15

LOS HUMORES DEL HUMOR

Si hacemos una observación general, veremos que hay tantos humores como variados son los niveles de existencia; pero en nuestros días, el significado de la palabra humor dista mucho de su etimología original.
Robert Escarpit, profesor de la Facultad de Letras de Burdeos, en su tesis sobre el humor publicada en 1960, nos remonta hasta los orígenes de la palabra y las sucesivas metamorfosis que ha sufrido a través del tiempo. La medicina la adoptó en su teoría de los humores reconocida por los griegos, transmitida por los árabes y recogida por médicos y alquimistas.
A finales de la Edad Media, todavía conserva las características que 2000 años antes le había dado Hipócrates de Cos, quien distinguía cuatro humores fundamentales, asociándolos a los elementos esenciales de la vida: la bilis con el fuego, la atrabilis con la tierra, la sangre con el aire y la pituita con el agua. Sostenía que le predominio de uno de dichos elementos constituía nuestro temperamento.
Fue Galeno quien, en el siglo II de nuestra era, dio un paso decisivo al atribuirle el exceso de uno de los humores la causa de todas las enfermedades. La medicina medieval aceptó la teoría, pero pronto fue sometida a juicio. Parecelso, al tomar posesión de la cátedra de Medicina de Basilea, quemó públicamente las obras de Galeno y esbozó la teoría de lo espiritual y material que une la medicina del cuerpo con la del alma.
En Francia, Jean Fernel, contemporáneo del médico Rabelais, es considerado el "Galeno moderno" por sus teoría de la influencia de las lesiones orgánicas y los desórdenes funcionales en desequilibrios temperamentales. Si bien hubo controversias, sus ideas fueron bien recibidas , especialmente, por el inglés Robert Fludd, médico, filósofo y cultivador de la ciencias ocultas y esotéricas, personaje importante de la corte de Isabel I.
A pesar de que la palabra humor denota enfermedad, los ingleses la toman como una rareza del carácter, una conducta caprichosa. Precisamente fue ne Inglaterra donde el humor se convirtió en un rasgo nacional surgido de las profundidades del alma inglesa.
                                                                     Continuará

2013/12/19

A un colosal par de bufas (soneto low cost)


En el aeropuerto de Santander
apareciéronse como si nada
un par de bufas desproporcionadas,
inverosímiles, de no creer.

¿Es que jamás dejaréis de crecer?,
su portadora les interrogaba,
temiendo que el límite rebasaba
de su equipaje, según Ryanair.

Ningún pasajero entre el centenar
que se embarcaron por la puerta 5
había visto ni vería más

manifestarse así al caos divino,
pues ¡venus chaparra!, ¿de dónde sales
con esas bufas sobrenaturales?

2013/12/18

Ikea reprime el derecho a decidir (Smurf Nation 2)


Ayayay... Éstos de Ikea, mucho ir de enrollados, pero a la que se descuidan enseñan la patita de los opresores que son en el fondo. A ver, si no, díganme: ¿por qué mi casa no puede ser una Monarquía? No como la sueca, que sale muy cara, sino absolutista, medieval, con privilegios feudales. Viable o no, eso es lo de menos; como si es un capricho: a mí me hace ilusión y punto. ¿No habíamos quedado en que estoy en posesión de la soberanía? ¡Cese, pues, tanta represión antidemocrática!

2013/12/17

Desiderata (Smurf Nation)


¿Quiere usted ser independiente,
más sensible, más culto, más solvente?
¿Quiere ser alto, apuesto, esbelto y atractivo;
esclarecido, galán, gallardo, altivo?
¿Quiere felicitarse por ser tan paleto
y por lo bien que cocina?
¿Quiere usted o no quiere
un Ferrari como el de Alonso para ir a la oficina?
¿Quiere usted que su mujer sea más fina?
¿Quiere usted una Nación pitufa
con su Papá Pitufo y su Pitufina?
¿Qué coño quiere usted?
Dígalo ya y, en caso afirmativo,
le concederemos el derecho a decidir desearlo.
No tiene más que pedir por su boquita.
A ver, usted; ¡sí, usted!: ¿qué coño quiere?

2013/12/12

Utopía feminista

El feminismo como refugio no ha surgido de mujeres alienadas o despechadas; hombres como Adorno ya hacían gala de un resentimiento paralizante contra el universo masculino, hasta tal punto que sólo conservó del nombre de su padre la letra W. La animadversión inicial contra la masculinidad nace de la consideración del hombre como medida del mundo, como representante del poder, de la dominación, circunstancia que “llevó a refugiarse en el reino de la madre, en las artes y en las nostalgias cifradas… donde los recuerdos de felicidad se habían unido exclusivamente en una utopía de lo femenino”, P. Sloterdijk. Así surgen diversos movimientos que hacen de lo femenino su estandarte fundamental: feminismo por la diferencia, por la igualdad y otros grupos como Femen cuyo objetivo es arreglar el mundo a golpes de torso desnudo. Hoy, nos encontramos en una extraña situación donde la prevalencia del sexo en detrimento del compromiso, ha configurado una sociedad de hombres y mujeres indolentes que han encontrado en la militancia ideológica la canalización de sus emociones. “La tragedia de estas criaturas (hombres y mujeres) es en definitiva la de su falta de espacio interior… La soledad, esa del yo sin espacio, está poblada de personajes, de conatos de ser dentro de un individuo. Multiplicidad abigarrada de seres sin rostro ni nombre, rencorosos de su existencia a medias, tal parece ser el infierno.” M. Zambrano.

2013/12/08

Los Diez Mandamientos de la Heliolatría

I. Amarás al Sol sobre todas las cosas
(y a todas Sus cosas como a ti mismo).
II. No te cagarás en Él, y menos en Domingo
(igualmente acabarás hecho ceniza de bosta).
III. Le rezarás un Padrenuesto o un Avemaría por que te dé cada nuevo día
(nada es gratis).
IV. Serás digno de tu vida, de cuya Él es Fuego
(y no les sisarás tanto de la cartera a tus viejos).
V. Bajo ningún concepto, ¿me oyes?, intentarás mirarLe a los Ojos que no tienE
(o enceguecerás).
VI. No cometerás actos sombríos
(como beber cerveza sin alcohol).
VII. Te abstendrás en todo momento de hacer sombra a tu prójimo
(ni bajarás los toldos cuando llueva).
VIII. Ni se te ocurrirá concebir dioses que a ti se parezcan
(luego falsos).
IX. No desearás a la mujer de tu prójimo
(ni desearás que fuera de noche para poder desear a la tuya).
X. No codiciarás brillo de Oro ajeno
(ni confundirás con Él cualquier cosa que reluzca).

2013/11/04

Sol de mis días (avemaría heliólatra)


De tu Fuego, mis días.
Llena estás de Energía.
Bendita Tú eres,
estrella de amaneceres;
y bendita es la vida
que alimenta tu Luz.

Santa estrellita,
único Dios:
asola nuestros cuerpos bronceados
ahora y en la hora de atardecerte,
amén.

2013/10/29

Padrenuestro (versión heliólatra)

Padre nuestro, que iluminas los cielos
y a quien de frente ose mirarte lo dejas ciego:
vengan a nos los tus rayos;
hágase polvo tu divino Fuego
y así, de este polvo, nosotros luego.
La pipuca nuestra de cada día
enciéndenosla con tu energía;
perdónanos nuestra fe en deidades con forma humana,
así como te rezamos al despuntar la mañana;
y no nos dejes sin tu Luz natural,
mas líbranos del eclipse total,
amén, Mitra, Ra, Apolo,
Ormuz, Osiris, Patrón Oro.

2013/09/27

Aparición mariana de la Patrona de los Podófilos descalza ante carmelitas filipinas (papadiario 6)

El milagro podofílico de Teresita Castillo, novicia filipina,
o por qué las carmelitas descalzas calzan sandalias
Corriendo el año 1948, en un convento de carmelitas descalzas de Lipa (Filipinas), Nuestra Señora la Virgen santa María, Madre de Dios, aparecióse a la novicia Teresita Castillo so Su entonces inédito formato de Mediadora de Todas las Gracias (en lo sucesivo, Mediadora serie TG®). Tanto durante su primera Aparición como en las posteriores, Nuestra Señora lució completa, gloriosa y pecatrizmente descalza.
Amenizando estos eventos, y haciéndolos aún más memorables, no era raro que de los techos del lipeño Carmelo llovieran, torrenciales y multicolores, pétalos de las más diversas rosas, incluida alguna que jamás floreció en las Filipinas, lo que induce a sospechar que nuestra Mediadora serie TG® importábalas, milagrosa pero fraudulentamente, de las Rusias, por no ir más lejos.


Las reiteradas Apariciones, en la Batangas de 1958, de una Virgen caucásica con unos Pies desnudos de talla más que considerable, francamente sensuales, incluso voluptuosos, y para colmo con lluvia de pétalos a lo Bilitis, fue demasiado sexo y rocanrol para la Jerarquía eclesial de la época. Circunscribiendo de inmediato las visiones a la cabeza de su poco fiable vidente, cuando no a otras partes suyas más innobles, las excluyeron de cualquier aspiración a sobrenaturaleza por fantasiosas, hijas probables de la locura, agravadas quizá por sustancias, o personalidad, alucinógenas; bastará con decir: heréticas. En consecuencia arrojaron a la purificación del Fuego cuantos documentos cayeron en sus manos que mencionasen delirantes lluvias de pétalos sobre una Virgen lascivamente descalza, fuente y Encarnación del bendito y redentor Pecado de Podofilia. Ni que decir tiene que, como la lepra vaticana, rehusaban creer en Virgen alguna que no hubieran parido ellos mismos personalmente.

***

La vidente de Lipa, Teresita Castillo, había entrado de novicia en aquella congregación de descalzas por su vigésimo primer cumpleaños, faltando escasos días para el recital de piano que en su buena sociedad le correspondía ofrecer con motivo de su graduación y desoyendo la vehemente oposición de su familia a lo que juzgaban prueba manifiesta de locura maligna, pues Teresita era obstinadamente sorda y ciega a cuanto no fuese la Llamada de su Señora. Así, al despuntar el alba el 4 de julio de 1958 huye de una vida acomodada en su hogar natal para abrazar con alborozo otra de índole contemplativa que prescinde de cualesquiera calzados como atributos igualmente despreciables de la Vanidad, esa enemiga de la Abnegación.
Aquella noche uno de sus hermanos se presentará borracho en el convento. Amenazando a las hermanas con una pistola auténtica y cargada, reclama violentamente la devolución de Teresita a la casa familiar; pero encarándose decidida con él, ésta le espeta:
¿A qué viniste? ¿A matarme? Pues mátame enhorabuena, que ni aun muerta me arrastrarás a esa casa que ya no es la mía. Ahora mi hogar está aquí, y aquí me enterrarán mis nuevas hermanas.
¿No huele ya a santidad, la joven Teresita? Ese mismo verano, el 18 de agosto, percibe en torno a sí una Fragancia sumamente intensa que la acompaña allí adonde vaya. Al entrar en su celda, se encuentra dentro de ella a una nívea Dama sentada, descalza, sobre su cama, como si estuviera esperándola. Desde luego filipina no parece, pero eso es lo de menos. Lo de más es que emite Luz propia. Además de su embriagadora Fragancia, irradia una Luz cegadora que no deja ver sino su Figura Gratia plena.
Según la descripción de Teresita, la Dama que halló instalada en su celda resplandecía de inmaculado Blanco y su pelo parecía de plata. Huelga decir que su rostro era “muy, muy bello”. Ahora bien, aquellos divinos Pies... la novicia nunca alcanzará a describirlos en su esplendor y belleza exactos, al menos no mediante comparación con cualquiera maravilla conocida de este mundo. Aquellos Pies eran la Belleza misma.
Siendo ello así, ¿cómo estaba Teresita tan segura de no hallarse ante el mismo Diablo, quien, para tentarla, hubiera usurpado los atributos de Belleza disfrazándose como la más sensual de las mujeres? Pues ¿y esa Luz, que deslumbra? ¿No es Lucifer, su Portador, uno de los varios nombres que usa el Diablo?
La respuesta es que Teresita se guía por su (psicopato) lógica, v. gr.: ex sua natura, los pinreles del Diablo no pueden ser sino infernales; y como tales despedirán un pestilente olor a cuerno quemado. Pues ¿y la voz? Satán la tiene cavernosa, inconfundible, como que procede del centro de la Tierra. En cambio los Pies de la misteriosa Dama que había yacido descalza sobre su catre, ofreciéndoselos con erótica indulgencia, olían maravillosamente, mejor que a bálsamo de Java; y su aroma impregnaría para siempre el humilde jergón de nuestra novicia. También la Voz de la Mediadora serie TG® evocaba la dulzura del benjuí, cuando le dirigió sus primeras palabras:
Nada temas, hija mía. El que amas por encima de todo Me ha enviado a esta tu celda de contemplación para traerte un mensaje suyo. Dice así: no tengas miedo, sé valiente. Tus enemigos están celosos por lo mucho que amas a tu Madre Priora. Pues bien, tú responde amándola mucho más aún. Para demostrarlo te someterás sin titubear a la siguiente prueba que os impongo a las dos: primero le lavarás los pies a fondo, luego se los besarás y finalmente te beberás el agua. Y toda, ¿eh? Estaría bueno que bastase una cantidad simbólica. Y transmítele además un mensaje mío a tu Priora: hazle saber que también Yo la quiero mucho, pero la quiero discreta. Que no diga nada de esto a nadie.
Siguieron las dos en ese plan unos veinticinco minutos, hasta que, exactamente cinco antes de que las campanas del convento tañeran al Ángelus, la Dama desapareció con cierta prisa, como recordando de repente un compromiso olvidado.
Después de la cena, Teresita participó a su Madre Priora de la Orden recibida, tan extravagante como precisa, de lavarle los apestosos pies para beberse acto seguido el agua resultante, sin ocultarle, dada la gravedad del asunto, la procedencia de dicha Orden, de ahí su disposición, abnegada como todo Amor, de acatarla a cualquier trance.
La Madre María Cecilia de Jesús Zialcita, que así se llamaba la Priora, mostrábase en cambio algo renuente al principio, no tanto por la inofensiva ablución como por la posterior ingestión, que suponía lesiva. Omitiendo las condiciones de la prueba exigida por la Señora, al día siguiente informó al capellán del Carmelo de Lipa, monseñor Alfredo Obviar, de su Aparición en la celda de la novicia Teresita Castilla. El obispo auxiliar le aconsejó que antes de nada averiguase la identidad de aquella enigmática mujer, irresistiblemente descalza y sin duda muy atractiva, a la que esa misma noche reservaría, para ofrendársela secretamente, su rutinaria, somnífera paja de las 22.30h, minuto arriba o abajo.

***

Aquel mismo día, antes de comer, Teresita comunicó a su Priora que la Mediadora serie TG® habíala visitado de nuevo en su celda, y repetídole allí, en términos aún más conminatorios, la misma Orden que ya le diera en su primera Aparición. Esta vez la Virgen Descalza subrayaba la obligación que incumbía a ambas enclaustradas de acatar su Orden antes de las 15.00h, cuando inexorablemente expiraría el plazo de Salvación de sus pecadoras almas.
Así apremiada, y contraviniendo el consejo que ella misma había solicitado de monseñor Obviar, la Madre Cecilia accedió esta vez a la prueba, pidiendo a aquella aspirante a monja, como quien dice su hija, que trajese una palangana de agua tibia para liquidar cuanto antes tan turbio asunto. Había visto sangre alrededor de los ojos de su rendida novicia, lo que conociéndola interpretó como Señal de que debía aceptar el homenaje de adoración podofílica que le tributaba con la naturalidad de quien invita a consomé de cuerpo social aunque pío.
No consta confirmación de que la Madre Cecilia hubiera solicitado previamente, en oración o por otra vía, Señal alguna que estableciera o desmintiese la autenticidad de aquella Aparición de la Madre de Dios en un convento filipino dejado de la mano de Ídem (habiendo como suele haber tantos sitios mejores donde ir a aparecerse), y encima exigiendo, así por las buenas, la observancia a rajatabla de una versión particularmente asquerosa del Rito Podofílico, que la dicha versión eleva a salvífica Liturgia. Tanto el diario de la Madre Priora como los que escribieron Teresita y otros testigos dando cuenta de los Milagros de Nuestra Señora fueron pasto de las llamas por Orden de la Jerarquía. Pero el caso es que la Señal se presentó… o así quiso verlo la Priora, que a instancias cada vez más entusiastas de su novicia acató por fin el Ucase, urgente e inequívoco, de la Mediadora serie TG®.
Mientras Teresita le lavaba, no tan piadosamente, los pies, la Madre Cecilia no pudo evitar sonrojarse a pesar de su edad: en aquel entonces las descalzas lo eran literalmente, a diferencia de como ocurre ahora. Cabe pues imaginarse el estado habitual de sus callosos y agrietados pinreles. Beberse el agua de la palangana donde acabaran de bañarse era una perfecta locura desde diversos puntos de vista: toxicológico, inmunológico, gastroenterológico; mas nada de ello arredró a Teresita, que ni corta ni perezosa cumplió el mandato de Nuestra Señora tragándose con sus tropiezos el litro y medio largo de agua sucísima en que acababa de frotar a conciencia las pezuñas de su amada Priora.
Le supo a agua benita; y también a Pecado, el más gozoso practicable. Fue su Ganges, su Rubicón. Con placer y repugnancia entreverados, la novicia se lanzaría desde entonces, sin paracaídas, al descubrimiento del Sexo en su versión más deliciosamente inefable: la Podofilia, esa guarrería sublimada en Humildad, exudaba de sus poros como maloliente agua goteándole por las comisuras de los labios.

***

Tolón-tolón
Al día siguiente, 20 de agosto, justo después de maitines, Teresita estaba haciéndose la cama mientras tatareaba feliz Tengo una vaca lechera, by Jacobo Morcillo, cuando oyó como un aleteo. En cuestión de segundos la colcha empezó a cubrírsele de unos copos multicolores. Alzando la vista, vio atónita cómo del techo nevaban mansamente pétalos de rosa frescos, formando una Cruz sobre su cama. Antes de que cesase tan prodigiosa nevada, fue corriendo a llamar a la Madre Priora, que no dijo ni hizo nada salvo conservar en un sudario los pétalos demostrativos del Milagro.
El fulgor de las Apariciones marianas que seguían sucediéndose en la celda de Teresita resplandecía con tal intensidad, que acabó por enceguecerla temporalmente, metáfora perfecta de su inquebrantable Fe. La cegada postulante dependía pues de su Madre Priora para desempeñar actividades diarias tan inexcusables como acudir a la capilla a las horas de oración. Debido a esta dependencia y al íntimo conocimiento mutuo que las dos mujeres compartían casi a diario en la celda de Teresita, desatáronse entre las demás monjas nada descabellados rumores de una relación lésbica entre la Priora y su joven postulante. Encargada de disiparlos, la Dra. María Dolores de León, miembro vitalicio de la Comisión Investigadora de Fenómenos Paranormales o Quizá Normales en el Seno de la Santa Madre Iglesia, sometió a la novicia a minuciosos exámenes anatómicos, que sin embargo no arrojaron resultados concluyentes. Entretanto, puede que a causa de su ceguera, Teresita había adquirido suficiente confianza para rogar a la Aparecida que le revelase la inicial de Su Nombre, gracia que la extraña Dama le concedió por triplicado, diciéndole no una sino tres letras iniciales: BVM.
El 30 de agosto, durante una nueva Aparición mariana, ésta en presencia de la Priora del Carmelo, Madre Cecilia, una enardecida Teresita solicitó de la Mediadora serie TG® permiso para besar Su Pie izquierdo, el cual le fue concedido casi antes de que la postulante hubiera terminado de pedirlo con un hilillo de voz entre tímido y regocijado.
Ya con el primer y levísimo roce de sus labios contra la sedosa extremidad zurda de Nuestra Señora, poco le faltó a la novicia para desmayarse de la emoción. Esa tarde describiría por escrito la experiencia como un éxtasis de inconcebible sutileza, tales eran el arrobo y la reverencia que le inspiraban las extremidades de la Mediadora serie TG®  Tuvo que ser ésta quien insistiese en que Teresita le besara también la derecha: la novicia no sumaba la osadía necesaria, debatiéndose en la duda de si sería digna de tan alto honor o capaz, en su exaltación amatoria, de besarla con la debida humildad.

***

El 7 de septiembre Teresita se curó de su ceguera por mediación de monseñor Obviar. Aunque el obispo no fuese médico, bastóle mirar unos segundos, a unos dos metros de distancia, los jóvenes ojos de la postulante para dictaminar su diferencia respecto a un par de ojos normales. Por algo aquéllos habían visto Pies tan sublimes que sólo se posaban sobre nubes, sin descender jamás a la podredumbre de la tierra. Acercándose a Teresita, el capellán del Carmelo de Lipa le santiguó ambos globos oculares, a resultas de lo cual la novicia recuperó inmediatamente la visión y sintióse muy dichosa, saltando de alegría como la niña que en el fondo seguía siendo.
El 12 de septiembre, hacia las cinco de la tarde, Teresita estaba rezando el Rosario en el jardín del convento, cuando unas vides que en él había empezaron a agitarse con violencia inexplicable en ausencia de la menor brizna de viento. La novicia miraba de hito en hito aquellas vides milagrosas, que parecían querer hablarle, cuando oyó una Voz, la de la Dama, mandarle que no tuviera miedo y besara la tierra, Orden que la postulante se apresuró a acatar en lo sucesivo, tal como prometió hacer con la nueva que recibió acto seguido de postrarse ante la Intermediaria, la cara contra el estiércol del huerto, en aquel mismo lugar y a la misma hora, durante quince días consecutivos, así lloviera, nevase o cayeran chuzos de punta.
No sin antes recabar el preceptivo permiso de la Madre Priora, al día siguiente Teresita regresó puntualmente al escenario del Milagro. Tras unos minutos orando, volvió a ver la viña agitarse sin que la sacudiese viento alguno. Entonces se le apareció otra vez, sobre una nube, la Señora de los Pies Descalzos, vestida de un Blanco cegador, con las manos juntas sobre el pecho y un Rosario de oro colgando de su derecha. Abrumada ante tan inconmensurables belleza y majestad, Teresita (cuyas dotes deductivas eran manifiestamente mejorables) no pudo por menos de preguntarle:
¿Quién sois, hermosa Señora?
A lo que la Mediadora serie TG® respondió con la gran ternura que incorporaba de fábrica:
Yo soy tu Madre… Bueno, tuya y de Mi Niño Jesús.
Roto el hielo, la Dama pasó entonces a hablar de sacerdotes y monjas, y la necesidad de hacer oración y penitencia por ellos. Añadió que su orgullo era el único obstáculo que impedía a muchos reintegrarse a su redil, pese a desearlo; y cómo la vergüenza había endurecido tantos corazones. La Mediadora serie TG® le pidió a Teresita que rezase por ellos como si nunca hubiera orado antes.
Más alarmante fue Su advertencia de que el Sagrado Corazón de Jesús se desangraba por los sacerdotes y monjas caídos en pecado, hemorragia que era cualquier cosa menos nueva, pues bien venía ocupándose Ella misma de alertar a la Humanidad sobre este particular desde Apariciones previas como las de Fátima, corriendo el año 1917, ante unos pastorcillos menores de edad y alfabetos, no, lo siguiente.
Sin pensar que quizá para el siglo XXII la Madre de Dios por fin se dignaría aparecerse a un físico cuántico, el 14 de septiembre de 1948 Teresita acudió de nuevo al huerto, donde encontró a la Dama esperándola, tan ricamente posada sobre un cúmulo-nimbo de evolución diurna, con los brazos extendidos y los Pies descalzos hasta las bragas. Debía de dar gloria verla. Nuestra novicia la describe invariablemente como Imagen viva de la Maternidad derramando hectólitros de Amor y Ternura con los que confortarnos abarcándonos de sobra a todos.
Quiso la Madre de Dios que aquel corro del jardín fuese bendito al día siguiente, 15 de septiembre, en presencia de toda la Comunidad del Carmelo de Lipa. Teresita transmitió esta Voluntad a la Madre Priora, quien a su vez dispuso lo necesario. Ya ella misma había recibido una locución interior en virtud de la cual la Virgen le tramitaba idéntica Orden de bendición.
Al día siguiente, pues, hacia las tres y veinte de la tarde, monseñor Obviar presidió la solemne bendición del huerto ante toda la Comunidad descalza. Como no podía ser de otra manera después de haberla convocado, la Señora asistió a la sencilla pero emotiva ceremonia, apareciéndose una vez más; y Teresita se arrodilló ante Ella, con la Comunidad entera como testigo. Era la primera vez que la Congregación de Lipa asistía al éxtasis de Teresita.
Las hermanas sor Estefanía de la Cruz y sor Isabel del Sagrado Corazón relatan la conversación que Teresita mantuvo con alguien perfectamente invisible para ellas mientras creía irradiar un Aura angelical, la mirada absorta en un punto de fuga. Ambas monjas también confirmaron, por separado, que Teresita había hecho entonces algo nunca visto antes, parece que a petición de la invisible Señora: besar el suelo y comerse media libra de hierba en prueba de obediencia, la misma Orden, por cierto, cursada a Bernadette Soubirous por la Virgen de Lourdes, e igualmente obedecida, allá por 1858.

***

Aún escéptico respecto de las Apariciones, monseñor Obviar rogaba al Cielo una Señal que las confirmase, cuando la recibió en forma de copiosa lluvia de pétalos cayendo sobre su episcopal cabeza desde el más absoluto Vacío. Si bien en el jardín había plantado algún que otro rosal, tan enorme cantidad de pétalos como le estaba lloviendo encima no podía proceder de él salvo en ínfima parte. Sus plegarias habían sido atendidas; y así resumió el mensaje que creyó haber recibido de la Mediadora serie TG® para transmitirlo a la Comunidad:
Ella nos pide que creamos; y mantener el secreto de sus Apariciones (mientras no nos indique lo contrario); y amarnos los unos a otros como verdaderos hermanos; también nos ruega Amor y Obediencia a la Madre Priora; y no envidiar a Teresita, pues ella sufre más que nadie; también, conservar amorosamente los multicolores pétalos de la nada llovidos; y mantener su Lugar Sagrado, venerándolo; y además rebautizar nuestro convento, en Su honor, como “Nuestra Señora Descalza”.
No debió de parecerle suficiente, a la Madre y Señora, pues a las cinco de la tarde Teresita volvió a topar con Ella, de manera que ya empezaba a serle familiar, en el huerto. Y como de costumbre, no estaba allí para escuchar ruegos, sino que la esperaba con una nueva petición:
Entiéndelo, Teresita: no te lo pido por Mí, sino para el Carmelo —le explicó—. Verás: me place que Mi Imagen se coloque tal que aquí, en este Lugar exacto, el cual deberá limpiarse a fondo para servir de Santuario apto para la oración.
El 16 de septiembre Teresita contempla a la Mediadora serie TG® descendiendo de las Alturas escoltada por un pelotón de angelotes más bien paliduchos, de los que hinchan los carrillos en los cuadros de Murillo. Teresita afirma haber admirado sus rostros durante un tiempo que no se dejaba medir hasta que, uno por uno, fueron desapareciendo como si nunca hubieran estado allí.
Al pasar la Dama junto a la vid milagrosa, su Rostro tornóse triste, detalle que de ninguna manera podía escapársele a Teresita. ¿El motivo de su congoja? Dos monjas del convento que se obstinaban en su incredulidad. Aunque a primera vista no parecía suficiente para mortificar a toda una Madre de Dios, estaba claro que, por algún motivo, la Salvación de aquellas dos insignificantes almitas revestía cierta importancia para Ella.
Pequeña —le dijo: dos de Mis hijas se niegan a creerme; y seamos francos: a ti tampoco es que te tengan muy presente en sus oraciones. Oremos pues nosotras, las dos juntas y en unión, por las muy descarriadas, para que la amargura no anide en sus corazones —dicho lo cual pasó a especificarle, en plan qué hay de lo mío, su solicitud cursada el día 15—: Quiero que erijáis aquí mismo, espontáneamente, una estatua mía, y así me vean bien todos mis hijos. Descríbeme como soy a tu capellán, pues es Mi Deseo lucir en Efigie tal cual me ves en Aparición; y por favor, que Mi Estatua sea al menos un pelín mayor que esa talla en madera de Vuestra Señora de Lourdes que custodiáis dentro del claustro. No va a ser Una menos que la gabacha ésa, tan ordinaria y mal vestida, que además está gorda.
Así pues, la bendita Imagen de la Virgen Mediadora serie TG® quedaría fielmente esculpida con arreglo a la descripción facilitada de memoria por su devota sierva Teresita:

Mediadora serie TG®
cara no demasiado redonda, más bien un óvalo perfecto, sonriente, cuyos ojos miran alegres al frente; tez clara, ojos oscuros, boca pequeña, nariz hermosa, cabellos morenos brotando bajo el albo velo que le corona la frente; manos extendidas en actitud benedicente, con un Rosario colgando de la derecha; Pies descalzos pisando nubes; cuerpo ni gordo ni delgado; busto respingón, más caprino que bovino, firme, turgente, acaso demasiado humano; vestido blanco que le llega a los Pies, ceñido por un cinturón también blanco y algo estrecho; cuello redondeado, mangas dobles; velo igualmente blanco, largo y ceñido, cayéndole con gracia hasta los Pies y sobre los hombros, algo más abierto que el de Nuestra Señora de Fátima

convirtiéndose casi de inmediato en objeto de tanta controversia como veneración, amén de provocar no pocos sucesos inusuales y milagrosos en los años venideros.
Entre el 17 y el 26 de septiembre, la Mediadora serie TG® departe larga y distendidamente con Teresita, en un ambiente de cordialidad y aprecio mutuos. Demostrando sentirse en el convento como en su casa, la Mediadora serie TG® levanta coqueta el meñique al llevarse a la boca la taza de té mientras cambia con la novicia impresiones de un género que fuentes celestiales generalmente bien informadas no dudarán en calificar como revelaciones privadas. Unas versan sobre la Comunidad, otras abordan temas espirituales y algunas están dirigidas al mundo exterior. También hay algún que otro cotilleo, por salpimentar, más que nada. La esencia, no obstante, es una sola y abnegada: humildad, sencillez, penitencia y oración, mucha oración, sobre todo del santo Rosario, que debe rezarse so forma meditativa, no como ese mecánico recuento de ovejas al uso, tan consabido de todos como soporífero para la gran mayoría.
La Madre de Dios, inusualmente locuaz durante esta última Aparición, que se prolongaría más de una semana (la suponíamos menos ociosa), confió además a Teresita otros cuatro secretos: uno para ella, otro para la Madre Cecilia, otro para la Comunidad descalza en el Carmelo y uno para el mundo; concretamente, para la China. Nos olemos que sería algo del género geopolítico.
Partícipe de estas revelaciones, el obispo Verzosa autorizará sin reservas ni aforo la veneración de Nuestra Señora Mediadora de Todas las Gracias. Sin embargo el 11 de abril de 1951 la Jerarquía eclesiástica filipina demuestra que está ahí para algo, revocando dicha autorización al tiempo que niega cualesquiera Apariciones marianas lipeñas en términos que no admiten réplica:

Nosotros, los arzobispos y obispos firmantes, constituyendo a los efectos una Comisión especial, habiendo examinado y revisado atentamente las pruebas y testimonios recogidos en el curso de repetidas, largas y cuidadosas investigaciones, hemos llegado a la conclusión unánime y por la presente declaramos oficialmente que las pruebas y testimonios disponibles excluyen cualquier intervención sobrenatural en los acontecimientos del Carmelo de Lipa, lluvia de pétalos incluida.

El obispo Rufino Santos, nuevo administrador apostólico para la diócesis de Lipa, apuntala esta declaración con un Decreto emitido en esta ciudad el 12 de abril de 1951, el cual reza:

Habiendo declarado la Comisión Especial integrada por varios miembros de la Jerarquía de Filipinas que, después de largas, repetidas y cuidadosas investigaciones, las evidencias y testimonios sobre el asunto expuesto excluyen cualquier intervención sobrenatural en los acontecimientos, incluyendo la lluvia de pétalos, del Carmelo de Lipa, yo, el abajo firmante, Administrador Apostólico de la Diócesis de Lipa, conforme al Decreto–Declaración de la Comisión Episcopal, por la presente dispongo y ordeno que: 1) ni pétalos ni aguas sean entregados ni custodiados por nadie; 2) la estatua de la Virgen (actualmente en la iglesia) se retire de la veneración pública; 3) se admita en la clausura a toda hermana externa, excepción hecha de sor Isabel, que permanecerá extramuros para atender a las necesidades de la Comunidad; y por último que 4) se suspendan temporalmente todas las visitas, desautorizándose explícitamente las cartas en espera de la decisión definitiva, a adoptar por la Santa Sede.

No contenta con su Decretazo antipodófilo, la Jerarquía eclesiástica imparte además instrucciones a las descalzas de destruir todo vestigio de las Apariciones, ello pese al hecho evidente de que jamás se habían producido. Obedientes por voto, las monjas dan a las llamas los diarios de Teresita Castillo y María Cecilia de Jesús Zialcita, así como los pétalos milagrosamente llovidos y las tarjetas de oración por la Virgen dictadas; pero ni apelando a toda su obediencia osarían el sacrilegio de demoler la Imagen de su Mediadora, que mantuvieron cuarenta años oculta entre los escombros en una bodega, envuelta en trapos y yute.

***

El obispo Verzosa es obligado a dimitir. Acusado en falso de malversar las finanzas de la diócesis, cuando de hecho había sido su benefactor, se exilia con el corazón roto en su ciudad natal de Vigan, provincia de Ilocos Sur, que queda al norte de las Filipinas, viéndose reducido a liar hojas de tabaco para subsistir (y que no falten).
El obispo auxiliar Obviar es trasladado a una diócesis recién constituida: la de Lucena, donde pasaría los veintidós años siguientes desempeñando funciones de gestión apostólica ¿o era apostolado administrativo? Ya en 1974 recibe plenos poderes como residente en dicha diócesis de Lucena. El 1 de octubre de 1979, festividad de santa Teresita del Niño Jesús, fallece santamente, no sin antes declarar:
Podrán obligarme a guardar silencio, pero nunca a negar aquello que sé Verdadero.
La Madre Priora y otras hermanas de profesión perpetua, con mención especial de la subpriora sor María de San José y sor Mary Anne, enfermera, fueron deliberadamente separadas de la Orden y dispersas por otros Carmelos para, como monseñor Obviar, sufrir y morir en olor de santidad.
La Madre Priora fue trasladada a otro convento y tratada como una fregona. Según se cuenta, profetizó correctamente que a su muerte se reabriría la investigación de las Apariciones de Lipa, restaurándose la devoción a la Mediadora.
Teresita fue sometida a implacable escrutinio por la Comisión. En lo que a ella se refería, ésta la componían: los obispos Rufino Santos y César Guerrero, el Padre Blas, OP, y otro sacerdote dominico. Sin llegar a perder la amabilidad, el cardenal Santos la llamaba a cualquier hora impía, convocándola con frecuencia a Manila so pretexto de que les asistiera en la investigación, pero las más de las veces concediéndole demasiado poco tiempo para prepararse.
Por último la Priora francesa Ma Mère sustituyó a la Madre Cecilia, quien entre lágrimas informó a Teresita de que debía abandonar el convento por voluntad propia. Así, al menos en teoría, podría solicitar su readmisión más adelante. Profesar aún no podía, pues con sus constantes y apresurados traslados a Manila, en aras de ayudar a un paripé de investigación, no había llegado a cumplir su tiempo de noviciado. Su obstinada afición a las infusiones de pie descalzo tampoco contribuye a mejorar su salud, no quedándole otro remedio que volver al hogar de sus padres, que prácticamente la habían repudiado a causa de su vocación descalza, para ellos sinónimo de grave perturbación mental. Sus sucesivas solicitudes de regreso al claustro serían desestimadas, una tras otra, debido a una salud siempre frágil y más mermada que nunca ahora, por sus heterodoxos hábitos alimentarios y las traumáticas experiencias soportadas durante unos interrogatorios interminables por los que su desaparecida Virgen nunca tuvo la deferencia de asomar los augustos Pies. Pero, como la verdadera Fe rechaza por principio semejantes favores, no por ello dejó nunca Teresita de defender la autenticidad de las Apariciones que había atestiguado. En una ocasión en que rehusó por enésima vez firmar su confesión de que todo había sido un burdo engaño urdido por su imaginación calenturienta (típicamente juvenil, posiblemente esquizofrénica...), un sacerdote investigador le arrojó un cenicero de bronce a la cabeza (aunque errase el tiro, en cabal consonancia con su tino investigador). Considerada mucho más tronada de lo estrictamente necesario para meterse monja, nuestra postulante jamás recibiría la autorización médica exigida para reingresar a su convento.
Pese al correr de los años y la cruel represión con que la Jerarquía justifica su existencia, en Lipa monjas descalzas, devotos marianos y podófilos irredentos seguirán creyendo con Fe imperturbable en las Apariciones, sin perder la Esperanza de que algún día se reabra el caso, acabando por reconocerse su autenticidad. Por ello rezarán sin descanso en el Carmelo de Lipa, metiéndose entre pecho y espalda tazas y más tazas de caldito enchambré de uñas negras y pelotillas interdedales.

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El 24 de enero de 1991 volvieron a llover pétalos de rosa en el convento descalzo de Lipa. Pocos días más tarde, seis niños que jugaban en un jardín adyacente vieron cómo la Imagen de Nuestra Señora del Monte Carmelo cobraba vida, derramando copiosas lágrimas de alegría.
La peregrinación a Lipa nunca había cesado. El duodécimo día de cada mes, a las tres de la tarde, una creciente multitud de peregrinos se congregaba en la Catedral para marchar en procesión penitencial a aquel convento que ya todos llamaban de María la de los Pies Desnudos.
En 1992 el arzobispo Mariano Gaviola concedió por fin su permiso para exhibir la Imagen de Nuestra Señora, Mediadora de Todas las Gracias, emergida para siempre de las catacumbas. En 1993, manifestó su convicción personal de que las Apariciones de Lipa eran dignas de Fe.
En el 2009 el arzobispo de Lipa Ramón Argüelles confirmó el levantamiento de la prohibición, en 1951, de venerar públicamente a Nuestra Señora Bien Aparecida con los Pies Desnudos, Mediadora de Todas las Gracias y Patrona oficiosa de los Podófilos. Alegaba Argüelles que “nada hay de malo en orar, ni aun en adorar, a las Apariciones”, pues bien consciente era él “del Amor que el Pueblo profesa a la Santísima Virgen” que siempre libró a nuestro país de las peores calamidades. Añadió que había venido a Roma en busca, infructuosa, de archivos que documentasen las Apariciones.
Teresita Castillo ha sobrevivido a tantas denuncias y humillaciones como le fueron infligidas por haber visto y oído lo que nunca debió, las cuales quebrantaron su maltrecha salud confinándola en el hospital de la Universidad de Santo Tomás durante temporadas cada vez más prolongadas. Trabajó en la Iglesia Redentorista de Baclaran, donde colaboró con el Padre Leo English en la recopilación y publicación de un diccionario tagalo-inglés ampliamente utilizado y reconocido en la actualidad. Tiene una hija adoptiva que suele acompañarla en sus misiones de curación.
Desde entonces ha recibido infinidad de mensajes de apoyo y han vuelto a lloverle pétalos de rosa, tanto en su propia casa a la hora de comer como en la capilla lateral del Carmelo de Lipa; pero, escarmentada, prefiere guardar un discreto silencio al respecto. También la nueva Comisión ha considerado prudente que se abstenga de hablar o mostrarse demasiado visible a la opinión pública. Sabiéndola en posesión de lo que ellos jamás llegarán ni a ver, todavía temen que beba con pecadora avidez aguas donde se bañaron los más sucios pies.
Hoy el Carmelo de Lipa es conocido como “la Lourdes asiática”. Philippine Airlines fleta vuelos especiales de peregrinación al convento. Se ha esculpido una copia especial para peregrinos de la milagrosa Virgen Mediadora serie TG®, recientemente acarreada en sendas procesiones vindicativas celebradas en Madrid y Nueva York. Más de 3.000 fervientes podófilos integraron, pisando nubes, la que recorrió solemne la Segunda Avenida de la Manzanota.


(Trad. it.: Isidra Montinelli)